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La hija de Hades — capítulo 2
-No lo sé-
-¿Tu estas bien?-
Asentí.
De repente noté que alguien me miraba fijamente a mi espalda. Me giré viendo a un cartero en medio de la universidad con un mensaje enrolladlo.
-Hermes…-Susurró Quirón
Di un paso al frente, y Hermes se acerco a mí.
-Tú debes de ser Isabel.-
-La misma.-
-¿Es de mi padre?-Dije señalando la carta.
-Si pero antes debería…-
-Dámela-
-Isabel tu padre.-
-Es mejor que lo vea en la carta Hermes- Dijo Quirón.
-Quirón ¿Qué pasa?-
-Lee la carta.-
Desenrolle el papel leyendo en él lo siguiente:
Hola pequeña,
Te he echado de menos durante estos años que nos separaron pero al fin puedo hablar contigo aunque no es para algo bueno pequeña, solo decirte que debes hacerme un favor, ¿vale? Está bien, prométeme que diga lo que diga esta carta no vas a llorar, prométeme que cuando te diga que esto no es una carta normal sino mi testamento, reirás en vez de llorar, y que no volverás al inframundo, Perséfone te matara si lo haces. No sé qué edad debes tener pero he de hablarte de lo que debes hacer para que el mundo no se derrumbe, lo único que has de hacer es engendrar a un dios, ya sabes teniendo un hijo con un semidiós, ese pequeñín o pequeñina que surja de esa unión será el próximo dios del inframundo. No hace falta que te diga que todo el inframundo pasa a tus manos incluido Cerebero y el resto de las criaturas Aún recuerdo cuando te sentabas al lado de Cerebero y lo acariciabas como un perro normal, dando tortura a todo aquel que debía entrar o había entrado en el inframundo. En fin ahora todo es tuyo, por cierto creo que lo más correcto para ti es que vayas a buscar a un chico al campamento mestizo, (A Percy no lo elijas eso sería incesto) jajaja.
Te quiero cielo, este donde este ahora, pensaré en ti por siempre porque eras lo único que tenia. Perséfone te mandara monstruos pero en cuanto a eso tengo una solución manda a Ares al inframundo, te concederán una sesión de reunión en el inframundo cuando estés embarazada. Suerte cariño. Te quiero.
PD: Tienes 12 meses y no tienes casa en el campamento, lo siento pero confiaba en que jamás fueras allí.
-Jajaja-
-¿Por qué ríes?-
-Al principio de la carta mi padre me dijo que no debía llorar, así que no lo haré-