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Historia 140621 — capítulo 4
Una mañana lluviosa, una chica sonriendo y demasiado optimismo para estar en una sucia habitación son los principales indicios de un buen día. El primero de septiembre por fin había llegado y Emma no podía estar más contenta. Algo que caracterizaba a esta hermosa chica era su optimismo en los peores momentos, por eso ella siempre prefirió la lluvia al sol, porque tenía más posibilidades.
Emma había estado viviendo en una habitación del Caldero Chorreante esa última semana antes de Hogwarts, por lo cual había podido conseguir un trabajo temporal en el Emporio de la Lechuza y con apenas una semana de duro trabajo había logrado conseguir toda la plata que le debía a James Potter.
Desde el encuentro que habían tenido Emma y los otros cuatro adolescentes, la chica no se podía olvidar de Regulus Black (N/A: No, no me equivoque de nombre, ya entenderán), ese chico de ojos grises y cabello negro, ese chico que la había acusado de sangre pura. Puede que para muchas personas eso fuera un alago, pero Emma hubiera preferido que le digan mil sangre sucias antes de eso. Emma no sabía de donde había sacado la valentía de acusarla de eso la serpiente, pues si, según había alardeado Orión Black, su educado hijo, era una serpiente.
Emma todavía tenía pesadillas de aquel día en el que su padre la había obligado a ella a acompañarlo al estudio de uno de sus "amigos" para unos negocios. Orión Black era una persona fría y tosca, simplemente mala. Se había pasado todo el santo día hablando de aquel chico, Regulus. Decía que era toda una serpiente, un digno sangre pura y muchas otras cosas más que asqueaban completamente a Emma. Al poder por fin salir de ese lugar, luego de que su padre le mintiera a Black diciendo que Emma también era sangre pura, Jonathan Prince había ocupado el resto del día en criticar a aquel señor, diciendo que según lo que él había escuchado Orión tenía otro hijo, una vergüenza, un Gryffindor. "Un minuto…" pensó Emma al recordar ese detalle esa mañana del primero de septiembre "¿Y si aquel Black es el otro hijo, el Gryffindor? ¡No recuerdo como me dijo que se llamaba James!", "¡Eso sería un desastre, Emma! Trataste muy mal a ese chico" le dijo Vergüenza o Pesimismo otra de las voces de Emma, "Aun no lo sabes, niña, si hoy te lo encuentras en el tren le preguntas y listo." le contesto Razón. Como amaba Emma a esa voz cuando la ayudaba o hacia callar a las demás voces.
Intentando no pensar en eso Emma se vistió con algo de ropa que había conseguido comprar con la plata restante de su trabajo y se preparó para ir a la plataforma nueve y tres cuartos. Corrió rápidamente hacia la planta baja del lugar y luego de saludar a la señora Margaret Thomson, quien era la actual dueña del Caldero Chorreante, la chica salio del lugar para aparecer en el mundo muggle, donde se tomó un taxi (N/A: Lo siento, pero no tengo idea de si hay taxis en Londres… Imaginemos que sí). Emma conocía de sobra al mundo muggle, pues había vivido en el quince largos años de su vida.
Al llegar a Kings Cross, Emma se bajó rápidamente del coche, pues, aunque aún quedaran veinte minutos hasta las once, ella quería llegar lo antes posible. Otro rasgo de Emma, excesivamente puntual. Al llegar junto con el carrito, que traía su baúl y un bolso donde estaba su nueva gatita negra, Nua (que significaba negro en francés), se quedó parada entre los andenes nueve y diez. En su vida había ido a Kings Cross así que Emma no tenía ni idea de que hacer. Emma espero unos diez minutos hasta que, gracias a Merlín, apareció aquel chico castaño, Remus Lupin.
—¡Remus Lupin!—le grito Emma. El chico volteo rápidamente su cabeza, dejando al descubierto una cicatriz en su cuello que a Emma le resulto muy familiar, pero no dijo nada—¡Aquí, Remus!—Al verla Remus sonrió.
—¡Prince!—dijo el acercándose como pudo a la chica entre toda la gente—. ¿Cómo estás?
—Bien, gracias—le respondió ella educadamente—. Oye, Remus… ¿Cómo se entra a la plataforma mágica?
—Ven, te mostrare—dijo el chico acercándose a una pared—. Toma mi mano—Emma lo miro como si se hubiera vuelto loco, pero el chico tenía la expresión de saber perfectamente lo que estaba haciendo, así que Emma tomo su mano sin chistar, mientras con la otra sujetaba su carrito—. Bien, a la cuenta de tres tienes que correr hacia la pared. Cierra los ojos—Emma abrió completamente los ojos, contradiciendo las palabras de su acompañante, sin entender nada. Pero… ¿Qué podía perder?—¿Lista?—Emma asintió lentamente con la cabeza y sus, ya cerrados, ojos—. Excelente. Uno… Dos… y... ¡Tres!—Los dos chicos corrieron hacia la pared. Cuando la traspasaron, Emma sonrió contenta, prometiéndose a si misma, que ella jamás volvería a dudar de Remus Lupin.
—Oh, gracias Remus, eres muy amable.
—Cuando quieras, Prince—le respondió el chico devolviéndole la sonrisa.
—Llámame Emma o Em—le dijo la chica mientras los dos chicos caminaban hacia el tren—. Queda mal que yo te llame por el nombre y tú a mí por el apellido.
—Está bien, Emma.
—Oye, Remus… Una pregunta.
—La que quieras.
—Aquel Black que estaba con ustedes aquella vez…
—¿Sirius?—le pregunto el. La cara de Emma se descompuso en una extraña mueca.
—¿Se llama Sirius? ¡Yo pensé que ese era Regulus!—dijo la chica apenada.
—Ese es Regulus—dijo Remus apuntando a un chico muy parecido al otro Black pero con los ojos más oscuros y fríos, que iba hacia el tren acompañado por Orión Black y una señora que Emma reconoció como Walburga Black. Al verlos Emma empezó a susurrar:
—Que no me vean, que no me vean…
—¡Señorita Prince!—dijo Orión llamándola. Emma giro con cuidado, todavía sujetando la mano de Remus, y esbozo una de sus mejores sonrisas para encontrarse cara a cara con la familia Black.
—Señor Black, un gusto verlo, no lo había reconocido.—dijo ella.
—Walburga, ella es Emmaline Prince, hija de Jonathan Prince—el frio y tosco gesto que tenía la mujer en la cara, cambio inmediatamente hacia una mueca, la cual Emma supuso que sería una sonrisa.
—Oh, cariño, un placer conocerte—dijo la mujer con una voz que intentaba hacerse pasar por amable y que volvió a su estado original al ver al chico que todavía agarraba a Emma de la mano—. ¿Y tú? Me suenas de algún lado…—Emma noto como Remus empalidecía y le apretaba la mano en diciendo "¡Ayúdame!".
—El… El es uno de mis amigos que estudia conmigo en Beauxbatons—dijo la chica conociendo la mentira que le inventaba a todos sus amigos su padre—. Vinimos los dos de intercambio.
—Oh—dijo simplemente la señora, devuelta con la horrible mueca.
—Emmaline—la llamo el señor Black.
—¿Si, señor Black?
—Hace mucho tiempo que no veo por aquí a tu padre.
—Oh… El sigue haciendo unas cosas en Francia—mintió Emma, pues ella tampoco sabía dónde se encontraba su padre—. Me eh quedado con mis tíos aquí estas vacaciones.
—¿Y tu madre?—le pregunto Walburga.
—Ella… Pues…—balbuceaba Emma intentando acordarse de lo que había dicho su padre sobre su madre.
—Era de America, Walburga—la salvo Orión, sin saber que la estaba salvando—. Aunque no sé muy bien cómo murió… Tu padre no me lo quiso contar.
—Oh… Ella murió de…
—A la madre de mi amiga la mato una horrible enfermedad—la salvo Remus reponiéndole el favor con un extraño acento francés.
—Ah, no sabía—dijo Orión. En ese momento Emma miro a Regulus que la miraba gélidamente, Emma supo en ese instante que él sabía que todo lo que ella había dicho fueron mentiras.
—Bueno, mejor nos vamos, señor Black… Tenemos que organizar unas cosas. Adiós.—dijo Emma rápidamente tirando de la mano de Remus para irse lo antes posible de ahí. Subieron rápidamente al tren y a un compartimento.
—Bueno…—dijo Remus—. Eso fue intenso.—Emma rio.
—Sí, tienes razón. Lamento mucho lo que paso… Pero a mi padre le encanta decir que soy sangre limpia y todo eso…—se disculpo Emma—. Por cierto, gracias… Y bonito acento.
Estaban los dos chicos riendo tranquilamente cuando en ese instante entraron tres chicos al compartimento.
—¡James, Sirius, Peter!—dijo Remus abrazándolos.
—Hola, Lunático—dijeron los chicos. Luego la miraron a Emma que no sabía cómo actuar.
—Eh… Hola.
—Me encontré a Emma que no sabía cómo pasar la barrera—explico Remus sonriendo y evitando la cara de funeral que tenía Sirius—. Y luego… Tuvimos un no tan agradable encuentro con tu familia, Sirius.—Sirius aparto la vista de Emma y miro a Remus.
—¿Qué?
—Pues…—empezó Emma— Una vez había acompañado a mi padre a ver a Orión Black y bueno… lo conocí ahí, y me reconoció y tuvimos una pequeña charla—explico Emma un tanto nerviosa—. Emmm… ¿Sirius? Lamento mucho lo que paso en el Callejón Diagon, es que te confundí con tu hermano… Y las cosas que decía tu padre sobre el no me agradaron mucho—se disculpó Emma.
—No importa…—dijo el chico algo nervioso.— ¿Remus? ¿Te hicieron algo mis padres?
—No, tranquilízate, amigo. Emma me salvo diciendo que yo era un compañero de Beauxbatons de ella que venía de intercambio como Emma—dijo sonriéndole a Emma.
Sirius no supo bien lo que paso. Pero le molesto mucho que su amigo le sonriera a la chica de aquella forma y más aún que la chica le devolviera la sonrisa.
Emma comenzó a reír y en respuesta de las miradas interrogatorios que todos le mandaron, ella dijo:
—El acento francés de su amigo es muy divertido—tres de los cuatro chico comenzaron a reír y Sirius consiguió emitir una simple sonrisa.
En ese momento el tren comenzó a andar.
—Oh, bueno… Me iré a otro compartimento—dijo Emma.
—No, quédate—le pidieron Remus y James, la chica les sonrió.
—En serio, no quiero molestar…
—No hay problema…—dijo James.
—Oh, James—dijo la chica levantando un poquito su tono de voz como si se acabar de acordar de algo—. Toma—le dijo entregándole un pequeño paquete y otro más grande.—Aquí está el dinero que me prestaste y un pequeño regalito que se me ocurrió regalarte para darte las gracias—dijo la chica.
—No tendrías que haberte molestado…
—No, en serio, no hay problema. Estuve trabajando bastante duro en el Emporio de la Lechuza y conseguí bastante dinero…
James abrió el paquete grande para encontrarse con un libro que se titulaba "Quidditch a través de los tiempos".
—Es nuevo—dijo Emma sonriendo al ver la expresión del chico—. Salió hace apenas unos días…
—Es genial, gracias—dijo el abrazando a Emma. Hacia tanto tiempo que nadie la abrazaba, que Emma sonrió realmente feliz cuando el abrazo termino.
—Gracias a ti—le dijo la chica radiante—. Hacia tanto tiempo que nadie me abrazaba…—murmuro bajito, pero no los suficiente como para que cierta persona no la escuchara.
Sirius miraba la escena como los otros dos chicos, pero a diferencia de ellos, el sintió devuelta ese nudo en el estomago, como la vez anterior que Remus le había sonreído. Y lo peor era que no sabia que era ese sentimiento.
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Hola! Espero que les haya gustado! Lo hice bastante larguito... Bueno, queria hacer esta nota para agradecerles a Unicornio_Magico (Que siempre comenta mis historias! Eres genial, amiga!), Maga_Liz (por comentar todos los capitulos que llevo, GRACIAS!!), Lili10 (Tambien por comentar!!) y Gabriela Lestrange (Gracias a ti tambien!). Y por supuesto a los VEINTICINCO favoritos que lleva la historia:
GRACIAS!!!! Son geniales!! Bueno, besos a todos!No olviden COMENTAR!Clary