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Ojos fríos como el hielo — capítulo 1
Un hombre rubio estaba sentado en su despacho de su mansión mientras leía unos informes del ministerio. Hacía un par de años que había acabado sus estudios mágicos, en la prestigiosa escuela de magia y hechicería llamada Hogwarts, o al menos, eso es lo que decía la gente. Pero a pesar del tiempo, no había perdido su magnífica figura no su porte elegante.
A pesar de haber estado en el bando equivocado durante la guerra y de haber sido un puro imbécil toda su vida, había conseguido el mejor trofeo de todos. Durante su último año, había sido nombrado premio anual junto con su némesis Hermione Granger. Pero ya se sabe… del odio al amor hay sólo un paso.
Sólo le llevó apenas unos meses enamorar a su manera a la dulce castaña que ahora tenía por esposa.
Estaba sumido en sus pensamientos y labores del ministerio, hasta que el llanto de un bebé llamó su atención. Decidió seguir con lo suyo dejando que la castaña acudiera al llamado de su hijo que acababa de despertar, pero claro está que no lo hizo puesto que la criatura continuaba con su llanto.
-Maldita sea.- dijo el rubio dejando todos sus pergaminos en la mesa y encaminándose a la habitación de su hijo. Al llegar, sólo había el pequeño elfo que quedaba a cargo del niño cuando sus padres salían.- ¿Qué demonios ocurre?
-Amo Malfoy.- se asustó el elfo.- La señora ha salido…
-Está bien… puedes retirarte.- le contestó al elfo para que unos segundos después, la pequeña criatura se desapareciera rumbo a las cocinas donde solía estar.
Lentamente se acercó a la cuna. Ésta junto con toda la habitación, estaban con la decoración digna de un Malfoy, al menos esa era la excusa que le ponía a su mujer siempre que hablaban del tema, eso significaba que los colores verde y plata predominaban en ella. Se fijó en el bebé que descansaba en la cuna. Nadie en el mundo mágico ni en el muggle dudaría de su paternidad. El pequeño era una copia exacta a él. Eso era lo que le había dicho su madre la primera vez que posó su vista en él, en San Mungo.
-Hyperion… basta.- dijo el rubio para cesar los llantos de su hijo y al parecer funcionó. Se quedó observando sus ojos durante unos instantes. Esos ojos eran exactamente igual a los suyos, parecía ser fríos como el hielo mismo pero en realidad, desprendían la misma mirada cálida que los de su esposa.- Recuerda hijo… un Malfoy jamás debe llorar.
Poco a poco se fue separando de la cuna sin quitar los ojos de esa pequeña copia suya. Pero cuando por fin se decidió por salir de la habitación para retomar su faena, los llantos de su pequeño hijo volvieron a hacer acto de presencia.
-Hyperion.- volvió a llamarla atención del niño, pero éste seguía llorando.- Scorpius Hyperion Malfoy Granger… ya basta.
Nada. Con forme pasaban los minutos el llanto del pequeño niño continuaban, exasperando cada vez más a su padre.
-¿Cómo diablos puede llorar sin derramar lágrimas?- murmuraba el rubio mientras se paseaba por toda la habitación sin saber qué hacer. Definitivamente su mujer había salido en el momento menos oportuno.
Poco a poco se volvió hacia donde provenían los estrepitosos llantos y se decidió por tomar a su hijo en brazos. Aunque no lo tomaba en brazos tantas veces como la castaña, no se sorprendió que el pequeño le fuera tan ligero como una pluma. Tan pronto como el pequeño sintió que cambiaba de lugar, fu cesando poco a poco su llanto.
El rubio mayor sonrío triunfalmente al ver que su hijo se había calmado, así que se dirigió con él hacia unos de los sillones, que había en la amplia habitación, en los que la castaña amamantaba al niño todos los días.
El pequeño tenía los ojos fijos en su padre y su padre tenía los ojos fijos en el pequeño. Internamente se preguntó si Lucius habría estado pendiente de él a esa edad, que como él lo estaba ahora con su hijo. Desechó rápidamente la idea al recordar que su padre nunca había demostrado el más mínimo comportamiento afectivo hacia él.
El niño se removió un poco en los brazos de su padre y éste instintivamente lo acunó como pudo. Ahora mismo se arrepentía de no haber prestado más atención de los cuidados que un bebé necesitaba. Nunca le habían gustado los niños y tampoco había pensado en tenerlos. Le parecían criaturas ruidosas que necesitaban depender de alguien para poder sobrevivir. Pero todo eso cambió cuando vio a su hijo por primera vez, aunque manteniendo el pensamiento de criaturas ruidosas.
Sonrió. Si hace años alguien le hubiera dicho que acabaría casado con Hermione y Granger y teniendo un hijo con ella, lo habrían mandado directo a Azkabán por cometer un homicidio.
Observó al niño mover sus pequeñas manitas sin dejar de mirar a su padre. Tenía su mismo color pelo y sus mismos ojos grises. Lo único que tenía de parecido con la leona, eran sus pequeños e indomables rizos que asomaban por su pequeña cabecita.
-Odiarás a tu madre por eso.- mencionó el rubio mientras le venían a la cabeza escenas de su querida esposa diciendo como odiaba su indomable cabello, pero que a él le encantaba.- Definitivamente los genes Malfoy ganaron a los de tu madre.
El niño seguía mirándolo como si entendiese lo que su padre le decía.
-Tu madre tiene razón en algo. No paso demasiado tiempo con tigo.- musitó el rubio sin perder la atención de su hijo.- No sé cómo ser un buen padre para ti Hyperion… tu abuelo nunca fue un modelo a seguir. No tienes ni idea del grito que daría si supiese que tú existes.- el niño poco a poco fue bostezando, gesto que no pasó desapercibido para su padre, quién se agachó un poco para depositar un beso en su frente.- ¿Sabes? Nunca estuvo en mi mente tenerte. Pero cuando tu madre me dijo que estaba embarazada de ti… fui el hombre más feliz del mundo.- acabó recordando los momentos en que él y su adorada castaña tenían sexo y su único objetivo que tenía en esos momentos era hacerla disfrutar como nadie más lo había hecho.
-¿Lo dices en serio?- preguntó una voz conocida a sus espaldas.
Al girarse, vio a su mujer recostada en la puerta de la habitación. Ésta llevaba uno de los tantos vestido que él le había obsequiado y que quedaba perfecto siempre que ella sonriera de la misma manera que lo hacía en ese momento además de ajustarse perfectamente a cada una de sus envidiables curvas. Lentamente fue avanzando hacia ellos sin perder la compostura y tomó al niño de los brazos de su padre. La maternidad le sentaba con un anillo en todos los sentidos.
-¿Cuánto llevas escuchando?- preguntó el rubio acercándose a ella y a su hijo.
-Lo suficiente para escucharte.- dijo ella en el momento en el que se fundía en un apasionado beso con su marido, hasta que los llantos de su hijo interrumpieron el momento.- Tiene hambre.
-Te espero en el dormitorio.- murmuró con voz ronca, no sin antes dirigirle una lujuriosa mirada a la castaña mientras ésta empezaba a alimentar a su hijo.
Se fue directo al dormitorio matrimonial. Allí donde habían concebido al precioso niño que se encontraba a unas pocas habitaciones de distancia junto con su madre, y en la misma en la que ahora le pediría las explicaciones de donde había estado y por qué había dejado sólo a su hijo.
Suponiendo que su mujer tardaría bastante en dar de comer al niño, decidió darse un baño y esperarla en la cama hasta que ella llegase. Poco después la castaña hacía acto de presencia para hacer lo mismo que su marido.
Al rubio se le salían los ojos de sus cuencas viendo como le sentaba a la castaña uno de sus camisones de dormir, mientras que ella seguía sonrojándose siempre que lo veía sin camiseta.
-¿Me dirás dónde habías ido?- preguntó él una vez que ella llegó a su lado.
-Verás yo... estaba con Ginny.
-¿Qué hacías con la mini comadreja?
-No la llames así.- reprimió ella y se fue acercando a él poco a poco.- Hace unos días me sentía mal y...
-¿Por qué no me lo habías dicho? Podría haber sido yo quien te acompañara además de...
-¿Quieres dejar de hablar y escucharme?- interrumpió ella jugando con sus dedos y suspiró. Al parecer estaba nerviosa.- ¿Recuerdas que Scorpius no fue planeado y que después de él no hablamos de tener más hijos?
-Sabes perfectamente que Scorpius es el mejor regalo que me has hecho.- contestó el rubio sin entender lo que la castaña trataba de decirle.- ¿Qué intentas decirme Hermione?
-Lo que intento decir es...- la castaña hizo una pausa y cogió una de las manos de su marido para posarla en su aún plano vientre.- Que dentro de poco Scorpius tendrá un hermanito con quien jugar.
-¿Estás... estás...?
-Sí Draco... estoy embarazada.- contestó la castaña ante la sonrisa idiota de su marido.- Y esta vez, seré yo quien elija el nombre de nuestro hijo.
-Eso es discutible Granger.- dijo el rubio quedando encima de su mujer. Esa noche lo celebrarían de la misma manera en que lo celebraron cuando el embarazo de su primogénito.- ¿Te he dicho que te amo?
-No.- contestó risueña la castaña mientras reía.- Pero podrías recordármelo.
El rubio no pudo evitar reír antes las ocurrencias de su mujer, pero dado que le acababa de dar la noticia de que volvería a ser padre, no pudo evitar complacerla como otras tantas veces.
-Te amo.