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Historia 145725 — capítulo 1
Al fin consiguió aquellos barcos que la pudieran llevar de vuelta a su antigua tierra. Al fin iba a poder reconquistar lo que era suyo y por sangre le pertenecía. El Trono de Hierro. Allí se sentó una vez su padre, el rey Aerys II Targayen. Pero todo se les fue arrebatado. Y ahora tras años en el exilio, volvía a su hogar.
Desde el barco contemplaba el océano, sus ojos violáceos se posaban en el horizonte. No estaba segura si de verdad deseaba avistar sus tierras. Un temor recorría por dentro de su cuerpo.
- -Khaleesi- la llamó una voz que reconoció enseguida.
Jorah se puso a su lado y junto a ella se puso a observar el horizonte. No sabía porque, pero verla nostálgica la hacía parecer más hermosa.
- -¿Ansiosa por llegar, Khaleesi?- le preguntó.
- -No lo sé. No sé lo que siento en este momento.
Jorah la miró con una sonrisa apenada. Esa niña había pasado por mucho, era normal que se temiera que algo mal le pasara. Pero él estaría ahí para defenderla en todo lo necesario.
- -Cuéntame cosas de Poniente, Jorah. ¿Con que me voy a encontrar?
- -No sé mucho de lo que pasa allí, Daenerys. Solo sé que las cosas están muy mal. Sobre el Trono de Hierro se sienta un niño, Joffrey Baratheon, un rey malcriado y malvado. Hay rumores de que es del fruto del incesto entre su madre, la reina Cersei y su hermano Jaime Lannister, el Matarreyes. Pero… Hay más de un rey en Poniente.
- -¿Más de un rey?- la chica se quedó sorprendida.
- -Cinco en total. Uno en el norte, otro en el sur… El del norte parece ser el de más ventaja.
- -¿Quién es el rey en el norte?
- -Un muchacho llamado Robb Stark, de tu edad, lo suelen llamar el Joven Lobo.
- -¿Por qué lo llaman así?- empezaba a sentir curiosidad por ese rey.
- -Dicen que entra en batalla a lomos de un enorme lobo gris. No ha perdido ni una. Tiene prisionero a Jaime Lannister.
- -¿Y tiene mi edad? Vaya… Ha conseguido grandes cosas ese muchacho.
- -Vos también, Khaleesi.
Daenerys volvió a echar una mirada hacia el horizonte. Empezó a analizar en sus pensamientos la información que le había dicho Jorah.
- -Robb Stark… ¿Los Stark no se unieron a los Baratheon para echarnos del trono?
- -Sí. Justamente él es el primogénito de Eddard Stark, cuyo se unió a Robert Baratheon para derrotaros.
- -¿Y que es de Eddard Stark?
- -Fue ejecutado, cuando Joffrey llegó al trono. No conozco la causa de la ejecución.
La Khaleesi no quiso preguntar nada más. Ambos se quedaron el silencio. Les esperaba mucho, lo sabían. Iban a internarse en una tierra llena de guerras, donde habían reyes que peleaban en la batalla sobre un enorme lobo, donde algunos de ellos eran seres ruines y malvados que hacían pasar hambre a su pueblo. Donde las familias se enfrentaban las unas contra otras aunque antes hubieran sido aliados. La paz ya no existía, se había disuelto y era difícil que volviera.
- -Me apoyarás en todo… ¿Verdad, Jorah?
- -Claro que sí, Khaleesi. En todo cuando esté en mi mano.
- -Quiero hacer reconstruir Rocadragón, donde yo nací. Haré que ese castillo se alce de nuevo.
Ella era Daenerys Targayen y a sangre y fuego tomaría aquel reino.
Todo el mundo se quedó el silencio al oír aquel nombre. El rey Robb se reunió con sus hombres y con su madre en su tienda. Acababa de llegarles una noticia que los dejó paralizados:
- -¿Daenerys Targayen? - preguntó Robb con desconcierto-. ¿Cómo es posible?
- -Ha conseguido una flota de barcos y se dirige aquí a recuperar el Trono de Hierro- le informó Cat, su madre.
- -Pero… ¿Los Targayen no habían sido exiliados?
- -La niña se casó con el Khal Drogo y ahora tiene un gran ejército. Pero no solo es eso…
Miró a su madre, temiéndose algo malo.
- -Consigo lleva tres dragones.
Los murmullos se extendieron por toda la tienda. A todos les llegó el temor. Sabían lo que los dragones significaban.
- -¡Dragones!- gritó uno de los hombres.
- -¡Es la perdición!- gritó otro.
Robb empezó a estar harto. Se quedó mirando a su madre, pidiéndole que continuara contándole cosas, pero aquel caos no le dejaba a Catelyn continuar. El rey se levantó de su silla.
- -¡Silencio!- gritó para que callaran.
Sabía que con otro comentario más el caos volvería, pues sus hombres eran así de pesimistas, siempre se temían lo peor. Así que optó por echarlos y dejarlo a solas con su madre:
- -¡Fuera todo el mundo! ¡Dejadnos solos!
Lo hombres hicieron caso a su rey y a malas ganas abandonaron la tienda. Cat se acercó junto a su hijo y se sentó a su lado.
- -¿Dragones, madre? ¿Cómo es posible?
- -La vieron entrar dentro de una enorme hoguera y al salir, salió con dos dragones. Es la Madre de Dragones.
- -¿Tenía un hermano, no? ¿Qué fue de él?
- -Al parecer… murió.
- -Ahora sabemos que la profecía del Cometa Rojo era cierta. Dragones… ¿Pero de donde han salido?
- -No lo sé, hijo.
Robb se levantó y empezó a caminar por la tienda. En su mente examinaba la situación. Había oído mil historias sobre los Targayen, pues su padre participó en la lucha por destronarlos. Pero nunca se había imaginado que pudieran volver y llegaran a revelarse.
- -Cuéntame cosas sobre esa chica, madre- le pidió con curiosidad.
- -Se dice que nació durante una enorme tormenta, por eso también la llaman Daenerys de la Tormenta. Junto a su hermano fue exiliada. La casaron con Khal Drogo de la tribu de los Dothraki a los catorces años. Se quedó embarazada pero su hijo murió, al igual que Drogo. No sé de donde ha sacado los dragones, pero… ya sabes…
- -¿Qué edad tiene?
- -La misma que tú, creo.
- -¿Y qué es lo que busca aquí?
- -Es la última de los Targayen, supongo que querrá recuperar lo que un día fue suyo.
- -¿Crees que deberíamos aliarnos con ella?
Cat se quedó de piedra al oír aquello. No se lo podía creer. Miro a su hijo con la boca abierta, sorprendida de que dijera aquello. Robb la miró de lo más tranquilo, parecía estar convencido con aquella idea. ¿Pero que pretendía el muchacho?
- -Yo no he dicho nada de aliarnos con ellos- le corrigió su madre.
- -¿Pero crees que deberíamos unir nuestras fuerzas?
- -¡No!- se levantó de la silla enfurecida-. ¡No, Robb, no! ¡De ninguna manera! Son de los Targayen de quienes estamos hablando. Nuestra familia luchó contra ellos. ¿Cómo quieres aliarte?
- -Piénsalo, madre. Mi objetivo es acabar con todos ellos que estuvieron involucrados en la muerte de padre y hacer pagar a Joffrey todo lo que nos está haciendo. Yo no quiero el Trono de Hierro. Daenerys quiere destruir a todos aquellos que mataron a su familia y convertirse en nuestra reina. Ambos tenemos un mismo enemigo, Joffrey, un Baratheon.
- -Un Lannister. Joffrey es un Lannister- le corrigió Cat-. No un Baratheon. Ellos no son nuestros enemigos.
- -Bueno… Un Lannister, pero de todas formas es nuestro enemigo común. Si uniéramos nuestras fuerzas, seriamos invencibles. Yo obtendría mi venganza y ella su trono.
- -¿Quieres devolver el trono a los Targayen?- su madre cada vez estaba más de los nervios. Se la veía furiosa-. Te deshaces de Joffrey para volver a la misma situación o peor.
- -Tú no sabes cómo es esa chica. Ella no es su padre. Con los Targayen tuvimos estabilidad durante años.
- -¿Acaso crees que va a quererse aliar con un Stark, con unos que se unieron para derrotar su familia?
- -Eso eran otros tiempos. Madre… Si fuera inteligente se aliaria con nosotros al darle nuestras razones. Ambos saldríamos ganando. Debemos olvidar el pasado y centrarnos en el presente. Ahora, familias que antes eran amigas, ahora se odian a muerte, y familias que se odiaban ahora se unen en armonía. Vivimos en una época muy diferente a la que conocimos. Es un juego de tronos, madre. Un juego en que ganas o mueres. Ahora nadie es amigo de nadie. No puedes confiar ni en quien creías tu hermano.
Catelyn asintió con la cabeza. Su hijo tenía toda la razón. Buenos amigos ya no quedaban en ninguna parte. Hasta tu propio hermano de sangre con quien habías crecido podía traicionarte. Pero aquella chica era un Targayen y no había más explicaciones.
- - Tan solo pido una audiencia con ella, para que sepa mis intenciones- continuó hablando Robb-. Después decidiremos. Madre… Piénsalo… ¿Dónde hay ahora un rey bueno? Hay pocos. Y los que son, no quieren ocupar el trono. Solo conozcámosla.
Cat bajó la cabeza abatida. Aunque estuviera más convencida, seguía teniendo sus dudas. Su hijo la miraba suplicándole, con una media sonrisa dibujada en su rostro. La confianza en los demás la había heredado de su padre.
-Que así sea, Robb. Tú eres el rey.
Jaime tenía la cabeza apoyada contra el poste donde estaba encadenado. En la noche oscura no se veía nada. Los parpados empezaron a pesarle y los fue cerrando poco a poco. Al poco de cerrar los ojos sintió una presencia extraña. Los abrió sobresaltado y miró a su alrededor. No había nada. Debía ser aquel maldito lobo enorme que no dejaba de acosarlo y cada vez que se acercaba a la jaula lo gruñía. Volvió a cerrar los ojos. Allí dentro de la jaula estaba seguro, nadie podía entrar ni salir. Intentó no pensar en nada para al fin conseguir dormirse. Pero al poco tiempo, volvió a sentir aquella presencia extraña y una ligera brisa caliente que le llegaba a la cara. Abrió de nuevo los ojos, poco a poco, hasta encontrarse con unos enormes dientes amenazadores y unos ojos amarillos frente a él. Soltó un pequeño grito de horror y dio un salto. El lobo le soltó un gruñido y acercó más el hocico a su cara, soltándole el aliento.
- -Ven aquí, Viento Gris- lo llamó su amo-. Hoy tampoco te toca matarlo.
El lobo hizo caso a su amo y fue retirándose poco a poco hasta situarse a su lado. Jaime pudo distinguir en la oscuridad la figura de Robb Stark acariciando a su lobo huargo. Se le veía feliz aquella noche.
- -¿A que debo esta agradable visita del Rey del Norte?- preguntó el Lannister con arrogancia.
- -¿Te has enterado de los rumores?
- -¿De que la chica Targayen regresa con tres dragones a ocupar el Trono de Hierro? No. No sé nada de ello- bromeó-. Ninguno de tus hombres ha ido gritándolo a diestro y siniestro por ahí.
Robb odiaba aquel hombre y su arrogancia. Si por él fuera dejaría que Viento Gris se encarnizara con él. Pero Jaime era la única forma de recuperar a sus hermanas.
- -Reza por tu familia, Jaime. Pronto estará destruida.
- -¿Cuál es la causa?
- -Voy a aliarme con Daenerys Targayen para sacar a tu hijo y sobrino del trono, y haré pagar a toda tu familia por todo lo que han hecho.
El Lannister soltó una carcajada por todo lo alto. Se lo cogió muy en broma al parecer. Robb lo miró con rabia.
- -¿Aliarte con la Targayen? ¿Y qué más?
- -¿No te lo crees, Jaime? ¿Crees que hablo en broma? Pues estás equivocado.
- -¿Acaso crees que querrá unirse contigo, con un Stark? No pensaba que fueras tan inútil.
- -¿Y por qué no? Ambos tenemos un único objetivo y ambos saldríamos ganando.
- -No lo hará. Los Stark destruisteis a su familia.
- -¿Y? Yo no soy mi padre. Ni ella el suyo. Las cosas han cambiado, Jaime. Miraros a vosotros, los Lannister, antes ajenos a cualquier conflicto y ahora los usurpadores del reino a quien todos odian. Todo ha cambiado. Tendré una audiencia con Daenerys Targayen y decidiremos nuestro futuro. Cuenta los días que te quedan.
Robb se dio media vuelta para irse, pero Jaime lo paró:
- -El lobo y el dragón, juntos. Que buena combinación. Ten cuidado con ella. Tú eres hielo y ella el fuego, y todos sabemos que el fuego derrite al hielo.
- -Pero el hielo se convierte en agua, y el agua apaga el fuego.
El Lannister se quedó sin palabras, había sido una buena respuesta por parte del muchacho.
- - Ella es un dragón y yo soy un lobo. Ella es el fuego y yo soy el hielo. Se acerca el invierno y con ella la sangre y el fuego.
De nuevo se dio media vuelta y marchó sin impedimentos. Viento Gris, antes de marchar tras él, se acercó a Jaime y le soltó un gruñido que hizo que se diera un coscorrón contra el poste por querer apartar la cara. Al ver que el hombre se había dado un buen susto, el lobo dio por terminado su trabajo y echó a correr tras su amo.
Jaime respiró profundo. No podía permitir aquello. Si ambos se unían sería el fin de los Lannister. Tenía que deshacerse de la Targayen y de sus dragones.