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Así empieza una historia de amor... — capítulo 1
Era una cálida tarde de Agosto, varios grupos de niños jugaban en el descampado. Una niña estaba aislada del resto, con cuaderno en mano y su inseparable lápiz, sentada bajo la sombra de un árbol. Unos metros más allá, un grupo de chicos jugaban a fútbol. Así habían pasado varias tardes, los chicos ignoraban la chica, la chica perdida en sus cuadernos y así constantemente. Pero un día todo cambió…
Un balonazo, una mirada, un mismo sentimiento.
Ella estaba como siempre, sentada bajo su árbol, hasta que un balón la golpeó en la cabeza. La chica levantó la cabeza de sus cuadernos y se encontró con un chico de grandes ojos verdes frente a ella. Había visto a ese chico antes, jugando con sus amigos, pero no le había prestado atención. ¿Para qué? Si con sus cuadernos era feliz, no necesitaba nada más. Tímidamente le devolvió el balón y el chico, agradecido, volvió a su partido.
Diez años después…
Aquella chica que vivía con sus cuadernos, ahora había conseguido vivir de sus cuadernos. Teniendo solo veinte años, había publicado varios libros y era feliz. Además, ella misma se esforzaba por hacer las ilustraciones de sus novelas. Vivía en un bonito ático, en una ciudad cercana a la que había pasado su infancia.
Una tarde, revisando sus cuadernos de cuando era más pequeña, descubrió un dibujo hecho a lápiz y entonces recordó aquella tarde. Ya se había olvidado de aquel chico de ojos verdes. Pero el dibujo que hizo aquella tarde de él jugando con sus amigos no se le olvidaría nunca. Entonces empezó a pensar en qué habría sido del chico. Pareció que el destino le había leído la mente, pues entonces recibió una llamada. La joven cogió enseguida. No conocía a aquella persona. Pero el mensaje le quedó claro: Era un director que había leído una de sus novelas, y quería hacer una película. Quedaron en juntarse esa tarde en un restaurante de la misma calle en la que ambos vivían. Sí, el destino era caprichoso. Ellos decían que por mucho de vivir en la misma calle no se conocían, pues ella no salía nuca de su ático y él se pasaba la mitad del día trabajando y la otra mitad con sus amigos.
Aquella misma tarde se encontraron en el restaurante, pero no se reconocieron. Los dos esperaron horas en aquel lugar, esperando a su acompañante. Al final, ella decidió llamarle, pues estaba perdiendo un valioso tiempo que no podría recuperar. Pero solo tenía el número de casa, así que nadie pudo cogerle. De la nada sacó un cuaderno y empezó a dibujar, cuando le venía la inspiración no había quién la parara.
Entonces el chico la vio, con uno de sus cuadernos y un lápiz, trazando sin descanso, sin siquiera levantar la cabeza y unos recuerdos le invadieron. No podía creer que esa fuera la chica que solo vivía pegada a un cuaderno, de la que nadie sabía absolutamente nada. Al ver que su acompañante no llegaba, se acercó a ella, sacándola de su mundo.
Ella le miró a los ojos al desconocido que la había interrumpido, dispuesta a decirle cuatro cosas. Pero vio primero esa mirada, antes de siquiera poder abrir la boca. Lo reconoció al momento, era aquel chico del descampado, al que había dibujado diez años atrás. Esa mirada le produjo un cosquilleo en el estómago, aquello que siempre había descrito en sus historias y lo que nunca había logrado sentir por nadie. Él sintió algo parecido.
Enseguida empezaron a hablar de cómo les habían dejado plantados y descubrieron que se habían dejado plantados el uno al otro, lo cual les hizo mucha gracia. Tras esta conversación, decidieron unir fuerzas para crear una gran película.
Esa no fue su última quedada. Quedaban juntos todos los días, y, después del estreno, no acabaron con esa manía. Se habían hecho íntimos, sabían todo el uno del otro y así, es cómo empezó una historia de amor…