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Los Heroes del Olimpo y el Clan de los Condenados — capítulo 2
Secuestro
Pequeño spoiler de La Casa de Hades lee bajo tu propio riesgo
Salí de la Puerta de Orfeo con rumbo al apartamento de Percy que quedaba unas calles rumbo al campamento.
La luna alumbraba Central Park dándole un aire fantasmal. Es gracioso que yo diga eso ya que yo mismo debo parecer un fantasma. Sí, lo crean o no soy consciente de que no soy agradable a la vista de la gente porque los intimido. También el hecho de que soy hijo de Hades y que soy mas poderoso que muchos de ellos.
Lo siento, tiendo a desviarme de tema últimamente y más cuando estoy en la misma zona que él.
Tengo la tranquilidad de saber que Jason ha guardado el secreto y que Eros no ha vuelto a meter sus narices divinas en mi estúpida vida.
Desde ese día Jason y yo nos hemos acercado mucho. Eh no me lo tomen a mal, el tipo es guapo, sí, pero no me gusta ni nada; simplemente nos volvimos muy amigos y confidentes.
¿Porque de pronto empecé a pensar en esto?
Bufe.
Continúe caminando unos pocos minutos más hasta que llegue enfrente del edificio donde Percy pasaba los veranos con su madre.
Es extraño el hecho de que me pidiera que lo acompañara al campamento este año cuando normalmente puede vérselas muy bien solo. Supongo que desde que Gea trato de despertar todos nos cuidamos mas las espaldas.
Me encogí de hombros y subí por el ascensor todavía perdido en mis pensamientos y sorprendiéndome al reconocer la canción que sonaba como Smells Like Teen Spirit de Nirvana. Casi inconscientemente comencé a tararearla.
Llegue al piso de Percy y toque su puerta rápidamente. Todavía era incomodo venir aquí por obvias razones.
La puerta se abrió revelando al chico pelinegro al que yo buscaba.
-Hola Nico- Dijo sonriendo.
-Hola Percy- Conteste suprimiendo una sonrisa y mirando su collar sin querer. Desde lo de Gea una nueva cuenta lo adornaba. En ella se podía ver a una chica de cabello rubio, Annabeth.
Una punzada llego a mi corazón. Ya pocas ganas me quedaban de reír
-Vámonos- Dijo él asumiendo, correctamente, que yo no iba a decir nada más.
Tomo una mochila de detrás de la puerta y caminamos por el pasillo al ascensor. Esta vez no me fije en la canción que sonaba.
Salimos a la calle fría y solitaria, tal como me gustaba, y caminamos en dirección a la estación de trenes sin mediar palabra alguna.
Hubo un momento en que escuche una voz suave que me decía que me desviara hacia un atajo.
Sin saber bien porque le hice caso y doble a la izquierda.
-Nico, ¿A dónde vamos?- Pregunto Percy.
-No se- conteste algo aturdido. Oí que otra vez la voz me decía que continuara, que lo convenciera -Pero tengo una corazonada no… no sé bien que es pero… creo que debemos seguirla-
-Yo también lo siento- Dijo Percy después de quedarse mirándome un momento, poniéndome aun más nervioso de lo que ya estaba. -Sigámosla-
-Va… vale- Dije sonrojándome y continúe caminando. La voz se hacía más fuerte con cada paso que dábamos, sentía su presencia en mi cabeza repitiéndome que fuera, que la siguiera.
Caminamos como por cinco minutos hasta parar en el patio de una casa abandonada de los suburbios de Manhattan.
El cartel de "Se vende" chirriaba cuando se movía mecido por el viento suave de la noche de primavera.
-¿Y ahora qué?- Dijo Percy mirando alrededor como si algo no estuviera bien. Yo también me concentre cuando sentí que la voz salía de mi cabeza poco a poco hasta dejar de ser el murmullo imperceptible que me había llamado la atención en primer lugar.
Un escalofrió me recorrió de pies a cabeza. Vale y eso que yo soy frio. Ok mal chiste.
Sentía que alguien nos miraba eso era. Por eso me sentía amenazado.
De pronto sentí que las sombras se movían y me prepare para pelear aunque me asuste ya que yo no lograba sentir esa presencia y eso significaba que no estaba muerta. Cabe mencionar que me daban más miedo los vivos que los muertos.
No tuve tiempo de reaccionar cuando sentí como si uno de los alumnos del instituto militar al que fui con Bianca me tacleara y caí al piso con un ruido sordo y el horrible crujido de mis costillas contra el pavimento.
-¡Nico!- Grito Percy mientras corría hacia mí. Distinguí casi a ciegas y más que nada por instinto detrás de él una figura que se acercaba corriendo sin hacer ruido.
-¡Atrás de ti!- Grite, boqueando por el aire que necesitaban mis pulmones. Trate de deshacerme de lo que oprimía mi pecho y sentí como una ligera punta de cuchillo se clavaba encima de mi corazón.
La luna no se veía así que no tenía idea de que me mantenía prisionero.
Escuche como alguien caía como un fardo a mi lado. Percy. Y alguien más.
Escuche como forcejeaban mientras trataba de tomar mi espada de mi cinturón pero no la alcanzaba.
La cosa me tenía casi completamente inmovilizado.
Cuando alcance la punta de la empuñadura la luna salió de entre las nubes,que, ahora que lo pienso, no tenían porque existir si era primavera. Lo que vi encima de mí definitivamente no me lo esperaba.
La luz de la luna arrancaba destellos al pelaje negro del animal que me miraba con sus ojos ambarinos brillantes. Una pantera.
Tenía encima una pantera.
No pude evitar quedarme quieto admirándola. Era una pantera muy bella cuyo pelaje le permitía fundirse en las tinieblas de la noche, por eso no podía verla cuando llegamos. Aunque ella sí que podía verme.
-Duerme- Me dijo la pantera.
Ni siquiera tuve tiempo de pensar "Dioses la pantera me ha hablado". Su hechizo oral me pego tan fuerte que en menos de una milésima de segundo ya estaba inconsciente.