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Historia 139456 — capítulo 6
La sexta Carta La mirada intimidante de mi papá acorrala a la pobre Pan.
Cuando esta lo suficientemente cercano a mi amiga extiende la mano exigiéndole en silencio que entregue lo que me ha quitado.
Pan obedece sin objeción.
El príncipe se aleja sin hacer otro comentario, se pierde de nuestra vista.
Me doy cuenta que la libreta a caído en las peores manos: Las de mi padre.
Mi madre tenía tan oculta aquella cápsula, con esa libreta que contiene esos pensamientos tan privados, por una razón muy obvia, ¿Cual otra podría ser?, No quería que aquellas palabras llegaran a ojos de mi padre... ¡Son cartas de amor para Yamsha! A mi me a enfurecido leer aquello. No puedo imaginar que reacción podría tener aquél hombre que es el orgullo mismo encarnado en un hombre.
—¿Te das cuenta de lo que haz desencadenado?— Reprocho a Pan y ella se limita a encogerse de hombros.
No pierdo tiempo. Corro hacia dónde se dirigía mi padre, rumbo a las naves de gravedad para entrenar.
Veo que una de ellas está siendo ahora mismo utilizada, sin duda ahí esta él. Toco la puerta un par de veces sin tener respuesta alguna. Me decido hacer algo que nunca me imaginé hacer... Meterme a la fuerza
Introduzco la contraseña para desbloquear el mecanismo de seguridad y La puerta se desliza casi enseguida.
Siento una ola de calor que emana desde adentro de la cámara. Lo veo desde mi sitio, ahí esta él, tirando puñetazos en el aire.
Me alivio profundamente de verlo dedicado a sus puños y no leyendo aquella libreta que acaba de arrebatar a Pan. Busco dicho objeto por medio de la mirada y observo que la ha colocado sobre el tablero de control.
—Ya sabes que no debes interrumpir mientras estoy entrenando— Me dice fríamente sin mirarme siquiera —Tendrás que esperar a que termine.
—Sólo vengo por esa libreta—Aviso mientras doy un inocente paso dentro y súbitamente soy absorbida por la fuerza de la gravedad. Me desmorono para quedar atrapada sobre mis cuatro extremidades en el piso.
—Las libretas de tu madre son personales— Asegura seriamente, aún soltando continuamente esos golpes con velocidad, —No hay nada ahí que debas leer.
¿Que?... O mi padre se ha tomado un curso de lectura rápida, o es más que obvio que conoce el contenido de aquello, ¿Cómo puede ser posible? No puedo concebir que exista un universo dónde mi madre compartiera sus cartas de amor hacia Yamsha con el mismísimo Vegeta.
—Quiero... regresarla a su..si..sitio— Miento apenas pudiendo hablar por el desgaste físico que hago al intentar no quedar pegada al suelo. Intentaré hacerle saber a mi padre que no pretendo leer aquello... —Quiero conservarlo... como un recuerdo..de...mamá— Logro decir aún cuando esta fuerza invisible me está comprimiendo ferozmente y siento una simultaneas punzadas en mis articulaciones. No aguanto mucho tiempo y mis brazos sucumben ante la gravedad. Mi mentón se estrella de un golpe en el suelo. AUCH!.
Mi padre por fin deja de tirar puñetazos y me voltea a ver. Toma la libreta del tablero y se encamina hacia mi. Me alegro de haberlo convencido.
Se detiene a tres metros de distancia.
— Estamos bajo una gravedad nivel 60, aunque es mucho para ti, veo que puedes con ella. Realmente estas decidida a leerte los pensamientos que dejó de tu madre, he? — Me muestra la libreta levantándola a la altura de su pecho —¿Significa tanto para ti?— Pregunta.
—Si— Contesto decidida.
—Entonces...—Mi padre coloca en el piso aquella libreta, justo junto a sus pies —Intenta tomarla— Me dice mientras se cruza de brazos desafiante, dictando las reglas de su inesperado juego —Si llegas a ella es tuya. Pero si no, la perderás, nunca la volverás a ver— Me amenaza agrio y serio. Con esa expresión se subraya en su prominente frente: No bromeo.
Medito, y veo que pide demasiado, apenas puedo moverme — ¡No hagas esto!, ni siquiera pue...
—INTÉNTALO— Me ladra con esa voz aterrante.
No titubeo, !Estoy decidida a ir por ella¡. Pero me es imposible caminar o gatear con esta fuerza aprensiva. Arrastro mi antebrazo hacia adelante, siento que al levantarlo es como si sostuviera una tonelada de piedras. Una vez que he logrado ponerlo frente a mi, "barro" mi cuerpo contra el piso para avanzar unos escasos centímetros.
—Muy bien Bra, sigue así— Me anima con aprobación mostrando una risa de medio lado.
Intento repetir la misma jugada pero con el otro brazo, aquella fuerza invisible me mantiene prácticamente pegada de cuerpo entero en al azulejo. Algo ha tronado en mi codo, y le rezo a Dende por que no sea un hueso. Pequeñas gotas de sudor han comenzado a resbalar rápidamente de mi frente, son atraídas intensamente por la gravedad.
Comienzo a sentir las punzadas de dolor en mis codos, ahora me pregunto si la libreta merece este esfuerzo agonizante, no puedo enfrentarme con la gravedad aumentada por 60 con mi mediocre condición física.
Bajo la frente y me doy por vencida, dejo de oponer resistencia y la fuerza invisible me termina de engullir. Me desplomo, tendida y embarrada a este piso. —No puedo, no tengo tu fuerza— Declaro mi rendición.
Mi padre desactiva la gravedad simulada y una liberadora sensación de ligereza se apodera de mi cuerpo.
Me incorporo con la respiración agitada.
— Le prometí a tu madre que siempre respetaría la privacidad de sus escritos. Nunca los compartió con nadie. Pensaba mantener esa promesa, hasta ahora...— Me explica mientras recoge la libreta y esta vuelve a ser sostenida por ese guante blanco, hace una pausa y me mira — Sólo existía una persona que consideré que podía leer esto a pesar de que es tan privado, y esa no sería Trunks o yo... esa serías tu—Me revela tan serio como siempre. —Pero, te haz rendido, no haz sido capaz de esforzarte ni por que se tratara de algo valioso para ti.
—No se que estás tratando de decir— Reconozco confundida.
—Eres la última heredera de una línea de élite, después de ti no existirá nadie más. Tus hijos serán terrícolas. La mitad de tu sangre pertenece a un linaje real, poderoso que nunca se dejó humillar— Declara levantando la voz —Haz dejado que una terrícola con un cuarto de sangre de "guerrero de bajo nivel" te humille en tu propia casa, que te haga rogar por tu vida.
Estoy muda, no me atrevo a abrir la boca para explicarme. Creo que tendré que esperar a que las aguas se calmen para recuperar aquella libreta.
—Si no vas a mantener esa dignidad que representa tu linaje, y no te pretendes esforzar ni un dedo por alcanzar algo que realmente quieres... Entonces no te lo mereces— Mi padre lanza la libreta al aire y de un movimiento, descarga de su palma una esfera de luz que se estrella con la libreta a pleno vuelo. La pulverizarla de inmediato.
Me desgarra un grito ahogado y me quedo petrificada en una sola pieza. Aquello ha pasado tan rápido que apenas puedo entender que pasa. Mi padre ha destruido la libreta de mi madre. Una libreta irreemplazable, con pensamientos y escritos que nunca llegue a leer.
— Te lo dije, no la volverías a ver si no llegabas a ella —Me recuerda sin rastros de arrepentimiento o compasión.
— ¡ERES UN MONSTRUO!— Le grito antes de darme cuenta que estoy enfrentándome al gran Vegeta — No me importa tu estúpido linaje, ¡Yo soy una terrícola! no quiero seguir tus pasos como guerrera, nunca lo quise...— mi garganta comienza a quebrarse. —...Me haz quitado para siempre un tesoro que mi madre me dejó...— Y ahora suelto lágrimas que ya no puedo detener —¡Desearía que fueras tu el muerto y no ella!.
Él me escucha, pero no reacciona o responde nada, es como si no tuviera sentimientos, las palabras no ablandan su piel fría de hierro, tan cruel y sinistro cómo las cartas de mi madre lo describían: un corazón de negro. Llega a mi mente aquélla linea que mi madre escribió
...se ganará el odio de su propia gente...
Se lo ha ganado, pienso enseguida, ¡Lo detesto como nunca! Afirmo para mi misma.
Me alejo de esa nave sin voltear a ver a ese hombre, me salgo y siento que la puerta se ha deslizado para nuevamente cerrarse. Me seco las lagrimas que no dejan de salir y me es imposible detenerlas.
Entonces miro al suelo, entre el jardín ha dado parar un "sobreviviente", ¿Los escombros han llegado a parar fuera de la nave?, es trozo de hoja con bordes carbonizados y apenas algunas líneas, pero afortunadamente, es legible.
El saiyajin ha robado una de las naves mientras teníamos la guardia baja. Seguramente se ha ido para continuar con su vida de mercader
"espacial" atormentando gente y conquistando planetas, le deseo suerte. Aunque extrañaré ese sarcasmo descarado y su humor negro, no le
echaremos de menos.
Lo importante es que ahora estas vivo Yamsha, y volveremos a estar juntos, para toda la vida.
Tomo ese trozo de papel y lo pego a mi corazón.
Llega Pan corriendo hacia mi — ¡Bra! ¿Todo esta bien? —Me grita desde lejos.
Me ve llorar y me da vergüenza, bajo el rostro y espero que mis ojos hinchados se oculten entre mis cabellos.
—¿Quieres... quieres hablar?— Pan me pregunta amablemente al notar que he llorado.
Niego con la cabeza, siento que si intento hablar me desbocaré en un nuevo llanto. Y odio que eso pase.
— ¿Quieres ir a comer?— Me invita intentando reparar lo sucedido, presiento que se siente culpable.
—Si —Articulo en voz baja.
Me toma de las manos con gentileza y me mira a los ojos —Te encantará lo que preparará Milk, !Es la mejor cocinera¡ mi padre también estará ahí y podrás aclarar todas esas inquietudes que tienes— me sonríe cálidamente — Seca esas lágrimas, levanta ése ánimo.
Regreso la sonrisa por fin.
— Así te quiero ver.
Ya mas tranquila, vuelvo a recordar con alma lo que ocurrió dentro de la nave de entrenamiento y me viene a la cabeza esa escena de mi padre regañandome y destruyendo la libreta. Y repentinamente una frase me salta a la cabeza:
"Las libretas de tu madre son personales"
Dijo "libretas", habló en plural esto quiere decir que existe más de una. Un sentimiento de esperanza bombea y burbujea desde mi corazón.
¡Tengo que encontrarlas!