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Inmortalmente enamorada. — capítulo 2

[1] Forks.

Hoy viajábamos a un lugar más frio y más nublado, me quebré la cabeza para investigar a donde viajaríamos, mi mamá había aceptado mudarnos, claro, yo estaba a cargo de todo eso, la verdad es que el dinero no importa, en estos dos años, que no había cambiado nada, y tenía diecisiete años eternos, me dedique a trabajar por las noches, claro, sin que mi madre se diera cuenta.

-¿Enserio tenemos que cambiarnos?- me pregunto Max, mientras Mat estaba a un lado de él.

-Sí, es necesario- les respondí, mientras mamá estaba guardando la ropa de los gemelos.

-¿Pero porque tenemos que ir nosotros?- hicieron pucheros.

Suspire mientras me hincaba poniéndome a su altura.

-Porque no los dejaría aquí solos- sonreí mientras les hacía cosquillas, con mucho cuidado de no lastimarlos con mi fuerza vampírica.

Los cargue ambos mientras caminaba hacia la salida, los subí a la camioneta para irnos al aeropuerto, le ayude a mamá con las maletas, claro, mamá no decía nada por el hecho de que su hija era capaz de cargar cuatro maletas sin ninguna señal de fatiga.

Ahora se suponía que tenía diecinueve pero mi edad en la que había parado de crecer habían sido los diecisiete, mi mamá siempre estaba preocupada con eso de estar sonriendo, además de que jugaba mucho con mis hermanos, ellos eran mi vida completa, por eso siempre los cuidaba demasiado.

Aún recuerdo cuando a mi madre la estaban a punto de asaltar...

-¡Deme todo lo que traiga!- dos señores la habían acorralado en un callejón, ella había tardado demasiado asique había dejado a mis hermanos en casa dormidos mientras ponía seguro a la casa y salía corriendo olisqueando el olor de mi madre, la había encontrado en un callejón entre esos dos hombres.

-No me hagan nada, por favor- lloro mi madre, fruncí el ceño al verla así.

Ella siempre tenía una sonrisa en la cara y nunca dejaría que algo la hiciera llorar, era extraño que ella llorara, siempre buscaba las cosas buenas de todo, nunca el lado malo de nada.

Baje de la azotea de donde me encontraba y a velocidad vampírica derribe a los dos hombres dejando el paso libre a mi madre, ella salió corriendo gritando un ¡Gracias, dios! y se fue, yo deje a los dos hombres fuera de la cárcel, junto con una carta con mi nueva letra cursiva.

Regrese a casa, mucho antes de que mi madre llegara, ella entro asustada y a la vez sonriente por lo que había pasado, según ella tenía un ángel guardián, me conto todo y yo sonreí mientras le daba un Té.

Después de ese día siempre salía confiada de que su ángel la cuidaba desde donde sea que este, la verdad es que a veces no sabía cómo hacerle, los gemelos también hacían de las suyas, más de una vez los tuve que salvar de caer en una alcantarilla abierta, solo que ellos dicen que soy como súper chica, saben que tengo mucha fuerza y también saben que siempre los protegeré, pero no saben que en verdad soy un monstruo que en cualquier momento de desliz pudiera matarlos.

Cuando llegamos a nuestro destino que era Forks les tendí las chaquetas y gorros a mis hermanos, mi madre se abrigo también, un taxi nos esperaba ya afuera del aeropuerto, nos iríamos a una casa que estaba en Forks, para parecer más humana en el taxi tuve que usar mi don, solo que tuve que abrigarme un poco más, me convertí en humana.

Nuestra casa nos esperaba de pie entre dos enormes arboles de pino, rodeada de césped y un bosque inmenso.

-¿Les gusta? Fue lo que encontré en el internet donde quepamos los tres y además tiene calefacción, así que mamá, no tienes que preocuparte por congelarte- mi madre me sonrió agradecida.

-Gracias hija, aún no sé cómo sacaste todo este dinero que hemos gastado-

-Ya te dije mamá, hice un plan de financiamiento a un empresario que me ofrecía una buena paga, así que el dinero que me deposito en una cuenta especial para mí, preferí gastarla con ustedes- "Además de que tenía que buscar rápido un lugar donde no me conozcan y donde casi no salga el sol por mi condición vampírica" hable para mí.

Mis hermanos salieron corriendo, haciéndose bromas mientras corrían arrastrando con sus maletas, mamá y yo metimos las demás cosas, claro, tuve que convertirme en vampira, siempre me ponía lentillas por si cambiaban de color mis ojos, mi madre entró primero que yo, así que yo cargué con todas las maletas faltantes como si cargara almohadas de plumas, claro, sin que nadie me viera.

Mis hermanos estaban felices de estar aquí ya, y mi madre la notaba también feliz, así que yo también estaba feliz.