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Manual de lo prohibido — capítulo 27

-¡¿Por qué?! -volvió a repetir.

Estaba consiente de que Ginny tenía que saberlo, pero de pronto, me volví cobarde y las piernas debajo de mi pantalón deportivo temblaron.

-Sólo… ya… Es que ya no tengo nada que hacer aquí, tengo que volver a América -murmuré.

-¿Cómo que no tienes nada que hacer aquí? ¿Yo estoy pintada? ¡Claro que tienes mucho qué hacer aquí! Se supone que viniste a pasar navidad conmigo, a estar juntas en año nuevo, ¿y dices que no tienes nada qué hacer aquí? -explotó, con todas esas lágrimas corriendo por su rostro.

-Ginn, discúlpame -supliqué-, pero entiéndeme, tengo que irme.

-¡Es que no te entiendo! No logro comprenderte, ¿por qué?

Verla así, derramando lágrimas por mí era devastador, pero aun cuando estuviera enojada y no encontrara explicación a mi huida, era preferible que verla con el corazón roto, sin novio ni mejor amiga.

Pero ella tenía derecho a saber. Las lágrimas se me atoraron en la garganta y la voz no salió del nudo de ella, sólo abrí la boca, pero no hubo sonido alguno.

Llamaron a la puerta y ninguna de las dos nos movimos, sólo mis ojos se dirigieron a la armazón de madera. Los golpes insistieron, Ginny se giró y fue a abrir dejándome colapsada por la persona que estaba del otro lado.

-Ginny, ¿por qué lloras? -Draco la miró preocupado, el rostro de Ginny estaba enrojecido y sus ojos no paraban de llorar.

Ella se dio la vuelta sin contestarle y caminó de nuevo hasta mí, cuando Draco me vio, llorando también, abrió sus ojos como platos y pensó lo peor.

-Ginny…

-¡Dime por qué maldita sea te vas! -el grito de ella lo interrumpió y allí Draco pareció caer en la cuenta.

-¿Te vas? -me preguntó y a su rostro asomó una expresión de dolor que lo desencajó por completo.

Ya no podía más, no lo soportaba. Sentía que me derrumbaría allí mismo tras la mirada de dolor de ambos, de dos personas que amaba bastante.

-Sí -obligué a mi garganta a abrirse de nuevo, sólo para contestarle a Draco.

-¿Por qué? -inquirió, desconcertado y cínico.

Gemí, incrédula, ¿él me preguntaba por qué? Moví la cabeza negativamente, lo odiaba.

-Mi vuelo sale a las once. Perdóname, Ginny -tomé mi bolso y salí corriendo de allí, simplemente ya no podía soportarlo.

Corrí escaleras abajo y salí al exterior, no tenía dinero y la gente me regalaba miradas raras porque mi rostro estaba bañado en lágrimas. Había una persona que aun no había visto, una persona que debía enterarse de que me iba y las razones de por qué me iba. Faltaba despedirme de mi mejor amigo, Harry.

Lo llamé y le pedí que me recogiera, ya que yo no sabía dónde vivía y a los pocos minutos apareció en el parque en el que yo estaba sentada.

Me llevó hasta su casa, porque le pedí que lo hiciera, no quería hablar en plena calle sabiendo que me soltaría a llorar más de lo que ya lo hacía.

Ni siquiera me molesté en apreciar la casa o lo que había en ella, todo lo que hice fue seguir a Harry hasta su cuarto, luego de saludar a su madre.

-Ahora dime, ¿qué pasa? -me hizo sentar en su cama y él se sentó en la silla de un escritorio que tenía a lado.

-¡Soy una completa estúpida, Harry! -farfullé.

-¿Por qué?

-Porque no acaté las reglas, porque le rompí el corazón a mi mejor amiga y porque como una completa cobarde, regreso a California.

-¿Cómo? Espera, cuéntamelo por partes, no te entiendo -gesticuló con las manos, haciendo señal de que parara.

Suspiré, tratando de limpiarme las lágrimas que no se cansaban de salir.

-Regreso a mi país -no sabía por qué siempre empezaba diciendo eso.

-¿Por qué?

-Esa… esa es la parte difícil -dije, entre sollozos. Unos ruidos se escucharon afuera de su habitación-. ¿No deberíamos cerrar la puerta? -dije, temiendo que alguien pudiera oírnos.

-Mi madre no se mete en lo que no le incumbe, no te preocupes -me tranquilizó-. Dime, por qué te vas.

-Porque soy mala, Harry -sollocé más fuerte-. Si supieras, cuánto me duele… en serio.

-Pero dime ¿por qué? -su tono de voz no sólo era preocupado sino también desesperado.

-Porque… no te hice caso, Harry. Después de que hablamos por teléfono el otro día yo… me sentí tan mal que cometí una estupidez.

-¿Qué hiciste? -sus ojos verdes se mostraron cautelosos y seguían preocupados.

-Me embriagué y besé a Draco.

-¡¿BESASTE A MI NOVIO?! -Ginny apareció de pronto por la puerta, con los ojos abiertos de incredulidad y la cara desencajada de dolor.

-¡Ginny! -Me levanté, desconcertada- Yo no… -intenté explicar.

-¿Tú no qué? Te acabo de escuchar, Hermione -las lágrimas salían de sus ojos como si fueran caballos de carrera, desatrampados por ganar-. Oí cuando se lo dijiste a Harry, ¡eres una traidora! -gritó y al instante, sentí el sonoro golpe de la palma de su mano contra mi mejilla, produciendo un ardor instantáneo y el seguro enrojecimiento de mi piel.

Tan duro fue el golpe que, la cara se me desvió hacía un lado y Harry tuvo que retener a Ginny.

-¡Ginn, tranquila! -le ordenó, asustado.

-¿Cómo quieres que esté tranquila? Si mi supuesta mejor amiga me traicionó, claro, ahora entiendo todo -no dejaba de llorar y el coraje era leíble en su rostro.

Los nudos se habían quedado atascados en mi garganta, y el corazón, hecho pedazos en mi pecho, latía angustiado. Mis lágrimas eran de amargura, deseaba fervientemente que todo esto fuera una pesadilla.

-¿Cómo no me di cuenta antes? ¡¿Y tú no pensabas decírmelo?! -me empujó y Harry volvió a sujetarla.

-Ginevra…

-¡Te abrí la puerta de mi casa! ¿Y me pagas robándote a mi novio? -Seguía farfullando llena de furia e hizo caso omiso a la voz de Harry- ¡Qué estúpida! No puedo creer que tú… -se quedó a la mitad de la frase, le dolía bastante. La conocía y sabía que estaba hecha pedazos, cosa que sólo sirvió para hundirme más en la miseria. Seguía sin poder hablar, sólo lloraba y miraba a Ginny-. Hace algunos minutos estaba llorando porque te ibas -farfulló-, ahora entiendo la razón, qué cobarde -siseó-. Pero ¿sabes? Me da gusto que te largues, hipócrita -me dio una última mirada despectiva, dolida, y se dio media vuelta para salir de la habitación.

Me quedé inmóvil, dejando que mis lágrimas se suicidaran sin piedad; respirar me era difícil y sentía que me faltaba el aire.

Harry me miró, decepcionado.

-Ve -alcancé a susurrar, con el hilo de voz que salió de mi garganta-. No la dejes sola.

Se me quedó mirando, era una mirada extraña, estaba entre la frustración y la angustia. Pero enseguida salió detrás de Ginny. Entonces me quedé sola.

Las lágrimas no se cansaban de salir y parecía como si nunca se acabaran, esto no debió de haber terminado así, ni siquiera debió tener comienzo.

Me quedé en inmóvil durante un par de minutos y luego, miré a mi alrededor, ya no volvería a ver a Harry y no había tenido la oportunidad de decirle adiós. Busqué con la mirada algún cuadernillo y divisé una hoja encima de su escritorio; tomé un bolígrafo y garabateé sobre el papel en trazos largos:

Me lo dijiste, lo sé.

Disculpa todo el daño que hice, que le hice a ella. Era lo que menos hubiera querido que pasara. Agradezco todo lo que hiciste por mí, gracias por entenderme.

Fuiste mi mejor amigo y nunca voy a olvidarte.

Perdóname.

Te quiero.


Lo dejé sobre su cama y luego, con un nuevo dolor en el pecho, salí de aquella habitación. Me deslicé como ánima en pena escaleras abajo y cuando bajé a la sala para cruzarla y llegar hasta la puerta, la mirada de la madre de Harry me detuvo.

-¿Estás bien? -me preguntó.

Mantuve mi mirada baja, avergonzada y negué con la cabeza.

-¿Quieres una taza de té? -me ofreció, afable.

-Tengo que irme, se me hace tarde. Gracias de todos modos -musité e intenté dar el primer paso hacia la puerta.

-Antes de que te vayas -dijo-, quisiera decirte algo -me detuve y giré sobre mis talones, despacio, la miré.

Su rostro, dulce como el de toda madre, tenía un tono rosado en las mejillas, como un durazno. Su cabello era igual de rizado que el de Harry y del mismo color rubio que el de Draco. Me sonrió.

-La traición es algo muy fuerte -musitó, acercándose y la miré con ojos asustados. Ella rió-. Aquí las paredes no son muy sólidas -explicó-. Además uno intuye cosas cuando las ve salir por la puerta, llorando.

Me sentí más avergonzada que antes y bajé la mirada.

-Lo que quiero decirte -me levantó el mentón, con delicadeza-, es que la traición puede llegar a ser muy dura, muy profunda, viniendo de una persona a la que se quiere. Pero, más allá, el amor es más profundo y fuerte.

Me le quedé mirando, confundida, ¿qué era lo que me estaba diciendo? Sollocé.

-Cariño -ella vio la confusión en mi rostro, tan palpable como mis lágrimas-. ¿Tú amas a mi hijo, Draco? -Se me paró el corazón, pero antes de que pudiera contestarle, ella siguió hablando- Ginny es una muy buena chica, trabajadora, educada, bonita; me gusta que Draco salga con ella. Pero no se trata de lo que me guste a mi o al resto de la sociedad, se trata de la felicidad de mi hijo. Todos cometemos errores, cariño. Pero siempre recuerda que el amor tiene mucho más fuerza que cualquier otro poder en el mundo y al final de cuentas, aquellos errores, son los peldaños de una escalera que nos lleva a nuestro destino.

El silencio me rozó con el aire, quise asimilar y comprender, una por una sus palabras. Ella me sonrió.

-Buen viaje -me acarició la mejilla.

-Gracias -musité, más confundida que antes.

Salí por la puerta y el corazón se me encogió de angustia, una vez más. ¿Cómo iría de nuevo hasta el departamento? Harry se había ido con Ginny y yo, difícilmente recordaba el camino. A pie haría más de treinta minutos, si es que llegaba.

Era el colmo de mis desgracias.

Comencé a caminar, dejando atrás la bonita casa blanca en la que antes había estado. Esperaba que Ginny se encontrara bien, en el sentido de que estuviera segura con Harry. Sabía que yo la había destrozado y eso era algo que jamás me perdonaría.

Mientras caminaba, las palabras de Narcissa, la madre de Harry, vinieron a mi mente, entre tanto que mis mejillas seguían húmedas y mis ojos tercos a seguir derramando su dolor.

¿Ella creía acaso que Ginny no hacía del todo feliz a Draco? Era su madre, y una madre -queramos o no- siempre, tiene la razón. Ella me estaba dando una esperanza, debajo de sus palabras, había una. Pero justo ahora todo mi cielo se había vuelto gris, casi negro, y toda esperanza parecía carecer de sentido y significado.

Caminé por un buen rato, indecisa de ir o no por algunas calles, pero al final, divisé el edificio y por primera vez en todo el día, sentí alivio. Cuando me hube adentrado hasta llegar al departamento, lo primero que hice fue ver la hora, faltaban quince minutos para las diez de la mañana. Tenía el tiempo suficiente para hacer una última cosa.

Arranqué una hoja del cuadernillo que Ginny tenía sobre la mesa de centro y me senté a la mesa a escribir. A lo mejor era estúpido dejarle una nota, pero tampoco podía irme así nada más.

Comencé a arrastrar la pluma por el papel con ansiedad y cada línea en la hoja, era un latido cada vez más doloroso de mi corazón. Cuando hube terminado de escribir, leí la… carta que había pintado en aquella hoja.

Lamento mucho todo esto.

Me merecía más que una buena bofetada y todas esas palabras que me dijiste. Pero el que las mereciera, no significa que no me hayan dolido.

Pedirte perdón a lo mejor es estúpido. Tomando en cuenta de que no me lo perdonaré ni yo misma. Jamás quise hacerte daño, intenté protegerte siempre y… ahora te resulté fallando.

Siempre fuiste como mi hermana y siempre quise lo mejor para ti. Sé lo que sientes ahora, pude verlo en tus ojos, te conozco mejor que nadie. No tienes idea de cómo me dolió verte así por mi culpa.

Pero no te mentiré. Me enamoré de Draco, te juro que lo amo y por eso tenía que irme. Quería dejarlos ser felices, en serio. Vivir todos los días viendo sus demostraciones de amor era algo que me dolía más que los golpes en la mejilla. Pero yo quería que tú fueras feliz e irme resultaba la mejor idea para olvidar todo, y aunque no pudiera olvidarlo, ya no importaría; yo estaría a miles de millas lejos de él, lejos… para evitar hacerte daño. Todo me ha salido al revés.

No quería que esto pasara, pero regresar el tiempo es imposible. A lo mejor, irme ahorita, después de esto, no va a servir de mucho. Sé que soy una cobarde por irme y dejarte este dolor, ¡te juro que desearía poder quitártelo! Pero, no deja de ser lo mejor para todos…

No quiero perderte, Ginny. Mi elección siempre fuiste tú. Pero ayer, en un desorden estúpido en mi cabeza, cometí el error más grande de mi vida. Traicioné a la única familia que me quedaba… ahora estoy sola. Me lo merezco.

Draco no tuvo la culpa, fui yo quien lo besó. No eches por la borda algo tan hermoso como lo es tu relación sólo por un error mío.

Ódiame a mí si quieres, pero no culpes a Draco. Fue mi culpa, por completo.

Lamento haberte causado este daño, no sabes cómo me arrepiento. Por supuesto que te lo iba a decir, pero no de la forma en la que te enteraste. Discúlpame.

Hay algo de esto que jamás voy a olvidar, de los errores, hay lecciones que se aprenden. La comunicación es importante y a veces, aquello que vemos a simple vista, no es lo que parece. Tenlo en mente, Ginny. Seguro habrá más de una persona tratando de apoyarte.

De nuevo, discúlpame.

Todo lo que me diste te lo devolveré, el dinero, los vestidos… te pagaré todo. Gracias.

Cuando leas esto, seguro estaré arriba de un avión rumbo a California, sintiéndome la persona más pérfida en todo el mundo. Extrañándote.

Espero algún día me perdones.

Te quiero mucho.

Era la carta más sincera que jamás en la vida había escrito, sin embargo, la sentía insuficiente. Pero ya no me quedaba tiempo. Doblé el papel por la mitad y garabateé rápidamente el nombre de Ginny al frente, luego la coloqué sobre la mesa.

Fui por mis maletas y guardé el par de euros que aun me quedaban. Di una última mirada nostálgica al departamento y una lágrima se estrelló contra la alfombra del suelo. Dejé las llaves en la misma mesa en donde estaba la carta y luego salí por la puerta, arrastrando mis maletas junto conmigo. Utilicé el ascensor y salí del edificio. Paré un taxi y le pedí que me llevara al aeropuerto.

Aun en la agonía misma de estarme yendo, sabiendo que la única familia que me quedaba tenía el corazón roto por culpa mía, no podía evitar pensar en él. Miré a través de la ventana del taxi y vi pasar las casas y calles, jamás volvería a verlas de nuevo, ni a él.

Me iba hasta el otro lado del mundo, pero dejaría mi corazón cerca de él. Seguro. Mientras más lo pensaba, más me dolía. Dejaría al amor de mi vida y renunciaría a él totalmente, porque era lo mejor.

Nunca pude dejar de quererlo, sencillamente porque lo amaba más de lo que me convenía. Era como redactar mi carta de despedida; como si al hacerlo, cada palabra que plasmaba me doliera cada vez más al acercarme al punto final.

No quería irme, partir de su lado era como tirarme de un precipicio o interponerme en el camino de un autobús en movimiento, ó con menos dramatismo, era como quitarle el sentido al paso del tiempo.

Me dolía partir, por supuesto; pero era lo mejor que podía hacer después de todo. Me llevé la mano a mi mejilla izquierda, y me ardió con el recuerdo. La cara desencajada de dolor de Ginny se plasmó en mis pensamientos, sus lágrimas volvieron a verse en mi mente. Mi corazón ya no palpitaba, podría hasta jurar que ya no estaba allí; pero podía sentir el dolor indescriptible y sabía que, aunque hecho pedazos, mi bombeador de sangre seguía allí. Pude ver el aeropuerto a través del vidrio empañado por mis suspiros y supe que el tiempo se me iba acabando más rápido. Pagué el taxi y le pedí que se quedara con el cambio, a fin de cuentas, a mi ya no me serviría.

Me ayudó a bajar mis maletas de la cajuela del auto y luego las hice rodar sobre el pavimento hasta adentrarme al aeropuerto. Había llegado a la hora justa.

Me senté en una de las bancas a esperar que los diez minutos que faltaban se pasaran rápido. Mientras veía a la gente ir y venir, Draco volvió a mi pensamiento. ¿Vendría a buscarme y me pediría que no me fuera? ¿Me diría que me amaba con la misma intensidad con la que yo lo hacía? Me reí, burlándome de mi misma. Esto no era una película con final feliz, Draco no vendría; porque su lugar era a lado de Ginny.


Ultimos capitulos Sras y Sres, que pasara? Hermione Vuelve a California, que hara Draco, Ginny la perdonara?