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Desde algún sitio, siempre con Harry — capítulo 2
-¡James, acercate! -Gritó Lily desde la orilla del lago de su hijo.- James, faltan dos minutos para los once años de Harry, ¿entiendes? ¡Va a enterarse de que es mago!-A mi la carta tardó en llegarme cuatro días... -Suspiró James, acercándose a la orilla y sentándose junto a su esposa.-Ya verás como a él no... Harry se va a enterar de aquí cincuenta segundos.Y efectivamente, un minuto después alguien llamó a la puerta. Los padres del pequeño Harry se miraron entre ellos, con un poco de temor por lo que sucedería después. Sabían que no era nada malo, pero... ¿Quién tenía tanta fuerza, como para hacer que la cabaña retumbase de esa manera? -¡ES HAGRID! -Gritó James, feliz al ver por fin a alguien de su mundo junto a su niño. Y si, el semigigante entró por la puerta, agachándose para caber en ella. Lily y James escucharon atentamente todo lo que Hagrid le contaba a su hijo. Se sintieron orgullosos cuando el guardabosques le dijo a Harry que sería un buen mago, James tubo que abrazar a su esposa, que empezó a llorar tras oír a su hermana decir "Yo era la única que la veía tal como era: ¡una monstruosidad!" refiriéndose a ella.-Se arrepentirá. -Aseguró el castaño, acariciando la melena pelirroja que tanto le gustaba.- Tranquila, amor, se arrepentirá.Lily asintió, y siguió escuchando a Hagrid. Sonrió tras escuchar como el semigigante los alababa "Ahora bien, tu madre y tú padre eran la mejor bruja y el mejor mago que yo he conocido nunca. ¡En su época de Hogwarts eran los primeros!"-Remus era mejor que yo... -Suspiró James.- Incluso Sirius. Eramos igual de buenos.Esta vez fue Lily la que abrazó al chico. Sabía lo doloroso que resultaba para él hablar de sus amigos. Visitaban sus lagos a diario, y cada vez que se alejaban de ahí James sentía que algo dentro se le rompía. Sirius llevaba diez años encerrado, y cada vez que iban lo veían James pensaba que preferiría verlo loco que eso. No había día que durante su visita el prisionero no susurrara el nombre de alguno de ellos dos, cada vez que miraban dentro del lago lo veían gritar el nombre de Harry, pedirle perdón a Remus, y sobre todo: maldecir a Peter. Pero lo peor, lo que más le dolía a James era que no estaba perdiendo la cabeza, que estaba siendo consciente de todo, y es que lo veía en sus ojos. Veía el dolor, la perdida, el odio y mil sentimientos más en los ojos de su mejor amigo... Y se preguntaba por que Sirius no se había suicidado aún, pero en el fondo lo sabía. No había intentado quitarse la vida porque necesitaba hablar con Remus antes, no pensaba dejar solo a Harry y sobretodo, iba a acabar con Peter. Por otra parte, hablar de Remus también era demasiado doloroso, y esta vez, Lily compartía el dolor con su marido. Quería a Sirius como a su vida, el chico se había ganado un lugar en el corazón de la pelirroja y ella deseaba lo mejor para él. Odiaba que estuviera encarcelado, claro, pero... Remus era su mejor amigo, y su situación era igual o peor que la del prisionero. Cada día iban a visitar también su lago, y lloraban juntos en la orilla. Remus estaba solo en el mundo, estaba tan solo... Pasaba semanas sin hablar con nadie, y cuando lo hacía eran un par de palabras y por obligación o compromiso. No tenía trabajo, no tenía amigos, ni vida. Pero lo que más escocía en el corazón del matrimonio Potter era ver al licántropo espiar a Harry, pensar en Harry, velar por la seguridad de Harry. Una vez, cuando el niño era muy pequeño estaba solo con su primo en el jardín, y Dudley lo estaba pellizcando. Remus salió de detrás de los arbustos y ahuyentó al pequeño demonio, que acababa de conseguir hacer llorar a su primo. Miró a ese pequeño niño de ojos esmeralda y sonrió. Le dio un beso en la frente, justo al lado de la cicatriz y prometió volver a verlo, pero no lo hizo nunca. Y Harry nunca recordaría eso. Pero James y Lily lo habían visto desde arriba, desde lo que fuera ese lugar, y juraron que le agradecerían a Remus todo lo que había hecho por su hijo algún día.