Manual de lo prohibido — capítulo 30
La luz del contestador parpadeaba cuando llegué a casa. Había estado casi toda la mañana vagabundeando por mi ciudad en busca de buenas fotografías para tomar. Había tomado sólo tres en casi seis horas. Me acerqué y apreté el botón para oír el mensaje, mientras iba por un vaso de agua.
Oh, buenos días señorita Granger, o buenas tardes según escuche mi mensaje.
Su fotografía nos ha fascinado y queremos que nos muestre toda la colección. Hay algo especial en esa imagen y, estaríamos muy honrados en ver su trabajo para si usted quiere, hacer la exposición.
Comuníquese en cuanto oiga el mensaje. Ya sabe el teléfono de la compañía, pregunte por el señor Blade.
Que pase buen día, hasta luego.
El pitido que anunciaba el final del mensaje me hizo aterrizar. ¿Cuál fotografía? ¿De qué exposición está hablando? ¿Qué señor Blade? Corrí hasta el teléfono y garabateé el número de esa llamada en un papel, luego lo marqué.
Una voz femenina me contestó al segundo timbre.
-Olmos estudio, ¿en qué puedo servirle?
-Amm… ¿hay allí un señor Blade con quien pueda comunicarme? -pregunté, terriblemente confundida.
-Claro, enseguida.
-Gracias -tamborileé los dedos en la mesita mientras escuchaba la fastidiosa melodía a través de la bocina del teléfono.
-Oficina del señor Blade, ¿en qué puedo ayudarte? -me contestó otra voz más aguda que la primera.
Fruncí el ceño. ¿Qué allí todo mundo contestaba de la misma manera?
-Hola, ¿podrías comunicarme con el señor Blade, por favor?
-¿Quién lo busca?
-Hermione Granger.
-Oh, claro. Enseguida -dijo y transfirió la llamada por un lapso de tiempo más corto que el anterior.
-Señorita Granger, es usted -dijo la voz de hombre, ronca y amable.
-Eh… sí, pero aun no entiendo quién es usted -musité, con franqueza.
-Bueno, soy el presidente de las exposiciones fotográficas de esta empresa. Thomas Blade.
Los ojos se me abrieron como platos. Thomas Blade, había leído de él hace bastante tiempo; era el "productor" de las exposiciones fotográficas que tuvieron más fama en el país y no sólo allí.
-¿Señorita Granger? -preguntó, ya que me había quedado muda.
-Estoy aquí -farfullé-. Pero aun no entiendo por qué me llamó.
-Pues vimos su fotografía. Nos ha encantado y…
-¿Qué fotografía? -lo interrumpí.
-Un joven vino el día de ayer mostrándonos una fotografía que usted tomó en su viaje a Venecia, Italia, según nos contó él muchacho.
El corazón comenzó a latir debajo de mi pecho. Todo estaba cobrando sentido de pronto.
-A decir verdad, la fotografía es muy buena y pensamos que una exposición con ese tipo de fotografías sería magnífico, pero antes queremos ver todas.
-Ah…
-Si se pregunta cómo conseguimos su teléfono y su nombre, pues déjeme decirle que tiene un amigo muy… insistente -soltó una risita gutural.
Me quedé en silencio por un momento, sintiendo cómo encajaban todas las piezas del asunto de Ron. Él había tomado una de mis fotos ayer, y ese mismo día la había llevado con Thomas Blade -una persona que jamás me había visto pero que tenía que ver conmigo- para que me diera la oportunidad de una exposición de arte, de fotografías. Por eso no quería decirme, por eso esa mirada misteriosa cuando vio el sobre… mataría a Ron.
-Es usted muy callada, señorita Granger -bromeó Blade soltando otra risita.
-Lo siento. Disculpe, esa foto no debió de salir de mi casa, es un error -farfullé, ¿cómo iba a hacer una exposición de todas las fotografías que tenía de Draco? Ni que estuviera loca.
-¿Por qué no viene y lo hablamos? Y traiga las demás fotografías. Es una oportunidad excelente, ¿la va a dejar pasar? -me tentó.
Me mordí el labio inferior, vacilante.
-¿Señorita Granger? -insistió.
-Llego en una hora, ¿le parece? -dije, dándome por vencida.
-Perfecto. Hasta pronto, entonces.
Trunqué la llamada de manera brusca y me llevé las manos a la cara. Ahora además de "roba novios" me volvería una asesina. Ronald me las pagaría, pero antes tenía que recuperar mi foto.
Me dirigí al estante de libros y tomé el sobre de fotos, lo introduje en mi morral y salí directo a aquel edificio en el que había estado ayer.
Mientras iba, pensaba en la posibilidad de aceptar la oferta de Blade. Exponer mis fotografías en un salón inmenso, mientras ofrecían aperitivos elegantes a la gente que admiraba mi trabajo era el deseo que tenía desde que empecé a dedicarme a la fotografía; el deseo de todo fotógrafo profesional que dispara su lente para encontrar la belleza en este mundo. Pero existía otro lado de la moneda. La parte oscura del sueño.
No podía exhibirle a medio mundo mi… mi… ¡ni siquiera sabía qué era! Simplemente no podía exponer esas fotos. ¿Qué pensaría Ginny si se enterara? Si hubiese una remota posibilidad de perdón, seguro desaparecería. O Draco, a lo mejor creería que lo había utilizado. Ya no podía ser más mala de lo que ya me sentía, ya no soportaría que me catalogaran así.
Caminando, hice un poco más de una hora y cuando llegué, inmediatamente recordé la ubicación de su oficina, a donde Ron había ido el día anterior.
Me dirigí hasta allá y le sonreí a la señorita tras el escritorio. Una muchacha menuda como de unos dieciocho años.
-Hola, soy Hermione Granger, vengo a ver a Blade -anuncié.
-Granger, claro. Permíteme tantito -me sonrió y descolgó la bocina del teléfono y en un susurro parloteó algo que no pude entender; luego colgó y me sonrió-. Pasa, te está esperando.
-Gracias -le devolví la sonrisa de manera fugaz y luego entré a la oficina.
Al instante, el olor a pino fresco me rozó la nariz, haciéndome arrugarla levemente.
Había visto su fotografía en Internet, pero sin duda de eso ya había pasado algún tiempo. Era un sujeto con escaso pelo, ahora ya gris; su rostro robusto estaba cubierto de una piel expuesta bastante al sol. Me sonrió.
-Hermione Granger -se levantó-. Qué placer me da conocerte -me extendió la mano y la tomé, recelosa, con mi ceño ligeramente fruncido-. Siéntate, por favor.
La silla rechinó en el suelo cuando así lo hice.
-Señor Blade… -empecé.
-Thomas, por favor -me interrumpió, afable.
-Bien, Thomas. Esa fotografía no debió llegar a usted, es que…
-¿Cómo que no? -se echó para atrás, como sorprendido.
-Es que esa foto era… -luché con mi fuero interno para no decir "prohibida" y buscar la palabra adecuada- era…
-¿Fenomenal? ¿Excelente? ¿Maravillosa? ¿Cautivadora? -me interrumpió, de nuevo.
Y a pesar de todo lo que dijo, aquello no se acercaba ni un poco al significado que yo le daba.
Me reí.
-No, es que… -resoplé, frustrándome- Esa foto es personal.
-Piénsalo, sería una bellísima exposición fotográfica -gesticuló, como imaginándose la escena, ignorando mi comentario. Luego de un segundo, me miró-. Y sin duda sería una gran oportunidad para ti. No me digas que no es lo que quieres. Todo fotógrafo lo quiere -presionó, y tenía razón.
-¿Qué fotografía le dio Ron? -inquirí, quería saber cuál era la imagen que le había fascinado tanto.
Suspiró al verme renuente, luego se levantó de su silla de cuero y fue por una carpeta azul de su archivero. Volvió a sentarse y me dio el folder. Lo tomé y luego lo abrí. El corazón se me expandió por todo el pecho y el estómago se me encogió. Entre mis manos tenía una de mis fotografías, una de tantas imágenes que no había visto hace tiempo. El hermoso rostro de Draco exponía su perfil izquierdo, y las luces de fondo de aquella feria proyectaban un centelleo en sus ojos. Era hermoso.
-No sé si vea lo mismo que yo veo en esa foto -me dijo Blade-. Yo veo una frase de alguna canción romántica, un cuento corto para contarles a mis hijas en las noches. No sé si me doy a entender -juntó sus manos sobre el escritorio y se inclinó un poco sobre él-. Me gustaría ver todas, por favor.
Entonces lo miré. Luego saqué de mi morral el sobre que contenía las demás, y aun medio vacilante, lo deslicé sobre la madera del escritorio hasta las manos de Blade.
Él me sonrió y luego abrió el sobre, sacando todas las fotografías. Cerré los ojos por un momento, bajando la cabeza. No sabía qué estaba haciendo, o mejor dicho, sí sabía pero no estaba segura de hacerlo. Ginny y Draco vinieron a mi cabeza. Si de alguna manera se dieran cuenta, ¿cuál sería su reacción? ¿lo creerían un abuso o quizá una burla? Sobre todo Draco, él es quien aparece en las fotos y… ¡Draco! Por un momento pude ver una cara de la moneda que no había visto.
Si el llegase a saber, ¿vendría a buscarme? Al menos para reclamarme, enfadarse o cualquier cosa, y yo… lo volvería a ver. No que eso cambiara las cosas, quizá me odiaba por destruir su relación con Ginny y más aun por publicarlo sin derecho alguno pero… era tanto el anhelo de saber de él que de cierta manera se había convertido en una necesidad. ¿Llegaría la noticia hasta Japón o donde sea que Draco se encontrara? Miré a Blade y de pronto lo vi como una esperanza.
Él había terminado de ver todas mis fotografías y la sonrisa en su rostro me decía que le habían gustado. Repentinamente la idea de exponerlas no me resultaba tan descabellada. No si eso, de alguna forma, me acercaba a Draco.
-Vaya -dijo Blade, admirando la última imagen-. Son fantásticas -confesó-. Es como si te contaran una historia.
Me reí.
-Tienen una historia, no hay fotografía que no la tenga -admití.
-Me gusta, estoy encantado con su trabajo, señorita Granger. Sería un honor para nosotros exponer estas fotografías -me dijo, con los ojos rebosando de excitación-. ¿Qué dice usted?
Y entonces mi mente había cambiado por completo, mi perspectiva ya no era la misma que hace unas horas.
-Hagámoslo -acepté, llenando mi cabeza de la imagen de Draco, ignorando si estaba bien o mal.
La sonrisa de Blade se volvió aun más intensa, acentuándose en su moreno y arrugado rostro, luego me extendió la mano.
-Hagámoslo -repitió.
Estaba loca, severamente loca. Había aceptado la propuesta de Blade y ahora no podía echarme para atrás. Y es que alguna parte de mi cabeza, quizá la más destornillada, tenía la ridícula esperanza de que aquella exposición, de alguna manera me acercara a Draco.
Tenía que llamar a Blade para darle el nombre de la exposición, me había dado sólo un día para pensarlo, ya que todo se llevaría acabo en un mes, a finales de enero.
Me había pasado casi toda la noche en vela, ideando algún buen nombre para mi trabajo, algo que fuera como el título de una historia, pero nada era lo suficientemente bueno. Luego recordé una de las conversaciones que había tenido con Luna, aquella en donde le mostré la cantidad de fotografías que había tomado de Draco. Había usado un término para referirme a ellas: Manual de lo prohibido, porque para mi eso eran. Entonces tuve la idea y el nombre para mi exposición, Manuale del proibito, en italiano, porque había sucedido en Venecia.
Luego de que llamé a Blade y que encantado aceptó el título, tecleé el número de Ron, él aun me debía ciertas explicaciones. Le pedí que viniera a mi casa y a los pocos minutos apareció tocando mi puerta. Lo hice entrar y lo senté frente a mí en la sala.
-¿Recibiste la noticia, no? -me sonrió, no sabiendo qué esperar.
-Justo ayer. ¿Por qué no me dijiste?
-Porque pensé que ibas a decir que no y no estoy equivocado, ¿verdad? -enarcó una ceja.
-Pues no, pero… acepté -exhalé.
-¿Aceptaste? ¿En serio? -la expresión de viva alegría le volvió al rostro.
-En contra de mi misma, incluso -admití.
-¿Por qué dices eso? -preguntó, confundido.
-Porque al exponer esas fotografías, terminarán por odiarme, Ron. Fui y destruí su perfecta relación, le mentí a Draco al decirle que no lo amaba y ahora, vengo aquí a exponerle mi vida a medio mundo.
-No estás exponiendo tu vida -me contradijo-. Cada persona interpretará las fotografías a su manera, allí no dice "le robé el novio a mi mejor amiga" ¿o sí? -volvió a levantar la ceja.
-Ya lo sé, pero soy tan egoísta que no importa tanto que Draco se enoje y me odie por completo, me duele muchísimo pero… sólo quiero verlo de nuevo. Por eso acepté, Ron, esto me da la esperanza de volver a contemplar su rostro.
-¿Egoísta? Herms, eres la persona menos egoísta que conozco, pero te diré lo que sí eres: masoquista -fruncí el ceño pero el continuó hablando-. Por una vez en tu vida, Hermione, date gusto a ti misma. Vives preocupándote de la vida de los demás, de sus opiniones y te dejas de lado -me sacudió ligeramente de los hombros-; piensa por una vez en ti. Si esto puede que te acerque a ese tal Draco, pues no te detengas. Por una vez en la vida, lucha por lo que quieres.
No me había detenido a pensar, que aunque Ron fuese un bruto de sentimientos, podría llegar a ser también el amo y señor de la razón. Y justo ahora la tenía, no me iba a echar para atrás pensando en la gente a mi alrededor, o la que alguna vez estuvo allí; aun por más ridícula que fuera la idea y burda la esperanza, debía seguir adelante.
-Supongo que tienes razón, Ron-le sonreí y él también.
-No supongas, la tengo -rió y luego me abrazó-. Sé que va a ser la exposición fotográfica más popular en California -me animó.
-O más allá.
Después de aquella tarde y de muchas más, mientras el tiempo seguía su trascurso y con el se llevaba mis suspiros; la fecha de la exposición fotográfica se acercaba. Blade había hecho su reconocido trabajo al darle la suficiente publicidad al mío; mandando a imprimir folletos, volantes e incluso un espectacular en la ciudad. Blade era un viejo chiflado, pero me daba esperanza. Inclusive se utilizó el diseño de una página web en la Internet, anunciando la exposición fotográfica "Manuale del proibito" por Hermione Granger y a lado, una fotografía de Draco, la que Ron había llevado a Blade. Ver mi nombre bajo el título y a lado de la fotografía era para mí como una llamada de auxilio para que Draco la pudiera ver. Algo que esperaba lo trajera hasta mí al reconocer aquel nombre, del cual anhelaba no se hubiera olvidado tan pronto.
No esperaba que me tendiera los brazos y me abrigara en ellos; sólo quería verlo de nuevo, tenerlo frente a mí era el deseo más ferviente de mi corazón, y aunque me odiara con toda su alma, le explicaría que lo amaba y porqué le había mentido; pero sólo si él atendía ami llamado.
-Es espectacular, ¿no crees? -el eco de la voz de Ron resonó en el salón vacío, trayéndome al presente.
-¿Cómo dices? -pregunté, haciendo demasiado evidente mi falta de atención.
-El lugar, es grandioso -dijo, fingiendo no darse cuenta-. Ya me imagino todo, ¡no puedo esperar a que llegue el martes!
Miré a mi alrededor curiosa por las palabras de Ron, aunque la mayoría de las veces resultaba ser un exagerado, esta vez tenía razón. Era un salón grande, con piso de mármol en color negro, las paredes blancas se expandían extensas dándole un espacio realmente grande y una ventilación y luminosidad al lugar. Aquello era el sitio perfecto que Blade había conseguido para que se llevara a cabo mi exposición y aunque quedaba casi fuera de la ciudad, al norte de Broderick, Ron se había ofrecido en llevarme y traerme las veces que fuera necesario.
Él siguió andando por las habitaciones del lugar, mientras que otras de las palabras que él había dicho, captaron mi atención. Faltaba casi menos de una semana para que se llevara a cabo la exposición y el mes se había pasado lento a pesar de todo, o mejor dicho, lento para mí, ya que cada día la agonía de desconocer el resultado de mi atrevimiento, me arrastraba en una incertidumbre desconocida que me obligaba a ignorar el paso de las horas en el reloj.
Cuando hubimos terminado de ver el lugar, Ron me llevó a casa y me hizo prometer que no pensaría en otra cosa más que en la exposición fotográfica. Y aunque traté de hacerlo, me resultó completamente imposible, Draco se había convertido en mi pensamiento constante y además, la razón de mi exposición, ¿cómo no iba a pensar en él? Eso, ni aunque me borraran la memoria.