← Historia 156326 · de
Historia 156326 — capítulo 8
-¡ORION! ¡DRACO!- chilló furiosa Hermione, y los chicos bajaron a toda velocidad las escaleras. A pesar de que ellos eran ocho años mayores que ella, por increíble que pareciera, acababa por convertirse en la responsable de todo: que si organizar la recogida de las cosas después de cada fiesta, echar a los ligues de los chicos, despertarles... Pero ese día estaba enfadada, y mucho, por lo que se plantó en el pasillo, gritando a todo pulmón hasta que ellos aparecieron, somnolientos y con ojos cansados... Y en calzoncillos. -¿Qué pasa, hermanita?- preguntó Draco, con la voz pastosa, y ella rodó los ojos. -Uno de vosotros me tiene que llevar al instituto- gruñó, con los brazos cruzados, y ellos se lanzaron sus típicas miradas desafiantes. -Yo la llevaré- sentenció el castaño, y el rubio negó. -La llevaré yo- replicó, comenzando a cansarse. -Yo- Orion se estaba empezando a enfadar, y Draco no se quedaba corto, pero su disputa mañanera fue interrumpida, como tantas otras veces desde que el castaño llegó. -¡YA! ¡ME DA IGUAL QUIÉN ME LLEVE! ¡VESTIROS! ¡COMO LLEGUE TARDE NO OS VUELVO A DIRIGIR LA PALABRA!- bramó, yéndose por donde vino- Ah, y otra cosa... TENÉIS DOCE MINUTOS- y bajó velozmente las escaleras. Diez minutos más tarde, la pareja ya estaba allí, esperando tan perfectos como siempre a la castaña. -¿Quién me lleva? -Yo- contestaron, a la vez, y se miraron con odio. -Está bien... Iremos los tres, así no hay discursiones- suspiró, saliendo de la casa con ellos detrás, prácticamente corriendo para alcanzarla. -Vamos en el mío. -No, en el mío... Cansada de las mismas peleas cada mañana, la castaña se cansó. -Ya está, llamaré a alguien para que me lleve. Estoy harta de vuestras peleas, HARTA... Y aún por encima se me ha roto la moto, os he soportado tres semanas, a vosotros y a vuestros calzoncillos sucios, a las guarras de vuestras amigas, los ruidos repugnantes cada noche... ¡NO OS AGUANTO!- gritó, corriendo de nuevo a la casa, dejándoles quietos en el sitio. -¿Qué pasa, Mione?- preguntó la preocupada voz de Harry al otro lado de la línea. -Por favor, ven a buscarme... -Dame un minuto. Apenas medio minuto más tarde, se escuchó el claxon de un coche en la puerta de la casa, y Hermione salió de allí corriendo sin despedirse de la pareja. -Hola, Herms- sonrió tiernamente Harry, besándola en la mejilla con ternura en cuanto ella entró en el coche-. ¿Cómo va todo? -Mis hermanastros son idiotas- suspiró, resignada, mientras su amigo aceleraba. Llegaron casi diez minutos antes del comienzo de las clases, y se reunieron allí con todo el grupo para dirigirse a su primera clase: Historia.
-¿Le has dicho eso a tu madre?- preguntó Ginny a Hermione a la hora del almuerzo, y esta negó. -No está nunca en casa ahora. Solo tengo a los dos imbéciles, así que no puedo. Además, ahora creo que está por Brasil, así que no regresará hasta dentro de... Unos veinte o treinta días- el rostro de la castaña reflejaba cabreo, por lo que cierta rubia trató de salvar la situación. -¿Cuándo es la boda?- interrogó tímidamente Luna. -En un mes- contestó, apretando los puños. -No le des más vueltas. Si Jean es feliz... -Yo puedo morirme del asco- acabó, saliendo de allí como alma que lleva el diablo, caminando con decisión hasta su taquilla y apoyándose en ella, con los ojos cerrados. Las lágrimas que ya no podía contener resvalaron por sus mejillas, mientras ella se deslizaba hasta caer de culo en el suelo. Ocultó el rostro entre sus manos, y lloró. Lloró por todo lo que había aguantado desde que su padre entró en prisión, por lo que había soportado, tanto de sus compañeros como del resto del mundo. Cuando regresó a la clase, no había ni rastro de llanto en su cara, pero Harry pudo leer en sus ojos que había llorado. Y eso le preocupó.
Después del instituto, Hermione regresó a casa, donde Draco y Orion la esperaban. -¿Qué sucede, Herms?- preguntó el castaño, con preocupación, en cuanto vio los llorosos ojos de ella. Pero le ignoró. -Nada. Olvídalo- y corrió a su cuarto, encerrándose en él todo el día. No salió ni para merendar ni cenar, lo que preocupó muchísimo a los chicos, quienes subieron juntos a por ella, entrando sin llamar a su habitación... Grave herror. La encontraron profundamente dormida, solo con unos diminutos pantalones y una camisetita de tirantes, todo en negro, destacando su piel de porcelana. Y Draco no pudo evitar pensar que era el ser más hermoso que había visto nunca. Con ternura, Orion tomó una manta y la arropó, besando su frente y acariciando sus cabellos suavemente. -Te quiero, pequeña... Dulces sueños.
Espero que os haya gustado!! Por favor, dejad comentarios. Besos, abrazos y cuidaros mucho!!!