Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Manual de lo prohibido · de

Manual de lo prohibido — capítulo 11

-¡Chicos ya vine!

Ambos pegamos un brinco al oír la voz de Ginny y ver el rayo de luz que la puerta abierta introducía a la habitación. Nos separamos tan rápido que no pude ni procesar la información del todo bien. ¿Ginny? ¿Ella que hacía aquí? ¿Eran ya las ocho de la noche?

-¿Por qué está tan oscuro?-preguntó y luego las luces me cegaron.

Parpadeé repetidas veces, atolondrada y desconcertada.

-Estábamos viendo una película-explicó Draco, quien de repente se encontraba muy lejos, a diferencia de cómo lo había tenido antes.

¿Cuándo se alejó tan rápido?

-¿En serio? ¿Cuál?-preguntó Ginny, tratando de ver hacía el televisor y de descifrar a qué filme pertenecían esas escenas.

-Infectados-dijo, Draco.

-Herms, yo no sabía que eras masoquista-bromeó Ginny y sólo entonces, cuando oí mi nombre, aterricé-. Esa película es aterradora-musitó haciendo un mohín-. ¿Por qué la rentaste?

-Porque no sé italiano, ¿te parece una buena excusa?-musité, medio atontada. Aun no sabía qué había ocurrido y por qué Ginny estaba allí siendo las siete con treinta.

Ella soltó una risotada.

-Ginn, amor. ¿Por qué llegaste temprano hoy?-preguntó Draco.

-Ah, hoy salí temprano-se encogió de hombros. Se puso en puntitas para besar los labios de su novio y me giré instantáneamente, de pronto mas aterrorizada por esa escena que por el filme.

Oí el chasquido de sus labios al unirse y quise taparme los oídos o subirle todo el volumen a la TV con tal de que me fuera imposible captar ese tipo de sonidos.

La fierecilla apareció de pronto, atenta, molesta y enfurruñada. Se movía inquieta dentro de mí estómago y me rogaba que me levantara del sofá y me largara.

Miré por la colilla del ojo y pude verlos aun besándose. La fierecilla se removió y comenzó a rasguñar lastimosamente. Ahora era un sentimiento casi palpable, podía sentirlo con claridad dentro de mí, alguna especie de punzada cerca del corazón que hacía los latidos pesados, moribundos. Esto no debía de hacerme daño… pero me lo hacía.

Me levanté del sofá y quité la película del televisor. Hice ruido cuando el control del DVD se me cayó de la mano al presionar su botón con fuerza excesiva. Pero al menos sirvió para que Draco y Ginny se dejaran de pasar microbios y me miraran.

-Perdón-farfullé.

-¿No vas a terminar de verla?-preguntó Ginny.

-No, recordé que tengo que arreglar mis cosas-dije, mientras ponía con movimientos torpes el DVD de nuevo en su lugar.

-Ay Hermione, pero tú nunca arreglas tu habitación-me acusó.

-No me refiero a eso Ginny-la miré-; lo que quiero decir es que mañana saldré con Theo y me llevaré la cámara-no sabía de dónde había salido la mentira, por que eso era, una mentira; Theo y yo no teníamos planes de nada-. Y por cierto, yo sí arreglo mi habitación, aunque no muy seguido.

Ginny ignoró mi último comentario.

-¿Saldrás con Theo de nuevo? Vaya, ¿cuántas veces ya son?-se emocionó y comenzó a especular.

-No las cuento, Ginny-dije y me reí.

-¿Y a dónde irán? ¿De nuevo a tomar café?

Miré el rostro de Draco, aun lado del de su novia conjeturante y pude ver en él ese tipo de gesto que le producía cada vez que yo hablaba de Theo. Aquello me alentó a seguir con la mentira.

-No, a la plaza de San Marcos-dije-. Así que si me disculpas, tengo que ir a ver que me pongo-sonreí, pero de esa manera en la que sonríen las brujas malvadas de las películas.

-¿No vas a cenar?-inquirió Ginny.

-No, no tengo hambre; pero si acaso me da, creo que tengo una barra de granola en mi escritorio-me encogí de hombros.

-Está bien.

-Hasta mañana, Draco-dije, cordialmente y le sonreí. De verás que me sentía mala y a la fierecilla le gustaba eso.

-Hasta mañana, Hermione-musitó, serio y sin sonrisa.

Me di la media vuelta y me dirigí a mi habitación. Había calmado a la fierecilla e incluso le había dado una dosis de satisfacción, pero ahora tenía otro problema. ¿De dónde demonios había salido mi mentira? No me quedaba más que sólo cruzar los dedos para que Theo pudiera ser mi cómplice y aceptara la invitación que le iba a hacer.

Marqué rápidamente el número de Theo y me aparté de la puerta para que no pudieran oírme. Timbró un par de veces y a la tercera su voz de ángel contestó del otro lado de la bocina.

-¿Herms?-me dijo, sorprendido por mi repentina llamada.

Él siempre era el que me llamaba a mí.

-Hola, Theo, ¿cómo estás?-susurré casi.

-Bien. ¿Por qué hablas tan bajito?-me preguntó, cambiando su tono de voz al mío.

-Porque no quiero que me oigan.

-¿Quién?

-Mañana te explico, ¿sí? Sólo quería preguntarte si querías salir a pasear conmigo a la plaza-arrugué el suéter negro que llevaba puesto, nerviosa.

-¡Por supuesto! ¿Mañana?

Suspiré de alivio.

-Sí, gracias.

-No, gracias a ti por invitarme-dijo.

-Entonces, hasta mañana, buenas noches y gracias-musité.

-Hasta mañana.

Trunqué la llamada e hice una exclamación de victoria. Sabía que podía contar con Theo cuando fuera.

Me senté sobre la cama y me incliné para abrir el cajón inferior de mí buró. Rebusqué entre papeles y debajo de todos encontré lo que había guardado como un tesoro a capa y espada hasta hoy. Levanté las diez fotos y miré cada una hasta encontrar alguna que dibujara el rostro mejor.

Cuando lo hice, la tomé entre mis manos y estudié el bello resplandor que por sí sólo reflejaba el rostro de Draco. Sentí en mi estómago como si un montón de burbujas se inflaran y fueran flotando en el espacio libre. ¿Por qué él me provocaba todo esto? Ahora empezaba a tener un miedo racional y tangible. Draco no debería de provocarme ese tipo de sensaciones, por que yo sabía que significaban. Recordé lo que había ocurrido hace rato, y no pude ni imaginarme lo que hubiera pasado si Ginny no hubiese llegado. Su rostro estaba demasiado cerca. Demasiado. Sentí cómo las burbujas se inflaron más y revolotearon por todo mi estómago. Sacudí la cabeza, queriendo deshacerme del recuerdo y por consecuente de la reacción.

Guardé de nuevo todas las fotografías en mi cajón, debajo de todo el montón de papeles, en donde deberían de estar. Me arropé para dormir y escruté el techo en total oscuridad; luché contra los pensamientos que en ese momento estaba teniendo, a mi no me podía gustar el novio de mi mejor amiga, no debía.


-¿Quién eres?-pregunté, ya que su rostro me era conocido, sin embargo, también me parecía una persona extraña.

-Tu otra yo-me dijo.

Me solté a reír.

-Sí, claro. No puedes ser mi 'otra yo'; ¡yo no me pondría jamás esos tacones tan altos!-señalé sus pies.

-Sí, bueno; pero resulta que yo hago cosas que tu normalmente no harías. Como por ejemplo, aceptar que me gusta Draco.

-¿Draco Malfoy?-vociferé, echándome hacía atrás.

-¿Lo ves?-dijo de lo más tranquila- Tú no lo aceptas, yo sí.

-Draco no me gusta, ¿estás loca? ¡Es el novio de Ginny!

-Deja la histeria que sabes que tengo razón.

-Demente-farfullé.

-Bueno, ¿y qué si no fuera novio de Ginny? ¿Aceptarías que te gusta?

-No.

Ella rió y su risa burlona me incomodó.

-Claro, por que si no fuera novio de Ginny, quizá no lo hubieras conocido-pensó.

-No me gusta Draco-dije, tajante.

-Repítelo hasta que te lo creas, por que a mí no me engañas-me sonrió-.

-¡Guarda silencio!

-¿Por qué? Nadie puede oírnos, sólo estamos tú y yo. Si aceptas que Draco te gusta, dejaré de molestarte.

-No-me crucé de brazos.

-Como quieras-se encogió de hombros-. A fin de cuentas para eso estoy yo.

-No sé de quién seas la otra parte, porque de mí no.

-Como digas-manoteó restándole importancia a mi comentario-. Pero ten en cuenta que yo, sí acepto que Draco me gusta y no olvides que sí soy parte de ti.

El sudor me perlaba el rostro cuando me desperté jadeante entre las sábanas. Eso sí que había sido una pesadilla. Un extraño y loco sueño, nada más. Miré el reloj, eran las ocho de la mañana. Recordé los planes que tenía con Theo y salí disparada de la cama para bañarme y vestirme.

Salí entonces a buscar a Theo pasadas de las nueve treinta, y como siempre, esa bonita sonrisa en su rostro de ángel me alegró la mañana.

-Hola-me saludó.

-Hola.

-¿Lista para irnos?

-Claro.

Enredé mi brazo al suyo y nos encaminamos a su mustang antiguo, color negro. Me abrió la puerta y luego puso el auto en marcha. El motor rugió bajó nosotros y las llantas comenzaron a rodar.

-¿Por qué ayer hablabas tan bajito? ¿Quién no querías que te oyera?-me preguntó.

Solté una delicada risita tonta, y sentí que enrojecí un poco.

-Ginny y dra…Draco.

-¿Por qué? Déjame adivinar, las especulaciones de Ginny-rió.

-Eemm… sí, eso.

Me miró, aunque no parecía muy convencido debido a mí vacilar a la hora de responder.

Llegamos a la plaza de San Marcos y bajamos a caminar. Saqué un par de fotografías de cada monumento mientras que la gente andaba de aquí para allá bajo el tenue y apenas visible sol de la ciudad de Venecia.

-Theo-musité, como quien no quiere la cosa.

-Dime.

-¿Te ha gustado alguna vez alguien… prohibido?-me miré los pies al caminar, entre tanto que esperaba la respuesta de Theo.

-¿Prohibido?

-Sí, alguien que no te debe de gustar-vacilé.

-Mmm…-pensó-. A los cuatro años me enamoré de mi tía-rió.

Me reí también.

-Es enserio, Theo.

-¿De quién pudiste haberte enamorado, Hermione? ¿De un padre?

-Enamoramiento no, Theo. Y de un padre tampoco-lo fulminé con la mirada.

-Bueno, está bien. ¿En quién te pudiste haber fijado?

-Pues…

-¿Draco?

-¿Qué?-se me bajó la sangre de la cabeza hasta los pies y sentí como si fuera a tocar el piso.

¿Cómo sabía? ¿Cómo pudo haber adivinado tan fácil? ¿Era yo tan obvia?

Miré a Theo, temerosa y con labios trémulos; pero entonces me percaté de que Theo no me miraba a mí, sino que su mirada se posaba lejos, observando un punto fijo.

-¿Es ese Draco?-preguntó, aun mirando a lo lejos.

Seguí el trascurso de su mirada y pude visualizar a unos tantos metros, entre la gente que pasaba de un lado para otro, un cuerpo que me quitaba el aliento. Caí en la cuenta de que mis pensamientos habían funcionado mal y que Theo no se refería a lo que yo había creído; sino que musitó el nombre de Draco porque a lo lejos lo vio.

-Creo que sí-musité- ¿Qué hace acá?-pregunté.

-A lo mejor salió a pasear, como nosotros. Hablémosle-sugirió.

Me tomó de la mano y me arrastró varios metros entre la gente hasta llegar a las espaldas de Draco, la perfecta y bien trabajada espalda de Draco, que no dejaba de lucir aun con la camisa que traía encima. Draco parecía como si buscase a alguien, ya que asomaba su cabeza sobre la de los demás.

-Malfoy-musitó Theo, haciendo que el interpelado pegara un brinco.

Se giró a mirarnos y abrió los ojos como platos.

-Perdón, no quería asustarte-dijo el bello ángel.

-No… no hay problema-tartamudeó y luego colocó su mirada en el entrelazado de dedos entre Theo y yo; su rostro dejó la expresión de nerviosismo y pasó a una con un ceño fruncido.

-¿Estás con alguien? Porque se nos ocurrió que sería buena idea que anduvieras con nosotros, digo, si quieres-dijo Theo.

-¿Eh?-subió la mirada-. Ah, sí, claro.

-Bien-sonrió Theo-. Vayamos para allá-señaló hacia la izquierda-. Hay lugares que seguro te gustarán-me dijo.

Seguí a Theo, aun atada a su mano y Draco a mi lado. El corazón cantaba emocionado y palpitaba extraño, con alguna clase de latidos que yo desconocía, pero que sin embargo me llenaban de placer.

-Qué casualidad haberte encontrado, Draco-musitó Theo.

-Ah, sí, vine porque…-se quedó en silencio de nuevo, repentinamente nervioso-porque… quería… salir un rato-dijo.

-Nosotros igual, además de que Hermione aprovecha para sacar estupendas fotografías, ¿verdad?-me sonrió.

Le devolví la sonrisa, por que la voz se me había ido y sólo podía escuchar los escandalosos latidos de mi corazón producidos por el perfume tan varonil que Draco desprendía en cada paso que daba.

-Por cierto, Herms, no entiendo aun qué quieres decirme-me dijo Theo-. No contestaste mi pregunta.

-¿Qué pregunta?-dije, con voz medio baja.

-¿En quién te fijaste y por qué dices que es prohibido?-inquirió.

Abrí los ojos de par en par, casi se me salían de las órbitas. Y Draco, quien estaba a mi lado, encaminando su paso con el mío, nos miró rápidamente. Íntegramente atento.

-Eemm… en… el… amm…-tartamudeé. Las miradas de ambos se posaban en mí y la de Draco  ni siquiera parpadeaba.

-¿En quién?-volvió a preguntar Theo

Lo fulminé con la mirada queriendo taparle la boca en ese instante, las manos comenzaron a sudarme ante la posibilidad de quedar en evidencia.