Tituladas 17.2% · 34,225 de 199,415 descubiertas
Rescatado 94.6% · 90,457 de 95,612 páginas identificadas · 89,859/90,219 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 151791 · de

Historia 151791 — capítulo 2

Primera parte

Azul eléctrico

Bajo el lustre del ardiente sol de las primeras horas de la mañana, los tejados de una casa alta y torcida despuntaba en medio de un valle salpicado de collados y encimadas colinas verdes. De una de sus chimeneas brotaba una serpiente de humo que casi se diluía con las bajas nubes blancas, y el tranquilo sonido del viento peinaba las lejanías con suavidad. Hoy reinaba una tranquilidad casi delirante, se respiraba como un perfume embriagador. Pero en La Madriguera, aquella calma acababa de ser interrumpida por una estridente voz que ahuyentó a los pajarillos que dormitaban acurrucados entre las tejas.

—¡Ronald Weasley! —gritó su madre por cuarta vez desde la planta baja.

Una melena pelirroja se asomó a través de la baranda de madera del tercer piso.

—¿Qué pasa? —Suspiró— Ya me ocupé de desgnomizar el jardín... ¿qué pasa ahora? — insistió con pesadumbre mientras bajaba las escaleras que rechinaban como jabalíes bajo sus pies desnudos.

Con una línea dibujada entre las cejas, su madre esperó a que la figura de su hijo apareciera en la cocina. Ron llevaba puesto un pantalón, pero todavía tenía encima la camisa color granate del pijama que le comenzaba a ajustar desde el pasado verano. Se le notaba el contorno de su fuerte pecho, y los músculos de sus brazos habían crecido debido al intenso entrenamiento al que se había sometido para mejorar sus jugadas y acrobacias en el quidditch.

—¿Dónde andabas? ¿Tienes duendes en los oídos? Necesito que le lleves la ropa limpia a Harry. Estará en su habitación —y le pasó el cesto repleto que estaba sobre la mesa.

Ron se dio cuenta que su madre se asomó para mirar un gran reloj de pared que colgaba en el salón: tenía nueve manecillas, cada una con el nombre de un miembro de la familia escrito.

—¡Oh! —Señaló la esfera del reloj. La manecilla del señor Weasley se había movido y señalaba la palabra «Viajando»—. ¡Ya viene! El desayuno ya casi está listo. Les dices a todos que baj… ¡Ron! ¡Echa a ese gnomo de aquí! ¡Ya se llevó dos salchichas y un bollo!

Ron puso los ojos en blanco y dejó el cesto mientras sacaba su varita del bolsillo.

—¡Inmovilus! —lanzó hacia la esquina de la cocina, donde un pequeño ser con cabeza en forma de patata intentaba ocultarse tras el costal de la harina.

El gnomo se quedó quieto y tambaleándose. Ron lo tomó, empujo la puertecilla del jardín y lo lanzó por los aires con todas sus fuerzas tras el lejano seto.

—Siempre la saltan y vuelven al jardín… —se dijo ahogando un bostezo mientras tomaba el cesto de la ropa bien doblada de su amigo, y volvía a subir las escaleras de La Madriguera. Llegó al segundo tramo de los escalones y abrió la puerta… 

Lo que vio lo dejó sin aliento y hasta el sueño se le esfumó antes de que alguien pudiera pronunciar bowtruckle. Allí estaba Harry de perfil frente a la luminosa ventana con el cabello carbón enmarañado. Estaba desnudo. Acababa de subirse el bóxer azul eléctrico que ajustó su ingle, su trasero y un suave bulto en la parte frontal. El muchacho era muy delgado, y tenía una delicada figura con pocas curvas, pero su pecho y su abdomen se delineaban con la luz y la sombra de la cálida habitación. Ron jamás lo había visto así antes.

—H-Harry… —murmuró Ron sorprendido. El corazón le latía tan fuerte que parecía querer romper sus costillas. Realmente estaba avergonzado.

Quedándose sin aire, Harry viró momentáneamente hacia la puerta para ver de quién se trataba.

—¡Ron! —gritó enfadado. —La puerta estaba cerrada por alguna razón.

—Perdón —se disculpó sin poder apartarle la vista de encima —. No podía haber llamado, como te darás cuenta tengo las manos ocupadas. —y dejó con las manos temblorosas el cesto sobre la cama desarreglada. —Somos amigos… ¿no? Y somos chicos, los dos podemos cambiarnos de ropa juntos, sin problema.

Harry no respondió y escogió el conjunto de ropa limpia que usaría. Ron se lamentó de haber sido inoportuno, pero no dejó la habitación para darle credibilidad a sus palabras. Así que, se adosó a la ventana y pretendió estar distraído mientras él se vestía.

Saltando con un pie para meter una pierna en el pantalón, Harry siguió a su amigo con la vista, pero ahora fue su turno de ver algo inoportuno... Notó como un voluminoso bulto crecía en su pantalón. «No, no puede ser...» pensó Harry apartando rápidamente la vista con las mejillas encendidas. Se estiró para tomar sus gafas del alféizar de la ventana y continuó subiéndose el pantalón. Mientras se abotonaba la camisa, Harry miró nuevamente hacia los pantalones de su amigo, y notó que el bulto se había ensanchado y crecido aún más. Tanto que incluso ladeado, llegaba hasta el bolsillo izquierdo.

 Ron despegó los labios para decir algo más, pero Harry lo interrumpió:

—Tengo... tengo mucha hambre… —declaró pretendiendo cambiar de tema, pero tras esas palabras, a Ron se le dilataron las pupilas tanto como a un felino sumergido en la penumbra.

Con los pies descalzos, el pelirrojo se acercó a Harry, un paso más.

—Yo… bueno, yo puedo darte algo —le aludió con nerviosismo; y, con un aire distinto al normal, miró al pelinegro a los ojos.

Harry se alborotó el cabello dándose cuenta que sus propios ojos volvían involuntariamente la vista hacia el abultado pantalón de Ron. «No, no podía ser», pensó velozmente. «¿Qué rayos estoy haciendo?» ¡No debía hacerlo!

—…Lo que quieras —complementó Ron—… Salchichas con crema, pan de ajo, huevos con beicon, tostadas con mantequilla… —Harry sonrió por fin— …quiero decir, en caso de que no te apetezca bajar a desayunar. Y… lo entiendo. Desde que tú y Ginny… bueno, las reuniones en el comedor se han vuelto incómodas incluso para mí.

En ese instante, se escuchó un golpeteo en la ventana.Hedwigacababa de aterrizar tumbando la antigua jaula deScabbersque Ron había arrumbado junto con otros cachivaches bajo el alféizar. Harry pudo respirar debido a la conveniente interrupción: no quería tocar ese tema por el momento y lo evitaría al costo que fuera. Con una sonrisa compuesta, se acercó al ave de plumas blancas para darle la bienvenida. No la había visto desde la noche anterior y se alegró de verla sana y salva. Con todo y los restos de lo que parecía ser un ratón pendiendo de su pico, su dueño la dejó entrar a su jaula encima del ropero. 

Ron comprendió el silencio de su amigo, así que no escarbó más. Levantó la jaula de su vieja rata y se sentó perezosamente en la cama que hizo un ruido de muelles. Le extendió la mano a Harry para que pudiera verle las mordeduras de gnomo que tenía en uno de sus dedos. Éste se sentó a su lado en la cama y le sostuvo la mano para ver los dientecitos marcados.

—…Dicen que la saliva de gnomo es benéfica. —le explicó Ron admirando sus dedos con orgullo como si fueran honoríficas heridas de guerra.

—Espero que en tiésebeneficio funcione como disminución del apetito. —reflexionó Harry carcajeando. Ron fingió una momentánea indignación, y luego, riendo también, le propinó un seco almohadazo que le torció las gafas. Entonces, se desató una lucha sobre el colchón.

—¡Ya verás señor PIPIPOTE! —se burló Ron intentando hacerle cosquillas, recordando como lo llamaba Peeves, el fastidioso Poltergeist de Hogwarts.

Harry no se quería quedar atrás:

—¡T-TE A... TE ARRE.. —no podía con la risa— TE A-ARREPENTIRAS, PEQUEÑO RO-RO! 

 Aquel apodo con el que Lavender Brown lo bautizó en sexto año, resonó en los colorados oídos de Ron, y ambos rodaron hasta casi caer de la cama. En ese instante la puerta se abrió de par en par, y la rechoncha figura de la madre de Ron se asomó.

—¡Solo faltáis ustedes dos! Los estamos esperando. Ron, tu padre ha traído un «control de moto» con varios botones. Harry, cielo, dice que quién mejor que tú podría orientarle respecto a ese aparato que usan losmuggles...

—Control remoto —la corrigió Harry con una sonrisa.

—¡Eso! —Respondió la señora Weasley agitando la mano como si ahuyentara varios mosquitos invisibles —Ron, —añadió de pronto antes de salir—¿P-Por qué, estás tomando la mano de Harry?

Y efectivamente... sus manos habían coincidido en la cama sin darse cuenta. El pelinegro se sonrojó y la retiró como si se hubiera quemado los dedos. Ron se apresuró a decir con los ojos todavía llorosos de la risa:

—Estaba revisando mis dedos. Usamos un hechizo para aliviar las mordeduras de gnomo.

Molly no dijo nada y salió de la habitación distraída por el ruido de unos sigilosos pasos que recorrieron el pasillo: «¿Cómo que no?» exclamó la señora Weasley.«...No tengo hambre, eso es todo» se escuchó responder la voz de Ginny. Pero a juzgar por la repentina calma que se hizo (y que podría haberse tratado del detonante de un fuerte escándalo), la mirada severa de su madre había ganado. Cuando se hubieron alejado los pasos, los dos chicos rieron nerviosamente sin atreverse a mirar a la cara.

El pelirrojo se dejó caer en la cama. Se quedó reflexivo contemplando el techo. Acababa de darse cuenta que tenía la cabeza hecha una maraña una vez más. Volvía a creer que aquello, no era cualquier cosa... Hasta hace unos minutos, había permanecido con la idea de que no tenía mucha importancia y no fue hasta que la sensación volvió. Desde hace ya tanto tiempo, exactamente desde hace ya varios veranos, había logrado evadir y ocultar aquello... había podido controlarlo, y casi había creído que lo había logrado superar o que se había tratado de algo pasajero. Pero ahora que Harry había dejado a Ginny, y ahora que pasaban más tiempo juntos que antes, volvía a cuestionárselo con miedo... ¿De verdad estaba enamorado de su mejor amigo? ¿Era real que le gustaba Harry? Acababa de notar una reacción inesperada al verlo así... al entrar a la habitación. ¿De verdad era atracción? Se golpeó la cabeza con las palmas y suspiró con pesadumbre. Levantó la cabeza de la cama, esperanzado en que Harry no lo hubiese notado. «¿Por el ex-novio de mi hermana?»,«¿Por un chico?»,«¡¿POR UN CHICO?!» Se había llegado a preguntar todas las mañanas y noches acurrucado en su cama a altas horas de la madrugada. Y ahora, precisamente ahora, se daba cuenta que volvía a cuestionárselo. ¿Es posible? Decidía cada que miraba los profundos ojos verdes de su amigo al caminar a su lado… Y es que con él siempre pasaba ratos de interminables risas, habían crecido prácticamente juntos. Entre ellos, los buenos momentos nunca faltaban debido a su fuerte de unión y la forma en la que se entendían desde niños... «Sus ojos, sus ojos verdes», pensó Ron sintiendo una punzada dolorosa en el pecho. 

De pronto... volvió al presente. Se acababa de dar cuenta que Harry lo observaba con una sonrisa inocente mientras guardaba su ropa en la cómoda.

La punzada se convirtió en un calor abrazador... mantuvo las manos sobre su vientre y miró al techo para disimular. Pensó de nuevo enlo que acababa de suceder hace un rato, y el hecho de tenerlo allí tan cerca le provocó un extraño hormigueo que le recorrió todo el cuerpo. Harry ni siquiera se imaginaba lo que estaba pensando en ese momento. Se preguntó con vergüenza si habría escuchado la violencia con la que su corazón estaba latiendo en ese preciso instante... 

De todos modos —pensó Ron— ¿Qué pasaría si Harry se enterara de sus sentimientos tan extraños? Le daba miedo la idea de que, de descubrirlo, nada volviera a ser igual que antes.

Entonces, Ron se levantó inesperadamente de la cama, y desde el marco de la puerta le dijo a su amigo con una leve sonrisa:

—Vamos, o me terminaré los huevos con beicon: tus favoritos —y se escuchó como descendió las escaleras a toda prisa.