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la hija de bellatrix, bajo la sombra — capítulo 11

Libro segundo 1-1-segundas oportunidadesVolver al orfanato fue abominable, Roxane y Alysha me han hecho la vida imposible en cada oportunidad que se les ha presentado. En ocasiones me siento tentada de agarrar mi varita y hechizarlas, pero está prohibido así que me contengo.

Si supieran lo que soy capaz de hacer…

 sólo con ellas me gustaría usar una de aquellas maldiciones que tan famosas hicieron a mi madre, seguro que luego no volverían a molestarme. A ellas y a Eric, ayer me han dejado por horas encerradas en un oscuro placar, los odio. Estaba aterrada, si hubiera tenido mi varita los  hubiera hechizado sin dudarlo.

Quisiera hacerles daño.  Fue una de las institutrices la que oyó mis gritos cuando ya no eran más que un quejido.

Por una vez en mi vida, me alegro de que no tengan problemas de usar la vara, ese trio muggle de idiotas en verdad que se merecía el castigo.

Sé que ahora buscarán venganza por lo que no me atrevo a salir de mi habitación.

  Plantéenlo de esta forma, dentro te mueres de soledad y fuera hay tres leones hambrientos esperando hacerse un banquete contigo.

La elección es sencilla.


Hace tiempo que Rowena se ausentó, la he dejado libre para que pueda estirar sus alas, aunque ahora me preocupa si le ocurrió algo. No es más que un pichón, naturalmente regresa luego de cazar. ¿Y si se perdió? El sr. Longbottom ha dicho que las lechuzas por naturaleza saben orientarse, pero Rowena es tan pequeña… por favor que no le haya pasado nada. Por instinto voy a mi baúl y rebusco entre mis cosas hasta dar con el viejo tomo de Salazar Slythering. Sí, lo he traído conmigo, no podía simplemente dejarlo allí en la habitación para que me descubran.

Me siento tentada en abrirlo pero los gritos alterarían a los muggles. Acaricio el lomo largo rato, en ocasiones creo que todo fue una locura y ahora estoy encerrada en un manicomio. Necesito estar en contacto con el mundo mágico o voy a enloquecer. En algún punto de la noche la angustia me gana y comienzo a llorar sin permitirme siquiera pensar en la razón de mis lágrimas, solo las dejo correr.

Oigo un tok,tok y abro los ojos, la luz del alba se filtra por mi ventana a través de las cortinas dándole a toda la habitación una tonalidad Azul pálida. Rowena está golpeando el vidrio con su pico…

¡Rowena está aquí! Salto de la cama y corro hasta la ventana. Mi emoción la asusta y entra aleteando a la habitación, estoy tan feliz que sólo no puedo molestarme con ella. Me acerco y le acaricio las plumas a la altura del cuello, ella acepta gustosa una chuchería lechisil y por fin me siento más cuerda.

Rowena trae atada a la pata una nota.

 ¡No puedo creerlo! ¿Cómo pudo saber que alguien quería escribirme? La curiosidad gana a la emoción de reencontrarme con mi lechuza y no puedo evitar dejarla de lado un momento para abrir la nota.

Querida bella

¿Cómo va todo? Sabes, creo que el año anterior me he comportado como un completo idiota contigo.  ¿Perdón sí? Podríamos volver a empezar este nuevo curso y ser amigos nuevamente? Por favor, no quiero perderte te quiero, prometo que no volverá a pasar, espero podamos remendar nuestra amistad este nuevo curso, dame una 2º oportunidad

Matthew

Pd: mi familia y yo estaremos en el caldero chorreante un par de semanas antes de comenzar las clases, si quieres podríamos ir tu sabes... a comer o tomar un helado, cuando pases a comprar tus libros. Tu sabes, sólo si tú quieres jajaja nos vemos.

Es Matth  me está pidiendo disculpas, a mí, no me lo creo. Suena irreal, demasiado mágico, aunque la magia también me resultaba falsa hasta que llegué a Hogwarts. No puedo evitar emocionarme.

 leo y releo la carta un millar de veces hasta desgastar el pergamino, lo presiono contra mi pecho y no puedo evitar que se me escape un suspiro, ¡se había acordado de Mi! Matthew, ¡Y quiere tomar un helado conmigo!!! Eso es fantástico ¿iré? No lo sé. Matthew no se ha comportado muy bien el curso anterior, ¿pero qué más da?, me ha pedido perdón, quiere que seamos amigos ¡mi Matthew! Bueno, mío solo en mis sueños.

Annette me ha torturado desde febrero para que le admitiera que Matth me gusta, y sí, tiene razón. Pero aun así no se lo admitiré, no aún.

El día de volver a Hogwarts se aproxima y con él, el momento de ir al callejón Diagon por mis nuevos artículos escolares. Con los fondos de Hogwarts solo puedo comprarme artículos de segunda mano, pero aquello no me molesta.

He leído y releído tantas veces la cartaque esta se volvió casi ilegible. Descuento ansiosa cada minuto que pasa antes que volver a encontrarme con Matthew, no puedo creer que me importe tanto. En estos últimos días que me permití pensar en él mis sentimientos parecen haberse intensificado, me siento molesta conmigo misma pero no puedo evitarlo.Para ser sincera, me importa más Matthew que volver a ver a mi profesor favorito, o incluso a Annette.

Amo tanto aquel castillo, que ni siquiera me he molestado en desarmar mi baúl, ese es mi verdadero hogar; No el orfanato en el cual me veo obligada a pasar dos largos meses de agonía. Para mi estar en el orfanato se ha vuelto solo una circunstancia como si me hubiera ido de viaje a este lugar y solo esperara el mágico tren escarlata que vendría a por mí y me llevaría a mi amado hogar.

Cuando por fin llega el día, salgo a la calle con mi baúl y mi lechuza. Jonathan ha pasado a recogerme, me ha reconocido. Annette le ha hablado de mí por lo visto.

--supongo que no conociste a mi hermana—bromea.

Sé que no está en verdad molesto pero de todos modos me disculpo. Hablamos un poco y nos ponemos al día. Jonathan me parece un muchacho de lo más amable, me ha invitado a pasar las navidades con él y Annette. Le he dicho que lo pensaría para no parecer desesperada pero es obvio que aceptaré.

En algún momento del viaje me quedo dormida, porque abro los ojos y me encuentro con una imagen que me desconcierta, sobre mí se alza un techo mohoso que no había estado antes. Pego un respingo y salgo disparada para un lado, no entiendo nada, me encuentro en un lugar desconocido.

A un costado de la cama se encuentra mi baúl ymaletas apiladas en un montoncito; cerca de la ventana está la jaula abierta de mi lechuza. Rowena no está. Me acerco a mis cosas y encuentro una nota mal garabateada en pergamino.

Querida princesa:

Llegamos anoche al caldero chorreante, y parecías agotada, por lo que decidí no despertarte. Tus cosas están como cuando subiste al autobús, solo que me tomé el atrevimiento de soltar a tu lechuza (que por cierto, pica muy fuerte… ) como sea, el cantinero dijo que ya tenías pagada la estadía. Te deseo suerte!!! Que te vaya bien en Hogwarts!!!

Jonathan  Cats.

Abollo el pergamino y miro a mi alrededor. Bien, estoy en el caldero chorreante.

Estoy en el caldero chorreante!!!

Recuerdo la carta de Matthew, el estaría aquí, y Neville, él también me ha pedido que le escriba. Una mezcla de emociones se apoderó de mí, comienzo a sentir ansiedad, ganas de avisarle a Neville que he llegado y me encuentro bien, ganas de estar con Matthew…

Lo primero que hago es llamar a mi lechuza con un silbido, Rowena vuela derecho hasta la ventana, trae una rata muerta en el pico.

-¡qué asco…!-frunzo la nariz.

Tomo un pergamino y lo corto en dos trozos: en uno garabateo una nota en la que aviso a Neville que me encuentro asalvo y en el caldero, y en la otra aviso a Matthew que me encuentro en el caldero chorreante.

Ato las notas en la pata de la lechuza y le doy una chuchería lechucil para que estéconforme de realizar la entrega. Rowena extiende sus alas blancas y sale rompiendo la noche dispuesta a hacer la entrega.

La noche es estrellada y oscura. Me he sentado cerca de la ventana, siento la brisa fresca golpear contra mi cara, cierro los ojos y dejo que mi mente vaguepor aquel horizonte estrellado…

Matthew…

Oigo un tok, tok. El ruido de alguien al golpear la puerta  que me hace salir de mi estado de ensoñación. Sacudo un poco la cabeza para aclarar mis ideas y prosigo a abrir…

-¡Hola!- saluda tímidamente un joven de cabello oscuro y ojos azules.

Me quedo pasmada, está más alto y definitivamente mucho más guapo que nunca, su cabello cae rebelde sobre su rostro, se ve mayor, es apuesto y tiene un aire de grandeza único que lo distingue, es un Gryffindor de punta a punta, podrías verlo y distinguir su casa de inmediato.

-¿no me invitaras a pasar?-pregunta con una perfecta sonrisa.

-claro, pasa Matthew, no te esperaba. -admito,ruego que mi cara no esté tan roja como la siento.

-sí, ya me he dado cuenta.-replica Matthew.-cambia esa cara, parece que hubieras visto un muerto…

Él me sonríe y no puedo evitar devolverle la sonrisa. Ambos nos dirigimos al interior de la habitación, me siento en la cama y Matthew hace girar una silla y se sienta en ella apoyando los brazos en el respaldo, como si la estuviese montando.

De pronto ambos nos quedamos callados.

Tenemos tanto para decir y a la vez tan poco. Matthew quería pedirme disculpas, se había comportado como un idiota, sí, soy una Slytherin, pero había dicho que quería que seamos amigos ¿no?

-bella… yo, er…-intenta romper el silencio, lo miro pero no hablo.-quisiera, er… tu sabes, pedirte disculpa, me comporté como un idiota. No, en realidad no.-dice soltando todo lo que tiene dentro.-¡soy un gran idiota!¡ Un grandísimo idiota!,¡el más idiota de los idiotas!!!...

El muchacho se queda en silencio, esperando alguna reacción mía. yosólo lo miro seria, inescrutable, con aquel porte Slytherin que he adquirido el año anterior, mezclado con mi ascendencia "Lestrange-black" parezcoinalcanzable, logro intimidar a la mayoría con sólo una mirada.

Él pone ojos de cachorro apaleado, me mira suplicante, mi inexpresividad parece torturarlo.

Se remueve incomodo, puedo sentirlo, una perversa satisfacción se apodera de mí. Me gusta su miedo, su desconcierto, su incomodidad, me gusta ver como su semblante se retuerce ante mis ojos. Sé que la venganza es mala, pero la satisfacción que me causa es increíble, incluso me asusta.

Si alguna de las hermanas que regentean el orfanato pudiera ver la perversa satisfacción que estoy experimentando me hubieran puesto a rezar. Me prometo a mi misma que lo haré, como para recompensar a dios por los malos pensamientos que estoy teniendo.

No deseo ser mala, pero una parte de mí, en algún rincón de mi alma, hay una parte mala, la cual en este momento burbujea por salir.

La comprensión llegó a mí como un mensaje celestial y supe el porqué de que el sombrero seleccionador no me hubiera enviado a Gryffindor como lo había deseado, muy en el fondo, oculta por la capa de vivencias y educación que he adquirido a lo largo de los años hay maldad. Mucha maldad, tanta que me aterra, hay un monstruo en mí, uno muy oscuro.

Ver la molestia ajena me llena de regocijo, estoy loca, la sensación es fantástica, sentir la culpa, el temor que sentía Matthew de que no lo perdone…

-dime algo…-me ruega Matthew desesperado.

Una sonrisa demencial se dibuja en mis labios, no puedo contenerla.

-Eres un grandísimo idiota…

Él me mira desconcertado, detecto la incertidumbre y cambio mi sonrisa por una más amistosa. Es mejor que encarcele mis monstruos internos

-eres un grandísimo idiota, sí.--sonrío--pero te quiero tal y cual eres…

Él suspira aliviado y se abalanza sobre mí, abrasándome rudamente comienza a hacerme cosquillas.

-me has hecho preocupar, peque…-me susurra revolviéndome el cabello juguetonamente.

-¡no me llames peque!!!-me quejo entre risas.-no soy pequeña.

Jugamos un rato, e intercambiamos un par de historias, quedamos en encontrarnos al otro día en el callejón Diagon. Antes de que se marche,me paro para acompañarlo hasta la puerta y le doy un beso en la mejilla acompañado de un abraso…

-¿amigos?-pregunto.

-hermanos…-responde él.

Aquellas palabras me caen como plomo,lo quiero y no como un hermano… la sonrisa se borra de mi rostro y espero que no lo note.

-¿qué ocurre?-pregunta Matthew percatándose del cambio repentino en mí.

-oh nada, estoy bien, no te preocupes-miento.-es solo un golpe que me di cuando venía al caldero… no es nada...

Intento sonreírle, formar la sonrisa más convincente que puedo. Esto pareció bastar para Matthew, él me devuelve la sonrisa y se marcha. Apenas cierro la puerta, me recuesto sobre esta y me dejo caer suavemente.

La atmósfera está teñida de un azul añil, la sonrisa que hace tan solo unos instantes se encontraba en mi rostro, se esfumó para dar paso a la amargura.

¿Por qué Matthew no puede verme como a algo más que una amiga? ¿Por qué tenía que haber dicho una hermana? ¿A qué se refiere? ¿Es que jamás me mirará como me gustaría? ¿Acaso debo conformarse con sólo una amistad?...suspiro, ¿qué más puedo pedir? ¿Quién le prestaría atención a alguien como yo?

Me levanto y me dirijo a la cama, no quiero pensar, solo quiero sacármelo de la cabeza y olvidarme de él. ¿Porque tuvo que enviarme aquella nota? Hubiera sido más fácil sino lo perdonaba

"Olvídate de él" me digo a mi misma.

"no puedes" dice la parte de mi mente que ama a Matthew.

"lo deseas" insiste aquella molesta vocecilla.

Con aquel ultimo pensamiento, me voy a dormir…

Al día siguiente, por la tarde, bajo de mi habitación y me dirijo al callejón Diagon, adoro ver como los ladrillos comienzan a moverse y forman la entrada al callejón mágico.

Anduve recorriendo varias tiendas, compré mis libros, un par de plumas nuevas, comida para Rowena, y los nuevos ingredientes de pociones.

Miro mi reloj muggle, faltan 30 minutos para la hora en que he pactado encontrarme con Matthew. Tiempo suficiente para dejar las cosas en el caldero chorreante y regresar hasta la heladería.

Me dirijo sonriente a la heladería.

De acuerdo, nunca seré novia de Matthew pero al menos, podría aprovechar el tiempo cerca de él. Ser su mejor amiga, eso no era la gran cosa, pero trato de  ser conformista, tal vez algún día se enamore de mí, de todos modos puedo disfrutar de lo que el mundo me ofrece, como siempre me había enseñado la hermana Lucinda…

Matthew me espera sentado en una de las mesas frente a la puerta, me acerco y sonrío, él me responde con otra sonrisa. Pedimos unos helados, tomo uno de meta y Matthew uno de chocolate.

-¿menta?-cuestiona sorprendido.

-¿Qué tiene de malo?-pregunto a la defensiva tomando mi cono de forma protectora.

-no es muy común.-se encoje de hombros.-eres la primera chica que conozco que toma helado de menta.

-¿invitas a todas tus amigas a tomar helados?-cuestiono con cierta esperanza.

-naturalmente. ¿De todos modos no eres muy común o sí?

Adiós a sus ilusiones de que haya elegido algo particularmente especial conmigo. Me siento una idiota ¡claro que no era nada especial en plan romántico! No era como invitar a una muchacha al cine, solos con una bandeja de palomitas de por medio, como había visto en tantas películas. No, sólo era una simple salida de amigos.

"nada de citas" me digo a mí misma.

-¿Bella?

-No lo sé, depende del observador.-me llevó una cucharada de helado al boca, trago y continúo.-dime tú ¿te parezco común?-le clavo la mirada interrogándolo.

-no.-Matthew se yergue sobre su silla acercándose más a la mesa y clava sus codos en ella como si fueraa hacerme una confidencia.-eres bruja, eso te hace sensacional y una que disfruta del helado de menta, lo que te hace excepcional.

-¿tienes algún tipo de morbosa fijación con mi helado?-pregunto con una sonrisa en los labios.

-puede que sí.-admite descaradamente y estira su cucharita de forma amenazante hasta mi cono.

-se pide permiso ¿sabes? Hey, Lestrange ¿me convidas de tu helado?, ocurre que desde que lo tienes no puedo de dejar de observarlo con ojos libidinosos como un lobo hambriento.-satirizohaciendo que él se ría. Parece que con él soy más chistosa que de costumbre porque siempre se está riendo, lo que resulta perturbarte en cierto modo, aunque me gusta oír su risa.

-->>oh, claro Bell, pero solo una probadita.

Mathew, se estira y me quita una cucharada tan grande que por poco no vuelca el resto de mi helado.

-¡glotón!-me quejo sin verdadera molestia, y vuelvo a acomodar los restos de mi helado en el cono.

Matth se lleva toda la cucharada a la boca y hace una mueca de desagrado.

-está frio.-se queja mientras traga.

-¿Pretendías que estuviera tibio?-me mofó, no puedo evitarlo.

-ña, ña, muy graciosa.-bufa volviendo a su helado.-de todos modos no está mal, ¿sabes cómo quedaría mejor?

--¿cómo?

--Con chocolate. Solo una probadita más.

Pongo los ojos en blanco y vuelvo a convidarle mi helado a cambio de una cucharada del de suyo, no queda mal, eso debo admitírselo. Pero no le permitiré que se coma todo mi helado.

-no, no.-intercepto la cuchara de Bell con la mía a la tercera vez que quiere robarme helado.-esto es propiedad Lestrange.

El muchacho sonríe y se desata una pelea espadachina con cucharitas de helado, que acaba con el helado de menta volcado en la mesa.

-¡mira lo que has hecho!-me quejo tratandode limpiar el desastre con una servilletita plástica de esas que no sirven para nada más que para empeorar el enchastre.

-¡¿yo?!-pregunta Bell escandalizado, veo una sonrisa oculta detrás de su falsa sorpresa.-¿Quién se negó a convidarme el helado?

Pongo cara de "no me vengas con eso" y llevó los restos del cono de menta a la basura, Bell me acompaña aún con su cono de chocolate invicto.

-todo fue tu culpa-insiste cuando salimos de la heladería. No pudo hacer más que reírme.

Caminamos por las callejuelas del callejón observando los escaparates de las tiendas, bell me ofrece de su cono,lo pienso un momento, esto sería como besarlo, el muchacho ya ha chupado aquel helado, me siento un poco nerviosa al aceptarlo.

Caminamos comiendo del mismo helado hasta acabarlo, hablamos de esto y de lo otro, de sus planes para el futuro, de escobas, Qudditch, Bell ama el Quidditch, el año anterior ha entrado al equipo como golpeador de Gryffindor.

Todo va bien hasta que de pronto Bell empalidece.

Sigo su mirada y veo a su grupo de amigos Gryffindor.

-¿te molesta si voy a saludarlos? Es solo un momento.-dice cruzando la calle antes de que pueda decir algo.

Me quedo molesta al otro lado de la calle observando cómo se acerca pavoneándose a sus amigos, en ningún momento se gira a observarme.

Se saluda con los muchachos con una especie de saludo confidencial de esos que todos los amigos usan, y se creen únicos por hacerlo. Sonal menos seis, varios del equipo de Quidditch Gryffindor, entre ellos está Nathaly y una de sus odiosas amigas.

-¿Qué hacías con la serpiente?-preguntó la amiga de Nathaly, una rubia de cabello hasta la cintura.

-¿Qué serpiente, Nan? No estaba con nadie.-miente y aquello es como si me clavaran una estaca en el pecho.

-nos pareció verte con la loca-lestrenge, la serpiente falsa mortifaga.

-adora a quien-tu-sabes.-dice otro de sus amigos burlándose.

-chicos…-se queja Matth molesto.

-¿la defiendes?-pregunta Nan.-oí decir que sale desnuda por la noche a bañarse en la luna y sacrifica lechuzas para quien-tu-sabes.

-no la defiendo. Solo no pueden creer esas cosas…

-no mientas a tu novia.-esta vez fue Nathaly la que habló se acercó al muchacho y lo besó descaradamente en medio de toda la gente. Bell se queda donde está como un cachorro acobardado.

No puedo soportarlo más, mi autoestima me lo prohíbe. Una horrible sensación oprime mi pecho ¿por qué? ¡¿Por qué tiene que ser tan idiota? ¿no iba a decirles nada?¡¡y encima se besaba con las sangre sucia!! Si éramos amigos se suponía que debía defenderme. No son las palabras de los muchachos lo que me dañan, sino que él las escuche sin decirles nada.

Habían corrido cientos de rumores sobre mí, lo de la luna ya lo había oído pero esperaba que mi falso amigo la defendiera.

Me siento, estúpida, herida y traicionada. Mis ojos se nublan por la rabia ¡como lo odio! No, no soy como la hermana Lucinda,no soy conformista, soyuna Lestrange y soy una sangre pura, nadie se burlaba de Bellatrix Lestrange, mucho menos dos sangres sucias.

Me doy la vuelta y salgo corriendo sin saber en verdad a donde me dirijo, necesito huir de ellos y de mis propios monstruos. Una lágrima de furia contenida surca mi mejilla mientras sigo corriendo.

Me lo pagarán es un juramento Lestrange-Black…

¡bueno amigos lectores!

les dejo un nuevo capitulo de este primer segundo libro y les deseo el mejor fin de semanas de sus vidas. 

ya saben, gracias por llegar hasta aquí, denle me gusta y comenten, nos leemos en el siguiente capítulo. 

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