← Historia 151743 · de
Historia 151743 — capítulo 1
Era un día como cualquier otro en el colegio Hogwarts de Magia de y Hechicería. Miriam Jébanum acababa de salir de clase de Pociones, muy contenta, muy consciente de que nuevamente, por vigésimo-quinta vez en el curso, se oían voces raras por el colegio. Ella no sabía por qué razón se oían esas voces pero sabía en qué idioma estaban y por qué cuando se lo había comentado a Rocío, su mejor amiga, ella la había tomado por loca. Las voces hablaban en lengua Pársel, y nadie en el colegio, más que ella y Tom Riddle, eran capaces de entender con certeza qué decían. Será imbécil, ya lo ha vuelto a soltar, pensó Miriam. Tenía suerte de ser sangre limpia. El basilisco solo iba a por los nacidos de muggles, y a propósito de eso, Miriam, pese a estar en Slytherin, tenía una amiga que era nacida de muggles. Todo el mundo la llamaba Myrtle la llorona, y la insultaba y le decía cosas horribles. Miriam no. Ella la consideraba su mejor amiga, y jamás la había llamado eso que todos la llamaban. Y eso era porque Miriam creía en la igualdad de las personas, pero jamás se había atrevido a decirle nada a Tom Riddle. Sabía que él era el heredero de Slytherin (y no lo sabía desde hace mucho), y no tenía ganas de que lanzase el basilisco contra ella también.
—¡¡Miriam!! —oyó de pronto una voz por detrás de ella.
—¿Qué pasa? —preguntó la chica.
—Oh, nada, que lo he vuelto ha dejar suelto, haber qué pasa —dijo Tom Riddle, entre risas.
—Yo no le veo la gracia por ningún lado.
—¿Por qué eres tan seria?
—¿Y tú por qué eres tan imbécil?
Tom Riddle miró a su novia, sorprendido. Había pensado que sería motivo de alegría decirle a Miriam que había vuelto a soltar al basilisco.
—¿Qué te pasa? —le preguntó.
—No me pasa nada, Tom, el caso es que ya sabes que están tras tu pista —explicó Miriam, haciéndole una suave caricia a su novio en la mejilla— Si te pillan, te expulsan.
Tom y Miriam se dieron la mano y siguieron caminado hacia la sala común de Slytherin. Ella y Tom debían ayudar a los profesores en esos tiempos difíciles, pues era su obligación como prefectos de la escuela. Una vez en la sala común, Miriam se cruzó de brazos y comprobó que todos los de primer año estaban en la sala común. Tom dio un bostezo y luego se volvió hacia su novia.
—Me voy a echar una siesta, Miriam —suspiró Tom.
Miriam asintió y luego sacó su libro sobre serpientes del mundo y se sentó en un sillón a leer, intentando convencerse de que su novio no iba a hacer algo que ella no quería que hiciera.
Al cabo de un rato, ya era casi de noche. Miriam lo notó y se dijo que ya iba siendo hora de ir al Gran Comedor, pero el profesor Slughorn entró en la sala común diciendo que esa noche cenarían en la sala común por su propia seguridad.
—Ha habido otro ataque —les comunicó— Esta vez, el monstruo ha matado a una persona. Una prefecta.
Miriam se quedó pasmada. ¿Que el basilisco se había atrevido a atacar a un prefecto?
—¿A quién ha atacado el monstruo, profesor? -preguntó al cabo de un rato.
¬A Myrtle, de Hufflepuff -respondió Rocío.- Lo he oído...
Miriam se perdió la mayoría de los detalles que su amiga le daba a Slughorn, porque en esos momentos estaba pensando en algo mil veces más importante. El basilisco había matado a una persona, lo cual significaba que irían inmediatamente a buscar al culpable. Se levantó de golpe del sillón y subió a los dormitorios de los chicos de Slytherin.
—Hola, Miriam —la saludó Tom, en cuanto vio entrar a su novia en el cuarto.
Miriam se sentó a su lado en la cama, y le dijo que le prestase atención.
—Mira, Tom, en circunstancias normales, me alegraría pero no ahora —dijo Miriam— El basilisco ha matado a una persona, y, por lo que le he entendido a Slughorn, iban a ir inmediatamente a por el culpable.
Tom la miró sin comprender. Miriam le abrazó, esta vez muy preocupada.
—Comprenderás que si te pillan, te expulsan, ¿no? —concluyó, conteniendo las lágrimas—Sabes que no quiero que eso pase...
—Miriam... —dijo Tom— Claro que no... —Al igual que Miriam, sentía ganas de llorar. Pero luego cambió bruscamente de actitud— Déjalo, ¿vale? No tengo dos años...
—Mira, Tom, si te vas a poner borde, me largo —le advirtió Miriam.
Tom perdió los nervios, e hizo algo que nunca habría hecho con Miriam en otras situaciones. La empujó de la cama, lo que hizo que Miriam, también, perdiese los estribos.
—Bueno, ya lo he intentado por las buenas —le espetó, muy enfadada— Si me tratas así, hemos terminado.
Tom intentó disculparse, dándose cuenta de lo que había hecho. Pero Miriam salió del cuarto, muy airada, dejándole muy decepcionado.