Más allá de la magia — capítulo 18
Londres estaba tal y como la recordaba. Llena de vida y colores. Me fascinaba. Pero no de la misma manera que a los demás magos, que sentían curiosidad por la vida cotidiana de los muggles. Para mí, Londres, era mi infancia. Mientras flotaba en mi nube de recuerdos y nostalgia, recordé que no había venido sola. Malfoy, que lo único que sabía sobre el mundo muggles era lo que su familia le había contado, observaba la ciudad con asombro. Cual niño pequeño, analizaba todo lo que veía, mientras se asombraba por cosas tan comunes como un semáforo.
- ¿Qué te parece? - sonreí.
- Increíble - me contestó sin dejar de mirar a su alrededor**- Mis padres nunca me habían mencionado esto.**
Al citar a sus padres, noté como cambiaba la expresión y apretaba los puños.
- ¿Quieres que demos un paseo? - sugerí para evitar que se deprimiera.
Me miró y asintió con una sonrisa. Y con la misma me agarró de la mano. Su gesto me sorprendió, pero no me molestó en absoluto. Caminamos durante horas por las calles de la ciudad. Y cuando mis pies no resistieron más, por culpa de los zapatos de Ginny, nos dirigimos al bar de Jazz.
- Malfoy - le dije en bajo - ¿Podrías ser un poco más disimulado? La gente te está mirando.
Malfoy entró en el bar con la boca abierta. Señalaba todo objeto que veía con la intención de que le dijera que era.
- ¿Me estás diciendo que estos cuadros no hablan? - preguntó en alto con indignación.
La gente del bar lo miraba cual loco se tratase. Y, razón no les faltaba.
- Voy a pedir algo de beber - le eché una mirada desafiante mientras le apuntaba con el dedo - No te muevas.
Asintió mientras ponía cara de bueno.
Estaba realmente maravillado. Jamás habría pensado que el mundo muggle era tan fascinante a la par de extraño. Todo lo que me habían contado era falso, y yo como un imbécil me lo creí. Me equivoqué. Me equivoqué durante todos estos años. Pero tenía muy claro que nunca más volvería a mi otra vida. Y como si el mismísimo Lord Voldemort hubiera leído mis pensamientos, la marca tenebrosa comenzó a dolerme. Me estaba reclamando. Pero hoy era diferente. El dolor era intenso, tanto como si me rajaran con una daga. Aunque yo ya sabía el por qué. Sabía qué día era hoy. Caí al suelo dolorido. Sudores fríos comenzaron a brotar por todo mi cuerpo.
- ¡Malfoy! - Granger corrió rápidamente a mi lado - ¿Qué te pasa?
Y como si de magia se tratase, la tortura cesó en el momento que Granger me agarró con sus brazos.
Levanté la vista para verle la cara. Estaba a punto de llorar, y sus brazos temblaban sin parar. La abracé lo más fuerte que pude.
- ¿Qué ha sido eso? - me preguntó sollozando.
Titubeé antes de hablar.
- No lo sé - mentí - Pero ya estoy bien.
No podía contarle la verdad. Tenía miedo a perderla. No, miedo no. Terror.
Granger me miró con recelo. Miré a mi alrededor. La gente del bar no nos prestaba atención.
- ¿Es normal esto en el mundo muggle? - pregunté para evadir el tema.
- He lanzado un hechizo - me dijo - Nadie te ha visto.
Hizo una pausa y me miró preocupada.
- Deberíamos ir a San Mungo - dijo al fin.
-No - solté rápidamente. Ella me miró atónita - Quiero decir que, hemos venido aquí a bailar y a pasar un buen rato. Aprovechemos.
Granger abrió la boca con intención de protestar. Así que le planté un beso rápido para evitarlo.
**- Si me vuelve a pasar te prometo que iré a San Mungo -**le juré. Me contempló con una mirada desafiante, pero finalmente suspiró como señal de rendición.
Me levanté y le ofrecí mi mano para ayudarla. Ella la aceptó y nos encaminamos a la pista. Mientras bailábamos Granger trataba de mostrarme cómo hacerlo. Pero yo no la escuchaba. El miedo se había apoderado de mi ser, aunque trataba de ocultarlo. Pero no era miedo por mí. Era miedo por ella. Sabía qué pasaba y, sobre todo, qué iba a pasar. No quería que pasara, pero no podía evitarlo. No era capaz de dejar de mirarla. La veía tan frágil, vulnerable. Sentía la necesidad de protegerla. Y pensaba protegerla hasta la muerte.
Porque ella era lo único que me importaba.
- Malfoy ¿me estás escuchando? - Granger me observaba frunciendo el ceño.
Entonces la besé. La besé con tanta pasión que ella no pudo evitar seguirme. Aquel beso se fue intensificando causando que nos fundiéramos en uno.
- Malfoy - gimió ella como pudo**- Aunque aún funcione el hechizo, no me parece el sitio apropiado.**
Sonreí con picardía al comprobar como sus mejillas estaban rojas.
**- Volvamos a Hogwarts -**Sugirió. No quería ir. Quería quedarme allí. Pero si me negaba, ella sospecharía. Así que asentí tratando de ocultar mi desagrado.
Al marchar, me aferré a su mano lo más fuerte que pude.
Si me preguntaran qué me gusta de Malfoy, no sabría qué contestar. Tampoco sabría explicar qué siento cuando estoy con él. O cuando me besa. Sólo sé que es un sentimiento nuevo, el cual me cautiva y asusta al mismo tiempo. No sé si el miedo es provocado por el hecho de que la persona a la que quiero es Draco Malfoy, o el pensar que podría llegar a perderlo. Supongo que ambas son la respuesta.
Mientras volvíamos a Hogwarts, había tomado una gran decisión. Había decidido contarles toda la verdad. A todos. No me importaba que me juzgasen, ni siquiera que se enfadasen.
Yo le quería. Y eso era suficiente.
Al llegar a Hogwarts noté como un sentimiento de angustia se apoderaba de mi cuerpo.
Alcé la vista. Mi corazón se detuvo al ver lo que se hallaba ante mí.
Hogwarts. Hogwarts estaba destruido. Gran parte de sus muros estaban derrumbados y los tejados ardían con agresividad. No se oía nada. Sólo un silencio siniestro impregnado de miedo.
Noté una fuerte presión en mi pecho. Miré a Malfoy. Su rostro lucía serio a la par de preocupado. Su mano aferró con fuerza la mía. De repente, se oyó una explosión dentro. Presa del pánico, corrí con desesperación obviando los gritos de Malfoy suplicándome que no fuera. Pero no podía. Quería averiguar qué estaba pasando. Quería saber si Ron Harry y los demás estaban bien. Corrí tan rápido que notaba como las piernas me fallaban. Me detuve en seco al visualizar dos figuras en la lejanía. Con cautela, me acerqué a ellos. No necesité acercarme más para identificar a uno de ellos.
Lord Voldemort.
- Me has decepcionado enormemente - le dijo Lord Voldemort a la persona encapuchada - Me prometiste que vendría.
- Lo hará, confíe en mí - su voz me sonaba familiar - Él te juró lealtad, mi señor.
- Más te vale que así sea. Si no, pagarás por ello.
- Mi hijo jamás os fallaría - el hombre que se encontraba ante Lord Voldemort se quitó la capucha.
Un abrumador vacío inundó mi corazón al descubrir quién era. Lucius Malfoy.
"No puede ser" Comenzaron a brotar lágrimas de mis ojos sin cesar. "No puede ser" mis piernas se tambaleaban forzándome a sentarme. Me arrastré como pude por el suelo huyendo de allí para no ser descubierta.
No puede ser.
Malfoy no podía formar parte de ellos. Porque, si es así, todo lo vivido había sido un engaño. Me había estado engañado con sus palabras. La presión que sentía en mi pecho se profundizaba cada vez más, casi asfixiándome. No podía cesar de llorar.
- ¡Hermione! - oí que me llaman - ¡¿qué te pasa?!
Era Malfoy. Me estaba agarrando por los brazos, mirándome con unos ojos a punto estallar en lágrimas.
- ¿Hermione? - le repetí con ironía - ¿Ahora me llamas por mi nombre para burlarte aún más?
- ¿Burlarme? - dijo con tono de sorpresa - ¿De qué estás hablando?
Le cogí por los brazos y lo empujé al suelo con las pocas fuerzas que me quedan.
- Lo sé - me puse en pie mirándole con odio - Sé que eres un mortífago.
Su cara cambió de expresión, volviéndose seria. Se levantó.
- Ya no - clavó sus ojos en mí - He cambiado. Por ti.
- ¡No me mientas más! - chillé con todas mis fuerzas.
Ya no podía soportarlo más, necesitaba huir. Malfoy comenzó a suplicarme otra vez que no me fuera. Que le escuchara. Corrí lo más rápido que pude tratando de que aquel chico que me había traicionado no me siguiera. No sabía dónde estaba, ni a dónde iba. Sólo sabía que tenía que correr. Desgraciadamente terminé en una sala sin salida. Tardé en percatarme que me encontraba en el Gran Salón. Estaba totalmente destruido. No tuve mucho tiempo parar llorarle, ya que alguien irrumpió en la sala. Percibí como una brisa fría se adueñaba de mi cuerpo causando que me tensionara. Me giré lentamente con miedo a comprobar que se trataba de Lord Voldemort.
- Vaya, vaya, vaya - Voldemort se acercaba con lentitud - ¿Qué haces tú aquí sola? ¿No están contigo Potter y el chico ese pelirrojo?
- ¡¿Qué has hecho con ellos?! - bramé dominada por la ira.
- Nada - siguió avanzando mientras yo retrocedía - Todavía.
**- ¿Qué quieres decir? -**pregunté con miedo.
Lord Voldemort soltó un suspiro de aburrimiento.
- Tus amiguitos no estaban aquí. Alguien les alertó de mi ataque - esbozó una sonrisa maligna**- Pero tendrán que aparecer-** hizo una pausa**- Si no quieren que te mate.**
- ¡No te tengo ningún miedo!
Mentía. Estaba tan aterrorizada que no podía parar de temblar. No era ni siquiera capaz de sacar mi varita antes de que él me atacara. Me encontraba contra la pared, sin poder retroceder más. Voldemort elevó su varita, apuntándome. Era el fin. Mi cabeza comenzó a recordar mis momentos más felices donde, en gran parte de ellos, Draco Malfoy formaba parte de ellos. Sentí rabia. Aunque en el fondo sabía que estaba enamorada de él, y por mucho que me engañara, eso no iba a cambiar.
Miré a Lord Voldemort a los ojos por última vez antes de cerrarlos. Y entonces, sentenció mi muerte.
- ¡Avada Ke..!
De repente, una luz azul iluminó la sala. Toda la sala se cubrió de humo, no se veía nada. Un silencio poblaba la habitación hasta que un escalofriante sonido lo quebró. La risa infame de Lord Voldemort.
- No esperaba que aparecieses - oí la voz de Voldemort pero el humo aún era muy denso.
- Aléjate de ella - una voz muy familiar sonó en medio del salón.
- ¡Draco! - grité como pude.
- ¡Hermione! - al fin conseguí verlo. Su ropa estaba destrozada, como si se hubiera enfrentado a alguien. También su rostro lucía débil. Me miraba entristecido - Estaba muy preocupado.
- Perdóname - le solté entre sollozos.
- No. Perdóname tú a mí - su tono sonaba tan triste que se me partió el alma. Nunca lo había visto así.
- Vaya, vaya - interrumpió el Señor Tenebroso - Me has traicionado, ¿por una sangre sucia?
- ¡No te atrevas a llamarla así! - Malfoy le lanzó un rayo con su varita. Estaba tan débil que Lord Voldemort no tuvo que hacer apenas esfuerzo para esquivarlo.
- Pagarás por tu traición.
Lord Voldemort empezó a mover sus labios. Corrí. Rápido. Hasta que me sangraran las piernas. El tiempo transcurría lento mientras corría hacia él, aunque todo pasó muy rápido. Necesitaba sacarlo de allí. Teníamos que teletransportarnos. Vi como el rayo verde de la varita de Lord Voldemort se dirigía hacia Malfoy. No sabía si podría llegar a salvarlo. Pero yo corrí con toda la poca fuerza que me quedaba. Para estar junto a él.
Como era de costumbre, Albus subió al ático a leer. Como su hermano había empezado su curso en Hogwarts, tenía que buscar entretenimiento en otra parte. En el ático había muchos libros y periódicos antiguos. Aunque a su padre no le hacía mucha gracia que hurgara allí.
- Albus - dijo Harry con voz severa**- ¿Qué te he dicho de subir al ático?**
- Pero papá, me gusta leer los libros que hay aquí - cogió uno al azar y se lo mostró con orgullo **- Además muchos hablan de tus grandes hazañas. Cuando te enfrentaste al ministerio, cuando desenmascaraste a Señora Umbridge -**hizo una pausa - Y cómo olvidar cuando derrotaste al terrorífico Señor Tenebroso.
- Basta Albus - riñó Potter a su joven hijo - La batalla contra Lord Voldemort fue algo muy duro para todos. Mucha gente importante perdió la vida en ella.
Potter siempre sentía una fuerte angustia al recordar aquellos oscuros tiempos. Albus agachó la cabeza sintiéndose culpable. Sabía que su padre odiaba hablar de ese tema.
- Además - añadió Potter - No todo fue gracias a mí. Si aquel día Malfoy no me hubiera avisado días antes de que Lord Voldemort pretendía atacar Hogwarts, mucha más gente hubiera muerto.
El momento padre e hijo fue irrumpido por una pequeña pelirroja.
- Papi - dijo la pequeña Lily con ternura - Han llamado a la puerta.
Los tres Potter bajaron a recibir a su visita. Harry abrió la puerta rápidamente y se abalanzó para abrazar a Hermione.
**- ¿Qué tal estás? -**preguntó Potter preocupado.
- Mejor - dijo Hermione - ¿Ginny no ha llegado todavía?
- No, sigue trabajando -se apartó- Bueno, pasa.
- ¿A mí no me vas a invitar a entrar, Potter?
- Jamás, Malfoy - soltó Harry riéndose - Todavía no entiendo cómo pudiste casarte con este idiota, Hermione.
**- Muy gracioso Potter -**dijo Malfoy mientras le daba paldamitas en la espalda.
**- Por cierto, Hermione -**saltó Harry - Ginny me dijo que te diera este medicamento por si volvías a tener fuertes dolores.
- Gracias - dijo Hermione mientras se acariciaba la barriga.
**- Parece que la niña va ser igual de rebelde que su padre -**bromeó Harry.
Draco miró a Hermione y la sonrió con ternura.
Tantos momentos difíciles habían vivido. A tantos retos tuvieron que enfrentarse. Parecía increíble pensar que por fin iban a ser felices y estar juntos. Y es que los dos sabían muy bien que,
No eran n**ada el uno sin el otro.
¡Muchas gracias a todos por leer mi historia y por apoyarme! :D
¡Espero que os haya gustado! Si queréis seguir leyendo Dramiones escritos por mí, os recuerdo que mi nuevo nombre de usuario es Madame-Moody. Allí os espero :3