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No solo la sangre da vida al vampiro — capítulo 2

Capitulo I:

"El inicio de una traición"

         - Sí, así es. Recuerdo cada detalle, absolutamente todo de aquella noche. Y ahora os narraré mi historia, ya que al finalizar mis líneas, vosotros comprenderéis de qué se trata esta novela… y como un famoso y antiguo vampiro cuyo nombre no se me es permitido pronunciar, debido a su fuerza y sabiduría dijo una vez...

"Os daré la elección que a mí jamás me fue dada"

         Lo recuerdo a la perfección. Como si aquella cálida noche de verano hubiese sido ayer mismo. El concierto de mi banda favorita se presentaría en la ciudad, y la euforia recorría mis venas como el éxtasis que había consumido noches atrás, me preparaba como nunca antes, con la esperanza infame de que aquella frenética noche me concediese el aliento de vida que mi alma anhelaba lujuriosa. Rememoro la última visión de mi rostro frente al espejo a solo minutos antes de salir de nuestra morada. Mojaba mi pálida faz, al alzar la mirada mis ojos brillaron con un color aún más místico que el brillo que ahora mismo ellos poseen, mis mejillas estaban algo sonrojadas bajo los pómulos, y mis labios estaban hinchados y ensangrentados luego de pasar toda la tarde en la cama con mi amado Víktor. Mi cabello se veía aún más oscuro, gracias a aquel nuevo corte que le había dado, más arriba de mis hombros lo había deflecado y se elevaba esquizofrénicamente haciéndome ver aún más demente de lo habitual…

         Yluego frente al espejo está… Él, mi amado, Víktor Baremboim, como olvidar sus caricias y sus exquisitos besos. Evoco su mirada fusionándose con la mía a través de aquel espejo colgado sobre el lavabo del baño. Su cabello corto y rojo que contrastaba de una manera tan intensa con mi oscura cabellera, el ímpetu de sus ojos aún más oscuros que el más lóbrego de los abismos, y sus labios aún más rojos que una gota de sangre, y tan suaves como la seda que nos envolvía cada noche en nuestro lecho. Su cuerpo escultural, tan pálido como una gota de leche, mas aún así parecía brillar como lo hace La Luna cada noche sobre la Aradia. Olvidarlo,aún cuando los años pasan arduos, es la tarea más difícil que me ha sido encomendada, ¡¡¿Cómo se olvida la perfección?!!

         Aquella noche, él me contempló como jamás lo había hecho antes, y previamente a salir de nuestro hogar, beso mis labios como si hubiese conocido que nuestro final sería esa misma noche. El concierto fue más que extraordinario, fue… Magno, soberbio, excelso, quizás nunca pueda describirlo como se lo merecería tan celebré banda entre los que apreciamos ese estilo y esa música, que hace tronar nuestros corazones como si el mismísimo dios del averno nos susurrase al oído, que hace vibrar nuestros cuerpos con aún más intensidad de la que provoca el frenesí de la sangre y la batalla, aquella música que logra transportarnos a un lugar alejado de lo que conocemos, para permitirnos tocar con la punta de los dedos la gloria misma del Dios en el cielo, y descender a la tierra para regocijarnos con la intensa lujuria en las amargas manos del Hades en el infierno.

         Víktor, conducía el convertible en el cual la música aún sonaba, luego de haber quedado sedientos por un poco más de aquellas melodías esplendorosas. La noche parecía sonreírnos y la vida nos daba la mano, luego de casi seis años de relación, absolutamente todo entre nosotros, era perfecto, no hacían falta las palabras para comunicarnos, no hacían falta concejos sobre las relaciones, jamás habíamos discutido y cada problema que podríamos haber llegado a tener era solucionado en el acto. De hecho muchos de nuestros amigos nos tenían como ejemplo, un sueño a seguir, muchos de ellos decían: "Nos encantaría llegar a forjar una relación como la suya", comentario que por cierto siempre nos halagó enormemente. Pero aquello es tema para otra historia, y ya que me he desviado lo suficiente de mi narración, volveré a ella sin más divagaciones, lo prometo.

Recuerdo que la señal nos daba la preferencia. La luz verde destelló, y antes de que Vík (así era como yo lo llamaba) pasará uno de los cambios me lanzó un beso desde sus labios, lo contemplé sonriente y luego… …Aquella… aquella luz tan grande se abalanzaba sobre nosotros, con un paso tan cruel que ni el más fuerte de los vampiros ó licántropos habría sido capaz de detenerla entes de que llegase hasta nosotros.

  • ¡¡Víktor!! - Grité llevando mi mano izquierda a la suya, el tiempo pareció detenerse y rememoro perfectamente el movimiento de sus labios que susurraban el ceñimiento de su alma -"te amo"- resignado completamente a que el camino de nuestras vidas se opacaría allí mismo en las frías garras de una muerte injusta… Luego de aquella imagen, la luz se opaca…

Así fue, así de simple aconteció, así es como sucedió todo, así fue como mi amado Víktor perdió la vida aquella pétrea noche en la cual nuestros caminos se separaron.Pero ahora os narraré como fue que ¡yo! Danielle Cazamares. Adquirí la "vida" que ahora poseo.

El sonido del respirador artificial resonaba con los débiles latidos de mi opacado corazón, la habitación era blanca, desesperantemente blanca. Abrí mis ojos extenuada, las tenebrosas manos de la muerte acariciaban mi cabello con misericordia, mi estado era decadente. Sentado sobre la cama, frente a mí distinguí aquella silueta, la cual vestía un traje de etiqueta negro con rayitas rojas, bastante entallado, su faz se veía aún más clara que como yo recordaba la mía frente al espejo, y sus labios pálidos me regalaban una sonrisa tan confiable, que quizás solo por eso no temí a aquel desconocido de larga cabellera rubia, y ojos índigo.

  • Vík… Víktor - Siseé, las palabras apenas brotaron de mi garganta, y cuando al fin lograron hacerlo sentí como si mi piel se abriese con la navaja de un frío acero. El extraño sonrió y tomó mi mano derecha, la cual estaba llena de sondas y cables por los cuales me administraban… Sabe dios que cosa…

  • Víktor - Repitió llevando su mano libre a mi frente - Víktor ya no nos acompañara más - explicó con una voz suave, como si le hablase a un infante, estoy segura de que su voz fue adaptada para aquella situación, o tal vez creyó que debía mantener la voz baja ya que el más mínimo sobresalto podría haber hecho que mi corazón colapsase. Una lágrima rodó por mi mejilla, la cual el rubio se apresuró a secar con un pañuelo blanco que extrajo del bolsillo en su camisa negra - no llores querida, está ahora en un mejor lugar, los rescatistas no pudieron hallarlo, es bastante extraño… mas aún así lo importante es que tu continuas con vida, aunque totalmente rasmillada y malherida -comentó sonriendo mientras despejaba mi rostro de las pocas mechas de la que parecía ser mi chasquilla, intenté hablar pero él opacó mis palabras con su blando susurro - shhh, no debes hablar, aún estas débil. Necesito que asientas a mis preguntas… ¿Comprendes? - Asentí lentamente y él sonrió acomodándose sobre el blanco cubrecama - ¿Le temes a la muerte, Danielle? - preguntó sin titubear. Mas yo si lo hice. Fue extraño, bastante, para ser sinceros. Siempre me había hecho aquella pregunta y siempre mi respuesta era la misma, "por supuesto que no" mas en esa situación fue diferente nunca nadie me lo había consultado, entonces rememoré todo en mi vida, la efímera muerte de mis padres hace ya tanto, la muerte de Marcus dos años después de que yo le presentase a mi amado Víktor, el que hace solo horas había sido acurrucado en el lecho de aquel ángel portador de la guadaña, y la extraña desaparición del hijo menor de mi querido tutor meses después de la muerte de Doyle.

Observé al extraño y sonreí apaciblemente mientras estrechaba su fría y esquelética mano, él me contempló ladeando la cabeza para escuchar mi respuesta. Desde mi posición aquel extranjero era más que perfecto.

  • No - Murmuré contemplando el anillo en su mano, el que tenía una enorme piedra del mismo color de sus ojos - jamás le he temido a las misericordiosas manos de la muerte - expliqué lamiendo mis labios para permitirle a las palabras surgir desde mi garganta sentí en ellos la sangre ahora seca y las pequeñas heridas, profundas y dolorosas. Él sonrió y se alejó débilmente sin soltar mi mano, me contempló unos instantes y volvió a sonreírme.

  • Entonces… Te haré otra pregunta - Explicó llevando su mano derecha a la barbilla, cubrió con la otra mis dedos, en ningún momento dejó de hacerme sentir que estaría allí - en vista de que puedes hablar algo, solo lo necesario - solicitó bajando la barbilla - ¿duele cuando hablas?

  • Preguntó observando mis labios y señalando con su dedo índice mi garganta, yo asentí asumiendo que aquella pregunta no requeriría de una respuesta oral - dime… ¿Deseas morir? - esta vez, al parecer expresó mal su pregunta y alzó la mano pidiendo tiempo, mientras bajaba la mirada lamió sus labios, quizás intentando trazar su pregunta de una manera más certera - si te ofrezco la vida eterna… ¿Preferirías la muerte, para así caminar a nuestro lado por el resto de los evos; ó continuar la vida con el peso del deceso de vuestro amante? - en ese momento comprendí perfectamente de que se trataba, había leído mil veces sobre esos seres cuando solo era una niña, logrando obsesionarme por completo, eran tan hermosos y perfectos, tan llenos de magia, y simplemente los había anhelado desde que mi extraña mente comenzó a trazar en ella infinidades de historias. Bajé la mirada y él estrechó suavemente mi mano - si no está lista para darme una respuesta ahora… puedo esperar. Lo he hecho durante tres días - Explicó sonriendo - he estado tres noches viniendo a contemplarte, a esperar a que despiertes, pero si no decides pronto la muerte te llevará privándome de tu agradable compañía, porque he de deciros aunque estés dormida tu compañía es la más agradable que he tenido en siglos, querida… Danielle, puedo esperar, pero no podré hacerlo por siempre, y usted tampoco… - se levantó alejándose hacia los pies de la cama - Su llama de vida se aleja efímera, y yo no podré hacer nada para evitar ello, solo os propongo lo que ya os he dicho y en vuestras suaves manos recae la decisión de tu vida…

  • ¿Quién sois? - Pregunté observándolo, él dio una vuelta para contemplarme y sonrió alzando sus manos.

  • Tu lo sabes muy bien, querida Danielle - Murmuró acercándose con paso lento - nos admiras desde que tu pequeña alma se sumió a la infame caricia de las sombras eternas - expuso observando por las cortinas al lado derecho de la cama, pude ver como la luz del astro nocturno penetraba en el lugar silente acariciando su rostro con una magna delicadeza. Guardamos silencio por unos minutos, hasta que comencé a sentir como mi corazón se aceleraba, el extraño se levantó desde el sofá a los pies de la cama y apareció justo frente a mi - solo debes aceptar mi propuesta - repitió conteniendo mi cuerpo contra la cama, mi corazón dolía y escuchaba como la maquina se agitaba gracias a mis latidos - ¡¡Danielle solo así esto acabara!! - Gritó alzando su mano hacia la puerta a unos tres metros de su lugar, la cual se cerró fuertemente - Danielle - podía oír como las enfermeras intentaban abrir la portezuela.

  • Dadme… - Murmuré conteniendo el dolor de cada latido para pronunciar aquello, que en realidad jamás debí haber pensado por tanto tiempo, el extraño acercó su oído a mis labios - dadme la vida eterna

  • siseé, al tiempo en que el ser volvía a erguirse, se colocó tras de mí tomando mi cuerpo como una niña que levanta a su muñeca desde el suelo, me acurrucó contra su pecho y besó mi frente.

  • Te hemos llamado desde que eres solo una niña - Comentó acariciando mi cabello,rozó mi cuello, me besó aproximándose a mi oído lentamente su respiración era ansiosa - dolerá solo un poco… Como lo es toda primera vez - sus colmillos penetraron en mi piel y el dolor poseyó mi cuerpo haciéndome temblar, sus brazos contuvieron mi templo y mis manos se aferraron a ellos en desesperado movimiento para apaciguar el arduo dolor, mientras aún podía oír como los doctores y auxiliares del hospital se impactaban contra las puertas, sentía como aquel ser se alimentaba de mí, luego su mano derecha oprimió mi cuello subiendo por mi torso, reclinó mi cabeza contra su hombro y abrió con sus colmillos su muñeca, contempló los cables en mis manos y los arrancó con frialdad, como si toda su caballerosidad se hubiese opacado ante el placer de mi sangre, luego me observó y sonrió con los labios ensangrentados antes de besarme y llevar su muñeca a mi boca - Bienvenida seáis, Mademoiselle Danielle Cazamares, bienvenida a la verdadera vida… la vida del inmortal - sentí su placer cuando su echó suavemente sobre mi torso, su sangre caliente recorrió mi garganta sanándome de cada herida y luego… Mi corazón se detuvo… Lo contemplé, él sonrió mientras yo me desmayaba entre sus esculpidos brazos.