← Change (Louis Tomlinson y María Rivencloud) · de
Change (Louis Tomlinson y María Rivencloud) — capítulo 1
08 de noviembre, 2005 -Y... por cuánto tiempo nos vamos?- preguntó la niña. A sus doce años ya era toda una señorita. Tenía una figura esbelta, un largo y lacio cabello castaño claro y grandes ojos negros. Su cara era fina, de pómulos altos, carnosos labios rojizos y una pequeña, respingada y pecosa nariz. -Para siempre. El contrato es indefinido y ya he comprado una hermosa casa para vivir. -Pero qué pasa con mi novio?- preguntó ella, repentinamente horrorizada. -Tendrás que dejarlo. No podemos llevárnoslo y tú tampoco puedes quedarte- respondió su madre. -No quiero dejarlo. Lo amo. -Eres muy pequeña para saber qué es amar. Seguramente allí encontrarás a alguien... -NO! No voy a dejarlo. -María, escúchame... -NO!- dijo ella y salió hecha una furia por la puerta. Corrió bajo la lluvia lo más rápido que pudo. La acera estaba mojada y resbalosa, pero eso no la detuvo; debía avisarle, él, con sus ojos color gris verdoso, con su pelo castaño y rebelde, con sus finos y tiernos labios rosados, con su nariz fina y perfecta. Llegó a la enorme y antigua casa y tocó el timbre repetidas veces. Le abrió Mr Bernard, el mayordomo de confianza de la familia del chico. -Señorita Rivencloud, se encuentra toda mojada, está usted bien, señorita? -Sí, Mr Bernard, me encuentro perfectamente. Se encuentra él? -Por supuesto. Iré a buscarlo inmediatamente. Gusta pasar? -No gracias, será rápido. -Como a usted le plazca, señorita- el hombre desapareció por un largo pasillo alfombrado. Al cabo de medio minuto el joven de catorce años de hermosos ojos estaba parado en el umbral de la enorme puerta de madera. -María, me alegro de que estés aquí- dijo apenas la vio-. Pensaba llamarte en cuanto acabara de desayunar, pero ya que estás aquí...- se interrumpió al ver que ella estaba empapada de pies a cabeza- Qué te sucedió? Porqué estás toda mojada? Quieres pasar? Pediré que te traigan ropa seca. Adelante, pasa...- se calló porque ella lo interrumpió con un beso. Ella lo abrazó, empapándolo también, pero a él no le importó. -Mi madre quiere llevarme a Estados Unidos- ella sollozó-. No quiero ir, quiero quedarme aquí, contigo. -Por cuánto tiempo?- preguntó él. -Para siempre- ella lo apretó aún más-. -No puede ser... -No tenemos mucho tiempo; mi madre sabrá que vine aquí, ya estará en camino...- él le besó la cabeza. Y así fue. El Lamborghini negro de su madre se estacionó en la calle delante de la casa y de él salió su madre. -Vamos, María- tomó su brazo fuertemente, separándola de él y la metió en el coche-. Theodore, al aeropuerto. -Sí, señora- el chófer comenzó a conducir en la dirección asignada-. -No me dejes ir!- gritó María pegada a la ventanilla y con las lágrimas surcando sus mejillas. El joven, rápidamente llamó a su chófer y entró al Ferrari rojo que sus padres le habían regalado- Julian, rápido, sigue a ése Lamborghini. -Como desee, joven- comenzó a seguir al auto que se llevaba a la única persona que el chico había amado-. El auto en el que iban la María y su madre llegó rápidamente al aeropuerto y ambas bajaron de él, la chica siendo arrastrada. -Vamos, María, camina- su madre la empujó por todo el aeropuerto hasta llegar al control de metales. Pasaron sin problemas y llegaron a la puerta de embarque. -Qué pasa con mis cosas?- preguntó la chica. -Contrataré a alguien para que haga nuestras maletas y nos las envíe esta tarde. La mujer empujó su hija para que subiera al avión y se sentaron en sus respectivos asientos. María quedó contra la ventanilla. ---------------------------------------------------------------------------------------------------- -Más rápido, vamos, porqué debe haber tanto tráfico?- murmuraba el joven- Julian, apresúrate, rápido- aunque sabía que la culpa no era del chófer, estaba nervioso y tenso, así que debía decir algo o, de lo contrario, explotaría. -Voy tan rápido como puedo, señor. -No me llames señor, me hace sentir viejo y sólo tengo catorce años. -Como guste, joven- aparcó delante del aeropuerto y el chico bajó rápidamente. El joven enamorado corrió lo más rápido que pudo, pasando los controles y los guardias de seguridad, que comenzaron a perseguirlo. Llegó a la puerta de embarque del vuelo a EEUU y la empujó fuertemente. Salió a la gris y lluviosa mañana. --------------------------------------------------------------------------------------------------------- -Señores pasajeros, abróchense sus cinturones de seguridad. Despegaremos en 10... 9... 8... 7...- decía una voz masculina y grave por los parlantes. -No quiero ir- dijo la niña con la cara pegada a la ventanilla. Su rostro se iluminó cuando vio que el chico que ella amaba estaba allí, agitado y mojado por la lluvia. Por su expresión, estaba desesperado y aterrorizado. "María! No me dejes!" Leyó sus labios y una nueva lágrima cayó por su cara y se perdió entre su ropa. -No me dejes ir!- gritó ella golpeando el vidrio doble. El avión despegó y él cayó de rodillas al frío y mojado suelo. Los guardias lo alcanzaron y lo sujetaron firmemente. -No te vayas! Quédate conmigo! María!- gritó él en su desesperación. -No quiero irme! Mi amor, no me dejes ir!- ella cayó en su asiento y comenzó a llorar desconsoladamente.