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Manual de lo prohibido — capítulo 16

-Perdón-dijo Theo, ya que yo me había quedado sin voz.

-Oh, no te preocupes, Theo-se levantó Ginny del sofá y se acercó-. ¿Ya te vas?-preguntó, medio consternada.

-Sí-dijo él.

Me empujó discretamente por la cintura, mientras que yo me esforzaba por borrar mi rostro afligido. Medio reaccioné. Seguí a Theo hasta la puerta y él notó mi reacción.

-Nos vemos luego, chicos-dijo Theo y dijo adiós con la mano a Draco y a Ginny. Entonces se acercó a mí y me plantó un beso tierno cerca, muy cerca de los labios, rozando sólo la orilla y antes de que se despegara demasiado de mi rostro me guiñó el ojo.

Me quedé parada allí, analizando lo que Theo acababa de hacer, o mejor dicho, el porqué lo había hecho.

-Adiós-musité por fin y luego cerré la puerta tras ver la sonrisa de Theo.

Me giré y los ojos inquisidores de Ginny me acusaron mientras que los de Draco me miraban como si estuviesen furiosos. Pero eso era imposible, ¿no? No puede enojarse tanto por una estúpida rosa. Porque… esa era la razón, ¿no?

Se limitó a intimidarme y cuando lo notó dejó de hacerlo y bajó la mirada.

-¿De qué tanto hablaron tú y Theo?-preguntó Ginny, la curiosidad que siempre había existido en ella ahora me resultaba extrañamente fastidiosa.

-De nada importante, ya sabes-me encogí de hombros-, su tía, la cena-dije, divagando un poco- ¿Sabes? Voy a ver si tenemos correspondencia-inventé, para poder escapar un rato de aquel incómodo momento.

-Pero…

No dejé que Ginny terminara e interrumpí el sonido de su aguda voz cuando la puerta me colocó del otro lado, suspiré y bajé con lentitud las escaleras, necesitaba un poco de aire fresco. Llegué hasta el último piso y revisé en el cajón marcado con el 312 para ver si teníamos correspondencia, no había nada más que unos cuantos folletos de publicidad sobre cuentas de banco, a lo poco que pude entender. Arrugué los papeles y los hice una bolita mal hecha, luego salí del edificio y me senté en las escaleras de la entrada en donde deposité las bolitas de papel a un lado, me llevé ambas manos a mis ante brazos, esta noche había decidido teñirse de un azul oscuro y gélido aire. Suspiré, haciendo que el vapor saliera de mi nariz y chocara con el frío.

La puerta se abrió a mis espaldas y antes de que pudiera articular algún pensamiento, su voz me distrajo.

-Necesitamos hablar-me dijo Draco haciéndome pegar un brinco, su tono era un poco áspero y cuando me giré a mirarlo, se esforzaba en ocultar un rostro medio colérico, pero la máscara no resistía muy bien.

De pronto me asusté. ¿Tan mal se había tomado que yo le haya dado la rosa a Ginny? Le miré con ojos angustiados.

Se sentó a mi lado, allí en el frío cemento de las escaleras desgastadas de la entrada y el contacto con su piel me produjo un tierno calor cuando pegó su brazo y hombro al mío.

-¿Qué sucede?-pregunté.

-¿Qué fue eso?-me dijo, con el mismo tono de voz.

-¿Que fue qué?-esto parecía un juego de palabras.

-Eso, con Theodore, ¿por qué te besó?

Me solté a reír de puro nerviosismo, yo pensando que él me daría una buena amonestación por lo de la rosa y, ¿me sale con eso?

-No me besó-dije.

-¿Entonces cómo le llamas al hecho de que él haya pegado sus labios a los tuyos?

-¿Qué?-reí aun más y al parecer a Draco no le hacía mucha gracia- Theo no me besó, no en los labios, al menos. Fue sólo un beso de amigos.

-Pues no parecían amigos-farfulló.

-Malfoy, pareces mi padre-dije, medio molesta por tener que darle explicaciones y la risa se volvió una línea tensa en mis labios.

Draco suspiró y decidió mejor cambiar de tema, aunque no de tono de voz.

-¿Por qué le diste la rosa a Ginny?-preguntó.

-Porque ella es tu novia, Draco-dije, aunque me haya dolido rectificar aquello-. A ella es a quien debes de darle rosas, osos de peluche o lo que sea.

-Pero yo te la quise dar a ti-insistió.

-Y yo no iba a decirle a Ginn eso, ¿o sí?-suspiré-. Draco, ¿por qué te molestas tanto con las cosas que hago? ¿Por qué te importa que le haya dado la rosa a Ginny e inventado una excusa para salvarnos el pellejo? ¿Por qué te molesta si Theo me besa o me lleva un ramo de flores?

Se quedó en silencio un rato, mirando hacia delante con el ceño fruncido y sus labios formando una línea.

-No lo sé-musitó-. Tengo que irme-se levantó rápidamente y caminó hasta su Hybrid negra y subiendo a ella condujo hasta desaparecer calle abajo.

Me quedé sentada allí, sin saber bien qué había ocurrido hace unos minutos; era la clase de desconcierto que hace que te duela la cabeza y sentir cómo si tus pies volaran lejos del planeta Tierra. ¿Por qué Draco había actuado así? A no ser que… no, claro que no. Eso sería imposible.

Suspiré agobiada, si Draco había malinterpretado todo, seguro Ginny también y ahora, aunque no tenía ganas de mantener una conversación para mentirle más a Ginny y sonreírle condescendientemente, tenía que pararme enfrente de ella y darle el mismo sermón que le dí a Draco, el de "Theo y yo sólo somos amigos".

Me levanté desganada y abrí la puerta del edificio, conduciendo mis pies escaleras arriba hasta llegar al tercer piso y al departamento 312. Suspiré de nuevo antes de entrar, rogándole a Dios tan sólo un poco de ayuda, Ginny podía llegar a ser realmente persistente.

Abrí la puerta girando la dorada perilla y visualicé a Ginn mirando TV desde la cocina; mientras intentaba recalentar en el horno un pedazo de pizza del día jueves. Cuando me vio entrar se giró hacia mí y me sonrió de gran manera haciéndome ver sus dientes medianos y blancos, tan fuertes como un roble.

Traté de sonreír.

-¿Por qué la gran sonrisa? ¿La pizza no se te quemó hoy?-bromeé.

-Aay-se quejó como niña pequeña-. Eso sólo fue una vez y hace ya varios años-dijo y rió, dejando escapar el sonido levemente gutural de su risa.

Me tuve que reír también, recordando aquella escena de la pizza quemada en casa de su abuela, cuando teníamos diecisiete años.

-Bueno, pero no es por eso porque sonrío-me dijo-. Tú tienes algo que contarme-levantó las cejas una y otra vez.

-¿Cómo qué?-me hice la que no sabía.

-No sé, tú dime, algo que tenga que ver con un chico rizado, llamado… ¿Theo?-tanteó.

Puse los ojos en blanco.

-Ginny, ¿cuándo vas a entender que entre Theo y yo sólo hay una bonita amistad? Ya aclaramos el punto y ambos estamos bien siendo amigos.

-Pero yo vi…

-Un beso, ya sé-la interrumpí, de nuevo poniendo los ojos en blanco-. Ginn, pero ese no fue un beso en la boca, fue en la mejilla, cerca, pero fue de amigos, nada más-dije.

Se quedó en silencio como por tres segundos y luego exhaló.

-Eres aburrida-dijo y se giró para ver su pedazo de pizza girar en el plato de vidrio, dentro del horno.

-El hecho de que no me guste Theo no quiere decir que sea aburrida-me defendí.

-No, pero desde que llegaste a Venecia, no has salido con ningún chico-me dijo-. A menos que…-se giró de nuevo y me miró, la sonrisa volvió a expandirse por su rostro- ¿Te gusta Harry?-preguntó.

-¿Qué?

-Pues, no sales con más chicos, vas de aquí para allá pero no sin las mismas personas: Theo, Harry, tu amiga la de los Agnelli e incluso Draco.

Algo me estrujó el estómago cuando dijo su nombre.

-Bueno, ¿y qué quieres que haga? Harry se ha vuelto un amigo excelente y Theo es una persona grandiosa. A Luna la conozco por que trabaja en el laboratorio de fotografía y es una chica sensacional. Así estoy bien, no ocupo tener tantas personas en una vida que pronto dejaré. No voy a quedarme a vivir en Venecia por siempre-dije.

-Ya lo sé, Hermione. Lo que trato de decir es que disfruta el tiempo que estés aquí.

-Eso lo hago, créeme.

-Pero…

-¡Tu pizza está lista!-canté al oír el pitido del horno-. Me voy a dormir, te quiero, buenas noches-le lancé un beso y me fui a paso apresurado a mi habitación.

Me sentía culpable, porque la verdad era que no me entusiasmaba tanto la idea de pasar el día con Ginny, al menos no si lo veía de la perspectiva de que no vería a Draco, o mejor dicho, de que no estaría yo sola con él. Me revolqué entre las sábanas de mi cama hasta que la apenas cálida luz del sol me llegó a los ojos.

-Bestia-los golpes en la puerta no fueron tan intensos, pero sí molestos.

-Ya estoy despierta-farfullé.

Salí de mi habitación y miré a Ginny sonreírme. Me sentí mal de nuevo.

-¿Cuáles son los planes de hoy?-pregunté, totalmente desganada.

-Conseguir un vestido elegante-me dijo.

-¿Elegante? ¿Qué celebramos?-inquirí, confundida.

-El próximo domingo es el cumpleaños del señor Vittore y, ya sabes cómo son todas esas personas-puso los ojos en blanco-. Gastan hasta el último centavo para darle lujo al ambiente.

-¿El señor Vittore?-traté de pronunciar el apellido con el acento que Ginny había utilizado.

-Sí, el dueño del Hospital, Roberto Vittore-explicó.

-Oh… ¿y…?

-Estamos invitados-sonrió ampliamente.

-¿Invitados?-quería saber a quiénes se refería.

-Sí, tú, yo y Draco. Quien por cierto ya debería estar aquí-divagó, mirando el reloj de su muñeca.

-¿Draco? ¿Nos acompañará?-hice un mohín.

-Claro, ¿y luego quién nos dirá que nos vemos lindas con los vestidos?-bromeó.

-Pero Draco es… hombre. Sabes que no les gusta eso-intenté encontrar una excusa creíble para que Draco no fuera, yo no debía siquiera estar cerca de él.

-Pero es mi Draco-dijo y me dolió-, él está dispuesto a acompañarnos.

Entonces el timbre sonó. El corazón me latió ansioso, presuroso y… angustiado.

Ginny corrió animosa hasta la puerta, mientras que yo me quedé parada allí, con ganas de correr en dirección opuesta. Después de la pequeña discusión que tuvimos ayer no sabía qué sentir. Pero entonces Ginny abrió la puerta y la luz apareció en mis ojos, allí estaba él, tan deslumbrante como siempre, usando una camisa en color azul a cuadros, desabotonada, y un jeans del mismo tono, ajustado a sus despampanantes piernas. Hizo que el mundo se me volteara en un segundo cuando me miró.

-¡Amor!-dijo Ginny, sin duda feliz. Pero esta vez en darle un beso en los labios, se lo dio en la mejilla.

Agradecí aquello, aunque la fierecilla igual se sintió celosa.

-Hola-musitó Draco.

La saludé con la mano.

-Ve a cambiarte, Herms-me instó Ginny y sólo entonces caí en la cuenta de que estaba en pijama, de nuevo-. Nos espera un largo día.

Sonreí y sin decir nada me fui a mi habitación, haciendo un mohín mental por el adjetivo que Ginny acababa de usar para calificar al día… largo.

Me puse un blusón negro combinándolo con un jeans en tono gris y até mi cabello en alto, luego salí al encuentro con ambos.

-¿Lista?-preguntó Ginny.

Asentí. Era raro, como si me hubieran quitado la voz, pero lo cierto es que me sentía realmente incómoda al recordar la discusión de ayer. Y al parecer no era la única, Draco tampoco hablaba mucho.

Nos fuimos en su Hybrid negra, Ginny en el asiento del copiloto, claro, y yo acurrucada atrás, mirando a través de la ventana polarizada. Recordé cuando íbamos solos los dos, yo en lugar de Ginny, y deseé fervientemente que ahora, Ginn se borrara de la escena y al instante me sentí mal, traicionera. Suspiré, empañando el cristal negro.

-Herms, ¿tienes alguna idea para el vestido?-me preguntó ella.

-¿Ah?-musité, encerrando mis pensamientos en algún cajón de mi mente.

-Sí, algún color que tengas ya en mente-me miró.

-Oh, bueno… no, en realidad-me encogí de hombros.

-¡Yo sí!-anunció- Creo que escogeré uno en tono tinto-me dijo, pero luego miró a Draco- ¿Te gustaría?-le preguntó.

-Te verías hermosa con ese color-respondió.

Algo me picó cerca del pecho, como si una aguja se me enterrara en el corazón: me giré de nuevo a mirar hacía la ventana, tratando de ignorar la situación.

Draco condujo hasta una calle que estaba repleta de tiendas de vestidos de gala, como si fuera alguna calle de Nueva York, así me pareció.

Al bajar, Ginny me tomó de la mano y me hizo apresurar el paso, emocionada; mientras que Draco nos seguía detrás.

Entramos a una tienda que en sus vitrinas exhibía tres preciosos vestidos en maniquís blancos y sin cabeza. Al instante, la calefacción del lugar me abrigó el cuerpo, ya que afuera estaba frío.

-¡Mira esos vestidos, Hermione!-Ginny señaló hacía su derecha, mostrándome tres vestidos en tono negro.

-¿Puedo ayudarle?-preguntó una señora amable, que tenía el cabello color caoba acomodado en un peinado de estética, con un acento italiano apenas reconocible.

-Sí, estamos buscando vestidos para una fiesta elegante-dijo Ginny y luego le sonrió.

-¿De noche?

-Sí.

-Síganme-dijo ella y caminó más al fondo de la tienda.

Ginny  me hizo seña de que la siguiera y luego volvió a girarse para seguir a la señora. Apenas iba a dar el primer paso, su mano me ató del antebrazo, con fuerza pero sin causarme daño alguno, no hizo falta que me girara para comprobar que era Draco, conocía sus manos muy bien.