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Historia 150646 — capítulo 8
LA DESAPARICION DE HERMIONE
CAPITULO 8: LA ORQUIDEA DORADA
Antepenúltimo capítulo
-¿Estará muerta? -preguntaba Millicent a Pansy en la sala común de Slytherin.
-No lo sé -dijo Pansy, su cara estaba muy pálida.
-Si muere va a ser nuestra culpa -dijo Millicent.
-¡Quieras callarte! -exclamó Pansy-. Yo no pensé que esto fuera pasar, simplemente pensé en jugarles una broma. ¡Jamás me imagine esto!
-¿Qué pasará si nos descubren? -preguntó Millicent
-Nadie nos vio, Potter estaba tan desesperado que ni siquiera se dio cuenta que estábamos ahí.
"Si tan solo pudiera abrir los ojos una vez más" -pensaba Harry mientras contemplaba el rostro de Hermione, un rostro que rápidamente estaba perdiendo su color, quedaba muy poco de aquellas mejillas rosadas y de aquellos labios rojos.
Harry se sentó sobre la cama por un lado de Hermione. Acarició sus mejillas con las yemas de sus dedos, parecía dormida, imposible creer que se estuviera muriendo. Finalmente podía tocarla, pero a un precio muy alto. ¿ Cuánto tiempo no había deseado volver a acariciarla? Y ahora que lo estaba haciendo, su piel no estaba suave y tersa, como recordaba, sino totalmente rígida.
-¡Fue mi culpa! ¡Jamás debí decirle la verdad! ¿Cómo pude arriesgarla?
-¿Qué paso? -preguntó Ron, entrando a la enfermería.
Enseguida observó a Hermione, su mente entendió la situación y una parte de él, palideció
-¿Va a morir? -preguntó tímidamente.
-¡Cállate! -exclamó Harry, volviéndose bruscamente hacia él, negándose a aceptar la verdad-. ¡Ella no va a morir! ¡Ella no puede irse!
-Sabías que esto pasaría -exclamó Ron, reclamándole -. Sabías lo peligroso que era para ella y aún así, quisiste estar a su lado.
Harry ni siquiera se defendió.
-Perdóname -dijo Ron, arrepintiéndose de sus palabras-. No fue tu culpa, Hermione decidió correr el riesgo. Ella quería estar contigo.
-Creímos que podríamos encontrar un contrahechizo, pero todo fue inútil… Decidimos estar juntos, tomábamos tantas precauciones para evitar hasta el más mínimo contacto y al final todo eso sirvió para nada.
-No te atormentes, Harry
-¿Qué voy a hacer sin ella? -dijo el ojiverde, volviéndose hacia Hermione.
-No lo sé -dijo Ron con pesar-, yo tampoco puedo imaginar un solo día sin ella. ¿Con quién voy a pelear? ¿Quién me va a ayudar a estudiar? ¿Quién me regañará por preferir leer "Quidditch a través de los tiempos" en vez de "Historia de Hogwarts"?
Harry sonrió con tristeza, contemplando nuevamente el rostro de Hermione.
-¿Algún cambio? -preguntó McGonagall, entrando a la enfermería, a esas alturas todo el colegio había escuchado que algo terrible había pasado con Hermione Granger.
Harry negó con la cabeza
-Intenté localizar a los señores Granger, pero fue inútil, parece que están de viaje -informó la profesora
-Están en Irlanda, en un Congreso de Odontología -dijo Harry, recordando que Hermione le había comentado algo por el estilo.
-Ojalá los encuentre pronto -dijo McGonagall-, urge avisarles. También avisé a Sirius Black, viene en camino, creo que te hará bien verlo.
Harry asintió, realmente necesitaba ver a Sirius
McGonagall observó a Hermione con tristeza y soltó un chillido que se apresuró a callar
-Harry -dijo McGonagall- estaré en mi despacho, cualquier cosa que necesites, puedes ir a buscarme
Harry asintió y McGonagall salió de la enfermería. Enseguida entró Lavender, Ron y ella intercambiaron miradas silenciosas.
-Parece mucho más delgada -observó Lavender.
Ron asintió, parecía que su mejor amiga se estaba consumiendo rápidamente.
Lavender clavó sus ojos en Harry, sintiéndose pena por él.
-Harry, has estado aquí toda la tarde, creo que deberías bajar a cenar
-¡No! -dijo Harry- ¡No voy a dejarla! ¡No voy a separarme de ella!
-Ella ni siquiera sabe que estamos aquí -dijo Ron
-Aún así, no voy a irme -volvió a gritar Harry
Ron y Lavender se miraron y ninguno de los dos insistió, se quedaron por un lado Harry, sintiéndose totalmente inútiles de no poder hacer nada.
-¡Harry! -dijo Sirius en cuanto entró a la enfermería poca antes de la medianoche y se encontró con su ahijado
Harry se volvió hacia él, Sirius se acercó y le dio un fuerte abrazo
-¿Por qué? -lloró Harry, necesitando de todo el apoyo de Sirius-. ¿Por qué tuvo que pasar esto? No quiero que ella se muera, no quiero que se vaya… Ya perdí a mis padres y ahora no quiero perderla a ella. ¡No quiero! ¡No quiero!
Sirius lo dejó que se desahogara, tuvieron que pasar varios minutos para que Harry se calmara.
-¡Es horrible! -dijo Harry-. Solamente estoy aquí parado, viéndola morir sin poder hacer nada, me siento tan inútil… Cambiaría mi vida por la ella… Daría cualquier cosa con tal de salvarle la vida.
-Harry, por favor, no te tortures de esa forma -dijo Sirius
Dumbledore entró a la enfermería, iba a decir "buenas noches" como saludo a Sirius, pero aquella noche no tenía nada de buena.
-¡Sirius! -dijo Dumbledore
-¡Dumbledore! -dijo Sirius, inclinando un poco la cabeza
Ambos hombres intercambiaron miradas, unas miradas completamente serias que reflejaban un gran pesar ante la situación
-Dumbledore, quisiera hablar contigo -dijo Sirius
El viejo director asintió
-Hablemos afuera -pidió Sirius
Harry se volvió hacia él ¿por qué lo excluían?
-Enseguida volvemos -dijo Sirius y salió con Dumbledore de la enfermería.
-¿Qué era aquello de lo que quería hablar Sirius con Dumbledore? ¿Por qué Harry no podía oír aquello?
Pasó más de una hora y ni Sirius, ni Dumbledore habían vuelto. Harry empezaba a preocuparse: ¿de qué tanto estaban hablando? ¿Es qué había algo peor que el que Hermione se estuviera muriendo?
-Harry -dijo Ron con cautela-. Vamos a las cocinas, tienes que comer algo
-Ya te dije que no pienso dejarla -contestó Harry
-No tienes que dejarla -dijo Lavender-. Yo me quedaré con ella, yo la cuidaré
-No -repitió Harry
-Hazlo por ella -dijo Ron-. Ella te necesita, ¿cómo planeas ayudarla sin siquiera recibir la energía que tu cuerpo necesita? Por favor, a ella no le gustaría verte así.
-Está bien, iré -dijo Harry sorprendiendo a sus amigos, no tenía apetito, pero era necesario comer algo.
-Vamos -dijo Ron, sonriendo
-Por favor, cuídala un momento -dijo Harry a Lavender
-Descuida, no me iré de aquí -contestó Lavender, viéndolos salir.
-Sr. Potter y Sr. Weasley -dijo Dobby al verlos
-Hola Dobby -saludó Ron-, vinimos a buscar algo de comer
-Pasen y siéntense, enseguida les sirvo -dijo Dobby
Rápidamente media docena de elfos domésticos se encontraron atendiendo a Harry y a Ron, sirvieron mucha comida para ambos, pero Harry comió muy poco.
-Regresemos a la enfermería -dijo Harry a Ron en cuanto terminaron de comer
Ron asintió.
Ambos dieron las gracias y se despidieron de los elfos, después se dirigieron a la enfermería. Faltaba poco para que llegaran a ésta, cuando en ese momento escucharon voces provenientes de un aula, al parecer varias personas se encontraban acaloradas en una fuerte discusión.
-¡Es imposible! ¿Cómo pueden creer eso a tu edad? -se escuchó la voz de Flitwick -. ¿Cómo pueden creer en esa leyenda estúpida?
-¡Esa leyenda estúpida como tú la llamas podría salvarle la vida! -se escuchó la voz de Sirius.
-¿Qué estará pasando? -preguntó Ron
-Vayamos a ver -dijo Harry
Ambos chicos se acercaron al aula y pegaron la oreja a la puerta para poder oír mejor, aunque aquello no era necesario, la discusión se escuchaba hasta el final del pasillo.
-La Leyenda de la Orquídea Dorada es completamente falsa -dijo Flitwick-, es una leyenda tonta, que nadie absolutamente nadie ha comprobado.
-Si esa leyenda es cierta y si la Orquídea Dorada existe, puede salvar la vida de Hermione Granger -dijo Dumbledore
-Pues ya es hora de que alguien la busque porque a Hermione Granger no le queda mucho tiempo -dijo Snape-, alguien tiene que cruzar el bosque prohibido.
Harry pegó aún más su oreja, tenía que saber más
-Quizás, esa Orquídea sea nuestra única esperanza -terció McGonagall
Harry no entendía nada.
-¿Qué es la Orquídea Dorada? -preguntó a Ron.
-Es una leyenda -explicó Ron en voz baja-. La leyenda dice que existe una Orquídea color dorado con poderes especiales, de esa flor se hace una poción capaz de salvar la vida de la persona que la beba, siempre y cuando esa persona se encuentre al borde de la muerte.
-¡Tengo que encontrarla! -dijo Harry.
-Harry, es solamente un cuento -dijo Ron-. Flitwick tiene razón, nadie sabe si esa Orquídea existe
-Voy a buscarla
-¿Si? ¿Y adónde la vas a encontrar? -preguntó Ron, tratando de que Harry entrara en razón.
Harry pensó por un segundo, Snape le había dado un clave:
-"Cruzar el bosque prohibido" -repitió Harry.
Ron retrocedió.
-¿Comprendes lo que eso significa? -exclamó Ron- Significa enfrentarte a los miles de peligros que hay ahí. ¡Entiéndelo! Es un cuento
-¡Un cuento que puede salvar a Hermione! -concluyó Harry.
-¡Estás loco! -exclamaba Ron, al tiempo que Harry sacaba rápidamente de su baúl algunas de sus pertenencias que serían útiles para su viaje: una navaja, una brújula, su escoba y la capa invisible.
Antes de que Harry cerrara el baúl, se acordó del cristal de Hermione, rápidamente lo buscó entre todos los objetos que allí guardaba, no tardó en encontrarlo y al sacarlo, se fijo en él, nuevamente aquel cristal volvía a brillar
-¿Ves? -dijo Harry a Ron-. Todo va a salir bien
-Insisto que es una locura -dijo Ron-, si Hermione pudiera hablar te diría lo mismo que te estoy diciendo yo.
-Es la única forma de salvarle la vida -dijo Harry-, tengo que irme ya
-Por lo menos espera a que amanezca, así el bosque prohibido será menos tenebroso, también podrías esperar a que Sirius y los demás dejen de discutir la existencia de la Orquídea Dorada y decidan si te acompañan o no.
-No -dijo Harry-, no hay tiempo. No voy a esperar a que ella empeore, más de lo que está. Es mejor que me vaya ahora.
-¡Te acompañaré! -dijo Ron
-No -se apresuró a decir Harry
-¿Por qué no?
-Porque no quiero dejar sola a Hermione, quédate con ella, cuídala, no quiero que ella... -se quedó callado un momento sin poder terminar su frase.
-No quieres que ella muera sola -terminó de decir Ron- ¿ya pensaste que si te vas puede que cuando regreses Hermione ya no esté con vida?
-Sí, ya lo pensé -dijo Harry con tristeza
-¿Y vas a dejarla morir así?
-¡No voy a dejarla morir! -dijo Harry firmemente-. Voy a regresar y voy a traer la Orquídea conmigo.
Antes de partir, Harry fue a la enfermería, quería despedirse de Hermione, aunque ella no pudiera oírlo, necesitaba hablarle, necesitaba pedirle que aguantara hasta que él regresará.
-Herm, bonita -dijo Harry inclinándose hacia ella, acariciando sus cabellos con una mano y con la otra mano recorriendo los bordes de sus ojos, sus mejillas y sus labios- tengo que salir, no quiero irme, pero tengo que hacerlo. Es por ti, por nosotros. Tienes que ser fuerte. No puedes irte y dejar atrás todo por lo que hemos luchado. Recuerda que nos prometimos que siempre íbamos a estar juntos.
Harry se inclinó y junto sus labios con los de ella, enseguida salió de la enfermería, procurando no mirar hacia atrás, porque si lo hacía, jamás iba a poder dejarla sola.
Rápidamente salió corriendo del castillo, Ron lo acompañó hasta la cabaña de Hagrid.
-Podrías esperar hasta que salga el sol -dijo Ron, echándole una mirada al tenebroso bosque prohibido.
-Tengo que irme ya -dijo Harry, montando en su escoba-. Cuida a Hermione.
-Lo haré -dijo Ron-. Buena suerte
Harry comenzó a elevarse, adentrándose en el bosque prohibido a toda velocidad, podía escuchar múltiples ruidos, desde hombres lobo rondando el lugar hasta el canto de los augureys, con cada nuevo sonido aceleraba la escoba, tratando de que el sonido quedará atrás
El recuerdo de Hermione le hacía ir hacia adelante, no podía permitirse regresar a Hogwarts sin esa Orquídea. De repente un frío helado invadió su cuerpo, Harry solo había sentido ese frío al estar cerca de los dementores, pero no podía imaginar que allí hubiera dementores, enseguida confirmó su sospecha, varias voces comenzaron a sonar en su mente, voces terribles, como si estuviera en un funeral, llantos de dolor.
Aquel frío horrible, aquellos llantos y quejidos, lo hicieron caer de su escoba, seguramente los dementores estaban tratando de quitarle la poca alegría que tenía, le hacían pensar en un funeral, en la muerte de Hermione.
-¡Expectro Patronum! -exclamó Harry levantando su varita, recordando su primer beso con Hermione. Aquel recuerdo era tan intenso que logró apartar a los dementores.
Enfrentar a los dementores fue solo el primer peligro al que Harry se vio expuesto. Tenía poco más de dos horas de iniciado su viaje, cuando tuvo que pasar por un estrecho sendero, donde había varios troncos de árboles secos, cuando menos sintió estaba siendo perseguido por varios murciélagos que habían salido de uno de los huecos de esos troncos
Harry aceleró su escoba queriendo dejarlos atrás, pero los murciélagos volaban con rapidez, aún en la oscuridad eran muy hábiles y podían ir detrás de él sin chocar con las ramas que caían de los árboles, ramas que Harry apenas podía esquivar con dificultad.
-¡Petrificus totalus! -murmuró Harry, un murciélago estuvo a punto de morderlo al momento de lanzar el hechizo, pero Harry logró petrificarlos a todos.
Pasaron varias horas más, el sol apareció y el camino parecía mucho menos tenebroso, los aullidos de los hombres lobo habían dejado de oírse, el canto de los augureys ya no se escuchaba más, pero había un peligro con el que Harry no había contado.
Tuvo que pasar enfrente de unos arbustos y de varias enredaderas que trepaban por los troncos de los árboles, aquello que a primera vista parecía ser un simple arbusto, resulto ser una hiedra, una hiedra cuyas ramas comenzaron a enredarse en él, atrapándolo junto con su escoba.
Las bayas de la hiedra comenzaron a morderlo, causándole a Harry varias heridas. Harry trató de librarse de aquella hiedra, pero ésta lo atraía y mordía, con su varita trató de lanzarle algún encantamiento, pero nada parecía dar resultado, lo único que consiguió fue mover los brazos desesperadamente, produciendo sin querer cosquillas en la hiedra y aquello, milagrosamente dio resultado, la planta se desprendió del cuerpo de Harry, dejándolo libre.
Harry siguió su viaje hasta que llegó a un sendero que se dividía en dos. El camino de la izquierda, era largo, recto y desaparecía a lo lejos rodeando una montaña. Luego, echó un vistazo al camino de la derecha. Era estrecho, empinado, sinuoso, rocoso y con enormes arbustos y de árboles tenebrosos
Harry sacó la brújula, pero ésta no le indicó ningún camino
-¡Genial! -exclamó Harry queriendo aventar aquella brújula-. ¿Y ahora que camino tomó? ¿Cómo podré saber cuál es el que lleva a la Orquídea?
-¿Hablas de la Orquídea Dorada? -escuchó una voz.
-¿Quién habla? -preguntó Harry volteando a ver a su alrededor, pero no había absolutamente nadie, lo único que había eran árboles
-Yo -dijo la voz
-¿Quién eres? -exclamó Harry, levantando la varita
-El árbol que está enfrente de ti
-¡Claro! Debí suponerlo -dijo Harry observándolo-, en el mundo mágico también hay árboles que hablan
-Exacto, sólo algunos tenemos ese don
"Estoy delirando" -pensó el chico.
-¿Sabes cómo puedo llegar a la Orquídea Dorada? -preguntó
-¿Hablas enserio?
-Muy enserio, la vida de una persona depende de esa Orquídea. ¿Cómo puedo llegar a ella?
-Toma el camino que conduce a la montaña -dijo el árbol, señalándolo con una de sus ramas secas
-Menos mal -dijo Harry alegrándose de no tener que ir por el camino tenebroso
-Yo en tu lugar no iría -dijo el tronco-, he visto a muchas personas dirigirse hacia allá, pero no he visto volver a ninguna
Harry volvió a echar una mirada al camino, no parecía tan tenebroso a comparación del otro
-¿Podré encontrar la orquídea allí? -preguntó Harry-. ¿Existe realmente esa orquídea?
-Sí, por supuesto que existe, pero nadie ha podido conseguirla… Solamente sigue el camino que conduce a la montaña, quizás tengas suerte, espero volver a verte…
-Gracias -dijo Harry
Harry hizo lo que le indicó el árbol, pero aquel camino que a primera vista le había parecido el más sencillo y el más transitable, pronto descubrió que era mucho más peligroso de lo que había pensado.
El suelo se encontraba erosionado, aquello parecía un desierto, todo estaba seco, sin ninguna vegetación, en el cielo se observaban nubes rojas, que avivan la aridez del paisaje, y la montaña que en medio de todo aquello parecía un paraíso, se veía muy lejana.
Harry aceleró su escoba, tenía que llegar a la montaña, podía ir a toda velocidad gracias a la falta de vegetación del terreno, no era como en el bosque prohibido que había tenido que andar esquivando árboles y todo tipo de peligros.
Aquella nueva velocidad no duró mucho, de aquella montaña lejana comenzaron a salir piedras, cientos de piedras que se dirigían volando hacia él, era como si la montaña tratará de evitar que él llegara hasta ella, y para lograrlo le aventaba piedras.
Harry tuvo que ir esquivando las piedras con su escoba, pero no fue nada fácil, apenas esquivaba una cuando ya tenía otra piedra que esquivar. Algunas piedras alcanzaron a golpearlo en los hombros, en los brazos o en el pecho. Vaya que eran peores que la bludgers.
Una enorme roca dio a Harry, el chico se sintió caer de su escoba, y después no supo de sí, el golpe le hizo perder el conocimiento.
Cuando Harry se despertó sintió su cuerpo hecho añicos, ignoraba el tiempo que había pasado inconsciente, bien pudo haber pasado así una hora o dos, aquello lo sobresaltó, tenía que seguir lo antes posible. Trató de ponerse de pie, lo consiguió débilmente. En ese momento se percató de que la montaña había dejado de arrojar piedras en su contra, todo estaba tranquilo, no más piedras dirigiéndose hacia él.
Harry se quitó los lentes, estaban rotos
-¡Oculus reparus! -murmuró Harry apuntándolos con su varita, y al instante sus lentes estuvieron arreglados.
Débilmente Harry tomó su escoba, estaba intacta, ninguna piedra la había dañado, montó en ella y se dirigió a la montaña.
Era increíble cómo iba cambiando la vegetación, ya no había más desierto, cada vez había más árboles y plantas, inclusive algunas con flores.
Harry frenó bruscamente la escoba, tenía hambre y había encontrado un manzano cargado de apetecibles manzanas. No tardó en bajarse de la escoba, cortó una manzana y se la llevó a la boca. Aquel fruto le resultó delicioso, era como si la manzana lo reconfortará y le diera nuevas energías para seguir
-¿Te gustan mis manzanas? -le preguntó el árbol
Harry se sobresaltó en un principio al oír aquella voz, pero después recordó que en aquel lugar los árboles hablaban y ya no le cayó de sorpresa
-Deliciosas -dijo Harry
-Puedes comer todas las que quieras -dijo el árbol- nadie ha comido de mis manzanas desde hace muchos años, ya no recuerdo cuántos.
-Gracias -dijo Harry- tus manzanas me reconfortan.
-Es porque son mágicas -dijo el árbol- ayudan a aliviar el dolor
Y era cierto, Harry comió un par de manzanas antes de poder continuar su camino, aquellas manzanas le hicieron recuperar las fuerzas, el dolor físico había desaparecido y una energía nueva lo invadía
-Gracias -dijo Harry al árbol antes de seguir
-De nada -contestó el árbol-. ¿Adónde vas?
-A la montaña, en busca de la Orquídea Dorada.
-Entonces tendrás que escalar la montaña, la Orquídea Dorada se encuentra en la cima.
Harry sonrió, la montaña estaba a unos metros.
-No podrás seguir en tu escoba -dijo el árbol
-¿Cómo? -exclamó Harry
-El terreno es muy empinado, tu escoba no podrá subir -dijo el manzano- tendrás que ir a pie, escalar la montaña
-¡Genial! -exclamó Harry molesto, aquello lo demoraría más tiempo
Harry lo pensó unos segundos, echó un vistazo a la montaña, el manzano tenía razón, el terreno era empinado, solo iba a poder llegar a la cima escalando, y la escoba se convertiría en un estorbo si intentaba subir con ella, no tendría más remedio que dejarla encargada con el árbol
-¡Buena suerte! -dijo el manzano al verlo partir.
Harry se dirigió hacia la montaña, con cada paso que daba se preguntaba qué sería de Hermione, aunque no quería pensar en la muerte, no podía evitar preguntarse si ella seguiría con vida. Recordaba las palabras de la Sra. Pomfrey: "no creo que pase de tres días", solo había transcurrido un día del accidente, Hermione no podía haber muerto todavía.
La montaña era rocosa y tenía mucha vegetación, la tierra era resbaladiza, el suelo parecía mojado y eso hacía más difícil la subida. Harry resbaló varias veces, sintiendo con cada caída una gran frustración, sintiendo que en vez de avanzar retrocedía
Muchas ocasiones pensó que escalar esa montaña era inútil, pero el recuerdo de la Orquídea y de Hermione le hacían intentarlo de nuevo
Tras muchos esfuerzos, Harry finalmente llegó a la cima de la montaña, al poner pie en ella, se dejó caer al suelo, sintiéndose completamente exhausto por el esfuerzo realizado, totalmente adolorido e incapaz de dar un paso más.
Tuvieron que pasar varios minutos para que Harry recuperara las fuerzas, un rayo de sol se abrió paso entre las nubes e iluminó la cara de Harry y toda la cima de la montaña, aquel rayo lo había reconfortado de una manera mágica.
Harry observó el lugar, era bastante agradable; una suave brisa le daba en la cara, el aire era puro, el terreno era plano cubierto de verde pasto.
En medio de aquel terreno había una hermosa flor, Harry sintió que su corazón le daba un vuelco, aquella flor era una orquídea, una orquídea color dorado, cuyos pétalos estaban siendo iluminados por los rayos del sol haciéndola brillar de una manera mágica, sin lugar dudas aquella era la Orquídea que buscaba.
Harry no supo cómo corrió hacia aquella flor, sus manos no tardaron en cortar aquella hermosa orquídea que podía salvar la vida de Hermione. Sostener con su mano aquella flor, era como sostener un gran tesoro, un tesoro que era su única esperanza.
Ahora su única preocupación era descender aquella montaña y regresar a Hogwarts lo antes posible
-¡No tan rápido, Harry Potter! -dijo una voz fría por detrás de él
Harry volteó para ver quién le hablaba, su cicatriz comenzó a arder, pronto se dio cuenta que aquel dolor era debido a la presencia de Lord Voldemort.
Él sonrió malévolamente al verlo, estaba justo al borde de la cima de aquella montaña, parecía que había estado allí por horas, aguardando a Harry. La expresión de su cara era más fría y cruel que nunca.
Harry quien en un principio se sorprendió y asustó al verlo allí, le devolvió una mirada fría, sintiendo un desdén enorme hacia él, con toda seguridad Voldemort se encontraba allí para matarlo, para evitar que él regresara a Hogwarts con la Orquídea.
-¿Acaso te gustan las flores, Harry Potter? -preguntó Voldemort comenzando a caminar hacia él
Los ojos de Harry recorrieron rápidamente la montaña, buscando a alguien más, pero parecía que en aquella montaña solamente estaban Voldemort y él. Harry alistó su varita, sin soltar la orquídea.
-¿Cómo sigue la sangre sucia? -preguntó Voldemort con voz fría y burlona-. Escuché que se encuentra al borde de la muerte, quizás a estas horas, ella ya esté muerta.
Voldemort río, una risa fría que a Harry le helaba la sangre
-Todo este tiempo ha sido muy divertido -siguió hablando Voldemort mientras Harry evaluaba sus posibilidades-. Siempre estuve al tanto de lo que hacían: fue tan divertido cuando terminaste con ella. Aunque me hiciste enojar cuando le confesaste la verdad, quise matarlos a ambos, pero preferí aguardar este momento…
El desdén en las palabras de Voldemort hacía que el dolor en la cicatriz se hiciera mucho más intenso, Harry sentía que su cabeza iba a estallar a causa de aquel dolor
-Fue un viaje muy largo para llevar una flor a una tumba ¿Verdad, Harry? -dijo Voldemort- ¿Creíste que esa estúpida orquídea podía romper la maldición? ¡Te equivocaste, Potter! ¡Esa flor no sirva para nada! Ponla en el suelo y pelea como hombre, te ves patético con ella
Harry apretó la orquídea con mayor fuerza, si era necesario moriría, pero no iba a soltar la flor
-¡Suéltala! -ordenó Voldemort
-¡No lo haré! -gritó Harry y el eco de su voz se escuchó en toda la montaña
-¡Está bien! -dijo Voldemort entre risas-. Hazlo como quieras, no me importa si mueres sosteniendo esa Orquídea o no
-¡Experlliamus! -murmuró Harry
Un destello de luz salió de la varita de Harry, pero aquello no sirvió para desarmar a Voldemort, aquel destello lo único que logró fue elevar al aire un segundo la varita de Voldemort y luego regresarla a su dueño
-¡Soy muy fuerte! -dijo Voldemort riendo ante la cara de frustración de Harry- ¡No puedes contra mí!
Harry volvió a apuntarlo con su varita, pero antes de poder murmurar un hechizo, Voldemort lanzó un ¡Avara Kedvara!
Harry vio una luz verde dirigirse hacia él, sabía que iba a morir y que no podía hacer nada para evitarlo... Los ojos rojos de Voldemort parecían cantar victoria, pero Harry lejos de preocuparse por aquella luz verde que lo mataría, su único pensamiento era Hermione.
Milagrosamente, la Orquídea Dorada emitió un destello de luz, que impidió que la maldición mortal tocara a Harry. Un rayo dorado se antepuso entre Harry y aquella luz verde, formando una barrera protectora alrededor del chico.
Harry se sorprendió al sentir la protección de la flor, la Maldición Kedvara no podía tocarlo.
La cara de Voldemort no podía reflejar mayor sorpresa, jamás había creído en los poderes de esa flor.
-¡Levicorpus! -murmuró Harry, antes de que Voldemort pudiera reaccionar.
Un rayo de luz salió de la varita de Harry y se dirigió hacia Voldemort, elevándolo del piso, haciéndolo flotar por varios segundos dejándolo en el borde de la montaña
-Espero no volver a verte en mi vida -dijo Harry, antes de dejar caer a Voldemort al fondo del precipicio.
Harry se asomó a la orilla, sus ojos no alcanzaban a ver el fin de aquel enorme vacío y no había ni rastro de Voldemort. Después observó la flor, estaba intacta y sus rayos dorados hacían ángulo perfecto con los rayos del sol, haciéndola resplandecer y brillar.
"Ahora sólo falta regresar a Hogwarts"
-¡La conseguiste! ¡No puedo creerlo! -dijo el manzano, al ver volver a Harry con la Orquídea.
Harry asintió sosteniendo la orquídea en señal de triunfo, y después se dejó caer a la sombra del árbol, completamente exhausto
-Come de mis manzanas, te harán bien -dijo el árbol, dejando caer una de ellas a los pies de Harry. Él no tardó en llevarse aquella manzana a la boca-. ¡Tienes la Orquídea Dorada, aún no puedo creerlo!
-Me protegió de Voldemort -dijo Harry-. Aún no puedo creerlo.
-Esa Orquídea estuvo en la cima de la montaña y jamás nadie pudo conseguirla, muchas personas lo intentaron, pero todas ellas tenían fines egoístas, no la buscaban para preservar la vida, sino para utilizar su poder a favor de la destrucción de otros. Muchas personas llegaron a la cima de la montaña y trataron de cortar la flor y nunca pudieron hacerlo. La Orquídea eligió irse contigo, eso quiere decir que eres bueno y que no harás mal uso de sus poderes
Harry sonrió levemente al oír aquello, volviendo a contemplar los brillantes rayos que salían de la Orquídea
Tengo que irme ya -dijo Harry-, gracias por tus manzanas
-De nada -dijo el manzano-, fue un placer. Espero volver a verte.
Harry no supo qué contestarle, le agradaba el manzano y sus manzanas eran deliciosas, pero no deseaba volver a atravesar el bosque prohibido por una manzana.
-¡Buena suerte! -dijo el manzano al ver partir a Harry
-Gracias -dijo Harry, emprendiendo el vuelo de regreso a Hogwarts.
Era de noche y Harry se había adentrado en el bosque prohibido, los rayos de Orquídea iluminaban el bosque haciéndolo menos tenebroso
"¿Cómo estará Hermione?", se preguntaba Harry una y otra vez, y aunque trataba de no pensar en lo peor, temía llegar a Hogwarts demasiado tarde.
-Resiste un poco más, Hermione, voy en camino, resiste.
Harry tuvo que pasar por varios árboles de hojas anchas, los cuales ocultaban a los clabberts que allí se encontraban.
De repente, Harry sintió un jalón de su túnica que lo hizo frenar bruscamente, y enseguida tuvo delante de él a una extraña criatura, parecida al mono y a la rana, era un clabbert.
Harry trató de esquivarlo, pero el animal sonrió amigablemente, cerrándole el paso. Los ojos del clabbert no tardaron en notar la Orquídea Dorada, cuyos pétalos brillaban haciendo que el clabbert observará la flor con gran asombro
-¡Quítate, tengo prisa! -exclamó Harry, al ver que el clabbert observaba la Orquídea boquiabierto
El ofendido animal se hizo a un lado, pero al hacerlo, en un rápido movimiento de sus manos idénticas a las del mono, le quito la Orquídea Dorada a Harry
-¡Dame eso, es mío! -exclamó Harry sin poder creer que aquella criatura le hubiese quitado la Orquídea con tanta destreza.
El animal volvió a sonreír sosteniendo la flor, era una criatura amigable y estaba jugando
-¡Dámela! -exclamó Harry estirando sus manos tratando de recuperarla
El clabbert negó con la cabeza, indicando a Harry que no quería devolverle la flor y enseguida se perdió entre las ramas de los árboles, llevándose la Orquídea consigo
-¿Adónde vas? -gritó Harry siguiéndolo- ¡Dame la orquídea!
El clabbert se movía entre las ramas de los árboles con gran facilidad. Harry iba detrás de él, con su escoba, pero no podía ir tan rápido como él.
-¡Dámela! -exclamó Harry
El clabbert hizo una mueca a Harry sacándole la lengua, y enseguida siguió andando entre las ramas. Harry sabía que el animal estaba jugando, pero eso no le impedía querer matarlo, solamente lo estaba demorando más tiempo, aquel clabbert no tenía ni la menor idea de lo valiosa que era la Orquídea, y la única razón por la que ahora él la tenía consigo, era porque le gustaba el brillo de sus pétalos.
-¡No! ¡No te las comas! -gritó Harry desesperado al ver que el clabbert había acercado la Orquídea a su enorme boca llena de afilados dientes, pero lo único que hizo el clabbert fue besar uno de los pétalos de la flor.
-¡Mira! -dijo Harry sacando una manzana de la bolsa de su túnica-. Te cambio la flor por la manzana.
El clabbert negó con la cabeza, le gustaba más la Orquídea.
-Mira, la manzana también brilla -dijo Harry encantando el fruto con su varita.
Rápidamente la manzana ganó la atención del clabbert, quien soltó la orquídea y corrió hacia la manzana.
Harry recuperó la flor y aceleró la escoba a toda velocidad.
Finalmente después de muchas horas, Harry llegó a Hogwarts, sus esperanzas se renovaron cuando piso el pequeño jardín de Hagrid, y sin perder un segundo, echó a correr a la enfermería...
Iba volado ni siquiera se detuvo para disculparse cuando atropelló a la profesora McGonagall en un pasillo.
Al llegar a la entrada de la enfermería, Harry se encontró con Ron, se detuvo bruscamente al verlo, con un solo vistazo, Harry pudo percibir que el rostro de Ron estaba ojeroso y demacrado, y sus ojos estaban tristes, llorosos.
-¡Harry! ¡Volviste! ¡No puedo creerlo! ¡Conseguiste la Orquídea! -exclamó Ron sorprendido al verlo llegar con aquella flor dorada que él creía que no existía-. ¡Qupe maravilla! Pensé que sólo era un cuento con el que mi mamá me dormía...
-¿Y Hermione? -exclamó Harry con la respiración apurada
Ron negó con la cabeza
-¿Cómo está Hermione? -gritó Harry temiendo lo peor, mientras Ron evitaba a toda costa verlo a los ojos.
-¿Qué paso con Hermione? -volvió a gritar Harry sacudiendo a Ron-. ¿Está viva?
Ron asintió con la cabeza
Por un segundo, Harry respiró aliviado, soltó a Ron y entró de inmediato a la enfermería, Ron fue detrás de él.
Al entrar, Harry se quedó helado al ver a Hermione…
La chica respiraba con dificultad, había abandonado su estado rígido y ahora convulsionaba, su rostro había perdido por completo el color, y su cuerpo estaba muchísimo más delgado.
-¡Hermione! -exclamó Harry, corriendo a su cama y abrazándola-. Por favor, resiste un poco más, solo un poco más...
Harry pegó su mejilla con la de Hermione, en ese momento se percató de ella ardía en fiebre.
-¡Linda, resiste!
Pareciera como si Hermione hubiera advertido la llegada de Harry, porque en ese momento se dejo caer como una palomita cansada, en brazos de Harry.
-¡Vas a estar bien! -murmuró Harry, abrazándola y dándole un beso en la sien-. Te lo prometo, vas a estar bien.
-¡Potter! -exclamó la Sra. Pomfrey al verlo-. ¡Suéltala!
Harry no obedeció, siguió abrazando el cuerpo de Hermione con todas sus fuerzas, después sin separarse de ella, Harry se volvió hacia la Sra. Pomfrey, y le mostró la Orquídea.
La Sra. Pomfrey al ver aquella flor dio un paso hacia atrás, sorprendida.
-No puedo creerlo -dijo la Sra. Pomfrey, llevándose la mano a la boca-. Tienes en tu poder la Orquídea Dorada.
-¿Podrá salvar a Hermione con esto? -preguntó Harry anhelante.
-Tenemos que hacer una poción con la flor -explicó la Sra. Pomfrey, acercándose-. Sr. Weasley haga el favor de llamar a la profesora Sprout y al profesor Snape! Tienen que venir enseguida
Ron salió corriendo en busca de los profesores.
-¿Hermione vivirá? -preguntó Harry.
-No lo sé, Potter. Me gustaría decirte que con la poción será más que suficiente, pero en realidad no lo sé.
Ron no tardo en llegar acompañado de ambos profesores.
-¿De qué se trata? ¿Por qué me han despertado a las tres de la mañana? -preguntó la profesora Sprout
-Se trata de la Orquídea Dorada -dijo la Sra. Pomfrey-. Potter la ha conseguido
Harry mostró la Orquídea, Snape la contempló con sorpresa e incredibilidad, mientras que la mirada de la señora Sprout reflejaba el más grande asombro.
-La Orquídea Dorada, no puedo creerlo -dijo Snape, finalmente.
-¿Crees poder hacer una poción con ella? -preguntó la Sra. Pomfrey
-Supongo que sí -dijo Snape-, pero temo que no estará lista hasta la tarde
Harry sintió que se iba de espaldas
-Lo siento, la elaboración de este tipo de pociones es muy lenta- dijo la Sra. Sprout-, pero haremos todo lo posible.
-Dámela Potter -dijo Snape-, será mejor empezar a trabajar ahora mismo.
Harry le dio su preciada flor, sabiendo que no había nadie mejor que él para la elaboración de la poción.
Snape contempló la flor un segundo, y enseguida se fue con la profesora Sprout prometiendo tener la poción lo antes posible.
Harry se volvió hacia Hermione y volvió a abrazarla.
-Sirius y Hagrid fueron detrás de ti -dijo Ron a Harry-. Ahorita deben de estar internados en el bosque prohibido, siguen buscándote, hay que avisarles que ya regresaste.
-¿Podrías enviar una lechuza avisándoles? -preguntó Harry sin querer dejar sola a Hermione.
Ron asintió y salió de la enfermería para hacer lo que Harry le había pedido,
-Potter, estás herido, déjame curarte -dijo la Sra. Pomfrey, observando las heridas que Harry traía.
Harry no se movió, siguió abrazando a Hermione, actuando como si no hubiera oído a la enfermera
-Vamos, Potter -dijo la Sra. Pomfrey, acercándose a él-. Por las heridas de tus brazos se que te ha ataco una hiedra venosa, déjame curarte.
Harry asintió, se separó de Hermione, y dio unos pasos para llegar al carrito de curaciones donde lo aguardaba la señora Pomfrey, pero ella negó con la cabeza, señalando el baño de la enfermería.
-Será mejor que te des un baño, primero. El señor Weasley te ha traído ropa limpia.
Sin más remedio, Harry se metió a bañar, no quería que cuando Hermione despertará, lo encontrará hecho añicos.
-¿Con qué te golpeaste? -preguntó la Sra. Pomfrey a Harry, varios minutos después, mientras vendaba sus heridas.
-Unas piedras me atacaron y caí varias veces intentando escalar una montaña -explicó Harry rápidamente-. Unos dementores me atacaron, unos murciélagos querían morderme y Voldemort intentó matarme
La señora Pomfrey lo miró sorprendida y preocupada.
-Has sido muy valiente, Harry
El chico sonrió. La enfermera terminó de curarlo y le ofreció un poco de chocolate y comida, que había solicitado a los elfos domésticos, especialmente para Harry.
Horas más tarde:
-¿Por qué tardan tanto con esa dichosa poción? -exclamaba Ron desesperado, caminando por la enfermería de un lado a otro
Harry no decía nada, veía a Hermione cada vez peor y estaba mucho más desesperado que Ron, pero prefería aguardar en silencio.
-¡Lo tengo! -dijo el profesor Snape, entrando repentinamente a la enfermería con un caldero-. La poción está lista.
Ron y Harry lo miraron con una expresión que reflejaba agradecimiento, alivio y esperanza.
-¿Podemos dársela ya? -preguntó Harry
-Claro que sí -dijo la profesora Sprout, llegando en ese momento. ¿Quieres dársela tú?
Harry asintió, se sentó por un lado de Hermione, la enderezó con cuidado y abrió su boca, posteriormente, tomó el caldero copa y le dio a beber su contenido con sumo cuidado.
-Sólo nos queda esperar -dijo la Sra. Pomfrey en cuanto Harry terminó.
-¿Cuánto tiempo? -preguntó Harry, mientras volvía a recostar a Hermione.
-No lo sé -dijo la Sra. Pomfrey-. Hermione tiene que despertar en las próximas horas, de lo contrario, todo habrá sido en vano.
Harry se inclinó por un lado de Hermione, le dio un beso en la frente y le murmuró al oído:
-Tienes que ponerte bien, mi amor, tienes que aliviarte
Pasaron dos horas, poco a poco el rostro de Hermione recuperaba el color
-¡Ya no tiene fiebre! -exclamó Harry, poniendo su mano derecha sobre la frente de Hermione
-Cierto -dijo la Sra. Pomfrey, poniendo su mano sobre la frente de la chica
En el rostro de Harry se dibujo una gran sonrisa
-Han pasado cinco horas -exclamó Ron desesperado-, Hermione ya debería de haber despertado… ¿Qué tal si la poción no hizo efecto? ¿Qué tal si solo fue un alivio momentáneo?
-Despierta, Herm -dijo Harry, acariciando la mano derecha de la chica-. Despierta- repitió Harry, besando su mano
Repentinamente Harry sintió un débil apretón de mano
-¡Me ha apretado la mano! -exclamó Harry loco de contento, aferrándose con mayor fuerza a la mano de Hermione.
-¡Está despertando! -dijo Ron sonriendo, viendo que Hermione comenzaba a moverse débilmente.
-¡Sí! ¡Despierta, Hermione! -murmuró Harry, acercándose más a ella- ¡Despierta, bonita!
Harry volvió a sentir un apretón de mano, sin lugar a dudas Hermione estaba reaccionando.
Lenta y débilmente Hermione abrió los ojos, despertando de lo que a ella le parecía un largo y profundo sueño.
-¡Por fin! -dijo Harry con una gran sonrisa.
Hermione le sonrió débilmente
-¿Cómo te sientes? -preguntó Ron.
Hermione se volvió para mirarlo y también le dedicó una sonrisa, en ese momento, Hermione se percató que estaban en la enfermería, y se sintió aturdida: ¿por qué estaban allí? ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Por qué Harry y Ron tenían ese aspecto tan cansado como si hubieran cuidado de ella durante semanas completas?
-Iré a avisar a la Sra. Pomfrey -dijo Ron, saliendo de la enfermería.
-¿Qué hago aquí? -preguntó Hermione casi sin voz.
-¿No recuerdas nada? -preguntó Harry.
Hermione lo miró aturdida, haciendo un esfuerzo por acordarse de lo último que había pasado.
-Sólo recuerdo que íbamos caminando hacia la sala común, vi a Pansy y a Millicent escondiéndose, después el pasillo se lleno de niebla y perdí el equilibrio. ¿Qué paso?
-Perdiste el equilibrio y jalaste mi túnica -dijo Harry
-¿Te toqué? -dijo ella débilmente
El asintió, acariciando con sus manos el rostro de la chica, un rostro que ya había regresado por completo a su color normal.
Hermione no lo podía creer… ¡Era un sueño! Harry estaba por un lado de ella, acariciándola… cerró los ojos, relajándose, sintiendo únicamente la cálida mano de Harry sobre su rostro y si aquello era un sueño, no quería despertar.
-La maldición Ascaris Kedvara se ha roto -dijo Harry con una sonrisa en cuanto Hermione volvió a abrir los ojos. Hermione sonrió ampliamente, sin creerlo todavía.
Harry y Hermione permanecieron juntos viéndose a los ojos con una emoción contenida, hasta que Harry se inclinó y la besó en la frente y después en la mejilla.
Hermione volvió a sonreír, entonces Harry la enderezó con ambas manos y la abrazó.
-Te amo, Herm -le dijo Harry, cubriendo de besos la frente y las mejillas de ella-, te amo tanto…
-Yo también te amo -dijo Hermione y buscó los labios de Harry, fundiendo sus bocas en un largo y esperado beso.
Al separarse los dos sonrieron y en un abrazo apasionado volvieron a besarse una y dos veces más… De repente, Hermione cayó rendida sobre los almohadones… evidentemente aún estaba muy débil.
Harry la miró preocupado, temiendo que su ímpetu y pasión la hubieran lastimado.
-Perdóname, fue una imprudencia, no debí…
Pero Hermione sonrió, negando con la cabeza
-No, yo también lo quería -dijo Hermione
Harry la besó en la frente, sosteniéndola entre sus brazos, sintiéndola mucho más delgada.
-Mi niña, estás tan débil -dijo Harry
-¡Estaré bien! -le aseguró Hermione con una sonrisa-. ¿Me das otro beso?
Harry le sonrió, y se inclinó apoyando sus labios contra los de ella, en un tierno y cálido beso.
La Sra. Pomfrey y Ron entraron a la enfermería, Ron sonrió al ver a sus dos amigos besándose, sabiendo el tiempo que Harry y Hermione habían esperado ese momento. La Sra. Pomfrey quiso regañarlos, pero finalmente no pudo evitar esbozar una sonrisa al verlos juntos.
-Por lo que veo estás mucho mejor -dijo la Sra. Pomfrey a Hermione
Hermione asintió, sonrojándose
-Tengo que examinar a la Srita. Granger -dijo la Sra. Pomfrey- ¡Potter y Weasley, salgan un momento!
Ambos chicos asintieron
-Estaré afuera -dijo Harry, dándole un beso rápido en la frente, antes de salir.
Hermione le sonrió y después vio cómo Harry salía de la enfermería junto con Ron.
-¡Ron! -llamó Hermione antes de que él saliera, Ron se volvió hacia ella
-¿Qué ocurre? -preguntó Ron
-Te quiero mucho, gracias por ser mi amigo, gracias por estar conmigo
Ron no pudo resistir y regresó al lado de Hermione y la abrazó
-Yo también te quiero -dijo Ron-, todo este tiempo he temido mucho por tu vida... temí perder a mi mejor amiga... aunque a veces te hago enojar o no concordamos en muchas cosas, sabes que te quiero y que siempre seremos amigos.
-Gracias Ron -dijo Hermione, correspondiendo a su abrazo-, gracias por todo
-Fuera -gritó la Sra. Pomfrey-, ella está muy débil y tiene que descansar.
-Deja de sonreír -dijo Ron a Harry en son de burla- con esa risa tonta hasta podrías quitarle el "premio de la sonrisa más encantadora del año" a Lockhart
Harry se volvió hacia él indignado.
-¿Acaso no tengo motivos para sonreír? -dijo Harry-. Hermione despertó y va a recuperarse por completo, y por si eso fuera poco, puedo volver a besarla.
-¡Qué bien! -dijo una voz detrás de Harry
Harry se volvió, reconociendo que la persona que le hablaba era Sirius
-Si... Sirius -tartamudeó Harry
-Por lo visto tu viaje valió la pena -dijo Sirius
Harry lo miró sin saber si Sirius estaba enojado con él o no.
-Lamento haberme ido solo, sin avisar -dijo Harry a manera de disculpa-, pero tenía que hacerlo, tenía que encontrar la Orquídea Dorada, de lo contrario Hermione hubiera muerto...
-Lo sé, lo que hiciste fue muy valiente y muy noble -dijo Sirius
-¿No estás enojado conmigo? -preguntó Harry
Sirius negó con la cabeza, no podía enojarse con él, finalmente, Harry no había hecho nada malo, todo lo contrario.
-Lamento que tú y Hagrid hayan ido en mi búsqueda -dijo Harry-, arriesgaron sus vidas por mi culpa.
-No importa -dijo Sirius disculpándolo-, lo importante es que Hermione y tú están bien.
-¿Puedo saber qué fue lo que me salvó? -preguntó Hermione a la Sra. Pomfrey-. Se supone que había sobre mí una maldición mortal.
-La Orquídea Dorada -contestó la enfermera.
Hermione la miró estupefacta, creyendo haber oído mal.
-¿La Orquídea Dorada? Esa flor no existe... es solamente un cuento para arrullar a los niños
-Si no existiera, no estarías aquí -dijo la Sra. Pomfrey con seriedad
-Eso no puede ser... ¿quién la consiguió?
-Harry, arriesgó su vida para conseguir esa flor
Hermione sonrió, sintiendo una gran ternura y amor hacia él.
A los pocos minutos, Harry pudo regresar al lado de Hermione, ella no tardo en abrazarlo
-Gracias por lo que hiciste -dijo Hermione, abrazándolo-, gracias por salvarme la vida.
-No tienes nada que agradecerme -dijo Harry
-Claro que sí, te debo tanto
-No es así. ¿Acaso ignoras que tú traes vida a mis días? Tú eres mi vida, Hermione
Hermione sonrió al escuchar aquello.
-Gracias Harry -repitió Hermione
Harry le sonrió y la besó en la sien
-Te amo -dijo Harry
-Yo también te amo
Hermione se inclinó y besó a Harry, sintiendo que no podía desear nada más en el mundo, y aunque su salud era delicada, muy pronto se recuperaría por completo.
Era de noche y Hermione se recuperaba con rapidez, en parte por el efecto de la poción y en parte porque en toda la tarde no paro de recibir visitas de sus amigos: Ginny, Neville, Colin, los gemelos Weasley, Hagrid y muchos más habían ido a visitarla. La Sra. Pomfrey que un principio parecía molesta de que Hermione recibiera tanta visita, terminó por aceptarlo, finalmente todo aquello la ayudaba a recuperar su salud.
-Herm -dijo Harry sorpresivamente al caer la noche, queriendo hacerle una pregunta de algo que toda la tarde le había dado vueltas en la cabeza.
-¿Si? -dijo Hermione
Harry vaciló un poco antes de hablar:
-Cuando despertaste y recordaste el momento del accidente, dijiste haber visto a Millicent y a Pansy. ¿Es cierto? ¿Las viste?
-¿Por qué lo preguntas? -preguntó Hermione
Harry iba a contestar, pero Ron se adelantó:
-Porque lo que paso no fue un accidente -dijo Ron-, alguien tuvo que provocar que perdieras el equilibrio y jalarás de la túnica de Harry tratando de sostenerte.
-¿Estás insinuando que fueron ellas? -preguntó Hermione frunciendo el entrecejo.
-Estoy seguro -dijo Ron
-Herm -dijo Harry, mirándola a los ojos-. ¿Las viste?
-Al momento de caer me pareció verlas, pero no estoy segura de ello
-Ese par de piltrafas pudieron haber sido las culpables -dijo Lavender-. Tenemos que decírselo a la profesora McGonagall.
-No -exclamó Hermione rápida-, eso sería acusarlas
-Simplemente le diremos a la profesora que sospechamos de ellas y dejaremos que la maestra investigue si son culpables o no -dijo Ron.
-Y si ese par resulta culpable, no descansaré hasta verlas pagar lo que hicieron -sentenció Harry.
-¿Por qué no quieres que me quede contigo cuidándote? -preguntaba Harry a Hermione-. Te aseguro que no tengo sueño.
-Quiero que descanses -dijo Hermione-, ya has hecho bastante por mí.
-Pues no pienso irme de aquí, no hasta que tú seas dada de alta.
-Harry, tienes que dormir -insistió Hermione
Por más esfuerzos que Harry hiciera por tratar de ocultar su cansancio, llevaba tres días sin dormir, además de que se sentía exhausto
Sirius entró a la enfermería
-¿Cómo te encuentras? -preguntó Sirius a Hermione
-Mucho mejor -contestó Hermione, no era la primera vez que Sirius entraba a la enfermería y le preguntaba a Hermione cómo se sentía y aunque la respuesta había sido la misma en toda la tarde, ahora Hermione mostraba una franca mejoría.
-Tienes que ayudarme a convencer a Harry de que se vaya a dormir
-Te garantizó que Harry se irá a dormir en menos de media hora -dijo Sirius- pero primero, Dumbledore y yo queremos hablar con él
"Un castigo" -pensó Harry
-¿De qué quieren hablarme? -preguntó Harry
-Sobre tu encuentro con Voldemort
-Ah, eso -dijo Harry aliviado-, está bien, vamos a hablar con Dumbledore
-Pero después irás a dormir -dijo Hermione
-Está bien
-Promételo
-Prometido -dijo Harry, dándole un beso de buenas noches.
-¡Helado de chocolate! -murmuró Sirius delante de la gran gárgola de piedra que permitía el acceso al despacho de Dumbledore. La gárgola se movió, permitiéndoles a Harry y a Sirius la entrada al despacho.
-Hola, Harry -lo saludó Dumbledore en cuanto lo vio entrar
-Buenas noches
Dumbledore le dedicó una sonrisa
-No tengo que preguntarte "cómo estas", porque supongo que feliz. La Srita. Granger se está recuperando muy aprisa y eso es muy buena noticia para todos.
-Gracias -dijo Harry
-Ahora Harry, toma asiento y cuéntanos a Sirius y a mí sobre tu viaje en busca de la Orquídea Dorada
Harry dirigió una mirada a las dos personas que formaban su auditorio, en ese momento una taza de chocolate caliente apareció flotando delante de él.
-Vamos, tómala -indicó Dumbledore.
Harry hizo lo que Dumbledore le indicó y enseguida comenzó su relato:
-Voldemort apareció en la cima de la montaña, me lanzó la maldición Avara Kedavra tratando de matarme... pero no logró hacerme daño. La Orquídea me protegió impidiendo que los rayos verdes de la maldición Kedvara me tocaran, entonces yo lo lancé al fondo de un precipicio.
-¿Crees que haya muerto? -preguntó Sirius
Harry negó con la cabeza
-Se necesita mucho más que un gran precipicio para acabar con Voldemort -dijo Dumbledore-pero estoy seguro que Voldemort tardará bastante tiempo antes de intentar nuevamente algo en contra de Harry o de cualquier otro mago
-¿Cuánto tiempo? -preguntó Sirius
-No lo sabemos -dijo Dumbledore-, pero podemos estar tranquilos, el poder de la Orquídea lo ha debilitado… Harry, demostraste gran valor y nobleza… Debería expulsarte por haber salido de Hogwarts sin autorización, pero no lo haré porque has ganado 100 puntos más para la casa de Gryffindor.
Harry sonrió al oír aquello, con esos 100 puntos aseguraba la copa para los leones.
-Y ahora ve a dormir antes de que cambie de parecer sobre tu castigo -dijo Dumbledore
-Enseguida, señor -dijo Harry, terminando de beber el chocolate que quedaba en su taza.
Al siguiente día, los fuertes rayos del sol hicieron despertar a Harry, antes de abrir sus ojos, ya podía escuchar las risas burlonas de Ron.
-Vaya, por fin despiertas -dijo Ron
-¿Por qué lo dices? - preguntó Harry, abriendo los ojos y parpadeando a causa de la luz que entraba por la ventana.
-Es medio día -dijo Ron entre risas
-¿Medio día? -exclamó Harry, incorporándose de un brinco
Ron asintió
-¿Cómo pude quedarme dormido tanto tiempo? -exclamó Harry, colocándose sus gafas.
-Tres noches sin dormir lo explican todo.
-¿Y Hermione?
-Ha preguntado por ti, le dije que seguías durmiendo y me dijo que te dejará descansar
-Pero, ¿cómo sigue?
-Mucho mejor, parece más sana que tú y que yo, juntos
-Iré a verla
-No -dijo Ron- primero te darás un baño, después irás a las cocinas a desayunar, más bien a comer, y posteriormente irás a verla.
Harry hizo una mueca en señal de desagrado, no le agradaba mucho el orden de las cosas, Ron no hizo caso y siguió hablando:
-Lavender y yo vamos a ir a hablar con la profesora McGonagall, tenemos que contarle lo de Millicent y Pansy
-¿Podemos pasar? -preguntó Ron
-Adelante -se escuchó la voz de la maestra, ambos chicos entraron
-¡Srita. Brown y Sr. Weasley! ¿Qué los trae por aquí?
-Queríamos hablarle del accidente de Hermione -dijo Lavender con cierta timidez
-Tomen asiento y cuéntenme.
-Profesora -dijo Ron-. ¿Se acuerda que le dije que lo ocurrido a Hermione no había sido un accidente? Pues las causantes de todo fueron Millicent Bulstrode y Pansy Parkinson.
-¿Las dos Slytherin? -preguntó McGonagall, frunciendo el entrecejo.
- Hermione cree haberlas visto en el momento del accidente y tratándose de esas dos arpías, es seguro que tuvieron algo que ver… Odian a Hermione solo porque saca buenas calificaciones y le tienen envidia porque ella es mucho más bonita que ese par de troles…
-Bien -dijo la profesora McGonagall-, hablaré con el profesor Snape, jefe de la casa de Slytherin, haremos las investigaciones correspondientes, y en caso de que Bulstrode y Parkinson resulten culpables, las dos recibirán su castigo.
-¿Nos mando llamar, profesor Snape? -preguntó Millicent al entrar a la mazmorra de Snape, acompañada de Pansy
Snape asintió mirándolas furioso. McGonagall estaba junto a él con la expresión más seria que jamás le hubiesen visto.
-¿Qué ocurre? -preguntó Pansy, sintiendo que las piernas le temblaban, observando que enfrente de ellas, había un par de pocas con una extraña poción.
-Es Verisatum -dijo McGonagall.
-¡Bébanla! -dijo Snape con brusquedad.
Millicent y Pansy palidecieron y sin más remedio, se tomaron el contenido de las copas.
-Bien -dijo la profesora McGonagall, mirándolas con severidad-. ¿Tuvieron algo que ver con el accidente de Hermione Granger?
-Somos culpables -admitió Millicent
Snape las miró como si quisiera matarlas.
-¿Qué fue lo que hicieron? -gritó Snape furioso
-Fuimos nosotras las que provocamos que ella perdiera el equilibrio y jalará la túnica de Potter -dijo Pansy-, fuimos nosotras las que llenamos de niebla el pasillo e hicimos que Granger no tuviera control de sus movimientos.
-Pero nosotras no sabíamos que la vida de Granger estaba en peligro por el simple hecho de tocar a Potter -dijo Millicent
-Su compañera casi pierde la vida por sus tonterías -exclamó la profesora McGonagall furiosa- ¿por qué lo hicieron?
-Por odio -confesó Pansy- la odio, siempre ha de ser la primera en todo... La consentida de todos los maestros... Es patética.
-¡Ya basta! -gritó Snape
-¡50 puntos menos para Slytherin por cada una! -dijo McGonagall
-Además de que ayudarán al Señor Filch con la limpieza del castillo durante tres meses, sin magia, por supuesto.
Las chicas intercambiaron miradas de temor, nunca habían visto a sus profesores tan enojados
-Y quedan prohibidas las visitas a Hogsmeade -agregó Snape furioso.
-Hola brujita -saludó Harry a Hermione al entrar a la enfermería.
-¡Harry! -dijo Hermione con una gran sonrisa, haciendo un esfuerzo para seguir las indicaciones de la Sra. Pomfrey y no pararse corriendo para abrazar a Harry.
-¿Cómo sigues? -dijo Harry, llegando hasta donde ella estaba y dándole un beso en los labios
-Mucho mejor
-Perdona que haya tardado tanto en venir a verte, me quede dormido -se disculpó Harry, sentándose por un lado de ella y rodeándole en un abrazo.
-No, no importa -dijo Hermione con una sonrisa-. ¿Ya desayunaste?
-Sí, tuve todo un batallón de elfos domésticos atendiéndome-dijo Harry, sonriendo ante la cara de desagrado de Hermione-. Pero lo mejor de todo, fue ver a Millicent y a Parkinson allí, lavando platos.
-No puedo creerlo -dijo Hermione-, jamás pensé que su odio llegará a tanto
-Ese par de arpías merecen ese castigo y mucho más.
-No digas eso, no sabían lo que hacían
-Dices eso porque eres demasiado noble -dijo Harry, dándole un beso en la sien- Herm, ellas no tuvieron una pizca de piedad contigo
-¿No has pensado que si no fuera por ellas seguiríamos en la biblioteca buscando un contrahechizo?
-Quizás, pero, cuando pienso en lo cerca que estuve de perderte, me dan ganas de lanzarles la peor de las maldiciones.
Hermione abrazó a Harry.
-Es maravilloso poder estar así, abrazándote -dijo Hermione
Harry se inclinó y apoyó sus labios contra los de ella, sintiéndose feliz de besarla y de tenerla entre sus brazos.
-¿Me quieres? -preguntó Hermione
-¿Qué pregunta es esa? Eloisa, tú sabes que te amo
-¿Eloisa? -exclamó Hermione entre celosa y furiosa
Harry soltó una sonora carcajada
-¿Con qué Eloisa? -preguntó Hermione
-Era una broma -dijo Harry riendo-. Hermione Granger, tú sabes que te amo, sabes que eres mi vida.
Hermione lo miró con el entrecejo fruncido.
-¿No me crees? -preguntó Harry
-Te creo -dijo Hermione con una sonrisa-. Ahora, dame tu mano
Harry estiró su mano derecha a Hermione.
-¿Qué vas a hacer? ¿Leerme la mano?
Hermione negó con la cabeza, besó la mano de Harry y metió su mano izquierda debajo de su almohada, buscando algo.
-Aquí está -dijo Hermione, encontrando lo que buscaba y poniendo ese pequeño objeto en la mano de Harry.
-Prométeme que lo conservarás siempre -dijo Hermione.
-Lo prometo -dijo Harry, sosteniendo un pequeño y redondo objeto de oro, parecido a una moneda, al tiempo que se preguntaba qué diablos era aquello.
-¿No te gustó? -preguntó Hermione
-Si Herm, gracias -dijo Harry sin atreverse a preguntar qué era o para qué servía aquello.
Hermione sonrió. Harry le dio un beso en los labios, no sin antes murmurar "gracias".
Ella trato de ocultar su desilusión, lo que le había dado a Harry era algo realmente valioso, pero parecía que Harry no le daba la importancia que tenía.
La señora Pomfrey había sacado nuevamente a Harry de la enfermería para revisar a Hermione, Harry fue advertido de no regresar antes de media hora, porque de lo contrario bajaría puntos a Gryffindor.
Sirius aprovechó para pedirle a Harry que dieran un recorrido por los terrenos de Hogwarts.
-Cuando tu padre y yo estudiábamos aquí -comentó Sirius-, solíamos escondernos de aquel árbol para lanzar bombas fétidas a Filch.
-Perdona ¿qué decías? -dijo Harry, sin poner atención.
-¿Te ocurre algo?
-No entiendo a Hermione
-¿Y eso?
-Estábamos bien, de repente me preguntó si la quería, le conteste que "si", me regaló una moneda de oro y después cambio su actitud conmigo, se mostró muy seria.
-¿Una moneda de oro? -preguntó Sirius interesado.
-Sí -dijo Harry, sacando la moneda de la bolsa de su túnica y enseñándosela a Sirius.
-No es una moneda -dijo Sirius.
-Entonces ¿qué es?
Sirius sonrió un poco ante la inocencia de Harry, tenía que explicarle a Harry el significado de aquel pequeño objeto.
-Harry, lo que tienes en tu mano se llama el "Reflejo del alma"
-¿Reflejo del alma? -exclamó Harry, de nada le servía saber el nombre si no sabía qué significaba o para qué servía.
Sirius asintió y dijo:
-Hace muchísimos años era una tradición entre las brujas dar ese "reflejo del alma" a la persona amada, es un juramento de amor, significa que mientras que tú lo conserves, abra un lazo que los una, aunque ustedes lleguen a separarse, siempre estarán unidos por ese "reflejo del alma".
Harry recordó las palabras de Hermione: "Prométeme que siempre lo conservarás"
-Es una pena que ahora muchos magos lo consideren totalmente anticuado -continuó Sirius
Harry aún no entendía muy bien: ¿de qué manera podía mantenerlos unidos esa moneda?
-Es más bien algo simbólico -dijo Sirius-, observa la "moneda"
Harry prestó mayor atención al pequeño objeto que tenía en sus manos, se percató que era mucho más brillante que el oro y no era una simple moneda, era mucho más fina y delgada que cualquiera moneda que hubiese visto y estaba graduada con las iniciales de Harry y de Hermione.
-Ve bien, hay algo más, por algo es el "reflejo del alma"
Harry siguió observando la moneda por varios segundos, sintiendo que necesitaba unos lentes nuevos, definitivamente los que traía no le permitían ver bien. Finalmente, después de varios segundos, Harry alcanzó a ver un pequeño rayo de plata que salía del centro de la moneda, ese pequeño rayo pronto formó el rostro de Hermione.
-Veo a Hermione
Sirius asintió
-A través de un hechizo, Hermione logró hacer que su reflejo se viera en esa moneda, ese reflejo es la promesa de que ella te querrá siempre.
Harry asintió valorando aquel "reflejo del alma", sintiendo una gran ternura y amor hacia Hermione, por otro lado se sentía muy mal, Hermione seguramente pensaba que él no había valorado aquel regalo, pero aquello no había sido porque él no lo quisiera, sino que una vez más había demostrado lo poco que sabía acerca del mundo mágico.
-Voy a buscar a Herm, tengo que hablar con ella.
-No tengo sueño -decía Hermione a la Sra. Pomfrey
-Me lo imagine -dijo la Sra. Pomfrey, extendiéndole un vaso-. Vamos, bebe un poco de poción para dormir
-Por favor, no quiero dormir -insistió Hermione
-Jamás te voy a dar de alta, sino obedeces mis indicaciones.
Sin más remedio, Hermione bebió del vaso y se quedo dormida.
-Hola -saludó Harry a Hermione en cuanto ella despertó, una hora más tarde.
-Hola -contestó Hermione vagamente, aún sentida con él-. ¿Cuánto tiempo llevas aquí?
-Toda tu siesta
Hermione desvió la mirada, Harry la tomó de la barbilla, para obligarla a verlo a los ojos y le dijo:
-¿Por qué lloraste?
-¿Con qué derecho lo preguntas?
-Linda, viví once años con muggles, once años en los que yo ignoraba todo acerca de nuestro mundo, hace apenas cuatro años supe que era un mago y aún así, cuatro años después, hay muchas cosas que yo ignoró acerca del mundo mágico, yo no sabía el significado del "reflejo del alma"
Hermione no miró sin saber qué decirle, pero enseguida sonrió.
-Gracias, fue muy lindo detalle, te prometo que lo conservaré siempre.
-¿No te parece anticuado?
-Para nada, acabo de saber de su existencia -dijo Harry riendo y haciendo que Hermione riera también. Enseguida Harry se inclinó apoyando sus labios con los de ella en un tierno beso de reconciliación.
Hola:
No están soñando, finalmente después de mil años, regresé con el siguiente capítulo. Pido perdón por haberlos hecho esperar tanto. Lo siento, no tengo excusas, pero si mucho trabajo... Perdónenme, que en verdad me apena no haber actualizado antes.
Espero que les haya gustado el capítulo y que todavía les guste el fanfic, ya casi está llegando a su fin, dos capítulos más y terminamos.
Espero sus comentarios, críticas y sugerencias, son super importantes.
Saludos
Peeveshp