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Historia 156326 — capítulo 34

El punzante dolor de cabeza y el grito de Rose despertaron a Helena a la vez. Se cagó en la madre que parió a su amiga antes de abrir lentamente los ojos... Y comenzar a gritar con ella. Dos chicos, profundamente dormidos, se hallaban junto a ellas. Indudablemente descamisados. Rose debía haber comenzado a gritar hace poco, porque en cuanto Helena abrió la boca ambos se levantaron al instante. -Joder, ¿os importaría no gritar?- Helena abrió los ojos como platos al reconocer la voz, por lo que obedeció a la orden, pero la chica de mechas no. Aprovechando su boca abierta, el chico que dormía a su lado rodó hasta acabar encima de ella y la besó con violencia, acallando su grito. Unos segundos más tarde, ella se había callado, y le miraba con los ojos muy abiertos. El chico comenzó a reír como loco antes de que ella lo empujara fuera de la cama, furiosa. -¡GILIPOLLAS!- rugió, roja de ira, saltando sobre él- ¡CABRÓN, IMBÉCIL...! -Me duele la cabeza...- gimoteó Helena, y su compañero de cama la miró dulcemente. Pero sus ojos, de un tono entre marrón, azul y verde, relampaguearon de furia cuando la pareja del suelo gritó algo como "¡En la cara no!". Con ternura, colocó sus manos en los oídos de ella antes de vociferar:- ¡CERRAD EL PUTO PICO DE UNA JODIDA VEZ!- y ambos le miraron, asustados, mientras Helena se llevaba las manos a los oídos, apretando con más fuerza las de él contra sus orejas, con los ojos llorosos- No, nena... No llores... -Me duele mucho- sollozó, y Rose se levantó rápido, caminando hacia su amiga. -¿Qué sucede, Helena?- susurró, bajito y con ternura, y la chica sollozó más fuerte. -Mi cabeza, Rosie- susurró, con la voz entrecortada, y se acurrucó más contra el chico que la noche anterior la había salvado y con el que había dormido-. Me duele mucho... -Duerme un rato más, princesa- la meció su compañero de cama, como si fuera una bebé, y ella no dudó en cerrar lentamente sus ojos, pesadamente, antes de caer inconsciente en sus brazos. -Buenas noches- susurró, durmiéndose al instante, siendo acogida por los brazos de Morfeo...

En la mansión Granger, Hermione abría los ojos. A su lado, un sexi Draco la miraba, con los cabellos revueltos y el torso de dios griego desnudo. -Buenos días, mi amor- sonrió él, con ternura, y ella sonrió en respuesta, sin quejarse cuando él la tumbó sobre su cuerpo y la abrazó con fuerza, sin dudarlo-. ¿Qué? ¿Te gusta mi camiseta?- ella rió. Llevaba una camiseta a cuadros de Draco, que le llegaba hasta casi las rodillas. Asintió en respuesta y le besó la nariz. -Te quiero, rubito. -Te amo, mi leona.

En la casa de los Zabini, Blaise y Ginny dormían juntos, abrazados en el sofá. Blake se rió mientras los tapaba tiernamente, besando la frente de la pelirroja y dando dos toques en la cabeza de su hermano. Tomó un posit y lo pegó en la nevera antes de irse. Unas horas después, la chica se despertó. Ginny, con la camisa favorita de su hermano Bill como pijama, caminó a la cocina y cogió un vaso de leche, pero cuando trató de coger el Colacao unas manos se colocaron en sus caderas y la alzaron en vilo, como si fuese una pluma. Pero cuando cogió el Colacao y lo dejó en la encimera el chico la colocó contra su cuerpo, a su altura, rodeando con las piernas de ella sus caderas. -Buenos días, pequeñaja- sonrió él, antes de deborar su boca con frenesí. Cuando la dejó respirar, ella estaba ruborizada. Preciosa a sus ojos. -Buenos días, grandullón- le contestó, y se sentó junto al bote de Colacao y le bajó a su altura, volviendo a unir sus labios.

Orion y Sol se miraron fijamente a los ojos. Aquella noche, ambos habían sido todo para el otro. Se amaban, y se lo decían con los ojos. -Te adoro, amor mío- le susurró, al oído, y él rió. -No sabes lo que te amo, estrellita- contestó, acariciando su espalda desnuda y besando su clavícula- Eres la única. Desde que te conocí lo has sido. Jamás te he olvidado. Te quiero, de todo corazón. De aquí al infinito, pequeña mía. -Joder, Orion...- susurró ella, con los ojos perlados. -No llores, mi vida- replicó, rodando hasta quedar sobre ella. Y volvieron a empezar lo que habían hecho la noche anterior.

-Lunita...- ella rió mientras Theo besaba la punta de su nariz, ruborizada- Vamos, mi luna... -¡Que no, Theo! Se me hace raro llevar esto... -¿No te gusta lo que te he comprado, pequeñaja?- ella salió del baño, completamente ruborizada, con un hermoso vestido azul de fiesta, tan bonito que la había dejado sin aliento... Y que hizo lo propio con él cuando la vio- Wow... -¿Qué? ¿Algo está mal?- preguntó, rojísima y preocupada. Se miró la parte trasera del vestido y trató de encontrar alguna imperfección, pero él rodeó su cintura con los brazos y la pegó a su cuerpo, besándola en los labios de lado. -¿Qué va a estar mal, mi cielo?- se ruborizó de nuevo- Si eres preciosa...

Cuando Pansy llegó a la casa de los Granger, no se esperó encontrar aquella atmósfera. Solo los gemelos seguían tranquilos, así que optó por irse con ellos. Fred y George, que al parecer tenían su edad, la acogieron con sendas sonrisas y Lee, su amigo, hizo lo propio. La verdad es que lentamente creía que se estaba quedando sola, pero aquellos tres le abrieron una nueva puerta. Y no la pensaba desaprovechar.

Espero que os guste!! :D Un besazo y un abrazo fuerte. Hasta pronto!! Dejad comentarios ;D