← Addicted to You · de
Addicted to You — capítulo 18
Desde pequeño en mi familia me han enseñado que si quiero obtener algo debo pelear hasta que sea mio. Sólo que yo no lo apliqué en lo material, sino que en las mujeres. Lo sé señoritas, creo que suena muy feo lo que digo, pero gracias a Merlín y a la genética Malfoy que lo he logrado.Poseo buenos atributos, estoy bien dotado, y lo sé porque todas han quedado satisfechas. Cuando comencé a sentir ese deseo desenfrenado por las mujeres (deseo sexual claramente), trabajé por unos meses mentalizandome en obtener la mayor cantidad de ellas para entender que me pueden brindar. Cada una de ellas me ofreció sensaciones que de verdad me gustaban, pero ninguna me ofreció todo eso en una. Hasta que conocí mucho mejor a la sabelotodo Rose Weasley. Claramente la conocía de antes. Desde el primer año de Hogwarts, donde siempre levantaba la mano para acertar en las respuestas. Era irritante, con su tono de voz chillón y su manera sonsa de vestir. Creo que empecé a prestarle un poco de atención cuando estábamos con mi amigo Bob Zabinni practicando el examen final para ingresar a Cooperación Mágica Internacional. En esa instancia me contó que Rose Weasley, si, esa pequeña ratona de biblioteca, era una fiera en todos los sentidos. De acuerdo a él, cosa que no creí en mucho tiempo hasta que la misma Rose me confirmó, se escaparon un fin de semana a Irlanda y vivieron las aventuras mas impresionantes contables (claramente). Me dijo que ella tuvo varios romances dentro de Hogwarts, pero siempre jugando al misterio de si eran tal o no. Al menos yo nunca supe de alguno de ellos. Luego la empecé a mirar determinadamente en cada cumpleaños de Albus (que cada año se volvían más tóxicos y llenos de mujeres para saciarnos). En algunos de ellos aparecía animada, en otros con un estúpido bobalicón llamado Jake McClintock, que era sabido que mantenía una relación paralela con Alice Longbottom, quien fue en algún minuto fuera novia (la muy zorra) de mi mejor amigo. Pero no fue hasta que mi buen amigo cumplió 23 cuando la vi en todo su esplendor. Es sabido que yo salí con muchísimas mujeres, entre ellas la hermana de Albus Lily Luna, famosa modelo de mundo mágico. Ella era realmente hermosa y muy sexy, pero Rose... Esa noche superó todos los límites y me obligó a tomar medidas. Ya hace algún tiempo quería probar del fruto prohibido que implicaba acercarme a Weasley, pero esa noche lo reafirmé. La quería para mi y sólo para mi, y pude notar que tendría mucha competencia... Mucha competencia. Los hechos se dieron por azar de Merlín: Rose estaba sentada en el pasillo lo bastante lúcida para saber que yo estaba acercándome, tratando así de alejar a cualquier asqueroso que la utilizara como un trapo cualquiera. Ella, por su carácter de diosa germánica (como la bauticé), se merece el mejor de los tratos. Créanme chicas que fui demasiado feliz cuando me permitió pasar la noche con ella. Fue la primera vez que hice el amor de verdad. Todo por ella. ¿Qué aconteció después? Ella me dejó esa mañana, sintiéndome desolado. Fui a hablar con Albus, contándole que ella había caído en mis encantos, pero no le conté que yo lo hice en los de ella. Y que la quería conmigo para siempre. Ella reunía todo lo que esperaba en una mujer: Inteligencia, sensualidad, fiereza, fortaleza, sencillez, hermosura y sinceridad. La deseaba en todos los niveles, y por eso me atreví a ir a buscarla al lanzamiento de la tienda de su madre. No quiero sonar extremadamente arrogante, pero si quiero confesar que ella no es inmune a mis encantos propios. Vez que estaba cerca de ella, se ponía colorada y su cuerpo reaccionaba ante mis toques o mis besos, como los que le dí en la sala de provisiones de San Mungo. Pero algo iba a cambiar de ahora en adelante: Rose se iría a Nueva York. ¿Cuál es el problema? Ahí reside el único hombre que sería capas de matar: Collin Joignant. El Inglés medio franchute con su tono de yo conquisto a todas las mujeres y hago mala fama de Malfoy con sus ex. Él no tocaría a mi Rose. La estrategia para tratar de mantenerla en Londres conmigo es pasearme con una de las amigas (y por amiga digo que se mete en la cama a algo más que a ver películas) de Albus en la salida de San Mungo. Chicas, resultó, ya que la seguí a su departamento y logré hacerla mía denuevo. Pueden creer que fui tan feliz de poder decirle te amo de manera sincera, y ver su reacción de sorpresa cuando me escuchó. No recibí respuesta verbal, pero su respuesta física me indicaba que era positiva. El día siguiente fue un caos. Apareció un lamebotas desagradable llamado Severus quien la seguía desde siempre. Rose lo invitó a cenar, sabiendo que eso me provocaría. La plantee mi punto tanto esa mañana como en la noche. No me resultó. Rose se fue a la ciudad donde estaba el diablo. Fue el peor mes para mi. Estaba realmente desesperado, hasta que mi padre se apiadó de mi y me dijo donde la había visto en Nueva York y con quien: Con el desalmado Joignant. Decidí ir (argumentando en el Ministerio que resolvería unos asuntos de cooperación) a Nueva York a seguirla y expresarle mi amor sincero (Sí chicas, estoy ENAMORADO). La seguí de acuerdo a las pistas entregadas por mi padre en un auto rentado con los vidrios semi polarizados, hasta que la encontré. Y lo que vi no me gustó nada: La vi con Collin. Maldición. Lo mato. Parezco psicópata, lo sé, pero créanme que la amo con todas mis fuerzas habidas y por haber. Llamé a mi padre para saber como proceder (en ese sentido es mucho más centrado, pero no menos, por decirlo de alguna manera, libidinoso que yo) y me dijo que espera hasta el otro día. Lo hice y en la mañana fui en busca de mi Julieta. El problema radicó en que no me quiso ver, aunque verla correr hacia mi en el pasillo de su departamento me hizo sentir mariposas. Ver esa cara hermosa, que reflejaba amor (del verdadero) hizo que todo en mi se estremeciera, y verle la mano fracturada me hizo entender que quiero cuidarla y protegerla hasta el fin de mis días. Desde ese entonces hemos tenido altos y bajos. Collin sigue presente en su vida, pero me aseguro de marcar mi territorio. Eso hice en especial para año nuevo, dándole un merecido beso de amor eterno. Pero los bajos han sido que Rose no me contara que mi padre estaba saliendo con su madre. Eso me dejó algo desconcertado. Y avergonzado, ya que cuando me enteré estaba en pleno acto sexual con mi amada. Pero supimos sobreponernos a eso y a la ira del vociferador del señor Weasley provocada por mi hermosa oda al amor por Rosie en Corazón de Bruja. Después de eso recibí unas mil lechuzas, algunas con felicitaciones y otras con consignas de odio de varias de las mujeres con quien salí. La solución que di no fue no salomónica, ni muy sabia, ya que reuní a Weasleys y Malfoys en una misma mesa. Supondrán que pasaron cosas graciosas y tragicómicas, como algunos golpes varios hacia mi padre y hacia mi. Se resume en que estuvimos presos y que, luego de liberados, di el gran paso. Le pedí matrimonio a Rose. Y aceptó. Al fin viviría bajo ese azul intenso de sus ojos. Exploté de la felicidad. Lo que no vi venir fue que Rose escuchara, a la mañana siguiente, el buzón de voz de Albus que arruinaría todo lo logrado.