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Historia 150646 — capítulo 4

LA DESAPARICIÓN DE HERMIONE

CAPITULO 4: UNA POCION PELIGROSA

-¡Harry! Abre la puerta -dijo Ron

El chico se apresuró a guardar el pergamino que Malfoy le había dado antes de abrir la puerta del dormitorio.

El pelirrojo llevaba cara de tortolo y parecía totalmente ajeno al resto del mundo, y con una sonrisa en los labios se recostó en su cama.

-Ron, tengo que decirte que Malfoy se ha robado a las crías de Hedwig -dijo Harry

Ron no contestó

-¡Ron! ¡Te estoy hablando! -dijo Harry, pero su mejor amigo estaba profundamente dormido.

Poco antes de dar las doce de la noche, Harry se levantó de la cama, harto de fingir que dormía, solamente se calzó los zapatos, ya que aún llevaba puesto el uniforme. Sacó la capa invisible debajo de la almohada, tomó su varita y salió del dormitorio.

La sala común estaba oscura y vacía, se dirigió hacia el retrato de la dama gorda, pero cometió el error de pisar el sapo de Neville, éste emitió un tremendo croac y en ese momento, alguien prendió las luces

-¡Harry!

Era Hermione, quien aún llevaba puesto su uniforme y por lo visto no se había ido a dormir

-¿Qué haces aquí? -preguntó Harry, recuperándose de su sorpresa.

-¿Adónde vas?

-Regresa a tu dormitorio, sólo voy a dar una vuelta… Todo estará bien.

-¿Adónde vas? -volvió a preguntar Hermione.

Harry no quería decirle que Malfoy lo había citado a un duelo a medianoche, aquello era algo que Hermione desaprobaría por completo

-No es asunto tuyo -contestó Harry, en seguida se arrepintió de su respuesta tan poco cortés.

-Me parece perfecto -dijo Hermione, dando media vuelta para subir a su dormitorio, sintiéndose una tonta por preocuparse por él. Ella había pensado que Harry saldría para encontrarse con Malfoy, cuando seguramente Harry tenía una novia secreta a la cual ir a ver en esos momentos

-¡Ve a encontrarte con tu novia! -exclamó Hermione, yendo escaleras arriba.

Harry sintió que Hermione le echaba agua fría, corrió a detenerla.

-Herm, lo siento -dijo Harry, deteniéndola y volteándola suavemente para encararla-. Perdóname

Hermione fijo sus ojos en él, aún sentida.

-No voy a ver a ninguna novia -aclaró Harry-, -Malfoy se ha llevado a las crías de Hedwig y me ha retado a un duelo...

-Los duelos son muy peligrosos -dijo Hermione-, he leído cosas terribles sobre ellos, hubo un mago que…

-Hermione -dijo Harry interrumpiéndola-, no hagas caso de todo lo que dicen tus libros, no todo se aprende en ellos.

Aquel comentario hizo que Hermione frunciera el entrecejo. A Harry le encantó su gesto.

-Tengo que irme -dijo Harry.

-Iré contigo

-¡No! No quiero que te arriesgues.

-Quiero ir contigo.

-Está bien -dijo Harry, cubriéndola y cubriéndose con la capa invisible

-¿Cómo supiste que saldría? -preguntó Harry en cuanto los dos pasaron el retrato de la dama gorda y caminaban rumbo al gran comedor.

-Me lo imaginé cuando Malfoy te dijo que no faltarás -dijo Hermione en voz baja-. ¿Por qué Malfoy tiene a las crías de Hedwig?

-Porque alega que son suyas, habiendo tantas lechuzas en el colegio… ¿por qué Hedwig tuvo que cruzarse precisamente con la lechuza de Malfoy? ¿Por qué?

-Calla -dijo Hermione, deteniéndose-. Alguien viene

Harry escuchó pasos, se aseguró rápidamente de que los dos estuvieran bien cubiertos bajo la capa invisible, los pasos se hicieron cada vez más claros. Era Filch y la Sra. Norris, ésta última no tardó en descubrirlos.

-¡Miau!

Filch se volvió a mirar a la gata. La Sra. Norris miraba a los chicos a través de la capa invisible, pero Filch no podía verlos.

-Vámonos -dijo el Sr. Filch-. No hay nadie.

Para alivio de los chicos, el Sr. Filch y la Sra. Norris se alejaron rápidamente.

-Fue una trampa de Malfoy -exclamó Harry-. ¡Él avisó a Filch! ¡Filch me estaba buscando!

-Regresemos a la sala común -dijo Hermione-, tengo miedo de que nos descubran.

-Vamos

Al regresar a la torre, sin querer Hermione tropezó con el escalón que Neville siempre pisaba mal.

-¡Ay! -gimió Hermione, su pie y la capa invisible se habían atorado.

Harry se volvió inmediatamente para ayudarla, con un movimiento apresurado de su varita logró hacer que el escalón soltará el pie de Hermione, no así la capa invisible.

-¿Estás bien? -preguntó Harry, la chica asintió.

Nuevamente se escucharon los pasos del señor Filch, pronto iba a aparecer al final del pasillo y ellos no tenían forma de ponerse la capa invisible

-¡Corre! -exclamó Harry, tomándola de la mano.

Los dos echaron a correr a toda velocidad, tratando de dejar atrás al señor Filch, quien seguramente ya los había oído. Hermione alcanzó a ver una puerta casi invisible al final del pasillo y con un movimiento de su varita, la abrió y entraron.

Harry y Hermione contuvieron la respiración por unos instantes, haciendo el menor ruido posible para no ser descubiertos. Finalmente, oyeron cómo los pasos del Sr. Filch y de la Sra. Norris se alejaban.

-Eso estuvo cerca -dijo Harry aliviado.

-Vaya susto -dijo Hermione.

Los dos voltearon a ver la habitación que los había salvado: parecía un salón de baile antiguo, tenía unos grandes ventanales por los que se apreciaba el lago y parte de los alrededores de Hogwarts, el piso era de mármol y el techo estaba alumbrado por velas flotantes.

-¡Increíble! -dijo Hermione-. En Historia de Hogwarts nunca mencionan nada sobre este lugar

-¿Ves? Te dije que no todo se aprende en los libros -dijo Harry.

-Volvamos a la sala común -pidió Hermione

-Mejor esperemos un poco más, Filch podría estar cerca.

La chica asintió, sus ojos volvieron a observar aquella magnífica habitación, mientras que Harry tenía los ojos clavados en ella.

-¿Qué pasa, Harry? -preguntó Hermione, cansada de fingir interés en la decoración, mientras que las miradas insistentes de Harry no le pasaban desapercibidas.

-Quizás es mejor que lo sepas -dijo el chico, acercándose a ella y tomándola de la mano.

Hermione sintió que sus mejillas se ruborizaban, ¿sería esa la confesión que tanto había esperado?

-Tienes que saberlo -dijo Harry armándose de valor-, estoy enamorado de ti. No me gusta que pienses que hay alguien más cuando desde hace varios meses vivo pensando en ti… Cuando desapareciste creí que iba a enloquecer de la angustia de no saber dónde estabas

Hermione sonrió, sintiendo el alocado palpitar de su corazón… Había esperado tanto tiempo esas palabras y ahora llegaban en el mejor momento.

-Te amo, Herm -dijo Harry finalmente

Hermione abrió los brazos y Harry no tardó en estrecharla con todas sus fuerzas.

-Yo también te amo -dijo Hermione-, te he amado desde hace mucho tiempo.

Aquello sonó como música en los oídos de Harry, ambos se quedaron abrazados, simplemente no había nada más que decir, el sentimiento que los embargaba, decía más que cualquier palabra que se pudiera expresar.

Harry besó su frente, Hermione recargó su cabeza en el hombro del chico, cerró los ojos, un suave cosquilleo invadió su cuerpo mientras Harry besaba sus mejillas, pero ella se concentró en el aroma de la piel del chico, podía sentir su fortaleza y su ternura.

Harry, por su parte, escondió su cabeza entre el suave cabello de ella y aspiró su perfume, embriagándose de dicha, sentía el cuerpo de la mujer que amaba, podía sentir su calor y su dulzura. Sabía que si intentaba separarse de ella, su cuerpo no iba a responder.

Finalmente, con un movimiento suave y firme, Harry la hizo levantar su barbilla y mirarlo directamente a los ojos, fue acercando su boca a la de ella, hasta que sus labios se encontraron.

Harry no podía creer que estaba allí, besando los labios de Hermione, no deseaba separarse de ella nunca, por lo que la besó con locura, sintiendo una sed infinita que nada podía saciar, nada más que aquellos labios tan dulces.

Hermione correspondió a aquel beso con todo su amor: ¿Cuántas veces no había soñado con ese beso? ¿Cuántas veces no había deseado estar así con Harry? Necesita asegurarse que era él, que aquello no era un sueño que se desvanecía, sino que era real.

Los dos se separaron, se sonrieron y Hermione volvió a apoyar su cabeza en el hombro de Harry, queriendo ocultar el rubor de su rostro. Harry volvió a hundir su cabeza en sus rizos.

-¡Harry!

-¿Si?

-Tenías razón -susurró Hermione-, no todo se aprende en los libros.

Harry la miro desconcertado.

-En mis libros no decía que Harry Potter besaba tan bien -dijo Hermione con una gran sonrisa.

Harry sonrió y la volvió a besar.

-Te amo -volvió a repetir Harry en cuanto se separaron.

-Yo también te amo -dijo Hermione.

-¡Ron! -decía Harry a Ron, tratando de despertarlo.

-Déjame dormir -dijo el pelirrojo

-¡Despierta! -dijo Harry, descobijándolo.

-¿Te has vuelto loco? -dijo Ron, volviendo a cobijarse sin siquiera abrir los ojos.

-¡Hermione! ¡Ella ya es mi novia!

-¡Qué bien! -dijo Ron, hundiendo la cabeza en la almohada, sin razonar lo que Harry le estaba diciendo

-Despierta

-Ya te oí, me alegra que Hermione y tú por fin sean no... ¿Es cierto? -dijo Ron incorporándose tan rápidamente que casi se cae de la cama.

-Sí, es cierto -dijo Harry sin poder ocultar su alegría-. Se lo he pedido esta noche y me dijo que sí.

-¡Felicitaciones! Ya era hora -dijo Ron.

-Gracias

-Ahora déjame dormir -dijo Ron, volviéndose a meter en las cobijas

-¡Genial! -exclamó Harry, menos mal que conocía a alguien que seguramente esa noticia le daría gusto-. ¡Sirius tiene que saberlo! ¡Tengo que escribirle una carta ahora mismo!

Y era tanta su energía que a las tres de la mañana se puso a escribir a Sirius contándole todo: desde que Malfoy lo había retado a un duelo a medianoche, hasta el beso de buenas noches que Hermione le dio antes de irse a dormir.

A la mañana siguiente, Harry se levantó temprano, se baño y se fue a buscar a Hedwig a la lechucería

-Hola -la saludó.

Hedwig lo miró enojada y al instante se puso a aletear, reclamándole la pérdida de sus crías.

-Lo siento -dijo Harry-, no he podido hacer nada para recuperarlas, pero pronto las tendrás nuevamente contigo.

Aquello pareció animar a Hedwig porque le dio un suave pellizco.

-¿Cómo te sientes para hacer un viaje y entregar una carta a Sirius? -le preguntó Harry, acariciándola.

Hedwig estiró la pata.

-Gracias -dijo Harry mientras le ataba la carta, minutos más tarde veía cómo su lechuza emprendía el vuelo. Enseguida corrió hacia la sala común, ansioso por encontrarse con Hermione, en el camino paso a recoger su capa invisible, que seguía tirada en el escalón donde Hermione había tropezado.

-¿Y Hermione? -preguntó Harry a Ron en cuanto paso el retrato de la dama gorda.

-En su dormitorio -dijo Ron-. No vas a creer lo que soñé anoche.

-¿Qué soñaste?

-Soñé que Hermione y tú eran novios -dijo Ron entre risas-, y eso es imposible porque ninguno de los dos habla de sus sentimientos.

En ese momento, Hermione apareció al pie de las escaleras, Harry salió a su encuentro.

-¡Buenos días! -dijo Harry, cargando a Hermione de la cintura, elevándola hasta la altura de sus labios y dándole un beso.

Ron los miró boquiabierto.

-¿Es cierto? ¿Son novios? -preguntó Ron en cuanto pudo articular palabra.

Harry y Hermione asintieron sonrientes en cuanto el beso terminó.

-Felicitaciones -dijo Ron

-Gracias

-¿Dormiste bien? -preguntó Harry a Hermione, mientras los dos bajaban a desayunar, Ron decidió esperar a Lavender en la sala común

Hermione asintió, aunque en realidad, le había costado mucho trabajo conciliar el sueño a causa de la dicha que sentía.

-¿Quieres ir a dar un paseo a Hogsmeade? -preguntó Harry, animándose a tomarla de la mano.

Ella asintió antes de darle un beso en la mejilla.

-¿Por qué allí? -preguntó Harry, negando con la cabeza.

Hermione sonrió y le dio un beso en los labios.

-¿Allí está mejor?

-Mucho mejor -dijo Harry, y la volvió a besar.

Los dos chicos entraron al gran comedor, Malfoy los miró, primero boquiabierto y luego furioso, parecía no soportar que los dos hubieran entrado tomados de la mano, y mucho menos ver a Harry jugando con el cabello de Hermione, antes de susurrarle un par de cosas al oído. Malfoy se levantó inmediatamente y fue hacia donde ellos estaban.

-¡Eres un cobarde! -dijo Harry a Malfoy, en cuanto lo vio llegar-. ¿Olvidaste el duelo? No, por supuesto que no, simplemente te dio miedo asistir.

-Por lo que veo, la sangre sucia y tú son novios -dijo Malfoy arrastrando las palabras y sin hacer caso del reclamo de Harry.

El ojiverde se enderezó de un salto

-¡No vuelvas a llamarla así! -exclamó Harry, lanzando a Malfoy un golpe en la nariz.

-¿Qué pasa aquí? -exclamó Snape, llegando en ese momento.

-Potter me ha atacado -contestó Malfoy

-¡Potter, quince puntos menos para Gryffindor! -dijo Snape, yéndose.

Malfoy y Harry se lanzaron una mirada desafiante. Malfoy barrió a Harry y dio media vuelta. Harry iba a lanzarle un hechizo, pero Hermione lo detuvo.

-No vale la pena, sólo nos bajaran más puntos.

Harry no iba a disculpar a Malfoy tan fácil.

-Por favor, Harry -pidió Hermione-, no permitas que nos arruine el día.

Hermione tenía razón, Malfoy solamente quería fastidiarlos, por lo que Harry se volvió a sentar por un lado de Hermione

-Gracias por haberme defendido -dijo ella

-Es lo menos que puedo hacer por ti. No voy a permitir que nadie te insulte, ni te falte al respeto.

-Gracias, mi amor

Hermione nunca le había dicho algo así, pero a él le encantó oírle decir aquellas palabras y sintió que debía de corresponderle con algo similar.

-Eres mi vida -dijo Harry mientras acercaba su boca a los labios de ella

Pasaba del mediodía y los dos seguían paseando por Hogsmeade. El día había resultado perfecto, parecía que no existía ni Voldemort, ni nada que pudiera destruir aquella felicidad que ambos sentían.

Harry acariciaba el rostro de Hermione, con una sola mano recorría los bordes de sus ojos, sus mejillas, sus labios, como queriendo memorizar la forma de su rostro, mientras pensaba en la suavidad de su piel.

-Eres tan hermosa -le susurró Harry.

Hermione le sonrió.

-Te quiero tanto -dijo Hermione mientras lo abrazaba

Los brazos de Harry rodearon su cintura atrayéndola hacia él, después la besó con ternura.

-Prueba la tarta -decía Harry a Hermione, ofreciéndole una rebanada-. Está deliciosa.

-Sólo un pedazo -dijo Hermione, riéndose y aceptando la rebanada, pero en ese momento, un fuerte aleteo golpeó la cabeza de Harry.

-¡Hedwig! -exclamó Harry, su lechuza traía una carta de Sirius y un paquete-. No creí que regresarás tan pronto

-¡Harry, es un howler! -dijo Ron atónito al observar el sobre rojo que Harry tenía en sus manos.

-Salgamos de aquí -pidió Harry, implorando que el vociferador no fuera a estallar delante del gran comedor.

Los cuatro chicos salieron corriendo del gran comedor, justo a tiempo. Apenas habían salido del castillo cuando el howler estalló, la voz de Sirius se escuchó diez veces más fuerte:

-¡Harry Potter! ¿Qué te proponías? ¿Cómo se te ocurre aceptar un duelo con Malfoy a la media noche? ¿A qué juegas? ¿No se te ocurrió pensar que en cualquier momento pudieron aparecer dementores o cualquier otro peligro? ¿Olvidas que Voldemort y sus seguidores están detrás de ti? ¿Acaso el peligro al que se vio expuesta Hermione en la mansión Ryddle no significó nada para ti? ¡Arriesgaste a Hermione y te arriesgaste tú! ¡Y todo por una trampa de Malfoy!

Harry estaba rojo de la pena: un regaño delante de su novia, la novia de su amigo y su amigo, a mitad de los jardínes... Su situación no era nada envidiable, además de que estaba bastante indignado con Sirius, jamás se imaginó que Sirius pudiera enviarle un howler, pero allí estaba el howler con un regaño bastante amplio.

-¡No quiero que esto se repita! ¿Entendiste? Voldemort sigue detrás de ti y en cualquier momento puede atacar de nuevo.

Finalmente para alivio de Harry la voz de Sirius cambio de tono.

-¡Felicitaciones por tu noviazgo con Hermione! ¡Ya era hora! En el paquete hay una túnica de gala nueva para el baile. Te veré en la final de quidditch. Saludos a Ron y a Hermione.

Harry respiró aliviado aunque el rubor de sus mejillas parecía que no iba a desaparecer nunca. Para su tranquilidad ninguno de sus amigos le dijo nada, simplemente se olvidaron de la cena y fueron a descansar a la sala común.

-Herm, Sirius tiene razón -dijo Harry aún tenso-. No debí haber salido anoche y menos haber permitido que me acompañarás, si algo te hubiera pasado no me lo hubiera perdonado nunca.

-Pero no me pasó nada -dijo Hermione-, además fue el comienzo de algo hermoso.

-Aún así -dijo Harry-, permití que corrieras un riesgo enorme, Sirius tuvo razón al decirme que si el tiempo que estuviste en la Mansión Ryddle no significó nada para mí, pero fue la peor experiencia de mi vida, sufrí tanto pensando en el gran peligro que corrías.

Hermione sonrió e inició un beso, pero Harry tomó el control de la situación, convirtiendo aquel beso en un beso apasionado, que parecía no tener fin. Los dos se separaron, Hermione recargó tranquilamente la cabeza en el hombro del chico, mientras que él distraídamente acariciaba su brazo.

Hermione sintió una descarga eléctrica cuando los dedos de Harry tocaron sin querer la marca tenebrosa. Aquel roce fue peor que una quemadura.

-¿Qué ocurre? -exclamó Harry

-Nada -dijo ella, intentando sonreír.

-¿Toque la marca, verdad?

Ella asintió. Harry quiso tocarla nuevamente, pero Hermione no se lo permitió.

-Tengo que confesarte algo -dijo ella

-¿Qué es, Herm?

-Aquí no -dijo Hermione-. Ven.

Hermione condujo a Harry hasta su habitación

-¿Qué pasa? -preguntó Harry, notando cómo Hermione había cambiado con la simple mención de la marca.

-Debí haberte dicho esto hace mucho -dijo la chica

-Sólo dime lo que tengas que decir, sea lo que sea -dijo Harry, sentándose sobre la cama de Hermione y haciendo que ella se sentará junto a él.

Hermione lo tomó de la mano y antes de empezar a hablar lo besó, como si tuviera miedo de que después todo terminará entre ellos.

-La marca tenebrosa es una marca imposible de eliminar -soltó Hermione.

-¿Qué quieres decir?

-Que nunca lograré eliminarla por completo, lo único que puedo hacer es reducirla de tamaño

-La señora Pomfrey dijo que podías eliminarla usando la poción que te dio

-Sólo puedo hacerla más pequeña y para que eso ocurra tiene que pasar mucho tiempo…. Quizás años

-Debe haber otra forma

La chica negó con la cabeza

-¿Me quieres? -preguntó Hermione.

-Claro que sí, tú lo sabes.

-¿Me quieres aún con esa marca en el brazo? -lloró Hermione-. Es la marca de tu peor enemigo... Tú no puedes querer a nadie que tenga la marca del mago que mató a tus padres, del mago que te negó un hogar...

-Si puedo -la interrumpió Harry-. No me importa que sea la marca de mi peor enemigo, no me importa nada de eso, mientras tú estés conmigo... ¿No me crees? ¿No me crees que te amo?

-¡Harry! -lloró Hermione, echándose en sus brazos.

-Niñita tonta -dijo Harry, abrazándola-. ¿Cómo no iba a quererte si eres lo más bello que hay en mi vida?

Al siguiente día, Harry y Hermione bajaron a desayunar muy temprano, Hermione ahora estaba convencida de que Harry la amaba realmente y nada la hacía sentirse más feliz.

Harry, por su parte, sentía que nada podía acabar con la felicidad que sentía en esos momentos, ni siquiera Malfoy...

-¡Potter! -dijo Malfoy en cuanto los vio entrar al gran comedor-. ¿Es cierto que recibiste un howler?

-¡Que te importa! -contestó Harry.

-¿Recibiste un howler por haber aceptado un duelo a media noche? -dijo Malfoy, arrastrando las palabras.

-¡Dejamos pasar! - exclamó Harry, ya que Malfoy les estaba cerrando el paso.

-¿O el howler fue porque eres novio de Granger?

-¡Quítate! -exigió Harry.

-¡Todos pongan atención! -gritó Malfoy con todas sus fuerzas, llamando la atención de los que estaban en el gran comedor-. Hermione Granger, la sangre sucia, desea mostrarles su brazo, desea enseñarles la marca de "El que no debe ser nombrado".

Hubo un gran silencio, todos miraron a Hermione como si fuera una especie de animal raro, ni Harry ni Hermione supieron qué hacer.

Malfoy los miraba con gran satisfacción, Hermione fue la primera en reaccionar, y salió corriendo del gran comedor, Harry salió detrás de ella, jurando matar a Malfoy después.

-Lo ven -exclamó Malfoy a la multitud-. Tiene la marca tenebrosa en el brazo, por eso se ha ido.

-¡Basta! -gritó Dumbledore furioso- ¡Sigan desayunando! -ordenó al resto de los alumnos y profesores.

Los allí presentes se concentraron en su desayuno, murmurando todo tipo de cosas acerca de Hermione.

-¡50 puntos menos para Slytherin! -regañaba Snape a Malfoy en su mazmorra, Dumbledore y McGonagall estaban allí.

-¿Cómo pudiste decir algo así en el gran comedor? -lo regañó McGonagall

Malfoy agachó la cabeza, pensó en Hermione, en lo que debería estar sufriendo en esos momentos por culpa de sus celos… Y pensar que Potter era el que estaba a su lado, consolándola.

-Opino que Malfoy merece un buen castigo -dijo McGonagall a Snape-, lo que acaba de hacer no es cualquier cosa.

-Malfoy, ayudarás al señor Filch todas las tardes en los quehaceres del colegio, durante un mes -sentenció Snape

-¡Mi padre lo sabrá! -se quejó Malfoy

-Pues dile a tu padre que son ordenes mías -dijo Dumbledore muy molesto con él- ¡Todas las tardes, durante un mes y sin magia!

-Herm, por favor, abre -pidió Harry, llamando a la puerta de su dormitorio.

-Por favor -volvió a insistir al cabo de unos minutos, al ver que Hermione no respondía-. Déjame hablar contigo

-Hermione, si no abres, voy a tirar la puerta -dijo Harry como último recurso para que Hermione lo dejará entrar

Hermione abrió la puerta, tenía los ojos rojos y su rostro estaba lleno de lágrimas.

-No llores -dijo Harry al verla, sintiendo que el corazón le daba un vuelco.

Hermione lo abrazó, Harry la estrechó con fuerza y dejó que se desahogará.

-Odio a Malfoy -dijo Hermione, sollozando-. ¿Por qué tuvo que decirlo? ¿Por qué?

"Porque no soporta vernos juntos", pensó Harry al tiempo que le daba un beso en la frente.

-Fue terrible ver cómo me miraron en el gran comedor -continuó Hermione-, nunca me había sentido tan avergonzada.

-Tú no tienes nada de qué avergonzarte -dijo Harry

Ron llegó en ese momento

-Hermione, lo siento mucho -dijo Ron, dándole unas palmaditas en el hombro.

Ella intentó sonreírle sin conseguirlo.

-El profesor Snape quiere hablar contigo, está en su mazmorra -dijo Ron

-Vamos -dijo Harry, secándole algunas lágrimas que todavía caían de sus ojos, Hermione asintió.

Fue terrible tener que caminar por los pasillos, Hermione hubiera deseado ser invisible, de esa forma nadie la señalaría, ni diría nada al verla, como lo hacían los chicos que se encontraban por los pasillos, mientras que la otra mitad de los alumnos evitaba acercarse a ella; Hermione apretó fuertemente la mano de Harry, necesitaba sentir que él estaba con ella, apoyándola.

-Aquí estoy -dijo Harry-, no voy a dejarte sola

Finalmente después de caminar por varios pasillos, llegaron a la mazmorra de Snape.

-¿Me mandó llamar, profesor? -preguntó Hermione

-Pasa

-Te espero afuera -dijo Harry, dándole un beso rápido.

Hermione entró, Snape indicó a Hermione que se sentará enfrente de su escritorio.

-¿De qué quiere hablarme? -preguntó Hermione

-Sobre la marca tenebrosa -dijo Snape sin rodeos y mirándola fijamente a los ojos.

-Fue algo que siempre trate de ocultar -contestó Hermione con tristeza-. Hasta que Malfoy tuvo que gritarlos a los cuatro vientos.

-La marca tenebrosa es la forma con la que Voldemort marca a sus seguidores, sirve para identificarlos como "de su propiedad"

-Yo no soy propiedad de nadie -replicó Hermione

-Estoy hablando, señorita Granger -replicó Snape con rudeza-, Voldemort marcó a todos sus mortífagos sin excepción y a todos ellos les hizo creer que no hay forma de borrarla

-Ya leí eso

-Sin embargo, hay una poción que puede eliminar esa marca por completo en cuestión de minutos

-¿Cuál es? -preguntó Hermione esperanzada

-Jamás voy a decírselo -dijo Snape con frialdad-. Es una poción muy peligrosa y en ocasiones mortal.

-Quiero saber

-No -dijo el profesor, su voz era resuelta-. Si la mandé llamar es porque sé que le gusta investigar en los libros y tarde o temprano, descubrirá la existencia de esa poción.

-¿Y qué tiene de malo?

-¿Acaso no mencioné que puede ser mortal? -exclamó Snape.

A Hermione aquello no le importaba, lo único que quería era deshacerse de aquella marca y Snape acababa de darle una nueva esperanza.

-Hablo en serio, son Artes Oscuras muy peligrosas.

Hermione asintió, pero su mente ya trabajaba en la forma de conseguir la receta.

-Se lo advierto, señorita Granger -dijo Snape-, Voldemort no perdona. Nadie puede deshacerse de su marca, aunque encuentre la receta y la poción funcione, él no va a perdonarle la vida.

Hermione lo miró fijamente

-Jamás pondré en riesgo la vida de un alumno de Hogwarts, ni siquiera por tratarse de usted, la sabelotodo insufrible.

-Pero

-Dije que no, si la mandé llamar es para decirle que jamás lo intente -replicó Snape con brusquedad-, es mejor que se resigne a vivir con esa marca en el brazo

-No puedo, yo no elegí eso

-Lo sé -dijo Snape-, pero la vida no nos pregunta qué queremos, simplemente hay cosas que no podemos cambiar y hay que aprender a vivir con ellas. Y créame es preferible vivir así, que morir en manos de Voldemort.

-¿Qué quería Snape? -le preguntó Harry a Hermione minutos más tarde

-Quería hablar de mis calificaciones -mintió Hermione, dispuesta a averiguar la poción de la que Snape había hablado.

-¿Volviste a obtener la más alta calificación?

Ella asintió

-Tengo que ir a la biblioteca -dijo Hermione.

-Te acompaño

-No. ¿Por qué no vas a jugar quidditch?

-No es mala idea, pero tienes que venir conmigo, eres parte del equipo

-Iré después -dijo Hermione-, tengo una duda sobre Historia de la Magia, en verdad, no tardaré.

-Está bien -dijo Harry, dándole un beso de despedida-. Te veré en el campo de quidditch.

-No sé por qué, pero siento que Hermione me oculta algo -dijo Harry a Ron en cuanto terminaron el entrenamiento de quidditch.

-Imaginaciones tuyas -contestó Ron.

-No, estoy seguro que guarda un secreto, dijo que no tardaba y nunca llegó a entrenar.

-Tú sabes que ella prefiere los libros -contestó Ron-. Mira quién viene allí -y señaló hacia la entrada del campo de quidditch.

-¡Voy a matarlo! -dijo Harry en cuanto vio a Malfoy.

-¡Harry! Espera -dijo Ron, pero Harry ya estaba por un lado de Malfoy.

-¿Por qué tuviste que gritar que Hermione tenía la marca tenebrosa en el brazo? -gritó Harry, al tiempo que se le echaba encima.

Malfoy intentó sacar su varita para defenderse, pero Harry no se lo permitió y apretó su cuello fuertemente con sus manos.

-¡Harry! Detente, lo vas a ahorcar -dijo Hagrid, llegando en aquel momento y tratando de que Harry soltará a Malfoy.

Harry hizo un esfuerzo por seguir apretando a Draco, pero Hagrid logró hacer que lo soltará, entonces Harry sacó su varita y apuntó contra él, pero Hagrid le quitó la varita y Malfoy salió corriendo.

-¿Es qué planeabas matarlo? -regañó Hagrid a Harry

-Rebeló que Hermione tenía la marca tenebrosa en el brazo y eso no se lo voy a perdonar nunca, además se robó a las crías de Hedwig

-Entiendo tu coraje -dijo Hagrid-, pero es mejor que no te busques problemas, olvídate de Malfoy y disfruta tu noviazgo con Hermione.

-Mi cazadora estrella no llegó nunca a entrenar -dijo Harry a Hermione en la biblioteca, al tiempo que rodeaba su cintura con sus brazos y le daba un beso.

-¡Harry! -dijo Hermione apenada-. Lo siento, no supe cómo se me fue el tiempo, pensaba bajar, en verdad, lo siento mucho.

-No importa -dijo Harry, disculpándola y dándole otro beso.

-¿Qué lees? -le preguntó.

-Investigó sobre Historia de la Magia -mintió Hermione.

-Mejor vamos a cenar ¿vale?

-No quiero bajar al gran comedor, todo el mundo me señalará.

-No puedes pasar toda la vida ocultándote.

-Tengo miedo.

-Yo voy a estar contigo.

Harry convenció a Hermione de que bajará a cenar con él, cuando los dos entraron al gran comedor hubo muchas murmuraciones, pero Dumbledore entró detrás de ellos y su presencia se impuso, de tal forma que nadie volvió a murmurar nada durante toda la cena.

Unas semanas después:

-Cada día tiene menos tiempo para mí -dijo Harry a Ron al finalizar un entrenamiento de quidditch-. Otra vez no vino a entrenar y volvió a prometer que vendría

-En verdad que no entiendo a Hermione -dijo Ron-, todo el tiempo se la pasa en la biblioteca.

-Siento que la estoy perdiendo -dijo Harry.

-Claro que no

-Entonces ¿qué es lo que pasa con ella?

En eso llegó Hermione.

-Siento llegar tarde -se disculpó

-Ya terminamos de entrenar -dijo Ron-, faltan unos días para la final de quidditch, todos estamos entrenando el doble, mientras que tú pasas todo el día en la biblioteca

-Lo siento mucho

-Pues la próxima vez será mejor que vengas a entrenar -dijo Ron, yéndose.

-¿Por qué no viniste? -preguntó Harry.

-Se me fue el tiempo leyendo

-Últimamente todo el tiempo se te va en la biblioteca.

-Harry, lo siento mucho, te prometo que vendré al próximo entrenamiento.

-Van tres veces que me prometes lo mismo.

-Esta vez es en serio -dijo Hermione.

-Lo mismo creí la última vez -dijo Harry-. ¿Qué pasa contigo? ¿Qué me ocultas, Hermione? Te siento tan diferente, tan distante

-Perdóname -pidió Hermione, ella misma no sé explicaba cómo podía pasarse todo el tiempo investigando sobre la marca tenebrosa y quedar mal con todo el mundo, porque no solo tenía problemas con Harry y el entrenamiento de quidditch, sino que también en sus materias, sentía que se estaba atrasando.

-A veces siento que te estoy perdiendo -dijo Harry

-No, eso no -dijo Hermione, echándole los brazos al cuello

-Entonces, ¿qué pasa?

Hermione no podía decirle nada sobre la marca tenebrosa, Harry desaprobaría por completo que ella se quitase aquella marca de una forma en la que podía poner en riesgo su vida, aún aunque fuera la marca de su peor enemigo.

-¿Qué pasa? -volvió a preguntar Harry-. ¿No me tienes confianza?

-Claro que sí, simplemente no siento cómo se me va el tiempo cuando investigó sobre los elfos domésticos o cuando leo sobre Historia de la Magia.

Harry la soltó y comenzó a apartarse, evidentemente no le creía.

-Creí que me tenías confianza, pero veo que me equivoque.

-Harry, espera -dijo Hermione, deteniéndolo.

-¿Qué me vas a decir? Ya me sé todas tus investigaciones en la biblioteca desde los elfos domésticos hasta la planta más misteriosa del Tratado de Herbología. Ya no puedo creerte más… Cuando decidas contarme qué es lo que te ocurre, hablamos

-Harry -decía Ron mientras jugaban un partido de ajedrez en la sala común-, es mejor que juguemos en otra ocasión.

-No, sigamos -pidió Harry-. Tu turno.

-Tiene cinco minutos que tiré.

-Perdona, no me di cuenta.

-Eso es porque tu pensamiento está en la biblioteca, no aquí. En serio, dejemos esto para otra ocasión.

-Creo que tienes razón -contestó Harry, abandonando el juego-. Me parece que me iré a dormir.

-¿No quieres que bajemos a cenar?

-No -contestó Harry, poniéndose de pie y saliendo de la sala común para dirigirse a su dormitorio.

Acababa de irse Harry, cuando llegó Hermione.

-Hola -la saludó Ron

-Hola -contestó ella-. ¿Has visto a Harry?

-Acaba de irse a dormir

-Oh, entiendo -dijo Hermione desilusionada-, esperaba encontrarlo todavía

-¿Cómo vas a encontrarlo, si pasas todo el tiempo en la biblioteca? Por cierto, ¿Lavender sigue allí?

-Sí, está terminando su tarea -contestó Hermione.

-Iré a buscarla -dijo Ron-. ¿Y tú? ¿Vas a irte a dormir ya?

-No, aún es temprano. Iré a visitar a Hagrid, tiene tiempo que no hablo con él

-Como quieras -dijo Ron, saliendo de la sala común.

-Hola, Hermione- la saludó Hagrid, al verla llegar a su cabaña.

-Hola -contestó ella, al tiempo que Hagrid la invitaba a pasar

-¿Y ese milagro que vienes a visitarme?

-Hagrid, necesito pedirte un favor -dijo Hermione-, necesito que me firmes un permiso para poder sacar libros de la sección prohibida.

Hagrid la miró sorprendido

-Por favor, Hagrid necesito ese permiso -pidió Hermione.

-No creo que la respuesta para que te reconcilies con Harry se encuentre en los libros de la sección prohibida.

-No se trata de eso -contestó Hermione-, pero tampoco puede decirte para qué quiero el permiso.

-Entonces no puedo firmarte nada.

-Por favor, yo no haré ningún mal uso de él.

-Te firmaré el permiso -dijo Hagrid, firmando el pergamino que Hermione le extendía-, siempre has demostrado ser una chica sensata, pero por favor, no destruyas la confianza que te tengo

-¿Puedo pedirte otro favor? No le digas nada de esto a Ron, mucho menos a Harry.

-Cada día te entiendo menos, pero bueno, guardaré el secreto

-Gracias, Hagrid, eres muy bueno

-Hermione -decía Lavender a la mañana siguiente, mientras terminaba de arreglarse en el dormitorio de las chicas-. ¿Es que no piensas pararte hoy?

La chica hundió la cabeza en la almohada, en realidad no quería levantarse y ver a Harry, sin que él le dirigiera la palabra.

-Vamos, Hermione -dijo Lavender-, no puedes pasarte todo el día aquí, tienes que hablar con él.

-El no quiere hablar conmigo -dijo Hermione con pesar.

-Eso no es cierto -dijo Lavender-. Harry está molesto contigo, pero nada que no pueda solucionarse.

Una lechuza tocó a la ventana del dormitorio. Lavender abrió la ventana y la dejó entrar.

-¡Rosas! -dijo Lavender sorprendida, al ver un hermoso ramo que había traído la lechuza.

-Son hermosas -dijo Hermione incorporándose.

-Son para ti

-¿De verás? -preguntó Hermione feliz, parándose de un salto

Lavender le mostró la tarjeta, Hermione la leyó

"Para la Srita. Granger"

Y del otro lado decía como única palabra:

"Perdóname"

Hermione sonrió feliz

-¿Ya ves? -dijo Lavender-. A pesar de todo, Harry te quiere muchísimo.

-¡Harry! -lo abrazó Hermione en cuanto se encontró con él en la sala común-. Gracias por las flores.

-¿Qué flores? -preguntó Harry sorprendido

-¡Las rosas! -dijo Hermione confundida

-¿Qué rosas?

-Las rosas que recibí esta mañana -dijo Hermione, perdiendo la sonrisa poco a poco.

-No sé de qué me hablas.

-Perdona -dijo Hermione-. Fue una confusión -y salió de la sala común hacia su dormitorio

-¿De qué rosas habla? -preguntó Harry a Lavender

-Esta mañana, una lechuza entró a la habitación con un ramo de rosas para Hermione

-¿De quién? -preguntó Harry con brusquedad.

-Creímos que tú se las habías enviado -dijo Lavender.

-Yo no lo hice -dijo Harry.

-Harry, yo no permitiría que nadie más le mandará flores a mi novia -dijo Ron

-¿Quieres callarte? -exclamó Harry, muerto de celos.

Faltaban pocos minutos para la clase de transformaciones, cuando Hermione finalmente, después de varios regaños de la señora Pince, encontró lo que buscaba.

-¡Aquí está! -dijo Hermione con una amplia sonrisa.

-¿Qué ha encontrado? -preguntó la Sra. Pince.

-Nada -se apresuró a decir Hermione-. ¿Puede prestarme el libro? Tengo un permiso firmado por un profesor.

-Opino que esos libros no deben salir de la biblioteca, pero está bien, puedes llevártelo.

-Gracias

Mientras tanto en la cabaña de Hagrid.

-Bueno -decía Hagrid a Harry-. Si no te gusta que otro le mandé flores a tu novia, llévale flores tú mismo

-Ya le mandé pedir unas flores vía lechuza -dijo Harry-, se las daré en cuanto lleguen, pero ¿quién fue el infeliz que le mandó flores?

-Cualquiera pudo haber sido -concluyó Hagrid-. En vez de preocuparte por eso, deberías de preocuparte más por Hermione, parece que está mal.

-Lo sé -dijo Harry con pesar-, pero ella no quiere decirme nada de lo que le pasa, es un completo misterio.

-Te creo -dijo Hagrid-, ni siquiera quiso decirme para qué quería sacar libros de la sección prohibida.

-¿Qué dijiste? -preguntó Harry, volviéndose hacia él.

-No debí decir eso, ella me pidió que no te dijera nada.

-¿Hermione te pidió que le firmaras un permiso para sacar libros de la sección prohibida? -le preguntó Harry muy seriamente.

Hagrid asintió.

-¿Y lo hiciste? -exclamó Harry.

-No pude negarme, sino lo hacía, ella de cualquiera manera iba a conseguir ese permiso.

-No sé qué pensar -dijo Harry-, si por lo menos supiera qué es lo que está tramando

-Llegaron las flores -dijo Hagrid, viendo aparecer una lechuza

Harry se apresuró a recoger las flores y dar un galeón a la lechuza.

-Tengo que hablar con Hermione antes de que inicie la clase de Transformaciones, te veré luego -dijo Harry, despidiéndose de Hagrid.

-Nunca había visto una poción así, todos los ingredientes son muy difíciles de conseguir. Realmente es muy peligrosa, además solo puede beberse en luna llena, y la siguiente luna llena es el día del baile de Navidad -pensaba Hermione cabizbaja al tiempo que se dirigía a clase de transformaciones.

"¿Querrá Harry todavía ir conmigo al baile? Si es así ¿cómo le digo que no puedo ir? ¿Y si dejo lo de la poción para la siguiente luna llena? No eso es esperar mucho".

-Lo siento, no quise pisarlo -dijo Hermione disculpándose, sin siquiera dirigir la mirada a la persona que había pisado.

-No hay cuidado -escuchó que le contestaron.

-¡Harry!

Él le sonrió.

-¿Y esas flores? -preguntó Hermione.

-Son para ti -dijo Harry, entregándoselas-, por las rosas que no te envié en la mañana.

-Gracias -dijo Hermione feliz al tiempo que recibía sus flores con una mano y con la otra mano abrazaba a Harry.

-De nada -dijo Harry, abrazándola.

-Son muy hermosas -dijo Hermione, antes de darle un beso en los labios, que él no tardo en corresponder.

-Creo que ya no estás molesto conmigo -dijo Hermione con una sonrisa en cuanto se separaron.

-No, ya no -dijo Harry, dándole otro beso.

-¿Qué es lo que tanta risa te da? -preguntaba Lavender a Ron esa noche, mientras los dos estaban en la sala común

-Nada -dijo Ron besando a Lavander y volviendo a reír

-¿No vas a decirme? -preguntó Lavender, tratando de parecer enojada.

-¿Ves a aquellos dos? -dijo Ron señalando a Harry y a Hermione, quienes estaban en un rincón de la sala común.

-Se ve que se quieren ¿qué hay de gracioso en ello?

-Que como Harry no logra que Hermione le explique qué es lo que está pasando, optó por no dejarla sola, no se separa de ella un momento.

-Harry tiene razón, Hermione ha estado muy misteriosa, es lógico que le siga los pasos.

-Sí, pero gracias a ello, Harry tuvo que pasar cuatro horas seguidas en la biblioteca

Finalmente, llegó la final de la copa de Quidditch, todo el equipo de Gryffindor había entrenado mucho, hasta Hermione tuvo que asistir a los últimos entrenamientos, para que Harry no volviera a enojarse con ella, sin embargo, esa mañana, Hermione se levantó muy temprano.

-Apaga la luz, me despiertas -dijo Lavender, tratando de taparse la cara con las cobijas.

-Lo siento -dijo Hermione, quien en esos momentos estaba terminándose de arreglar.

-Pero ¿adónde vas tan temprano? -preguntó Lavender haciendo un esfuerzo por mantener los ojos abiertos y observando a Hermione.

-Quiero mandar una carta a mis padres -mintió Hermione.

-¿A esta hora? -preguntó Lavender, viendo de reojo su reloj.

-Sí, quiero que sepan que hoy jugamos la final de Quidditch -explicó Hermione, quien en realidad quería mandar pedir unos ingredientes para la poción vía lechuza

-¿Por qué no mandas la carta después? -preguntó Lavender, volviendo a cerrar los ojos.

-No, tiene que ser ahora -dijo Hermione, Harry estaba con ella todo el tiempo y podía darse cuenta de lo que planeaba, y no quería que él se volviera a enojar con ella

Hermione bajo a la lechucería, tendría que usar una lechuza del colegio, no podía usar a Hedwig, ni a Pig para no levantar sospechas.

Después de atarle a una lechuza la lista de los ingredientes, se dispuso a regresar a la sala común, pronto iba a amanecer y Harry podría notar su ausencia. En cuanto entró al castillo, tomó el camino hacia la sala común, pero en el camino se encontró con Peeves, quien comenzó a arrojarle bolsas de agua fría, lo que hizo que Hermione corriera hacia otra dirección con tal de esquivar las bolsas.

Peeves la correteó por varios pasillos, pero Hermione logró escapar de él, ocultándose detrás de unas armaduras que había en un pasillo repleto de ellas.

-Se ha ido -dijo Hermione, dispuesta a buscar el camino hacia la sala común de Gryffindor, estaba empapada y temblaba de frío.

En ese momento, escuchó algunos ruidos de aves que procedían justo de una puerta que estaba detrás de ella.

Hermione abrió aquella puerta con su varita, cuando entró volvió a temblar y no a causa del frío, sino que aquella habitación estaba repleta de viejas armaduras y de un sin fin de cosas inservibles. Le dio miedo estar allí rodeada de cosas viejas, sintió que alguien la observaba, volteó hacia la puerta, pero no había nadie.

Volvió a escuchar el ruido de las aves y pronto supo de dónde venía: se encontró con las crías de Hedwig ocultas en una armadura, corrió hacia ellas, pensando en el gusto que le iba a dar a Harry, en cuanto le dijera que las había encontrado.

Las pequeñas lechuzas parecían felices de verla, también ellas temblaban de frío y por lo visto tenían hambre, pero Hermione no tenía nada que ofrecerles, simplemente comenzó a acariciarlas, tratando de olvidarse del frío, cosa que le resultaba difícil teniendo la ropa empapada.

Hermione sintió que alguien entraba a la habitación, volteó para ver quién era y se encontró con Malfoy, quien en ese momento, cerraba la puerta de la habitación con su varita.

-¿Buscas algo, Granger? -le preguntó Malfoy, acercándose a ella.

Hermione se volvió hacia él, alistando su varita. Malfoy fue más rápido que ella y en un dos por tres, le arrebató la varita.

-Dámela -dijo Hermione, tratando de no mostrarle que tenía miedo.

-¿Qué haces despierta a estas horas? ¿No sabes que el castillo es peligroso? -preguntó Malfoy, jugando con la varita de Hermione.

-Dame mi varita -volvió a decir Hermione, esta vez sus nervios la traicionaron y Malfoy notó su miedo.

-¿De qué tienes miedo? -preguntó Malfoy, guardando la varita de Hermione en la bolsa de su capa y acercándose más a ella.

-Retírate -dijo Hermione, tratando de sonar segura de sí misma

-Estás temblando -dijo Malfoy al tiempo que extendía sus brazos y aprisionaba a Hermione en ellos.

-Suéltame -gritó Hermione.

Malfoy no le hizo cazo, Hermione estaba acorralada, Malfoy era mucho más fuerte que ella y la apretaba de una forma que no podía zafarse.

-¡Qué bonito cabello tienes! -dijo Malfoy al tiempo que acercaba su nariz a su cabello, aspirando su aroma-. ¡Huele bien! A rosas... Por cierto ¿Te gustaron las rosas que te envíe?

Hermione se quedó sorprendida, de manera que Draco había sido.

-No -dijo Hermione queriendo zafarse-. Las tiré a la basura

Malfoy la apretó con más fuerza

-¡Estás empapada! -dijo Malfoy quitándole la capa con un ágil movimiento, sin que Hermione pudiera hacer nada para impedírselo.

-¿Sabes que podría hacerte mía en este momento? -dijo Malfoy al tiempo que le quitaba el collar de perlas que Harry le había regalado.

-No te atrevas -tembló Hermione-. Te juro que te arrepentirás

-¿Arrepentirme? -preguntó Malfoy-. No podría arrepentirme de ello -y acercó su boca a su cuello.

-¡Suéltame, idiota! -gritó Hermione apartándolo, no supo de dónde sacó fuerzas, pero lo aventó y corrió hacia la puerta, pero Draco había cerrado la puerta con llave. Hermione no podía abrirla porque Draco tenía su varita.

-Tranquila -dijo Draco, riéndose y volviéndose a acercar a ella-. No pensaba hacerte nada

-Abre la puerta -ordenó Hermione

-La abriré, pero no para que salgas tú, sino para que salga yo -dijo Malfoy-. Tú te quedas aquí. Te quedarás aquí hasta que yo lo decida

Malfoy abrió la puerta, Hermione trató de salir, pero Draco se puso delante de la puerta y le impidió el paso.

-Lo siento, preciosa -dijo Draco, saliendo de la habitación y cerrando la puerta con su varita

-¡Abre la puerta! -comenzó a gritar Hermione, al tiempo que golpeaba la puerta con los puños, pero Draco no le hizo caso y la dejó encerrada en aquella habitación.

Hermione lloró y gritó, pero Draco jamás abrió la puerta, y por lo visto, por aquella aula jamás pasaba nadie.

Finalmente, cansada de pedir ayuda, se sentó sobre el frío piso, tenía hambre y seguía temblando de frío y de miedo. Se fijó en el collar de perlas que Draco había dejado tirado en el suelo y corrió a recogerlo, pensó en Harry, en el día en que le había regalado aquel collar. Y la final de Quidditch, todo el equipo iba a matarla por faltar a la final.

Estaba oscuro y ya no distinguía si había pasado una hora o dos, pero aquel tiempo transcurrido allí le parecía una eternidad, qué podía hacer allí sola, encerrada, teniendo como única compañía a las pequeñas lechuzas de Hedwig.

-¿Y Hermione? -preguntó Harry a Lavender, en cuanto ella bajo a la sala común.

-¿Cómo? ¿No ha llegado? -preguntó Lavender sorprendida-. Yo ya la hacía desayunando contigo

-¿Dónde está? -exclamó Harry

-No lo sé -dijo Lavender-. Salió hace hora y media, diciendo que iba a ir a la lechucería a enviar una carta a sus padres

-Quizás está desayunando -dijo Ron, abrazando a Lavender.

-Sí, es lo más seguro -dijo Lavender.

-Vayamos al gran comedor -dijo Harry, pensando que Ron y Lavender tenían razón, pero teniendo un mal presentimiento.

-Aquí no está -dijo Harry, observando el gran comedor

-Quizás Hermione aún no había redactado la carta y ahora está en la lechucería terminando de escribirla

-Iré a buscarla -dijo Harry.

Harry fue a buscar a Hermione a la lechucería, pero como era de suponerse tampoco la encontró allí, aquello empezó a inquietarlo. Y fue en vano buscarla, por ningún lado parecía haber rastro de Hermione.

-Ya regresé, preciosa -dijo Malfoy, volviendo a entrar a la habitación donde Hermione estaba encerrada

Hermione se limitó a barrer con la mirada a su carcelero.

-Te he traído algo de comer -dijo Malfoy, ofreciéndole una tostada.

Hermione moría de hambre, pero no pensaba aceptar nada de Malfoy.

-No quiero -dijo en tono altanero.

-Las dejaré aquí, al rato tendrás hambre -dijo Malfoy.

Hermione le dio la espalda

-Sangre sucia, pero aún así eres muy hermosa -dijo Malfoy, observándola.

Hermione evaluaba sus posibilidades de escapar, pero realmente no tenía ninguna, y sin ningún problema, Malfoy volvió a aprisionarla entre sus brazos.

-¿Sabes que tienes unos labios muy sensuales? -dijo Malfoy, apretándola con fuerza-. Apuesto a que han de ser muy dulces -y acercó sus labios a la boca de Hermione

Hermione volteó la cara para evitar que Draco la besara, pero fue tarde porque Draco alcanzó a hacerlo.

Mientras tanto, Harry ya estaba desesperado, el recuerdo de cuando ella fue secuestrada por Voldemort, volvía a su mente con toda intensidad, volvía a sentir la misma impotencia que sintió aquella vez y volvía a temer lo peor.

-No está por ninguna parte -dijo Ron.

-Tenemos que seguir buscándola -dijo Harry.

-Separémonos -dijo Ron-, buscaré por la biblioteca y tú puedes buscarla por la torre de Adivinación

-De acuerdo -dijo Harry

Ron se acababa de ir, cuando en ese momento, Harry vio a Crookshanks

-¿Dónde está Hermione? -le preguntó Harry

El gato dirigió la mirada hacia un largo pasillo

-Llévame con ella -pidió Harry, y el gato comenzó a guiarlo hasta el pasillo de las armaduras, finalmente, Crookshanks golpeó con su pata la habitación en la que Malfoy tenía encerrada a Hermione.

-¡Suéltame, me das asco! -dijo Hermione

Malfoy continuó besándola, como si no oyera todos los insultos que Hermione le decía o como si no sintiera todos los esfuerzos que ella hacía por zafarse de sus brazos.

-La final de Quidditch es en unas horas -dijo Malfoy-. Le ganaré a Potter, será una pena que no puedas estar allí para ver cómo le ganó.

-¡Harry va a ganarte! -gritó ella con todas sus fuerzas.

Aquello hizo que Malfoy la apretará con más fuerza hasta lastimarla

-¡Suéltame! -lloró Hermione

-¡Quítale tus manos de encima! -gritó Harry, abriendo la puerta con su varita y jalando a Malfoy por cabellos haciendo que Hermione quedará libre.

Fue una gran pelea, Harry estaba peor que furioso, lo golpeaba con todas sus fuerzas, Hermione se había dejado caer en el suelo, parecía que las fuerzas se le habían acabado y parecía no comprender que en aquellos momentos, Harry golpeaba a Malfoy, como jamás había golpeado a nadie en toda su vida.

Después de varios golpes, Malfoy pudo escapar de Harry y salir huyendo, no sin que antes Harry hubiese recuperado la varita de Hermione y haber dejado a Malfoy bastante mal herido.

-¡Herm, mi amor! ¿Estás bien? -preguntó Harry, corriendo hacia ella

Hermione lo abrazó llorando.

-¿Te hizo algo ese infeliz? -le preguntó Harry, abrazándola.

Hermione negó con la cabeza.

-Ya paso todo, todo está bien -le susurró Harry al odio.

-Tuve tanto miedo -dijo Hermione.

-Tranquila, nada malo te va a pasar, te lo prometo -dijo Harry cubriéndola de besos

-Ya estoy lista -dijo Hermione, bajando de su dormitorio y encontrándose con Harry en la sala común.

Harry sonrió al verla bajar, minutos antes ella había subido a su dormitorio para quitarse la ropa mojada que traía, darse un baño y arreglarse para el partido de Quidditch.

-Luces hermosa -le dijo Harry, al verla bajar con su uniforme de Quidditch y su cabello recogido.

-Gracias -dijo Hermione con humildad.

Harry se acercó a ella, dándole un beso y abrazándola por la cintura.

Hermione correspondió a su beso y a su abrazo con una sonrisa, ambos se quedaron abrazados un momento, sintiéndose cerca y felices de estar juntos.

-Ahora sí, vamos a ganarle a Slytherin -dijo Harry, tomándola de la mano y empezando a caminar hacia el retrato de la dama gorda

-Pareces muy seguro de que vamos a ganar -comentó Hermione.

-Lo estoy -dijo Harry con total confianza y deteniéndose-. Mira.

Hermione observó sorprendida un fino cristal en forma de lágrima colgado a una fina cadena.

-¡Harry! -dijo Hermione con un hilo de voz-. ¿Lo conservas?

-Claro que lo conservo -dijo Harry-. Fue mi regalo de cumpleaños, es algo muy preciado para mí.

Hermione seguía contemplando el cristal que brillaba en su mano

-¿Lo ves? Está brillando, cuando brilla es porque las cosas van a salir bien -dijo Harry

-Confías demasiado en el cristal

-El brillo de este cristal fue la única esperanza que tuve cuando desapareciste.

-¿Podrías prestármelo?

-¿Para qué lo quieres?

-Sólo quiero ver su brillo durante el partido.

-Está bien -dijo Harry al tiempo que le colgaba en el cuello la cadena con el cristal-, pero sólo es un préstamo, ni creas que voy a deshacerme de mi regalo de cumpleaños.

-Puedes estar seguro que te lo devolveré -dijo Hermione, saliendo con Harry de la sala común.

Al llegar al campo de Quidditch, Harry y Hermione vieron a Sirius y a Swin.

-Hola -los saludó Sirius.

-Hola -contestó Hermione

-¿Qué tal? -dijo Harry en tono serio, aún sentido por lo del howler-. Tenemos prisa -le dijo al tiempo que apuraba a Hermione para no detenerse a hablar más tiempo con él

Hermione les dirigió una mirada de "con permiso, nos vemos luego" y caminó al paso de Harry

Cuando el equipo de Gryffindor salió al campo seguido del equipo de Slytherin toda la tribuna estalló en apalusos, la mayoría eran seguidores del equipo de Gryffindor y llevaban grandes banderas con los colores de Gryffindor y letreros que decían con letras color oro: "La copa es para los leones".

Pronto 14 jugadores se encontraban alineados, esperando el silbatazo de la señora Hooch, Harry se encontraba alineado frente a frente con Malfoy, ambos se miraban con gran furia, como si de un momento a otro cualquiera de los dos fuera a iniciar una nueva pelea.

-Malfoy ¿acaso te ha escupido un burro? ¿Por qué tienes el ojo morado? -se burló Fred al verlo.

-Creo que te falta un diente -dijo George en el mismo tono burlón que Fred.

-No, espera, le faltan dos -dijo Fred, comprobando que aquello era cierto. (Va a tener que ir con la Sra. Pomfrey para que le de crecedientes)

Parecía que Malfoy se les iba a echar encima, pero no pudo porque en ese momento la señora Hooch dio las instrucciones del partido.

-Dense la mano -ordenó la Sra. Hooch a todos los jugadores.

A Harry le correspondía estrechar la mano de Malfoy, aquello era como pedir un milagro, ambos se dirigieron miradas del más intenso odio y ninguno de los dos parecía dispuesto a estrecharse la mano, cuando ya todos los demás jugadores habían estrechado sus manos con la persona que tenían enfrente, la Sra. Hooch los miró con cara de que el partido no empezaría hasta que se estrecharan las manos.

Ambos fueron acercando sus manos poco a poco sin dejar de desafiarse con la mirada, sus manos se juntaron, apenas un roce, después se soltaron inmediatamente y ambos limpiaron el guante que cubría su mano con su respectiva túnica.

-Cuando suene el silbato monten en sus escobas -dijo la Sra. Hooch-. Una, dos y tres -sonó el silbato y el partido inició.

Los 14 jugadores se elevaron a un magnífico cielo, victoreados por la multitud. Harry subió más que ningún otro jugador, buscando con la vista la snitch, pero ésta parecía dispuesta a darse a desear, porque no se le veía por ningún lado.

-La quaffle en posición de Gryffindor -narraba Jordan-, Alicia pasa a Granger, Granger recibe, esquiva al cazador de Slytherin y pasa la quaffle a Angelina y Angelina anota 10 puntos para Gryffindor.

La tribuna de Gryffindor estalló en aplausos.

-¡Gryffindor gana por 30 a 10! -narraba Lee Jordan feliz-. Fred lanza la blugger al buscador de Slytherin quien por desgracia la esquiva.

-¡Jordan! -lo regañó la Profesora McGonagall.

-Alicia pasa la quaffle a Angelina -continuó narrando Lee-, Angelina pasa a Granger, Granger es capaz de volar con la quaffle y esquivar una blugger, Granger pasa a Alicia y ella anota 10 puntos más para el equipo de Gryffindor.

-Slytherin tiene la quaffle -decía molesto Lee Jordan-, menos mal que Alicia recupera, pasa la quaffle a Granger, y no puedo creerlo, Granger anota 10 puntos.

Volvieron a oírse los aplausos por parte de la tribuna de Gryffindor, Hermione sonrió feliz a Harry cuando este le lanzó un beso en señal de felicitación.

-¿Buscas algo, Potter? -dijo Malfoy, descendiendo a toda velocidad.

Harry se percató de que en su breve distracción, Malfoy había visto la snitch y ahora se dirigía velozmente hacia ella, por lo que Harry aceleró a toda velocidad, apenas unos metros detrás de Malfoy.

Harry no tardó mucho en alcanzarlo, ambos se cerraron el paso bruscamente, aventándose el uno contra el otro, Harry aceleró un poco más. Pronto Harry pudo sacar ventaja de Malfoy y alcanzar la snitch.

Toda la tribuna de Gryffindor estalló en victorees, Harry sobrevoló aquella multitud en señal de victoria con la snitch fuertemente sujetada en su puño, enseguida sus compañeros de equipo estuvieron con él, rodeándolo en un abrazo colectivo.

-¡La copa es nuestra! -gritaban eufóricos en cuanto pisaron el suelo del campo.

-¡Lo hiciste, Harry! ¡Lo hiciste! -decía Hermione feliz.

-¡Jugaste muy bien! -le dijo Harry, abrazándola -. ¡Estoy muy orgulloso de ti!

-¿Y qué dicen de mí? -exclamó Ron, dando saltos de gusto.

-¡Excelente! -le dijo Lavender, llegando en aquel momento junto con muchos más compañeros suyos que gritaban locos de contentos.

Pronto todo el equipo y la gran afición estuvieron en las gradas, donde Dumbledore quien parecía el más contento de todos, entregaba la enorme copa de Quidditch. Harry la sostuvo y la elevó en señal de victoria, ante la ira de Snape y de todos los de Slytherin.

-¡Ganamos! -le dijo Harry feliz a Sirius, abrazándolo, por lo visto ya no tenía resentimientos con él.

-¡Felicitaciones! -dijo Sirius, correspondiendo a su abrazo y dándole unas palmadas en el hombro

-Jugó muy bien, Sr. Potter -dijo Swin, saludándolo.

-Gracias -dijo Harry.

Esa noche hubo una gran fiesta en la sala común de Gryffindor. Fred y George como de costumbre, habían conseguido gran cantidad de comida, además de que había grandes botellas de jugo de calabaza y montones de pasteles; Neville, Seamus y Dean habían encendido algunas bengalas del doctor Filibuster que llenaban la sala común de luces y estrellas. Harry, Ron y Hermione charlaban tranquilamente sobre el recién encuentro con Slytherin.

-Hermione -dijo Lavender, llegando en ese momento-. Te ha llegado un paquete, supongo que ha de ser de tus padres

-Gracias -dijo Hermione, aceptándolo-, iré a dejarlo en mi habitación

-No tardes -le dijo Harry, dándole un beso rápido antes de dejarla subir.

Hermione subió a su dormitiorio y se apresuró a abrir el paquete: eran algunos de los ingredientes que le faltaban para la poción. Buscó el libro que había sacado de la sección prohibida y volvió leer la lista, aún le faltaban algunos ingredientes que tenía que robar del despacho de Snape.

"No va a ser nada sencillo", pensó Hermione

Si quería entrar al despacho de Snape tendría que hacer lo mismo que habían hecho en segundo, distraerlo mientras ella entraba a buscar los ingredientes que le faltaban, pero en segundo había tenido el apoyo de Harry y de Ron, y ahora tendría que hacer esto sola, porque sabía que ni Harry, ni Ron la apoyarían en algo tan arriesgado.

Ocultó el libro y los ingredientes en su baúl, estaba por salir de su habitación cuando se fijo en el cristal que todavía colgaba de su cuello, este no brillaba, pero tampoco estaba opaco

"Tomaré el riesgo" se dijo al tiempo que bajaba a la sala común para encontrarse con Harry, Ron y Lavender

-Queridos míos -decía la profesora Trelawney, una tarde cuando ya cada vez estaba más cerca el baile de Navidad-. Me es muy grato informales que dedicaremos las siguientes clases para aprender a leer las cartas.

Realmente aquello no emocionó mucho a Harry, ni a Ron, pero si a Lavender y a Patil.

Harry desvió su mirada al lago, quería que la clase terminará para encontrarse con Hermione en el lago y echarles un vistazo a las crías de Hedwig, quienes habían vuelto con su madre

-Esta clase seré yo quien les lea las cartas a ustedes -oyó decir a la profesora Trelawney-. ¿Algún voluntario que quiera ser el primero?

Lavender no tardó en levantar la mano, ante la mirada de enojo de Ron, la profesora Trelawney no le hizo caso y detuvo su mirada en Harry.

-Querido, ¿no quisieras saber qué te depara el destino?

-No -contestó Harry, sabiendo que la profesora Trelawney no le diría nada bueno.

La profesora Trelawney fingió no oír a Harry y le dijo que se acercará a su mesa

-Saca tres cartas

Harry sacó tres cartas al azar y se las entregó, la profesora Trelawney mostró la primera carta a Harry y al resto de la clase

-Querido mío -dijo Trelawney con su tono lúgubre-, veo que tienes un enemigo terrible que está planeando cosas horribles en tu contra, tienes que andar con mucho cuidado si no quieres caer en sus trampas.

"Nada nuevo", volvió a pensar Harry para sí, mientras que la profesora Trelawney mostraba la siguiente carta

-Veo que hay alguien en tu vida a quien quieres mucho

-"Hermione", pensó Harry

-Veo que van a tener muchos problemas, lamento decirte que muy pronto vas a terminar con ella.

Aquello a Harry no le hizo ni pizca de gracia, la profesora Trelawney sacó la tercera carta y con la peor voz que Harry le había oído hasta entonces le dijo:

-Querido mío, la muerte, te ha salido la muerte.

-Vieja loca -decía Harry al tiempo que bajaba de la torre de adivinación.

-No le digas así -dijo Lavender-, es una excelente maestra.

-¿Es qué nunca se va a cansar de predecirme la muerte? -exclamó Harry.

-Yo en tu lugar tomaría más en serio sus advertencias -dijo Lavender.

-Yo en tu lugar no le creería nada -dijo Harry molesto

-Hola -lo saludó Hermione, al encontrarse con ella en la sala común.

Los dos se besaron, Harry la abrazó totalmente seguro de que absolutamente nada los separaría, ni los haría terminar nunca.

Pasaron los días y finalmente llegaron las vacaciones y con ellas el baile de Navidad cada día se encontraba más cerca.

-No, no y no -decía Hermione a Harry en la habitación de las velas flotantes-. Así no es.

-Entonces ¿cómo? -preguntó Harry divertido.

-Así -dijo Hermione, haciendo por enésima vez un paso de baile.

Hermione estaba empeñada en enseñar a Harry a bailar, por lo que la mayor parte de las vacaciones la pasaban practicando pasos de baile.

-Inténtalo de nuevo -dijo Hermione.

-Está bien -dijo Harry, quien ya había dominado el paso desde diez minutos, pero le encantaba ver cómo Hermione fruncía el entrecejo cada vez que él lo hacía mal, por lo que apropósito volvió a hacerlo mal.

-No, pon atención, es así -dijo Hermione, haciendo el paso nuevamente.

En ese momento, un tremendo golpe se escuchó, justo en la pared que estaba justamente detrás de ellos. Ambos chicos voltearon, Harry alistó su varita colocándose delante de Hermione, cuando para su sorpresa era Dobby quien salía por aquella pared a través de una puerta invisible.

-¡Dobby! -exclamaron ambos chicos.

-Oh, me alegra mucho verlos -dijo el elfo reconociéndolos-, no creí encontrarlos aquí.

-Hermione me enseña a bailar -explicó Harry

-Yo venía a limpiar esta habitación, pero creo que la limpiaré más tarde -dijo Dobby al tiempo que se disponía a salir por la misma puerta por la que había entrado.

Harry y Hermione observaron curiosos aquella puerta, vieron que conducía hacia un gran pasillo.

-Es el pasadizo de servicio -explicó Dobby-, tiene entradas hacia cada parte del castillo, lo usamos los elfos domésticos para poder limpiar el castillo sin ser vistos.

"Perfecto", se dijo así misma Hermione, al tiempo que pensaba en utilizar aquel pasadizo para entrar al despacho de Snape y conseguir los ingredientes que le faltaban para la poción.

-Debo irme -dijo Dobby-, les suplico que no mencionen a nadie de la existencia del pasadizo

-Descuida, no lo haremos -dijo Harry al tiempo que veían alejarse a Dobby

-¿Continuamos las clases de baile? -preguntó Hermione

Harry asintió

Aquella noche, Hermione esperó a que oscureciera y poco antes de las doce salió de su habitación asegurándose de no ser vista por nadie, un suave miau la detuvo.

-¡Crookshanks! -dijo Hermione en voz baja-, quédate aquí

El gato no hizo caso, parecía saber lo que Hermione pensaba hacer, porque se adelanto hacia el retrato de la dama gorda, indicando el camino a seguir.

-Por lo visto quieres acompañarme, está bien, puedes venir conmigo

Hermione y Crookshanks pasaron el retrato y llegaron a la habitación de las velas flotantes, con su varita Hermione abrió la puerta del pasadizo

-¡Lumus! -susurró

Crookshanks se adelantó por aquel pasadizo, Hermione entró detrás de él, siguiéndolo.

Aquello no fue fácil, pronto se encontró delante de varios pasillos diferentes, Hermione miró desconcertada todos ellos, sin saber cuál elegir, Crookshanks por el contrario se adelanto hacia uno de los pasillos, volviéndose a Hermione rápidamente, indicándole que lo siguiera, Hermione confió en el gato.

Crookshanks continuó su camino, conduciéndola por varias subidas y bajadas, finalmente Crookshanks se detuvo delante de un cuadro con la imagen de un caldero

Hermione comenzó a apuntar el cuadro con su varita, murmurando toda clase de hechizos, pero nada conseguía hacerla entrar en la mazmorra de Snape, desesperada puso su mano sobre el cuadro e involuntariamente lo movió hacia abajo, inmediatamente se diviso ante ella una puerta.

Hermione abrió la puerta con cautela, Crookshanks volvió a adelantarse, Hermione lo siguió entrando al despacho de Snape, tenían apenas unos segundos allí, cuando el gato corrió hacia la puerta que segundos antes era invisible, asegurándose de que Hermione lo viera, Hermione corrió detrás de él, ocultándose.

¿Quién anda allí? -preguntó Snape.

Hermione suplicó con todas sus fuerzas para que Snape no supiera de la existencia de la puerta invisible, y en caso de que lo supiera no se le ocurriera revisar allí.

Pasaron unos minutos que a Hermione le parecieron siglos, parecía que Snape estaba revisando su mazmorra minuciosamente, finalmente lo escuchó irse.

-¿Se ha ido? -le preguntó al gato.

El gato no se movió, permaneció quieto y Hermione prefirió hacer lo mismo.

Después de varios minutos, el gato se dirigió hacia el lugar donde estaba la puerta invisible y puso su pata delantera encima como si quisiera abrirla, Hermione entendió y volvió a mover el cuadro hacia abajo.

Hermione entró nuevamente en la mazmorra y simplemente con decir el nombre de los ingredientes que necesitaba y usar el encantamiento convocador, pronto se vio rodeada de los ingredientes: un diente de dragón, un cuerno de bicornio y tres cabellos de cola de unicornio.

El camino de regreso resultó mucho más sencillo, Crookshanks guiaba rápidamente, Hermione lo seguía y ahora que tenía los ingredientes no podía dejar de sentirse feliz, no le importaba que tan riesgosa pudiera resultar aquella poción, estaba decidida a quitarse la marca tenebrosa a cualquier precio.

Hermione y Crookshanks pasaron el retrato de la dama gorda, quien regañó a Hermione por despertarla, Hermione cansada se fue a dormir, pensando en cómo haría para hacer la poción sin que Harry la descubriera.

Harry había dejado de preguntarle qué era aquello que tanto había investigado en la biblioteca, pero a cambio estaba la mayor parte de su tiempo con ella, cuidándola y vigilándola celosamente.

La siguiente noche, Hermione volvió a salir acompañada de Crookshanks, volvieron a ir nuevamente a la habitación de las velas flotantes, Hermione había decidido hacer la poción allí, esa misma noche la poción tenía que estar terminada, porque la siguiente era noche de luna llena.

Sintió culpa, al recordar que la siguiente noche, era la noche del baile de Navidad. Tendría que arreglárselas antes o durante el baile para poder tomarse la poción.

La poción estuvo lista poco antes de que amaneciera, Hermione y Crookshanks regresaron a la sala común de Gryffindor, teniendo cuidado de no encontrar a Peeves, Filch o la Sra. Norris para no ser descubiertos.

La señora gorda volvió a regañar a Hermione por despertarla dos noches seguidas. Hermione se disculpó y la señora gorda la dejó entrar.

Iba entrando a la sala común, cuando las luces de la sala se encendieron

-¿Puedes explicarme dónde estabas?

-¡Lavender! -dijo Hermione entre asustada y aliviada

-¿Dónde estabas? -preguntó Lavender.

-Salí a dar un paseo -mintió Hermione-. No podía dormir

-¿Un paseo de más de cinco horas?

Hermione no supo qué decirle, simplemente murmuró:

-Lo siento

-¿Lo sientes? -exclamó Lavender-. No sabía dónde estabas, estaba muy preocupada por ti, en los últimos meses te has visto envuelta en demasiados peligros, y aún así, paseas sola a estas horas. Lamento decirte esto, pero le voy a decir Harry que pasaste la noche fuera del dormitorio, más bien dicho las dos últimas noches.

-No, por favor-pidió Hermione.

-Lo siento Herm, a mi no tienes que explicarme dónde estabas, pero a Harry si -y dicho esto salió de la sala común y se dirigió a su dormitorio.

Hermione fue detrás de ella para hacerla cambiar de opinión, pero en cuanto entró al dormitorio, Lavender ya se había acostado.

Hermione se fue a dormir el poco tiempo que le quedaba de descanso, confiando en poder hablar con Lavender temprano antes de que ella le contase todo a Harry.

A la mañana siguiente, Hermione tardó en despertarse, le costó trabajo abrir los ojos después de dos noches en las que había dormido muy poco.

Cuando por fin abrió los ojos, sonrió al ver a través de la ventana de su dormitorio, los terrenos de Hogwarts cubiertos de nieve, aquello le hizo recordar que era Navidad.

Se fijó en su reloj, eran las 9 de la mañana, se había quedado dormida mucho tiempo.

-Buenos días, dormilona -la saludó Harry con una sonrisa, esperándola al pie de la escalera.

-¡Harry!- dijo Hermione, corriendo a su encuentro.

Ambos se abrazaron fuertemente

-Feliz Navidad -le dijo Harry.

-Feliz Navidad -le contestó Hermione y ambos se besaron

-Vamos, Harry -decía Hermione impaciente-. Abre el regalo.

-Espera, estoy tratando de adivinar qué es -dijo Harry, sosteniendo en las manos un paquete que Hermione le acaba de dar-. Apuesto a que es un libro

-¡Que rápido adivinaste! -dijo Hermione

Harry abrió el paquete, el regalo resultó ser un poco decepcionante: un libro titulado "Aprenda a bailar: los mejores bailes del mundo mágico y muggle"

-Gracias, mi amor -le dijo Harry, dándole un beso y sin dejarle ver su decepción-, apuesto a que me será útil.

Hermione soltó una risilla, se acerco a él cariñosa y lo besó.

-Mi verdadero regalo está a los pies del árbol de Navidad -dijo mientras señalaba un gran paquete-. Ven a verlo -le dijo

-Espera, mi mejor regalo es tenerte junto a mí -le dijo Harry, abriendo un gran paquete que resultó ser un equipo profesional para el entrenamiento de quidditch.

-Wow -dijo Harry emocionado

-¿Te gusta?

-Me encanta, gracias -dijo Harry, antes de darle un beso-, tengo tu regalo en mi habitación, pero no te lo daré hasta la noche.

-No puedo esperar tanto -bromeó Hermione-, al menos dime qué es.

-Lo sabrás en la noche - dijo Harry-. Te lo daré antes de que empiece el baile. ¿Te parece?

Hermione negó con la cabeza, enseguida se acercó y lo besó.

-Me parece que si tendré que esperar hasta la noche es mejor que vayamos a desayunar -le dijo, dando media vuelta y tomando camino hacia el retrato de la dama gorda

Al pasar el retrato de la dama gorda, ésta se encontraba platicando con su amiga Violeta, por lo que al ser interrumpida, volvió a regañar exclusivamente a Hermione, diciéndole que siempre la molestaba o la despertaba.

Hermione palideció temiendo que Harry le preguntase ¿por qué la señora gorda estaba molesta con ella? Pero afortunadamente Harry no hizo ninguna pregunta, creyendo que la señora gorda estaba enojada porque la habían importunado y el incidente no paso a mayores.

Después de desayunar, ambos chicos regresaron con Ron y Lavender a la sala común. Hermione todavía estaba cansada por las dos noches que no había dormido bien, por lo que apenas Harry y ella se sentaron en un cómodo sillón, Hermione recargó su cabeza en el hombro de Harry y se quedó profundamente dormida.

Harry se quedó inmóvil para no despertarla, y paso contemplándola largo rato, feliz de tenerla recostada sobre su hombro y observando sus delicadas facciones, de vez en cuando pasaba su mano sobre su rostro en una suave caricia, siempre teniendo cuidado de no despertarla.

-¿Duerme? -preguntó Lavender al ver a Hermione, Harry asintió.

-No tiene remedio -exclamó Lavender, dando media vuelta hacia Ron y sin atreverse a contarle nada a Harry.

-¡Harry! -dijo Hermione en cuanto despertó y se encontró con los ojos verdes de Harry.

Él le sonrió

-Lo siento me quede dormida -se disculpó Hermione.

-No importa -dijo Harry-, es agradable oír tus ronquitos.

-Yo no ronco -protestó Hermione.

Los dos chicos pasaron esa mañana y toda la tarde en la sala común disfrutando de los regalos. Harry revisaba su nuevo equipo de entrenamiento de quidditch y también el resto de sus regalos: el suéter tejido de la Sra. Weasley acompañado del pastel horneado, una brújula que siempre indicaba el camino correcto, regalo de Sirius, un montón de golosinas por parte de Ron, y una caja de cervezas de mantequilla de parte de Hagrid

Hermione también veía sus regalos: Ron le había regalado un libro sobre Quidditch para que siguiera mejorando como cazadora, Hagrid otro libro sobre Cuidado de Criaturas Mágicas y sus padres le habían enviado también libros, pero eran libros muggles.

"Siempre que la gente sabe que te gusta leer, lo único que te regalan son libros", pensó Hermione, mientras abría su último paquete: un ramo de rosas.

Hermione buscó una tarjeta, pero no había ninguna.

-¿Qué ocurre? -preguntó Harry, fingiendo no verla.

-Nada -dijo Hermione, tratando de ocultar las rosas, sabiendo que si le decía lo de las rosas, seguramente Harry estallaría.

-¿No te gustaron las rosas que te envíe? -preguntó Harry.

-Ay -respiró Hermione aliviada-. ¿Son tuyas?

-¿De quién más? -preguntó Harry, divertido

Eran las siete y media de la noche y el baile pronto iba a empezar.

Hermione volvía a observarse en el espejo por enésima vez para asegurarse de que no se le hubiera escapado ningún detalle, sonrió satisfecha al verse: su cabello perfectamente bien peinado atado a un elegante moño, su túnica de gala de color perla que combinaba perfectamente bien con el collar de perlas que Harry le había regalado, para completar el juego en perla, ella se había comprado unos aretes y una esclava.

Se inclinó hacia el espejo para asegurarse que su cara lucía bien, volvió a sonreír al ver que no le faltaba nada que retocar

"Es una pena que no puedo usar una túnica sin maga" -se dijo Hermione, aquello le hizo recordar que tendría que ingeniárselas durante el baile, para poder ir al cuarto de mármol blanco a beberse la poción.

Bajó las escaleras lentamente hacia la sala común, seguramente Harry la estaba esperando ya, y efectivamente así era.

"Me derrito", pensó Hermione al observar lo apuesto y varonil que Harry se veía con la túnica de gala que Sirius le había obsequiado

"Tranquila", se dijo Hermione, caminando lentamente hacia él.

En un principio Harry se quedó anonado al contemplarla, después le sonrió, era imposible imaginarla más hermosa.

-Hola -saludó Hermione.

Ahora el nervioso era Harry, quien no podía apartar los ojos del delicado talle de Hermione y del ligero escote que traía.

-No tengo palabras para decirte lo bella que luces está noche -le dijo Harry en tono galante.

Hermione le sonrió.

-¿Sabes que mi novio es el más guapo y apuesto de todos los chicos? -le dijo Hermione para corresponder a su halago.

-Si tú novio es el más guapo y apuesto de todos, tendrás que presentármelo porque yo no lo conozco -le dijo Harry sonriente, al tiempo que la abrazaba y se inclinaba hacia ella para darle un beso.

-¿Bajamos ya? -preguntó Hermione

-Sí -dijo Harry, tendiéndole su brazo-. Es hora de poner en práctica los pasos de baile.

-Lo harás muy bien -dijo Hermione

-¡Harry, espera! -gritó Neville, deteniéndolo antes de que pasaran el retrato de la dama gorda.

-¿Qué ocurre? -preguntó Harry, volviéndose hacia Neville

-Ven, tienes que venir al dormitorio -dijo Neville en tono apremiante.

-¿Ahorita? -exclamó Harry

-Por favor, es solo cuestión de cinco minutos -pidió Neville-. No sé cómo hacer el nudo del plastrón.

-Ve -dijo Hermione-, te esperaré aquí.

-No tardaré -le dijo Harry, dándole un beso rápido antes de dirigirse al dormitorio.

"Tiene que ser ahora" -se dijo Hermione, mientras pasaba decididamente el retrato de la dama gorda.

Hermione fue a toda prisa a la habitación de las velas flotantes, sólo tenía que tomarse la poción y regresar a la sala común para encontrarse con Harry

"Es la única forma para deshacerme de la marca tenebrosa"

Entró en la habitación, con su varita hizo aparecer una copa de vidrio, y al instante sirvió la poción en aquella copa.

-Una, dos, tres -contó Hermione.

Y sin pensarlo dos veces, bebió toda la poción.

Fue un trago muy amargo, aquello era hiel quemándole la boca. Una extraña sensación jamás sentida invadió su cabeza, inmediatamente se sintió mareada y la visión se le fue borrando, al tiempo que sin saber cómo, cayó al piso.

Podía sentir como el líquido recorría lentamente todo su cuerpo, mientras sentía que le faltaba aire para respirar.

-"¿Qué hice?" pensó Hermione, temiendo lo peor.

Y después no supo más de sí...

Hola

Primero que nada quiero agradecer todos sus reviews, también gracias por agregar este fanfic a su lista de favoritos y seguidores, eso me llena de orgullo.

Me disculpo por dejarlos ahí, pero hay que darle un poquito de emoción al asunto ¿no creen?

Jajaja, el coraje que va a hacer Harry cuando no encuentre a Herm en la sala común.

Me despido, espero sus comentarios. Gracias.