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Historia 143214 — capítulo 1
Buenas! Este capítulo comienza con una prolepsis, y desde aquí hacia atrás.Este capítulo estará narrado en primera persona por (Christopher Annimov) Más adelante será narrada en primera persona por (Alexander Vlaminck) Y luego en tercera persona.Antes de cada capítulo les aclararé quien narra, para evitar mal entendidos. :)Dudas, sugerencias?. Bienvenidos sean en los comentarios!!Un abrazo eterno. Karla Von Housen. ***********************************************************************************************************(Christopher Annimov)Ya llevábamos cierto tiempo en esa situación un tanto incomoda. Me encantaba, me ponía, y ella… Ella lo sabía, de vez en cuando estoy seguro que algunos de sus movimientos, si es que no todos, eran ejecutados con la intención de aquella pisca de seducción que le destellaba en los ojos grisáceos, el cabello se le comenzaba a decolorar a su tono natural y cada vez que yo le hablaba o la observaba por un rato jugaba con él, cambiándolo de lado, cubriéndose el rostro pecoso, o despejándolo para dejarme verla acariciarse los labios, mientras fingía que no me veía.
Entró en el local dejando su bolso tras el escritorio, la saludé con la mirada mientras continuaba mi trabajo en la espalda del muchacho que había llegado hace un par de horas, la escuché quitarse la chaqueta de cuero dejando sus cosas regadas por todas partes como lo hacía siempre, yo tendría que ordenarlo, eran solo detalles valía la pena. Sentí su respiración tibia tras la nuca, cuando se acercó a ver el trabajo, el dibujo estaba casi listo y el árbol de follaje verde estaba casi completo llenando los omoplatos del hombre, me alejé un momento deteniendo el sonido continuo de la maquina en mis manos, la observé y ella se irguió exponiendo los dotes del menudo cuerpo, me sonrió.
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Se ve bien - Dijo observando el trabajo.
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Falta más color - Suspiré volviendo la mirada para hundir las agujas en la tinta se suave aroma - es tarde, tendremos que acabarlo en la próxima sesión - anuncié observando por el ventanal que la noche empezaba a adentrarse, ya serías las 23hrs, y era lunes, el salón cerraba en una hora más. La escuché moverse por el lugar, revisando las revistas de diseño, acercándose una vez más a mí para ver el color de las tintas, se acercó hasta mi oído de pronto, me vi obligado a alejar la aguja al girar me topé con el borde de su rostro.
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¿Hoy me toca? - Me susurró, como siempre, insinuadora, con ese tono de voz cambiado más sugerente que seductor, bajé la mirada.
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Al cerrar - Respondí poniéndome algo nervioso, volvió a alejarse se sentó en el sillón junto a la silla en la que el muchacho se encontraba, me observó y sonrió bajando la mirada, al tiempo en que yo regresaba a mi labor.
Luego de un rato, sentía su mirada constante sobre mí, desconozco por qué lo hacía, la chica traía una relación feliz, prácticamente una familia con el novio con el que vivía hace casi un año, me declaro ignorante en cuanto a su posible atracción hacia mi persona, se arreglaba el cabello jugando con las mechas que le caían sobre el rostro, se levantaba y daba vueltas, comenzaba a aburrirse y yo a ponerme nervioso al escuchar sus botas paseando por las lozas blancas; Dejé la maquina a un lado, y me coloqué crema en la palma de la mano para limpiar la tinta de la espalda del hombre, el diseño era hermoso, y las altas hojas de los árboles brillaban en la copa, el tronco torcido terminaba en el inicio de un pequeño riachuelo.
- Está listo - Murmuré terminando de limpiar, sentí la sonrisa del muchacho, le devolví la vista a ella, cuando el hombre se observó un rato en el espejo - quedó bien, debes cuidarlo y aplicar… - Ahí va la charla "pos-tatuaje".
Cerré la puerta, suspirando.
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Al fin - Masculló apoyando los codos en las rodillas, me sonrió y yo a ella - ¿largo día?
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Larguísimo. ¿Cómo vas con los calcos?
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Bien y mal… No puedo colorear, soy mala - Masculló bajando la mirada al sonreír, cerré las cortinas rojas de los ventanales y la puerta, cerrada con llave.
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No lo creo - Murmuré acercándome me senté, acercándome - ¿cómo va? - le pregunté estirando la mano. Ella me observó.
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Bien…
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Déjame ver - dije riendo ella, se quitó el polerón dejándome ver en el antebrazo la cruz celta, era un diseño simple, y más arriba unas cuantas rosas y unos picaflores, desde que la conocí me había propuesto a mi mismo rayarla hasta la muerte - ¿Lista para el árbol?
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¿Lo harás bajo el escrito?
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Había pensado en la espalda…
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Mas adelante quisiera unas alas en la espalda - Dijo con esa sonrisa de ruego, reí observando el calco que ella misma había hecho del árbol.
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Entonces en el costado…
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Si - Me respondió con una gran sonrisa.
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¿Hacia la cadera? Bien, veamos - Dije tomando el gel para marcar el calco. Cuando volteé a verla se había subido la polera, dejando ver el primer tatuaje que le había hecho - ven acá - le dije al ver que se tardaba viéndose en el espejo, se acercó deteniéndose frente a mi mantuvo la polera sostenida en su mano izquierda y apoyó la otra en mi hombro al sentir el gel frio sobre la piel cálida, me lamí la boca al sentir el calor de su piel.
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Sé que me va a dolor.
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Espero que no llores.
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¡Já! El único llorón aquí eres tu - Susurró bajando la mirada para ver cómo había quedado la plantilla.
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¿Listo?
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Ráyame - Masculló volviendo a la camilla se tumbó en ella de lado, me levanté, la maquina comenzó a vibrar.
Sus gemidos me resonaban en los oídos, pero la música los suavizaba, mi nerviosismo aumentaba cuando la veía apretarse los labios, me sonrió.
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Lo siento - Dijo cerrando los ojos.
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Sé que duele… ¿Recuerdas? La última vez nos costó un mundo marcar la última frase, sería difícil… Relájate - dije sonriendo al ver que ya no era mucho lo que quedaba, casi eran las 4 de la mañana, su piel pálida siempre me traía algunos problemas.
Le coloqué la crema en la piel enrojecida por las marcas de tinta, el aroma de la crema helada me golpeó en la sien, y sentí su movimiento de rechazo ante el frio de lo viscoso, se río. Aún podía sentir que temblaba, creía haberme acostumbrado a ello, siempre lo hacía, presione esta vez con más fuerza con la intención de sentir la curva suave de su cintura, se levantó sentándose en la camilla, me dio la espalda, mientras yo continuaba con ello, el dibujo de apoco dejaba ver sus bordes, sus destellos, sentí mis mejillas arder en el momento en que mis manos recién despojadas del látex se deslizaron por el camino de sus caderas, la observé, se mantenía expectante con la espalda erguida y una sonrisa perceptible a mis oídos, volví a limpiarme las manos y a tomar más pañuelos terminando de limpiar el área, se veía hermoso, la forma del tronco, y el camino que tomaban las ramas deseando trepar hacia su espalda destinada a un par de alas.
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Ya está - Murmuré alejándome al contacto con su piel, sentí mis sentidos bloqueados, anonadados, y el frio recorriendo mi espalda erizada, se levantó y la vi detenerse frente al espejo a contemplar el dibujo, se giró a verme.
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Me agrada - Dijo volviendo a mí, se detuvo con cuidado, posando ambas manos sobre mis hombros, se colocó de puntillas sobre las botas, y me besó en la mejilla, como siempre lo hacía luego de que la tatuaba, pero esta vez fue diferente, sentí sus labios contra mi piel con ímpetu, y no puede evitar detener mis manos en sus caderas, ella no se movió se quedó un instante allí sintiendo el roce de mi ligera barba contra su mejilla, se separó unos centímetros, rozando la comisura de mis labios con la suya. Me besó. Sentí su boca en el borde de la mía, y casi al instante un calor de inframundo me azotó la sien, inundándome el pecho, la acerqué con fuerza como creí sería correcto, quería que fuera mía, aun sin estar seguro de que ella quisiera lo mismo. Sus ojos se alzaron hasta mí con fuerza y bajo la mirada, sin decir nada. Creí que se alejaría y que quedaría en algo momentáneo, en algo pasajero, una coincidencia de sentidos, una crisis del tiempo, pero su mirada susurraba otra cosa, tomé su cuello y le impacté la boca con un beso, se abrazó a mí con la misma fuerza, como si hubiese esperado aquello con las mismas ansias que yo; retrocedió hasta chocar con la camilla, en la que la había tatuado otras cientos de veces, su cabello rojo me cegaba mientras podía sentir como sus manos presurosas buscaban los botones de mi camisa. Me observó, mordiéndose los labios con una sonrisa que habría seducido al mismísimo dios, la alcé por las piernas sentándola en la camilla presionándola contra mí con fuerza, buscando la hebilla de su cinturón; sabía que ella no buscaba amor, como sabía que si ella lo deseaba así me lo habría pedido, de pronto sentí sus manos jalándome del cabello hasta ella, sus dientes mordieron mis labios con fuerza, casi hasta hacerlos sangrar para luego arrancar los botones de mi camisa, descubriéndome el torso, se quitó la polera apegando su piel a la mía, me dejó recorrer con los labios su cuello su pecho, mientras intentaba quitar las amarras de sus botas cafés, se dejó, guiándome con cuidado hacia lo que a ella le gustaba, revelándome con pausa sus deseos, bajé mis manos por los lados, desabrochando el jeans negro sentí los pequeños hilos de su ropa interior entre mis dedos y los alcé con cuidado, se me cortó la respiración al ver el rojo intenso, de la tela bordada, sus manos me quitaban el pantalón casi desesperados. Lo sabía, el tiempo una vez más iba en mi contra, me apresuré a recorrer sus rincones con la libido almacenada por ella. Y al fin… Sus piernas me rodearon las caderas y la sentí alzarse permitiéndome adentrarme en ella, su calor… De inmediato su gemido me cortó el aire cuando se abrazó de mi espalda presionándome con la yema de los dedos la cintura. Me moví con pausa, temiendo que el momento fuese otro sueño, sus caderas se movieron con más fuerza arrastrándome, invitándome a conocer lo que quería que me enseñara desde hace un tiempo, con el paso de los minutos la fricción se volvía las fuerte, el calor más intenso y sus pechos se impactaban con mi torso, permitiéndome verlos de vez en cuando, al retroceder sobre la camilla, el cabello se le agitaba con los movimientos, y me permití jugar con el rosado de sus pezones en mi boca, ya no era capaz de escuchar la música, si no más que el sonido se su respiración agitada, y el aroma de su perfume de manzana. Su cuerpo se tensó sobre mí y sus manos llegaron solas a sus pechos, cuando se dejó caer sobre la camilla.
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Me vengo - susurró y con ello supe que ya no podría seguir, sus gemidos aumentaron al igual que sus inclinaciones, alzó las manos al cielo buscando mariposas invisibles, las mejillas se le sonrojar con fuerza, entonces… Perdí el alma junto a ella…
Me coloqué la camisa abierta, mientras sentía que ella se vestía tras de mí, se sentó a mi lado a colocarse las botas, la observé aun con las mejillas ardiendo, el cabello enmarañado y el maquillaje corrido bajo los ojos casi imperceptible, me sonrió.
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¿Todo bien? - Le pregunté pensando en estrecharla, quería hacerlo, pero sabía que ella no me dejaría, se alejaría.
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Todo perfecto - Respondió abrochándose las botas, buscó con la mirada su chaqueta. Suspiro y me quitó de las manos el cigarrillo - No vendré más - Susurró dejando escapar el humo, la observé de inmediato, pasmado.
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¿Qué?
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No puedo - Dijo bajando la mirada, me observó, sonrió y me besó con suavidad en la boca - fue divertido, gracias por enseñarme - siseó levantándose, la vi tomar sus cosas y marcharse cerrando tras de ella la puerta que resonó en el salón de tatuado.