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Momentos Percabeth — capítulo 1
Ella asintió, aunque aún parecía inquieta. No la culpaba, pero me resultaba difícil preocuparme en un día tan bonito, con ella a mi lado y sabiendo que no me estaba despidiendo en realidad, teníamos mucho tiempo por delante.
-¿Una carrera hasta abajo? -la reté.
-Pues pierdes seguro. -Salió disparada por la ladera y corrí tras ella.
Por una vez, no miré atrás
Annabeth seguía a mi lado y de repente vi que se le doblaban las rodillas. Me apresuré a sujetarla, pero ella dio un grito de dolor y comprendí que la había agarrado por el brazo roto.
-¡Oh, dioses! -exclamé-. Perdona.
-No pasa nada -musitó, y se desmayó en mis brazos
-Cuesta tener que admitir que necesitamos la ayuda de un mortal -admití-. Pero es cierto.
Annabeth me lanzó una mirada fulminante.
-¡Eres la persona más odiosa que he conocido! -dijo, y salió de la habitación hecha una furia.
Me quede mirando la puerta. Tenía ganas de romper algo de un puñetazo.
-¡Ya ves de qué me ha servido ser el amigo más valeroso que ha tenido!
-¿Y bien?- me dijo.
-Eh... ¿a quién se lo pido?
Me dio un golpe en el estómago.
-A mí, sesos de alga.
-Ah. Sí, claro.
Nos acercamos a la pista de baile; yo miré a Thalia y Grover a ver como lo hacían. Le puse una mano en la cadera a Annabeth y ella asió mi otra mano como si fuese a hacerme una llave de judo.
-No voy a morderte -me dijo-. ¡Desde luego, Percy! ¿Es que no organizáis bailes en tu colegio?
Circe echó a gritar y salió corriendo con sus ayudantes, perseguida por los piratas.
Annabeth envainó su cuchillo y me miró.
-Gracias... -dije con voz temblorosa-. Lo siento.
Antes de que se me ocurriese algún modo de excusarme por haber sido tan idiota ella se acercó y me dio un abrazo. Luego se separó de mí con la misma rapidez.
-Me alegro de que no seas una cobaya.
-Yo también. -Confiaba en no tener la cara tan roja como la sentía.
Echó un vistazo al cuerno de Minotauro y me miró a los ojos, supuse que iba a decir algo como "Vaya has matado un Minotauro" o "Uau eres un fenómeno", pero solo dijo:
-Cuando duermes babeas
-No lo sé. Es un presentimiento. Annabeth, ven conmigo.
-¿Estás de broma?
-¿Y ahora qué pasa?-quise saber.
-¿Yo contigo en….-se ruborizó levemente- en la "emocionante atracción del amor"? Me da vergüenza ¿Y si me ve alguien?
-Bueno- dijo Annabeth - , ¿qué querías decirme antes?
Seguía sonando la música, la gente bailaba en las calles.
-Eh...- balbucí - bien, estaba pensando que en Westover Hall nos interrumpieron. O sea que... creo que te debo un baile.
Ella sonrió lentamente.
-Muy bien, sesos de alga.
-Está bien, en marcha- dije. Antes de que pudiera acobardarme añadí - ¿No hay un beso para darme suerte? Ya es una especia de tradición ¿no?
Temí que me diera un puñetazo. Pero lo que hizo fue sacar su cuchillo y mirar al ejército de monstruos.
-Regresa vivo, sesos de alga. Entonces veremos.
Y antes de que alguien pudiese reaccionar, el monstruo - con Annabeth en su lomo - saltó por el acantilado y se hundió en la oscuridad.
- ¡Annabeth! - chillé.
-Oye -me dijo Annabeth-, siento haber perdido los nervios en el parque acuático, Percy.
-No pasa nada.
-Es que... -Se estremeció-. ¿Sabes?, las arañas...
-¿Por la historia de Aracne?- supuse-. Acabó convertida en araña por desafiar a tu madre a ver quién tejía mejor, ¿verdad?
Annabeth asintió.
-Los hijos de Aracne llevan vengándose de los de Atenea desde entonces. Si hay una araña a un kilómetro a la redonda, me encontrará. Detesto a esos bichejos. De todos modos, te la debo.
-Somos un equipo, ¿recuerdas?.
-Todo saldrá bien. Además, no tenemos opción.
Annabeth me miró furiosa, como si tuviera ganas de darme un puñetazo. Y entonces hizo una cosa que me sorprendió todavía más. Me besó.
Annabeth, gracias al cielo, se quedaría en Nueva York. Sus padres la habían dejado ingresar en un internado de la ciudad para que permaneciera cerca del Olimpo y pudiera supervisar los trabajos de reconstrucción.
-Y para estar cerca de mí, ¿no? -pregunté
-Hum, me parece que hay alguien aquí que se da demasiada importancia. - Pero entrelazó sus dedos con los míos. Me acordé de su idea de construir algo permanente, de la que me había hablado en Nueva York, y pensé que quizá estábamos empezando con buen pie.
-Te pones muy mono cuando estás preocupado - murmuró - Casi se te juntan las cejas de tanto arrugar el entrecejo.
-No se te ocurra morirte mientras te debo un favor. ¿Por qué paraste esa puñalada con tu cuerpo?
-Tú habrías hecho lo mismo por mí.
No nos soltamos las manos hasta que nos arrojaron al agua.
Pero el último en reírse fui yo. Formé una gran burbuja de aire en el fondo del lago y nuestros amigos se quedaron plantados en la orilla esperando a que saliéramos....
Ah cuando eres hijo de Poseidón, no tienes que darte tanta prisa.
Fue sin duda el mejor beso submarino de todos los tiempos.
Holaaaaa, espero que les haya gustado, estos son mis favoritos en orden. Si me olvide de algún momento que a ustedes les haya gustado déjenmelo en los comentarios y lo agregare luego. Besos y Abrazos psicológicos.