Manual de lo prohibido — capítulo 7
-¿Tengo algo?-preguntó y me hizo aterrizar.
-Ehhhh… ¿por qué tu cabello es tan claro?-pregunte, pero luego pensé lo que mi boca dijo y en verdad quería matarme, ¿cabello? Toda la comunidad femenina debería odiarme, en serio.
Se me quedo mirando, o no me creyó la pregunta o cree que estoy jugando. Pero luego sonrió a más no poder y miro a la ventana, creí ver una pequeña manchita roja en sus mejillas, ¿Lo ruborice?
-Es de familia, casi todos tenemos el cabello albino, menos mi hermano-respondió el, muy seguro.
-¿Cómo es tu hermano?
Se puso un poco serio con la pregunta, ¿lo habrá incomodado?
-Lo conocerás
El mesero llego y nos sirvió la comida, hablamos de muchas trivialidades sin importancia, pero lo iba conociendo poco a poco, guapo e inteligente, que mezcla dios mío.
-Tenemos que irnos-dijo dejando dinero sobre la mesa-tengo que pasar buscando unas cosas a la empresa de mi papa, y créeme cuando digo que a él no le gusta que llegue tarde.
-No hay problema, me podrías dejar a una cuadra del apartamento, quiero caminar y tomar fotos-dije parándome, pero igual quedaba enana al lado de él, creo que si estuviese sentada no habría diferencia alguna.
-Ginny me dejo órdenes estrictas de dejarte en el apartamento-dijo el con voz grave, pero sin dejar de ser divertida
-Por favor, anda di que si, necesito ir a una tienda de fotografías, Ginn me dio el nombre-dije haciendo un puchero, muy digno de mi edad ¿No?
-okok nunca me negaría a tus encantos de niña.
Eso hizo que el color me subiera a las mejillas rápidamente. Nos fuimos del restaurant y emprendimos camino de vuelta a casa. Me dejo en una esquina cerca, no sin antes decirme que me cuidara y que cualquier cosa lo llamara.
Camine hasta llegar cerca del apartamento, iba muy metida en mis pensamientos hasta que tropecé con algo, o con alguien.
Levanté la mirada y me topé con un bello rostro meramente inmaculado. Su piel llana y pálida hacía lucir oscuros sus ojos, sin embargo poseían un hermoso color Siena con motas de luz y las pestañas se expandían con firmeza hacía arriba. Sus labios rellenos y rosados se estiraron y formaron una bonita sonrisa curiosa.
-Hola-pronunció.
-Hola-dije, medio atontada por el bello rostro juvenil que tenía justo enfrente.
-Perdóname. Es que soy un poco distraído-musitó, ligeramente ruborizado.
-No, no; la distraída soy yo-dije y luego me reí.
-Soy Theodore, pero soy mundialmente conocido como Theo-me estrechó la mano.
-Hermione -me presenté.
-Eres americana-adivinó.
-Sí, California, de allí vengo.
-¿En serio? Yo nací en Texas. Soy americano también; pero con raíces europeas-explicó.
Ahora había entendido entonces, por qué me había hablado desde un principio en español; pero luego dirigí la mirada hacía la puerta del departamento en el que él iba a introducir la llave antes de que yo le chocara.
-¿Vives aquí?-balbuceé, al captar el trío de números que formaban el trecientos ocho.
-Sí, con mi tía; te dije que tenía raíces europeas.
La vieja gruñona con la que Ginny me había dejado la llave de su apartamento era tía del lindo muchacho que me sonreía en este instante. Abrí los ojos ante la sorpresa.
-¿Eres sobrino de la señora Montórfano?-inquirí.
-Sí, ¿la conoces?
-Sí, bueno no-dije y su expresión pasó a ser una mueca de confusión-. Mi amiga me dejó la llave de su departamento aquí y sólo pasé a recogerla, de allí conozco a tu tía-expliqué.
-¡Oh! ¿Eres tú la linda chica que se mudó con Ginny?-preguntó, como si hubiese completado un rompecabezas en su memoria.
-Sí y… gracias por lo de 'linda'.
-Oh, bueno, eres linda-musitó y se encogió de hombros-. ¿Vas a algún lado?
-Sí, a un laboratorio de fotografía. ¿Sabes dónde queda la calle Squero de San Trovaso?-pregunté, mirando el papelito arrugado en mi mano y tartamudeando al leer el nombre de la calle.
-Sí, es cerca de uno de las canales hacía el norte.
-¿Está muy lejos?
-No, puedes ir caminando; son como cinco cuadras de aquí.
-Oh, gracias.
-Puedo llevarte si quieres, tengo auto-ofreció.
-No, gracias, hoy caminaré, tengo tiempo de sobra-musité con aplomo.
-Oh, está bien, ¿puedo invitarte luego un café? Para conocernos, digo, vamos a ser vecinos-se encogió de hombros un tanto avergonzado y ligeramente ruborizado.
-Claro, me encantaría.
-Hasta luego, entonces.
-Hasta luego-dije-. Oh, y grazie mille-murmuré lo que había aprendido de Draco, cuando agradeció al mozo.
Theo me sonrió.
-Di niente, bella ragazza-pronunció.
Me ruboricé un poco y le dije adiós con la mano; luego bajé las escaleras y me encaminé por las calles de Venecia esperando encontrar lo que buscaba.
Luego de unos minutos y de contabilizar mentalmente las cinco cuadras que Theo me había mencionado, miré hacía el pequeño recuadro blanco ubicado en el muro externo del último edificio de la cuarta calle: Squero de San Trovaso. Sonreí satisfecha al haber acertado en mi búsqueda. Tenía la calle, pero aun me faltaba el laboratorio, decidí caminar hacía la izquierda, en donde los números ascendían, tenía que encontrar el doscientos treinta y siete.
Afortunadamente lo encontré, además de que pude visualizar fuera del lugar el letrero en letras grandes y negras que decía "Photo Lab". Eso hasta un torpe puede entenderlo.
Crucé la acera y me adentré en el lugar solitario y oscurecido, solamente iluminado por las luces del exterior que traspasaban por el ventanal, pero aquello no redujo ni un poco los escalofríos.
-¿Hola?-musité, esperando a que alguien en el oscuro lugar me respondiera.
-¡Tonta máquina!-gruñó una voz fina y delicada que salió de detrás de los almacenes. Una voz de mujer.
Me quedé pasmada, y mis pies se quedaron congelados en el mismo lugar en donde se habían parado.
-¿Hola?-volví a repetir, ahora un poco temerosa.
Hooola lectoreees, espero que esten bien,disculpen el retraso,estaba un poco ocupada, pero no mas :D comenten como va la historia hasta ahora, quiero opiniones por favor :3