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Historia 147270 — capítulo 3

-Zeus te estás pasando.- Dijo Hermes, desde su trono, levantándose.

-Esto es intolerable.- Dijo Poseidón también alzándose.

Yo los miré a los dos y enseguida el ángel me propino un latigazo en la espalda, poniéndose de nuevo tras de mi y diciéndome:

-No mires a nadie a los ojos, asesina.-

-¡No he matado a nadie!- De nuevo otro latigazo que me hizo  caer de cuatro patas, contra el suelo.

-¡Ni hables cuando no se te pida!.-

-Gabriel, empieza el juicio, ya sabes que los asesinos no pueden ir vestidos, pero como es mi sobrina voy a hacerle un trato especial.-

En ese momento notaba como mis manos temblaban y veía la sangre brotar de mis hombros, el dolor y el escozor eran insoportables.

-Déjala en ropa interior.- Dijo Zeus mientras se sentaba en su trono.

Yo gritaba con todas mis fuerzas: -¡No por favor!- Entonces noté como las lágrimas brotaban de mis ojos, el ángel me desnudo y me puso las manos detrás de mi espalda diciéndome al oído:

-Así notarás mucho más los latigazos, también en las manos.-

No podía limpiar mis lágrimas así que cuando se enfriaban y caían a mi pecho, me quemaban.

-Bien, Isabel si te portas bien quizás te devuelva tu ropa, tranquilízate, o por cierto no mirar a alguien a los ojos es de mala educación.-

Le miré a los ojos, y no recibí latigazo alguno, en cuanto giré mi cabeza para ver a Hermes el ángel me dío otro.

El dolor era tan insoportable que incluso notaba como el cuero del látigo se pegaba a mi piel, ahora medio desnuda

-Las cosas van así pequeña, me miras a mí y solo a mí, para que no hayan tejemanejes, ya sabes.-

Zeus volvió a bajar del trono y dio una vuelta a mi alrededor para que le siguiera con la vista, se puso de pie frente a mí y me dijo:

-¿Mataste a Perséfone? Ahora puedes hablar.-

-No, yo no.-

-¡Mientes!- Dijo Zeus acompañado del sonido del látigo en mi espalda.

-No fue mi espada la que le mató.-

  • lo sé, pero tu diste la orden, así que tu la mataste. ¿Es esto cierto?.-

-Yo exigí que los semidioses me ayudaran, y ellos me ayudaron, di la orden y me hicieron caso, no solo es culpa mía.- Otro latigazo recorrió mi espalda

-Es de mala educación dar las culpas a tus amigos, tengo entendido que Luke también te ayudo… ¿Quieres que este castigo recaiga sobre el o aún mejor… sobre tu hija?-

-¡No!- Grité antes de que el ángel me propinará mi sexto latigazo.

-No te he dado permiso para hablar.-