← A Través de la Magia: La verdadera historia de Lily y James · de
A Través de la Magia: La verdadera historia de Lily y James — capítulo 2
Bueno, este es el segundo capítulo amigos (el prólogo lo estoy considerando como 1er capítulo) Espero que les guste y me dejen algún review ;)
Saludos a todos!
Capítulo 2: ¿Quién se besó con quién?
Habían pasado exactamente doce minutos desde que le di ese beso accidental. Y las noticias sí que vuelan en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.
— Escuchen chicas, cualquier cosa que hayan oído, ¡es mentira! — me derrumbé en el umbral de la puerta de nuestro dormitorio de sétimo. ¡Qué terrible! ¿Por qué de pronto me sucedían cosas inesperadas?
Alcé la mirada, y el dedo acusador y teatral de Cynthia Weatherby me señalaba como la culpable.
—Fuiste tú Lily, no te podremos ocultar aquí por mucho tiempo.
—¡Pero fue un accidente! —me defendí a punto de reír.
—Oye, tienes novio, ¿qué pasa si Travis se entera? Por cierto, ¿cuál es la mejor forma de vengarte de un ex traidor, pero que no sea ilegal?
Cynthia Weatherby había tenido su pasado matonesco y rebelde allá entre tercero y quinto año, algunas veces le salían chispazos de "leona loca ", como diría Sophia. Eso sí, cada semana Cynthia se teñía el pelo de un tono distinto. Pero el azul eléctrico era su preferido y el que llevaba ahora. Y Filch ya había aprendido a tener la boca cerrada porque los Weatherby eran buena familia, modesta pero con influencias y su madrina estaba en el Consejo Escolar.
—¿Cómo pudiste besar a Peter Pettigrew? —seguía Cynthia.
—¡Mentira! Nadie en su sano juicio premeditaría un beso con Peter Pettigrew—dije poniendo mis brazos en jarras. ¡Los rumores vuelan y sufren espantosas metamorfosis!
—¿QUÉ? ¡¿Quién se besó con quién?! — nos llegaba la voz cantarina y suspicaz de Sophia Spellman desde el cuarto de baño, que olía a jabón de lavanda y cera para depilar con áloe vera, mientras que nuestro dormitorio tenía un tufo al cigarro de Cynthia.
—Lily se besó con Peter Pettigrew—explicó Cynthia.
—¿Lily se besó con quién? —el cabello cobrizo de Mary Macdonald apareció por el marco de la puerta, ya vestida con el uniforme de colegio y una expresión de sorpresa en su rostro pequeño, ovalado y curioso.—. ¿Es verdad? Abajo están diciendo que…
—Chicas, espérenme, quiero saber el chisme yo también—la ducha ahogaba los reclamos de una muy interesada Sophia.
—¿Qué están diciendo? —repetí. Oh no, los rumores siempre mutaban de forma…
—Pero no te vas a molestar—dijo Mary, dibujando una pequeña sonrisa.
—Se va a molestar—corroboró Cynthia, y se aclaró la garganta—. Lily, todo el mundo ya se ha enterado que besas mal.
—¡Noo! ¿QUÉ QUÉE?
—Que besas mal.
—Para empezar, nunca me besé con ése Colagusano, ¡y no beso mal!
—¡QUIÉN-ESTÁ-FUMANDO-DENTRO-DEL-CUARTO! —gritó Sophia. Le tiene alergia al tabaco y le entran unos estornudos terribles.
—Yo—admitió Cynthia con una sonrisita—. Pero no querrás cambiar de tema, Lily está confesando su amor por Peter.
—Calla, a ti te he visto arrastrándote detrás de Evan Rosier.
—Rosier es una perra—dijo Cynthia, y luego cambió su tono a uno más suave—.Pero de verdad…ya tienes novio…
Pensé en Travis Tremayne, el chico de Hogsmeade con el que había salido en tres o cuatro citas y se me encogió el estómago. Tanto que me había costado dejar de darle vueltas a los sentimientos y empezar una relación como todas las chicas de mi edad...
—Prrométanme, por nuestra amistad y por todas las tareas que les he hecho, que no se pondrán a reír como locas si se los cuento.
Mary y Cynthia me miraron con ávida curiosidad. Sophia salió del baño envuelta en una toalla para el cuerpo, se le veían los hombros desnudos y sobre ellos el abundante cabello rubio castaño y ondulado completamente húmedo.
—Es una cortina de humo—expliqué—. No me besé con Pettigrew sino con…con…
—Lily, ¡al fin estás haciendo cositas locas! —aplaudió Sophia, inclinándose a escuchar.
—En realidad, estaba yendo a las escaleras luego de tomar desayuno y entonces vi a Naomi Takitani subiendo de la escalera que va a las cocinas, y se estaba llevando un paquete grande con galletas, le dije que eso estaba prohibido, y esa chiquita se me escapó y fui tras ella—tragué saliva—. Entonces doblé un pasillo y lo ví a él. Y no pude frenar, así que me choqué contra su cara… ni siquiera pudo llamarse beso.
—¿Quién fue, quién fue? —jadeó Sophia, tan solo envuelta en la toalla y goteando al piso—. ¡Habla o calla para siempre!
Tomé aliento.
Toda mi reputación estaba en juego.
El futuro de mi vida digna se concentraba en ese momento.
—A …la Bazofia. Pero que conste que fue un accidente.
Ellas tuvieron distintas reacciones mezcladas. Mary tenía el rostro pálido y la boca en una "o", Sophia una ceja alzada de modo divertido y extrañado, y Cynthia daba aplausos lentos.
—Puedo morir en paz—replicó Cynthia, cambiando con Sophia una mirada satisfecha.
—Esto. Es. Increíble—articuló Sophia con los ojos muy abiertos.
—¿La tapadera con Pettigrew te resulta menos vergonzosa que…admitir que lo besaste a él?
—B-bueno, yo me fui corriendo.
—¿QUÉ?
—Oye, ¡tremenda vergüenza que pasé! Además se me estaba haciendo un chichón en la cabeza. A él…se le rompieron las gafas y creo que fue a la enfermería porque…¿son las nueve y diez?
Las cuatro dirigimos nuestros ojos al reloj de cuco.
¡El tiempo vuela! Salimos pitando al aula de Transformaciones, teníamos exámen. Ente mis manos tenía mis apuntes y buscaba sitio donde sentarme mientras me repetía ansiosamente las definiciones. Una parejita se estaba besuqueando a un metro delante de mí.
—¡A ver si se van a comer perdices a otro lado! —espeté.
Pero eventualmente, tendría que enfrentarme al destino..oh por Dios,
Más Hufflepuffs entraron por la puerta con caras ojerosas y repasando en voz baja a último minuto. Los Hufflepuffs suelen ser los que estudian de modo más divertido. Crean rimas con las lecciones, las cantan por los pasillos sin temor a hacer el ridículo. Incluso alguno que otro Ravenclaw ha adoptado ese peculiar sistema de estudio. Alice Baker, otra de mis amigas Gryffindor, se sienta en el pupitre de mi lado, y abre su cuaderno.
—Buenos días—me saluda, tiene el pelo liso y rubio recogido en una coleta baja. Ella es una de las pocas personas bendecidas con el don de la programación de actividades y puntualidad—. Pues bien, ya faltan…
—No me digas—gemí, tomándome la cara con las manos. Me la había pasado dibujando toda la noche; cuando me di cuenta los gallos ya cantaban.
—¡Spellman está aquí, presente! —exclamó Sophia Spellman, al llegar secándose las manos en la túnica, la melena todavía se veía húmeda pero ya tomaba su forma ondulada. Ella tenía un talento para maquilarse hasta volando e escoba, se plisó la falda y muy coqueta y sonriente fue a sentarse.
—¿Estudiaron? —pregunta Alice, sacando sus plumas.
—Todavía no te enteras de la primicia, Allie—dijo Sophia.
—¡Silencio! —la acallé.
Cinco minutos. Me da miedo, porque no he estudiado nada. Ni siquiera he abierto el libro de Transformación…mátenme. Veo que Sophia se inclina al respaldar de mi silla, y con actitud persuasiva me susurra
—Lily, has un acto de caridad y ayúdame en el examen, ¿ya?
—Eres una suertuda, siempre apruebas—repuso Mary, al lado.
—Ayúdame en el exámen o escribo en la pizarra que te besaste con…
—Desagradecida, ¡te acabo de prestar un tampón! —jadeó Sophia en son de broma. Y automáticamente se tocó su vientre, extrañada—. Y c-creo que también necesito uno ahora. Oh no…
—Chicas, es la tercera vez en la semana que las oigo hablar de tampones y me empiezo a preocupar sobre su salud …reproductiva— dice una voz masculina a nuestras espaldas.
Sirius Black nos observaba desde su metro noventa de altura, entrando al aula con el pelo negro y tan húmedo como si acabara de salir de la ducha, dándose del importante. A continuación suceden varias cosas de las cuales ya estoy acostumbrada. Un par de chicas se voltean, y dejan que están haciendo para mirar de reojo y saludar a Sirius con sonrisas. Manos femeninas arreglan brillantes cabelleras.
Me puse medio la defensiva. No de Black—de él no tanto—sino de lo que próximamente viene a contunuación...por lo pronto, Remus Lupin y Peter Pettigrew entran casi imperceptiblemente al aula, poco después de Sirius, y se sientan en la penúltima fila de pupitres. Como si fueran extras de una película.
Remus me saluda con la mano, y abre su cuaderno.
A pesar de su timidez, tiene un aura que me inspiró confianza desde el principio. Me refiero a Remus Lupin, un muchacho listo y de confianza. Él es el único que no se emborracha en las Tres Escobas, no tiene ligues de solo una noche, ni intenta jugar béisbol muggle con las muletas de la enfermería, menos aún ponerle la zancadilla al profesor Slughorn cuando dobla el pasillo. Es miembro oficial de los Merodeadores —así se llama el grupito más popular y alborotador de Hogwarts.
Luego está Peter Pettigrew, la mascota. Creo que lo acogieron por que les daba una mezcla de risa-pena. Es muy irónico: es el menos popular del año y se junta con Black y la Bazofia….Por supuesto, el vago de Peter es el que se inventa excusas para saltarse las clases, y es la risa automática y de auxilio cuando la Bazofia hace una broma que nadie entiende. Tiene cara de estar medio amilanado, tiene ojos azul acuoso y es gordito, todo lo contrario de Sirius Black. Guapo, inteligente, alborotador y a veces medio peculiar lo describen a la perfección. ¿Para qué decir más?
Bueno, hay para rato. Y parece que estoy inspirada para decir sus verdades. Black es tiene más amigos de los que yo tendré en toda mi vida—me lo recordó él mismo de forma muy amable—, es inteligentísimo, pervertido, y oh claro, posee la cualidad de sacar provecho a su apariencia para colmo de males. Cuenta la leyenda que Sirius funciona mejor que las pociones reguladoras de ciclo menstrual. ¿Eres irregular? Pues te presentaré a Black. Ni bien lo veas, empezarás a ovular.
(nótese el sarcasmo)
Con su cerebro que funciona dos veces más rápido que el de los profes y cinco veces más que el de Filch, lidera las travesuras más bizarras; gobernando así junto con la Bazofia, el metamórfico reino animal de Hogwarts.
Tres minutos.
Lo que esperaba angustiada no llega …y me relajo un poco, mientras Sophia le suplica a Sirius que le pase la respuesta de alguna pregunta; él sonríe dejando ver su dentadura blanca, dejándola viendo estrellitas como en una tira cómica; lo que le da tiempo para escabullirse a su asiento en la última fila, detrás de Pettigrew. La campana resuena justo cuando la profesora McGonagall pone un pie dentro del aula, nos mira a todos como escaneándonos por detrás de sus gafas y camina hacia la pizarra.
—Cierren esos libros—ordena McGonagall, repartiendo los pergaminos con un movimiento de varita—. El examen termina en una hora y media.
La clase ya está en completo silencio. Pero fuera del aula se oyen los chirridos de la suela de zapatos que se deslizan corriendo.
—¡No se corre por los pasillos, Potter! —dice la voz amargada de Filch, el conserje. Podemos oír el divertido eco de sus palabras y de sus pies arrastrándose para alcanzar la velocidad de un cangrejo enfermo—. ¡Oiga usted!
La clase se ríe por lo bajo e intercambia miraditas, y McGonagall entorna la vista en desaprobación. El nombre por el que la mayoría conoce a la Bazofia, es James Potter. La puerta del salón se abre con fuerza, y entra Potter, pero creo que soy la única que no se voltea a verlo.
—Buenos días, profesora. Adivine qué, Puddlemere clasificó a la final con los Tornados. ¿Qué tal si declaramos asueto por hoy y lo celebramos?
Varios ahogan suspiros de aceptación. Por el tono de su voz, puedo suponer que luce una sonrisa pequeña y sagaz como si nada ocurriera. La profesora le arruga el entrecejo, y lo mira alzando ligeramente la cabeza… la mirada silenciosa que concentra toda su severa exasperación y de la que nadie tiene el valor (o la locura) de ignorar…salvo Potter.
—¿Y bien Potter? —dice McGonagall—. ¿Tiene alguna BUENA justificación para su tardanza?
—¿Tardanza?—él miró su reloj de pulsera—.Dicen que un buen mago nunca llega tarde ni temprano, sino en el momento preciso. Y además, como puede ver, tuve un pequeño percance.
La clase se había quedado en silencio. James tenía el labio inferior un poco roto. Ay, ay, ay…
—¿Qué le ocurrió en el labio, señor Potter? —preguntó McGonagall.
Corrió una ola de murmullos agitados, risitas débiles y sofocadas de la emoción. Yo cerré mis puños y contuve la respiración.
—Bueno, verá profesora, lo que pasa es que estaba volando y unas ramas me rasparon.
—¿Volando? Pero usted sabía muy bien que tiene exámen a las nueve en punto.
—Ya sabe que a los chicos los hago entrenar para quidditch desde las cinco y cuarenta, y a veces ni desayunamos—dijo casi con orgullo.
—Tendré que restarle puntos.
—Ya, pero siempre los recupero con mis participaciones en clase.
Menudo retador insolente…mentiroso, Alice y yo somos las que se esfuerzan para recuperarlos.
—Estás en detención—repuso McGonagall, moviendo una ceja delgadísima—. Ahora vaya a sentarse.
James Potter. De ese deben tener cuidado, de ese tipo delgado, de pelo negro despeinado a propósito, que fuma dos paquetes de Mallory's cada día. Su marca registrada son ese par de anteojos octogonales, su sonrisa que parece saber lo que piensas y las bromas que más de uno teme, por lo ingeniosas y letales que son. Y es que aquí en Hogwarts hay dos clases de personas, los que admiran a James Potter y los que tenemos cerebro. Es el cabecilla de los Merodeadores, ese cuarteto considerado la realeza para los demás aspirantes a chicos bulliciosos y populares. No sé cómo le dieron el Premio Anual, si estamos hablando del muchacho que es capaz de romper sillas cuando se enfada, y que tiene una personalidad cambiante e intensa, oculta tras su rostro sonriente.
Pero no se preocupen. Restando el acoso escolar, lo sádicos que se ponen los profes con las notas, y lo traicioneros que somos cada uno, Hogwarts es estupendo. Si hicieran visitas turísticas guiadas, con gusto les mostraría la salida.
McGonagall agita la varita y dos hojas de pergamino aterrizan sobre el pupitre de cada alumno. Creo que nadie más que yo se había dado cuenta que la profesora dijo que le iba a restar puntos, pero no lo hizo. Como verán, hasta los profes le tienen cierta estima. Claro, como es Premio Anual, con altas notas incluso envidiables por los Ravenclaws y capitán de la selección de quidditch de Gryffindor…Si el anteojudo no tuviera tantas papeletas de mal comportamiento lo pondrían como ejemplo a seguir y le esculpirían una estatua en la entrada de Hogwarts, al lado de los chanchos voladores. No; solo basta con dibujarles anteojos a esos cerdos, y ya está.
Alice me da un leve codazo.
Potter me está mirando con los ojos entornados, dándole vueltas a un lápiz entre sus dedos índice y medio, como si tramase algo. Maldición. Me sonrojo, y enfoco mi mirada en el examen de los mil demonios, tomo la pluma y escribo mi nombre apretando muy fuerte.
Pero, ¿por qué tiene que ser engreído y pesado? Uno no necesita ser un genio para…Desde quinto año, más o menos…bueno, no es algo que a uno le agrade admitir. Dicen que todavía le gusto, pero creo que ahora es pura joda.
¿Lo hará de broma, o en serio? No se sabe nunca, es muy imprevisible. Hay veces en que me da la impresión que solo lo hace para enfurecerme, y eso es lo que más me irrita porque no se toma las cosas en serio…En fin. Dicen que cuando concedes mucha atención a una persona, de la nada, ésta te empieza a importar demasiado. No es mi caso, gracias a Dios.
Pero de nuevo, las palabras de un pequeño artículo en El Profeta se meten en mi cerebro: 'Gigantes destruyen villas muggles al norte de Irlanda. Dos pueblos han sido completamente devastados, se presume que avanzarán hacia el sur'
¿Y de quién era la culpa? De él, de Lord Voldemort. Ese hombre que cree que va a obtener el poder del mundo mágico sometiendo a los más débiles. La poca información que se sabe de él, es en parte conocimiento de Dumbledore y de los aurores. Y lo que sale en el Profeta no es ni la mitad de lo que ocurre en realidad. Cada día se hace más poderoso, con el miedo que crea él mismo y sus Mortífagos. Lo peor es que gente culta, inteligente y adinerada, que en teoría debería estar gobernando sabiamente; son los que primero sucumben ante su pensamiento.
Sé un par de datos confidenciales gracias a Frank Longbottom. Alice y él son novios desde hacía cuatro años. Frank está siguiendo el programa de Aurores en el Ministerio, y le ha enviado tres cartas a Alice con información sobre las medidas que toman para contener los desastres.
La hora y media se esfumó. Los pergaminos del exámen volaron de vuelta al pupitre de McGonagall.
—¡Recuerden leer el capítulo tres de su libro para la próxima clase! —grita por encima de nuestras cabezas que corren hacia la puerta.
Nadie se va acordar.
—Vamos a comer, que estoy muriendo—dice Mary, sujetando sus libros al salir. Asiento rápidamente mientras Remus y Peter pasan por nuestro lado charlando sobre el examen.
Me giré para decirle a Alice que se apure, y allí estaba Potter charlando con Sirius, apoyados de espaldas en una columna de mármol.
Esa semisonrisa la conozco.
La ponía cada vez que intentaba invitarme a salir, una sonrisa espeluznantemente atrevida y autosuficiente que parece gritar 'vas a caer, lo sé'.
Le hago una seña a Alice, quien entiende rápido, y nos escabullimos por un tapiz a salvar mi pellejo. ¿A la lechucería? ¿Al salón de trofeos? ¿A lo alto de la torre de Astronomía? ¿O mejor al fin del mundo, dónde no pudiera encontrarme jamás?
—Luego aclaramos eso—gesticula Potter, y da media vuelta. Ya tengo un mal presentimiento...
Hogwarts es mi hogar, aunque el suyo también. Quiero cambiar el mundo, hacerlo un lugar mejor. Estoy decidida a que este último año escolar resulte inolvidable.