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Imprimacion a dos caras. — capítulo 1

[1]. Prologo. Una vida desconocida.

Y es ahí donde me doy cuenta de que tan importante era él en mi vida, cuando todos se encontraban a punto de morir. Tarde, era muy tarde para darme cuenta de ello.

Amigos, primos, hermanos y mi vida entera, todos a punto de morir por una sola causa, defender una vida.

No importa todo el dinero que me ofrezcan, siempre elegiré vivir en la reservación en una pequeña cabaña. No importa que tan pobre sea, pero aun así prefiero mil veces estar rodeada del amor de toda esa gente, prefiero morir antes de que vivir en una sociedad llena de hipocresía y donde todos se rigen por el dinero y las clases sociales.

(*****)

Árboles, árboles, árboles, era todo lo que se podía ver, pero la verdad es que no me quejaba era mejor esto a que nada.

Después de la muerte de mi madre, el abogado me había dado un paquete de papel color amarillo, dentro había papelería mía algunas fotosy dinero, mucho dinero, además de mi pasaporte. Dentro había una carta con la letra en cursiva de mi madre.

Aun recordaba lo que decía, pero más bien me acordaba de la única oración que me había cambiado la vida y creo que era para siempre.

"Quiero que vayas a buscar a tu padre, vive en una reservación en Forks, sé que si le enseñas las fotos y le enseñas tu papelería te aceptara, perdóname hija mía por haberte ocultado quien era tu padre, pero sé que ahora a tus dieciséis años estas más preparada para todo esto,recuerda que siempre te voy a querer, Camila, tu madre."

Ahora estaba en un taxi rumbo a la reservación, todo era tan diferente a donde yo vivía, en Ensenada Baja California, yo hablaba españole inglés, además de un poco de italiano, mi madre quería que yo estuviese preparada, Ensenada estaba en México y viajar hasta Washington era agotador, solo esperaba poder encontrar y conocer a mi padre.

-Aquí es señorita- me aviso el señor del taxi, mire por la ventana y a un lado estaba una pequeña casita marrón deslavado, estaba vieja ya por el tiempo, pero aun así se notaba que era hogareña.

Le pague al señor y él me ayudo a bajar las maletas. No tenía mucho equipaje, solo eran dos maletas de carrito y una mochila donde tenía mis cosas personales más pequeñas.

Ya en la puerta, antes de tocar mire la hoja que tenía en mi bolsillo de mi pantalón de mezclilla, "Billy Black" rezaba la letra en un pequeño papel arrugado.

Levante la mano y toque suavemente, respire con nerviosismo, aun no tenía nada pensado, no sabía que decir o cómo actuar, esto era tan nuevo, tanto que tenía miedo.

-Hola, ¿Buscabas algo muchacha?-abrió la puerta un señor en sillas de ruedas, su piel era rojiza pero arrugada por el paso del tiempo sus ojos y su cabello eran de color negro pulcro.

-Buenas tardes, buscaba al señor… Billy Black- cite el nombre del papel.

-Soy yo, ¿Querías algo?- pregunto confundido.

-Yo… - me había quedado sin habla, no sabía que decirle, saque el papel de mi bolsita de mi maleta y le entregue la carta - Era de mi madre y quería que se lo entregara-

Él señor, o más mejor dicho mi padre, tomo la carta y la leyó con cuidado, primero con el ceño fruncido y después su cara se fue tornando pálida, yo cada vez estaba más nerviosa y además el miedo me inundaba demasiado.

-Eres mi hija- término diciendo en un susurro.

-Si…- mi voz temblaba por el nerviosismo.

-Ven aquí- me abrió sus brazos, lo dude por segundos pero después me tire a él, abrazándolo fuertemente y soltando lágrimas.

Era la primera vez que veía a mi padre y no sentía odio hacia ninguno de mis progenitores, me acaricio la espalda suavemente y yo estaba llorando en su cuello, ahora es cuando sentía el amor paternal.

-Papá, quien…- una voz de un chico hizo que levantara mi rostro asustada y soltando a mi papá.

-Jacob, hay algo que tengo que contarte.-

(*****)

Cinco minutos, cinco minutos habían pasado desde que mi padre le había explicado todoa mí… medio hermano,él estaba en un estado de Shook. Mi hermano era de piel rojiza como mi padre, sus ojos de un color negro y su cabello que era tan corto tenía también toques marrones por la base negra, su cara irradiaba calidez además de que sus ojos se notaban inocente.

-Así que una hermana- susurro bajo.

-Así es, ella… se quedara a vivir con nosotros, su madre… falleció- al decir eso una punzada en mi corazón hizo que me moviera incomoda en el sofá.

-Nos llevaremos bien- me sonrió mi medio hermano - Solo espero que tengas cuidado con los chicos, hermanita- se acercó a mí y me dio un abrazo, vi como mi padre suspiraba más tranquilo al aceptarme.

-Yo no… - empecé nerviosa al pensar en chicos.

-Era broma, pero enserio, si alguien se quiere pasar de listo… ya vera- eso me hizo reír suavemente, yo era hija única con mi madre, siempre había querido saber que se sentía tener a un hermano.

-Jake, hijo, ¿Podrías ayudarla con sus maletas? Ella se instalara en el cuarto de las gemelas -

-¿Tengo más hermanas?- pregunte sorprendida.

-Sí, y gemelas- me dijo mi hermano Jake sonriendo burlón.

El me ayudo con mis maletas, yo caminaba detrás de él, la casa era sencilla pero era cálida y me gustaba, era tan diferente a Ensenada, tal vez me acostumbre a estar a aquí, pero aun así todo es tan diferente y extraño.

Jake entro a una habitación donde tenía una cama individual y una cajonera de madera color café obscuro, casi negra, una ventana que se deslizaba hacia arriba con cortinas color crema y detalles en color café.

Lo que más me sorprendió fue ver una figura de madera, era un lobo y estaba perfectamente tallado.

-¿Bonito, no?- me pregunto.

-Mucho, se ve un lobo majestuoso y precioso, me gustan los lobos- el soltó un "Ja" irónicamente.

-Descansa, estoy seguro que papá te ira a inscribir a la escuela y te va querer presumir hermanita-

-Gracias- yo estaba parada en la ventana dándole la espalda a la ventana y con el lobo de madera en mis manos.

-Y por cierto - se regresó cuando ya estaba de salida - bienvenidaa la familia Black- me sonrió cálidamente.

Asentí sonriendo, el cerro la puerta tras de él y yo me gire a la ventana y la abrí, el cielo estaba nublado y hacia frio, tal y como me gustaba a mí, cuando estaba en Ensenada los fríos eran escasos, México era reconocido como un lugar caluroso.

Me adaptaría fácil.