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Los septuagésimos sextos Juegos del Hambre — capítulo 8
De golpe abrió los ojos, lo más que pudo y se sentó en su cama. Todavía era de noche, el cielo de un negro azabache sin estrellas. Se podían vislumbrar algunas formaciones de nubes. Había tenido otra de sus típicas pesadillas y estaba asustada, pues esta nunca la había tenido. Estaba sola en el medio de la arena llorándole al cuerpo fallecido de Rue, cuando Snow corría con un gran cuchillo muy afilado y le cortaba la cabeza, pero antes del que el cuerpo de Katniss cayera ella despertó. Raramente no gritó, los aullidos se le quedaron ahogados en la garganta. Estaba muy sudada, por lo que se levantó y se duchó. No se vistió con el mismo pijama que tenía (un conjunto de un short negro con una musculosa rosa), sino que lo cambió por otro short, pero este de color marrón con una remera mangas cortas a juego.
Tenía miedo a dormirse otra vez, quería que ya amaneciera, sin embargo no había ninguna señal de que fuera a salir el sol en todo lo que restaba del día. Se quedó pensando, pensando en todo lo que sucedería ese día, la junta, estar con Plutarch para que les enseñase a diseñar la arena y quién sabe qué más.
Permaneció despierta cautiva de sus pensamientos, encerrada en una burbuja de ideas que iban y venían. Se estaba durmiendo y se cayó en la cuenta de que no tenía miedo a dormirse nuevamente, tenía miedo a soñar lo mismo que lo que la despertó esa misma noche. Se volvió bruscamente al lado que estaba la ventana al escuchar un ruido, solo era un pájaro golpeando el cristal de la puerta-ventana. No le dio importancia y con la débil luz del velador que tenía a su derecha volvió a caer presa del sueño y se durmió.
¡PRUUUM!
El sonido de un trueno la despertó, sin sobresaltos esta vez, miró la ventana con unos ojos con apenas unos milímetros de abertura para poder ver, estaba lloviendo torrencialmente. No se veía nada más allá de un metro. Adormilada miró el reloj que pendía de la pared bajo la puerta del baño y vio que marcaba las 7:58. Despacio y con cuidado de golpearse se levantó sin ganas y se dirigió al baño, se sentó en el inodoro y orinó. Se lavó la cara y luego los dientes con mucha calma y desánimo. Un poco más despierta se vistió con un jean y una musculosa negra.
Sin peinarse se dirigió al comedor a desayunar. No tenía mucho apetito, todavía le daba vueltas la cabeza con ese sueño de que Snow la decapitaba. Abrió la puerta con lentitud y se encontró allí sentados a Beetee y a Johanna. Los demás ya habían despertado, desayunado y retirado. Al parecer Johanna no estaba más estable que Katniss.
—Hola—. Saludó Katniss con un tono cortante haciendo notar que no tenía ánimos para hablar.
—Hola—. Respondieron los dos al unísono.
Sin más ella se sirvió una tartaleta de ricota y un macaron y un café con leche para bajarlo todo. Se levantó y fue a la habitación de Caroline a preguntarle el horario de la reunión <<16:30, y no llegues tarde>>, le dijo esta y se sentó en su escritorio a ordenar unos papeles en lo que Katniss vio un gran dibujo con una enumeración del 1 al 8. No se fijó mas y fue con su hermana, seguro que eso la pondría de mejor humor.
Tocó a la blanca puerta y nadie abrió, se temió que no haya nadie. Volvió a llamar y esta vez Winnie la abrió y saludó a su hija con un beso en la mejilla.
— ¿Y Prim? — Preguntó severamente con una línea recata en sus labios.
—Fue con Gale a no sé qué lugar, pero puedes pasar a esperarla si quieres. Dijeron que no tardaban. — La amabilidad de la madre fue mal recibida y la hija se alejó a buscar a Hazel y como con ella no tenía ninguna contra la saludó con un beso y un "buenos días" y le hizo la misma pregunta que a su madre, pero ella no tenía idea de donde andaba metido su hijo.
No los buscó más y se vio con ganas de ir con Johanna y Finnick y como este no se separaba de su esposa, la recién curada de la locura: Annie Cresta. Se había vuelto loca cuando estaba en la arena y vio morir decapitado a su compañero, tributo del distrito 4. No tenía alternativa, la iba a ver.
Regresó al comedor y Beetee seguía allí leyendo en unas de las sillas frente a la chimenea, pero Johanna Mason se había largado hace unos diez minutos según le dijo el del 3. La buscó en su habitación y ahí la encontró.
—Hola Johanna— se le había pasado el mal humor sin que se diera cuenta y le preguntó: — ¿Cómo andas?
—Hola Katniss, bien ¿tu? — Lo lanzó todo muy rápido y Katniss reformuló todo antes de responder.
—Mejor. No has visto a Prim o a Gale ¿cierto?
—No, no los he visto. ¿Quieres pasar?
—Claro, estuve yendo de acá para allá.
—¿Pensaste algo para la arena?
—No, no se me ha pasado por la cabeza. ¿Qué tal tu?
—Si, se me han ocurrido algunas ideas, pensé que podría haber lluvia ácida o venenosa o por el estilo, la cosa es que quiero que sufran, que sufran como nosotros en los juegos—. Katniss no respondió, sino que quedó pensando en lo que había dicho Johanna. Al cabo de unos minutos escuchó que volvían a hablarle: — ¿Qué dices?
—No lo sé, no estoy segura, cada vez estoy menos decidida a hacer ests Juegos, y…
—Que ¿QUÉ?, ¡¿No estás segura?! No estás segura— repetía ella mirando al techo con una sonrisa de sarcasmo, dándose unos pequeños golpes en la pierna con el brazo derecho y sacudiéndose levemente—. Igualmente no van a cambiar la decisión por ti, ya no hay vuelta atrás esta vez. Ya se votó y hoy es la junta para la arena. —Katniss no tenía nada para decir, entonces se quedó callada y mirando a Johanna.
Las dos siguieron charlando hasta el almuerzo donde se separaron para sentarse con otras personas. En el comedor encontró a Prim y a Gale sentados en sillas contiguas. Se sentó al otro lado de Prim y la interrogó.
—¿Dónde has estado? —Comenzó con esa pregunta como para hacerla sentir mal. Lo dijo en un tono bajo pero amenazador.
—Solo fui a mostrarle a Gale lo que me enseñaste—. Era tan inocente, su voz tan dulce y esa cara de lo más tierna…
—Pero… ¿Dónde?, en el patio me imagino que no.
—En el invernadero, colocamos un madera y le dibujamos unos blancos.
—Si te molesta no me la llevaré más, Catnip—, Gale se adentró en la charla, supongo que cuando escuchó lo que dijo Prim, él estaba en una profunda habladuría con Beetee sobre el funcionamiento de lo hologramas.
—No me molesta que vayas con ella, lo que me molesta es que no me han avisado, nadie tenía idea de donde estaban, y además…
—La próxima te dejaremos una nota, ¿está bien? — Ella sabía que no lo iban a hacer, pero afirmó con la cabeza y comenzó a comer la sabrosa comida que los avoxs les habían preparado.
Había comenzado a hablar con Peeta que estaba a la derecha de ella.
—Tu no vas esta tarde ¿o sí? —Le preguntó Katniss con ilusión de poder verlo allí esa tarde.
—Claro que no, no quiero saber nada de los Juegos.
—Entonces… ¿Qué harás?
—Tenía planeado cocinar.
—¿Cocinar?, ¿Pan? — Katniss no probaba pan del distrito 12 desde que fue al Vasallaje.
—Si, pan, como lo hacíamos en el 12.
—Les llevaré a la sala de Juntas si lo deseas.
—No creo que sea conveniente que te aparezcas ahí, con todos los vencedores que votaron un "Sí".
—De acuerdo, pero ven a mi cuarto cuando acabe la reunión.
—Lo haré—. Le dedicó una sonrisa y él le dio un beso en los labios. Terminaron de almorzar y solo algunos se quedaron para tomar un té o un café. Katniss quedó hablando con Finnick sobre el distrito de él y cómo era la vida allí. No se esperaba nada más de lo que le contó, solo le había dicho que todos dependían de la pesca y que no había muchos empleos disponibles, que al igual que el 12 había un barrio pobre llamado "La Red" y Katniss le comentó que ella vivía en La Veta.
—¿Cómo se conocieron? — Enunció Katniss de la nada.
—Verás… Los dos éramos niños. Unos siete u ocho años. Y yo estaba con mi padre, el me estaba enseñando a pescar con un arpón y cuando pescamos lo suficiente para poder comer ese día y vender un poco él se fue a casa, pero yo me quise quedar y tratar de pescar solo. No pude pero fue una buena idea quedarme—, sonrió y miró a Annie que estaba escuchando a Finnick y amamantando al bebé—, porque escuché unos gritos y busqué con la vista de donde provenían. Annie se estaba ahogando, estaba en el bote con su madre y cayó al mar. Yo la rescaté. Así fue como nos conocimos.
—Él me salvó de no ahogarme, yo no sabía nadar—. Resaltó Annie, como si no hubiera quedado entendido ya.
—¿Qué hacías en ese bote, Annie? — Le preguntó Katniss.
—Estábamos trabajando con mi madre y yo simplemente me caí. Estaba muy asustada, pero apareció mi sol y estrellas y con ayuda de mi madre me subieron al bote. Estaba muy agradecida. Todas las tardes, desde entonces, nos encontrábamos en la orilla de esa playa. Yo le enseñé a hacer una res y él me enseñó a nadar. Pero cuando el cumplió los catorce y salió como tributo…
—Si, si, ya basta…—Nadie hizo más comentarios y continuaron con otro tema: El ser padres. Entre pito y flauta se hicieron las 16: 20, y Finnick y Katniss se retiraron para asistir a tiempo a la reunión del segundo piso. Cuando llegaron los únicos en la sala eran Caroline y Plutarch, quien había llegado hacía una media hora. Freety le estaba mostrando unos planos a Plutarch y señalaba un punto en especial, pero cuando los vieron pasar cerraron una carpeta marrón y nada quedó al descubierto.
—Buenos días—. Saludó Plutarch estirándole una mano a los vencedores.
—Buenos días Plutarch—, respondió Finnick—, aunque algo lluvioso ¿no crees?
—Ya lo creo, si que si—. Sentenció Havensbee— ¿Cómo andas Katniss? — Le sonrió y esperó a que le respondieran.
— Bastante bien Plutarch ¿y tú? —, no estaba ni contenta ni mal por verle, solo que sería mejor que no los hubiera retenido tanto tiempo.
—Muy bien, Gracias. —En ese momento llegaron Johanna, Beetee y Haymitch Abernathy.
La reunión empezó con un golpe de un martillo de madera contra la mesa de caoba y Freety empezó diciendo: — Damos comienzo a la reunión para determinar la arena de los septuagésimos sextos juegos del hambre, edición especial con niños del Capitolio—. Dijo esas palabras como si se las hubiera aprendido de memoria, eso odiaba Katniss de las juntas, que eran muy formales y muy poco imprevistas. — Ya sé que propusimos tres arenas en la cena de anoche pero Plutarch me dijo que hay una que tendremos que descartar: La del Capitolio, pero las otras dos siguen de pie. Además, yo he estado ideando una nueva arena dividida en ocho partes—. Prendió un aparato y buscó y colocó una hoja en una pantallita que luego se vio en una proyección que lograba el aparatito. Era el boceto que Katniss había visto en el escritorio de Caroline cuando fue a preguntarle lo de la reunión. —Es una arena dividida en ocho. En el número 1 estará la cornucopia y una llanura. En el área número 2 habrá selva. En el 3, sabana. El 4 será un río. El 5 una tundra. El 6 una llanura helada. El 7 serán montañas y el 8 un Bosque Caducifolio. ¿Preguntas?
—Si—, dijo Haymitch—,¿Qué rayos es una Tundra y qué es un bosque Ca-du-ci-fo-lio? —Separó en sílabas esta última palabra para que le aclarasen que significaba.
—Bueno, un Bosque Caducifolio es un bosque donde predominan las plantas caducifolio, es decir, las que pierden sus hojas durante el invierno. Y una tundra es una llanura helada en las que todo está muy florecido durante la primavera y el verano. ¿Otra más? —Las cabezas hicieron un movimiento de derecha a izquierda negando a la pregunta de Freety. —También podemos hacer que cambie el clima día a día.
—Votación—.Dijo Plutarch sacándole el mando a Caroline quien lo miró con recelo. —Escriban en los papeles que les hemos dejado frente a ustedes el número 1 si elijen la del cabio de clima o el dos si prefieren la de los ocho sectores.
—¿No podríamos mezclar las dos? — Todos voltearon la cabeza hacia Johanna—, es decir, en los ocho sectores cambiar de clima de la noche a la mañana. Por ejemplo, si yo estoy que estoy en el sector cuatro me duermo con agua y amanezco con tierra árida, sería muy duro para los del Capitolio.
—Esa es una excelente idea Johanna, votaré por la arena tres. —A Finnick le gustó de verdad.
—Yo también—.Acotó Beetee Latier.
—Escriban y después veremos—.Esperó unos minutos a que todos acaben de escribir en su papelito y retomó la palabra—. Abernathy, Haymitch—, Haymitch levantó el cartel con el número tres en él. Siguió pasando lista—, Everdeen, Katniss. Latier, Beetee. Mason, Johanna. Odair Finnick—.Todos levantaron el cartel con el número tres escrito con el fibrón negro que cada uno tenía y con el cual Finnick había comenzado a juagar haciéndolo girar entre los dedos.
—Todos iguales. Arena compuesta. La semana próxima crearemos la arena y piensen en trampas o cosas que pueda tener. Fin de la Junta.
Katniss se retiró y estaba yendo a su cuarto cuando recordó que tenía que ir a ver a Peeta. Fue a su pieza y lo encontró en la cama con una bandeja con pan untándole una crema y mirando la televisión.
—¿Me acompañas? —. Dijo con tono burlón.
—Claro que sí—. Se sentó en la cama y Peeta le dio el pan en la boca y ella se lo devoró. Quedaron mirando la tele y comiendo pan hasta que se acabó. Esa combinación del pan con la crema era espectacular.
Y vieron que la lluvia cesaba. Salieron al balcón y quedaron mirando el paisaje gris y húmedo, no era una de los mejore, al contrario, pero estaba con Peeta y eso le era suficiente.