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Historia 159119 — capítulo 2

UN VIAJE EN TREN MOVIDITO.

El Hogwarts exprés, reluciente tren escarlata, que como cada año en el Andén 9 y ¾, estaba allí en la estación de Kings Cross, a las 11 de la mañana, del 1 de Septiembre.

La joven Rose, prefecta de sexto año, estudiante de la escuela Hogwarts de magia y hechicería, ya estaba allí controlando a todos los nuevos alumnos, y algunos que ya llevaban unos años, para que todo estuviera en orden al empezar el nuevo curso. Este nuevo curso, que le iba a traer tantos problemas, tantas dudas, y agonías, y tantas amarguras, se convertiría en el mejor curso de su vida.

Ahora la pelirroja recorría el tren controlando a los niños de primer año que correteaban por el tren, y ella amable y comprensiva, les buscaba asiento. Aun así, ella sola no podía con todo el tren, con todos aquellos descontrolados y chillones niños que daban vueltas y brincos. Le faltaba su compañero, el prefecto William Bean.

¿Dónde diablos esta?-. Se decía a sí misma. -Le dije que llegara media hora antes-. Así que dio otra vuelta por el vagón de Gryffindor, sentado y asignado más lugares a los nuevos de primer año, y controlando a aquellos que llevaban muchos, y aún no habían aprendido a comportarse.

Al dar su última mirada, y ver que a las 10:55 todos los que habían subido al tren, ya estaban felizmente sentados, salió a despedirse de su familia.

Allí estaba su asustado hermano Hugo, junto a su adorable prima, Lily con la que tenía muy buena relación.

-Bueno chicos creo que ya es hora de que subáis-. Dijo Hermione sonriendo.  -Os quedareis sin sitio.

-Hay un compartimento con alumnos de primer año, os llevare con ellos-. Les dijo Rose. -Pero despedíos rápido.

Hugo y Lily, se despidieron de sus respectivos padres, mientras que Rose abrazaba a Ron.

-Cuida de tu hermano Rose, ten cuidado, y no te metas en líos-. Le dijo Ron, y beso en la mejilla a su hija.

-Papa, yo soy la que previene los líos en Hogwarts-, le dijo ella. -Hablando de líos ¿Dónde están James y Will?

-Creo que ya han subido. Y James llevaba la capa, así que mucha suerte.

Rose soltó un suspiro. -Adiós papá, cuídate mucho. Te quiero.

-Y yo a ti-.

Hugo y Lily, subieron al tren.

-Rose, ¿te vas a ir sin despedirte?

-Claro que no mamá-. Abrazo fuertemente a su madre, y la beso en la mejilla. -Te echare de menos.

-Y yo a ti cielo, responde a mis emails cada día ¿si?

-Si mamá-.

Y deprisa la prefecta pelirroja subió al tren, despidiéndose con la mano de sus padres, y dirigiendo una mirada hacia todo el andén, donde ya no quedaban niños, solo aquellos ansiosos padres que se despedían de sus hijos. Se volvió y cerró la puerta tras ella.

Ahora sola, enfrentándose al largo camino que le esperaba hasta llegar a Hogwarts.

Por suerte aquel año, todo estaba muy calmado, así que decidió ir a saludar a sus amigas.

Fue hasta el vagón de Gryffindor y allí, en uno de los compartimentos, estaban. Entro y vio a todas aquellas que habían estado a su lado desde el primero momento que llego a Hogwarts.  Sam Hewit, su mejor amiga desde siempre. Con cabellos negros y largos, una chica fuerte y grande. Que nadie puede con ella, y su testarudez.

Al lado de ella, una encantadora muchacha de pelo castaño largo, y ondulado estaba sentada. Ann Prewett.

Al otro lado estaba Anthea Landry, rubia potente, de ojos azules, y alta. Una chica que venía de familia rica y de sangre limpia. Ella había sido la excepción en su familia por ir a Gryffindor.

Sam salto de un brinco al ver a Rose, y se abrazó a ella.

-Sam, ¡me haces daño!

-¿Pelirroja dónde estabas? ¡Te echado de menos!  ¿Sabes lo que es estar un verano sin ti pendón?

Rose se rio y se soltó para abrazar a las demás.

Luego se sentó al lado de Anthea, mientras que el tren empezaba a ponerse en camino hacia Hogwarts.

-James me has pisado.

-Ha sido culpa de tu pie, por ponerse debajo del mío.

-Vete a tomar viento.

-Shhh!-. Rugió James bajo la capa de invisibilidad, donde él y Will Bean iban de vagón en vagón.

-Rose me estará buscando, tendría que ir con ella.

-Va Will cállate, seguro que se las apaña sin ti.

-No sé para qué te hago caso.

-Venga va Will. Si en el fondo ansias hacer esto.

-Lo sé-.  Le dijo William, mientras esquivaban a un par de alumnos.

-Will mira esas dos-. James señalo a dos alumnas de quinto, que ya se habían puesto los uniformes, y  llevaban los botones de la camisa un poco más desabrochados de lo normal, y la falda un poco más subida de lo habitual. -Algunas ya están desesperadas el primer día.

-Van a caer todas a nuestros pies James.

-Ni que lo dudes hermano.

-Mejor no salimos que se nos tiran encima-. Dijo Will, y siguieron caminando bajo la capa.

Habían llegado al vagón de Slytherin.

James y Will, debajo de la capa, se paseaban vigilando  no chocar con nadie, y buscando el sitio perfecto para poder cumplir su plan pensado.

-Rose ¿cómo ha ido el verano?-. Pregunto Ann.

-Bien-, respondió con suficiencia.

-¿Bien? Eso ha sonado raro-. Añadió Sam. -¿Hay algo que no nos has contado?

-La verdad es que sí. Veréis tengo una amiga muggle que está obsesionada con irse de fiesta, y le encanta salir por las noches. Y bueno por hacerle compañía, había veces que me iba con ella.

-Eres un pendón Rose Weasley-.

-Cállate Sam-. Le dijo Anthea, poniendo toda su atención en la historia de Rose.

-Y bueno, ya me conocéis soy irresistible.

-¿A cuántos te has tirado?

-¿Por quién me tomas Sam, por un putón?-. Se burló Rose. -No, solo me lie con uno, que se llamaba Charles Bass. Esta tan bueno, pero era un imbécil. Nos vimos un par de veces, y la única conversación que tenía, era sobre lo guapo que era, y lo bien que se sentía consigo mismo.

-Narcisista-. Dijo Ann.

-Y que lo digas.

-Así que fue algo rápido ¿No Rose?

-¿Y tú verano que Sam? ¿Has tenido muchos royitos?-. Le pregunto Rose.

-Bueno… -, estiro los brazos hacia arriba poniéndose cómoda en el asiento.

-¿Imposible Rose, ella asusta a cualquiera que se le acerque-. Se burló Anthea.

-Que sepas que yo chasqueo los dedos y se ponen todos a mis pies.

En ese momento alguien o algo pico en la puerta del compartimento, pero no se vio nada, solo se pudo escuchar los rápidos golpecitos.

-Ya voy yo-. Se levantó Rose, y fue hacia la puerta corredera, la abrió y salió cerrándola tras de sí.

Miro a su alrededor pero no había nadie, solo el largo pasillo del tren se extendía ante ella.

Pero luego bajo su vista hacia el suelo, y vio una pequeña nota doblada. En la que ponía Rose.

Ella la cogió, y volvió a mirar hacia los lados, para ver quién podría ser el misterio remitente.

Desdoblo la hoja, y vio una bonita caligrafía, escrito estaba:

Empezamos nuevo curso, pelirroja.

Volvió a leerlo una y otra vez, ¿quién podía ser el remitente de esas palabras? Rose confusa entro en el compartimento de nuevo, y se sentó en silencio.

-¿Quién era?

-¿Rose?-. Insistió Ann.

Ella seguía en su mundo, mirando el papel doblado, y preguntándose quién demonios le había mandado esa nota.

-¡Rose!-. Anthea le dio un leve golpe en el hombro para que saliera de su trance.

-¡Au!-. Exclamo indignada la pelirroja. -¿Qué quieres?

-¿Quien ha picado?-, Pregunto con rabia Sam.

-Nadie-. Respondió con suficiencia. -Solo, que me han dejado esto. -Enseño la nota a sus amigas.

Sam cogió el trozo doblado de papel con brusquedad, lo desdoblo y leyó.

Su cara se mantuvo intacta -¿Qué mierda es esto?

-Déjame verlo-. Dijo Anthea quitándoselo de las manos. Lo leyó. -¡Rose, tienes un admirador!

-Ya claro, solo es una nota-. Dijo ella. -Seguramente solo sea algún gracioso que se aburre.

-O puede que sea algún pretendiente-. Dijo insistente Ann

-Tal vez sea…-, Sam se vio bruscamente cortada

-¡Cállate Samantha!-. Grito irritada Rose.

-¡Rose te he dicho mil veces que no me llames Samantha!

-Te llamo como a mí me da la gana, Samantha-. Dijo riendo entre dientes.

-Ohh yo te mato-. Pero antes de que se abalanzara sobre ella, Ann y Anthea la sujetaron, y evitaron que callera sobre Rose.

Se puede decir que la relación de Rose y Sam era como la que se tiene con tu hermana, aquella con la que puedes pasar horas y horas, y de tanto estar juntas te acabas cansando. Pero cuando pasáis el más leve día sin verse, se mueren. Sam y Rose son las mejores amigas, más que eso, son hermanas. Y pueden matarse, pero se quieren con locura.

Y sus broncas pueden acabar los que las envuelven heridos. Y suele pasar muy a menudo.

-¡Basta ya!-. Grito Anthea.

 -¡Ha empezado ella!

-¡Sam!-. Dijo Ann mirándola con mala cara. -Parar de comportaros como crías.

-Valla hombre, ahora la que tiene la culpa soy yo.

-Sí, porque no cierras la bocaza-, le insinuó Rose.

Y antes de que nadie pudiera prevenir nada, Sam se abalanzo sobre Rose dejando el cuerpo en peso muerto sobre la pelirroja. Que reía a carcajadas.

-¡Pues ciérramela tú!-, gritaba Sam apoyando todo su cuerpo sobre Rose, y dejándose caer sobre ella.

-¡Sam! Sal de aquí-. Se reía Rose. - ¡Te vas a caer! Y si, no te tiro yo

Y en menos de un segundo tan rápido como Sam cayó al suelo de culo en el suelo del compartimento, Will Bean entro en él.

Y quedo un poco sorprendido por la ridícula escena.

Rose con los pelos todos despeinados, Anthea y Ann riendo como tontas a carcajadas, y Sam tirada de culo en el suelo.

-Sería interesante que dejarais vuestras aventuras lésbicas para la habitación, gracias-.

-¡Will!-, Rose se levantó de un salto. -¿Dónde diablos estabas? He tenido que hacer todo yo sola.

-Has dejado sola a la pobre prefecta, Will. El peso de esta traición pesara sobre ti-.Dijo sarcástica Sam, mirando con cara de malos amigos a Will.

Este tenía el pelo sedoso y castaño, largo por los hombros, con el flequillo a los lados. Cualquier chica de Hogwarts se volvía loca, cuando el guapo prefecto, William Bean, se tocaba el pelo por los pasillos de la escuela. Todas caían a sus pies.

Su físico exuberante, y sus ojos castaños claritos. Que harían cualquier chica cayera  presa de ellos.

Pero había una que jamás lo haría. O eso creían ellos.

-Sam ¿Por qué diablos estas en el suelo?-. Pregunto el con mala cara. -Siempre supe que no me llegabas a la suela de los zapatos, pero nunca lo creí literalmente.

Sam encaro las cejas, y se quedó sentada en el suelo.

-Es que así te puedo mirar a los ojos directamente, tus preciosos y pequeños ''ojos''-. Dijo mientras miraba fijamente en la entre pierna de Will.

-Ya te gustaría, a ti, verlos directamente-. Se acercó a ella y le susurró al oído.

-Antes revivo a Lord Voldemort, y me hago Mortifaga-. Le susurró ella.

Rose le cogió del brazo y lo acerco hasta ella. - ¿Will que querías?

-Si bueno sobre eso-. Will se tiró e l pelo hacia atrás. -Veras. Emm…

-¿Que habéis hecho ya?-. Rose puso las manos en las caderas.

-¿Por qué tendríamos que haber hecho nada? ¿A demás por qué metes a James en esto?-. Will abrió los ojos. -La he cagado-, pensó*- Rose no ha dicho nada de James-,*recordó.

-Pillados-, exclamó Anthea.

-¿Qué ha pasado Will?

-No puedo creer que los imbéciles esos de Gryffindor hayan vuelto hacer de las suyas-.

-Cálmate Eden-.

-¿Cómo quieres que me calme Scorpius?

Eden Rowland, prefecta de Slytherin, de sexto año.  Una chica tan aparentemente perfecta. Rubia de ojos azul vidriosos. Con un espectacular cuerpo de modelo. Pero que a pesar de todo eso, en su cabeza no existía nada más que su apariencia, riqueza y éxito.

Provenía de una familia rica, que había sido leal seguidora de Lord Voldemort, pero que, como los Malfoy, habían conseguido evitar Azkaban.

Ella y Scorpius Malfoy eran los prefectos de su casa. Algo que causaba mucho trabajo, pues los Gryffindors, en especial dos. Solo hacían que causar problemas y molestias.

-Has visto lo que han hecho en el vagón-. Señalo por todo el suelo. -Estoy harta de ellos, en cuanto lleguemos a la escuela se van a enterar.

El suelo estaba cubierto por una asquerosa capa de gelatinosa pasta, que hacía que todo aquel que la tocara quedara allí pegado por unos minutos.

-No sabes quien ha sido-.

-Claro que lo sé-, Le miro. -Y tú también Scorpius.

-Potter y Bean-. Dijo con mala cara, y con un tono acido, que haría a cualquiera helar la sangre.

-Malditos sangre sucias-. Chirrió Eden.

Scorpius miro a otro lado. Odiaba esa palabra, más que ninguna otra. Y se arrepentía de todas aquellas veces que la había dicho, tan inocente y pequeño que no sabía lo que hacía.

-Mejor avisemos a los demás prefectos, nos ayudaran.

-Sí, porque no-. Ella se puso tensa. -Vallamos a pedir ayuda a aquellos que nos han hecho esto.

-Pues así lo podrán arreglar no-. Scorpius movió su cuerpo hacia detrás, mirando a todos los alumnos que esperaban para saber qué hacer.

Algunos de ellos se habían quedado atrapados por unos minutos en aquella pastosa gelatina, y ahora se encontraban descalzos de píe, esperando que harían con los culpables de todo aquello.

-¡Todo el mundo de vuelta a sus compartimento!-. Grito Scorpius.  - ¡Queda poco para llegar, creo que sería adecuado que os pusierais las túnicas y esperarais!-

-Esto pronto estará resuelto-. Menciono irritante Eden.

Entre todos aquellos alumnos de Slytherin, se encontraba el guapo mediano de los Potter, Albus Severus.

Se acercó despacio a su amigo, Scorpius. -Oye, todos dicen que fueron James y Will, porque estuvieron hablando con unas chicas aquí, antes de que pasara.

-No lo sabemos aún Al-. Le dijo Scorpius. -Pero seguramente sea verdad.

-Pero no os volváis a pelear. Aún recuerdo el golpe que me lleve en la pelea del año pasado. Y no tengo ganas de movidas.

-Tranquilo Al, no tocare al imbécil de tu hermano.

Le puso la mano en el hombro. Albus había tenido que aguantas tantos insultos a James y Will, que ya se había acostumbrado. Y estaba empezando a coger un poco de manía a su hermano por lo que le hacía a los Slytherins.

-Quédate por aquí Albus y vigila un poco al personal-, le dijo Scorpius.

-Will enserio,  aun no entiendo porque liais todo esto. Ya tenéis una edad-. Iba gritando Rose mientras ella y Will caminaban de vagón en vagón hasta llegar al de Slytherin.

Rose  no sabía lo que había pasado, pero sabía dónde. Así con Will cogido por la manga de la camiseta, y estirando de él. Llegaron al vagón de la casa de las serpientes.

-Rose yo de ti miraría por donde pisas-, Le dijo Will.

Ella sumida en su rabia no hizo caso del comentario de este, y continúo caminando si mirar el suelo.

-¡Rose!

Y sin darse cuenta piso aquella gelatinosa pasta que había en el suelo, y ya no puedo moverse.

Al darse cuenta de que estaba enganchada en aquella pasta. Solo supo hacer una cosa. -¡JAAAAMEEEEES!

El fuerte grito llego a todos los pasajeros del tren, excepto a quien le tenía que llegar.

 -Rose cállate-.

-Te juro Will que tú y James os vais a quedar todo el curso castigados.

-Va Rose no te estreses-. Hizo un gesto tranquilizador con la mano. -El hechizo se romperá en unos minutos.

-¡Sácame de aquí Will!

-Si entro me quedare yo como un imbécil hay atrapado-. Se mordió el labio. -Quiero decir…

-Cállate y busca ayuda.

-Por mucha ayuda que busque Rose, nadie te va poder sacar de aquí. Solo se pasara el hechizo si esperas quieta unas minutos más.

-¿Que hechizo habéis utilizado?

-Secreto Merodeador.

-¿Quién te has creído que eres? ¿Sirius Black?

-¿Que sabrás tú de él?

-Algo más que tú, seguro-. Se defendía Rose

-Sabes tan poco de Sirius Black, como de ese hechizo-. Fanfarroneaba Will

-Ah claro y tú sí.

En  un momento como ese, de rabieta como unos niños pequeños, nadie podía parar a esos dos desenfrenados.

-¡¿Qué mierda está pasando aquí?!

Scorpius Malfoy se quedó pensativo viendo la ridícula escena. Rose estaba con los pies enganchados en la gelatinosa pasta, discutiendo con William Bean que se mantenía de brazos cruzados mirándola.

Era un chico alto para su edad, rubio y de unos grandes  ojos azules. Su pelo parcialmente despeinado, le caía por la cara con mechones que parecían dorados a la luz.

Rose miro su rostro y no tardo en contestar: -Scorpius, siento lo que han hecho-.

-Tú no tienes la culpa-, y giro la cara y miro a Will con cara de perros. -Parece mentira que seas perfecto.

-Cuidadito con lo que dices Malfoy.

Ambos chillaban desde el extremo opuesto de la gelatina pastosa del suelo, cada uno desde una punta opuesta. Mientras que Rose estaba allí, en medio de aquel charco asqueroso sin poder moverse.

-¡¿Alguien me puede sacar de aquí?!-. Chillaba la pelirroja.

Scorpius se volvió hacia ella. -Descálzate, y con un hechizo para levitar, te saco en un segundo.

-El efecto solo tarda unos minutos-, repetía Will.

Pero ya fue tarde para eso, Scorpius saco la varita y apuntando a Rose, la hizo levitar.

La chica se elevó por los aires, dejando dos zapatos pegados a esa gelatina. Scorpius la acerco hasta donde él estaba. Y deshaciendo el hechizo, Rose cayó sobre él.

Y rápidamente los dos estuvieron tumbados en el suelo, Rose cayó encima del rubio, y sus ojos mantuvieron la vista fija en los del otro por unos largos segundos.

Will carraspeo. Y se separaron en menos de una décima de segundo, la cual fue de lo más dolorosa.

Rose se incorporó, y se acercó al oído de Scorpius: -Gracias.

-No hay de que-. Respondió él sin mirarla.

Ella torció el gesto, y sintió una leve punzada en el pecho. Miro de refilón los dorados cabellos que le habían adquirido un tono más amarillo al chico, con la sutil luz que entraba por la ventana del vagón de Slytherin.

Y moviendo la cabeza para deshacerse de sus pensamientos, torció el gesto hasta la gelatina, y la miro con desprecio.

-Ahora no podré volver a mi vagón. Deberías haber dejado allí cuando he levitado.

-Si lo hubiera hecho, ahora no te tendría aquí para mí-, respondió Scorpius y le soltó una leve mirada, tan picara que causo pavor.

-¿Voy a tener que quedarme aquí el resto del viaje?-, pregunto ella.

-Eso parece-, volvió la vista al frente. - ¡Bean, la mierda que habéis puesto aquí cuanto tardara en irse!

-¡Las bromas tan maravillosas como estas, pierden el encanto si se revelan sus secretos!

-¡William!-, chillo Rose.

-¡No lo sé, James es el que lleva esto!

-Valla dos cabezas de corcho-, insinuó Scorpius en voz baja, que solo Rose que estaba a su lado puedo oír.

-¡Will ves a buscar a James y que limpiar todo esto, o me ocupare de que se quede sin jugar a Quidditch tres meses!

William  salió corriendo pasillo atrás.

-Bueno, mejor que te busquemos unos zapatos.

-En mi bolsa tenía un par de recambio. Pero visto el plan-, señalo la gelatina del suelo, que impedía que pudiera cruzar hasta su vagón. -No puedo ir a buscarlos.

-Tranquila, Eden te dejara unos.

-¿Enserio lo crees?

-La verdad, no, era por ser cortes.

-Nuestra relación no es que sea muy fluida-, Rose rodo los ojos y recordó todas las broncas que desde pequeña había tenido con la irritante Eden.

-Esta celosa.

-¿Celosa?

¿Por qué narices Eden Rowland iba a estar celosa de mí? -Pensó Rose-.

-Porque no puede evitar ver, que entre nosotros hay algo-, Scorpius la miró encarando las cejas.

-Pues sí que tiene imaginación.

-Vamos pelirroja, no me cortes el rollo ahora.

-¿Cuántas veces te tengo que decir que no me llames así?

-Al menos una  vez más. Aunque no creo que funcione.

Rose suspiro y se dio media vuelta, dejando atrás el charco de gelatina y dejando atrás a Scorpius.

Empezó a caminar descalza por el vagón de Slytherin, en la zona de los compartimentos.

-¡Rose espera!

Ella se giró, y vio como Scorpius venia corriendo hasta ella.

-No puede ir por ahí tu sola, y menos en este vagón. Las pelirrojas llaman demasiado la atención, y más si es prefecta de Gryffindor

 -¡Yo no llamo la atención!

-Oh sí que lo hacer pelirroja-, se puso a su lado,  y la cogió de la mano.

Scorpius empezó a tirar de ella de una manera suave, dirigiéndola hasta el final del vagón, Sus manos cálidas estaban ahora juntas sintiendo millones de diminutas descargas eléctricas.

-¿Dónde me llevas?

Pasaron toda la zona donde estaban los alumnos, y solo Rose tenía que ver sus caras, para darse cuenta de lo raro que se les hacía a todos que alguien de Gryffindor estuviera en el vagón de Slytherin.

-Espera, ahora lo veras-, Scorpius la miro. -No te pares.

Rose distinguió allí sentado  a su primo, Albus. Y le guiño un ojo.

El muy extraño le sonrió, y vio cómo se alejaban aquellos dos hacia el último tramo del vagón.

Rose y Scorpius llegaron a una especia de puerta que daba paso a un compartimento pequeño.

Al entrar, la cara de Rose cambió a un color rojo intenso, y soltó la mano de Scorpius.

-¿James?

James Sirius Potter posee el mismo encanto que aquellos que le habían dado el nombre.

James se incorporó y soltó a la chica que tenía entre sus brazos. Avergonzado se removió el pelo.

-¡Rose! ¿Qué narices estás haciendo aquí?-, dijo James enfadado. La chica que estaba a su lado se movió incomoda.

-¿Crees normal que mientras intentamos limpiar la mierda que tú has montado, te estés pegando el lote?

-Oh venga ya Rose, ¿a ti que más te da? No es tu vagón-, James vio los pies descalzos de su prima, y al comprender echo a reír.

-¡James vete ahora mismo de aquí, Will te estaba buscando!

-No puedo cruzar, está mi obra maestra de por medio. Supongo que será también la razón por la que estas tu aquí-, se calló por un momento, y continuo. -¡Espera! ¿Qué estás haciendo aquí, con este?

-Te estábamos buscando-, mintió Scorpius.

Rose le miro sin expresión en su gesto. ¿Por qué habría mentido? Pensó. ¿Tan malo era que los vieran juntos?

-¿Y cómo sabias donde estaba?

-Nos lo dijo la amiga de Carly-. Volvió a mentir Scorpius.

Carly era la chica que James tenía a su lado, y que aparentemente era con la que se estaba pegando el lote. Algo de lo más normal en él.

-Te estábamos buscando porque queremos que limpies lo que has hecho.

-Lo que hemos hecho. Will es quien tuvo la idea.

-¡Me da igual James!

-Mejor me voy-, dijo vergonzosa Carly, y se hizo paso entre Scorpius y Rose para salir del pequeño compartimento.

-¡No Carla espera!

-Se llama Carly-. Le corrigió Scorpius.

James salió del compartimento tras Carly, y cerró la puerta tras él.

-No creo que le importe mucho el nombre de esa chica, creo que no le importa ninguna-, dijo Rose.

Scorpius suspiro.

-¿Por qué me has traído aquí Scorpius?

-Espera y veras.

Scorpius abrió una pequeña puerta apenas visible, que al abrirse entro una cálida luz rosada por la obertura.

Era una especie de balcón, en el que se podía ver la vía del tren y como se iba dejando atrás el paisaje. El viento le acechaba en la cara y revoloteaba los cabellos de los dos prefectos.

Estaban ante una preciosa puesta de sol, eso les informo de que estaban a punto de llegar a la estación de  Hogsmeade.

Scorpius la cogió de la mano. Y la acompaño a sentarse al suelo.

-¿Para qué hemos venido aquí?-, pregunto Rose.

-¿No te gustan estas vistas?

-Si pero, yo quería unos zapatos. No puedo ir en la carroza hasta Hogwarts descalza.

-Toma los míos-, Scorpius se quitó los zapatos deportivos y se los dejo justo al lado de Rose.

-¿Estás loco? No dejare que vayas descalzo tú.

-Tengo los del uniforme en mí compartimento,  no te preocupes.

Rose suspiro y acepto ponérselos.

Hubo un silencio incómodo y Rose tiro por el camino fácil

-¿Cómo ha ido el verano?

-Como siempre, ya me conoces. He estado con mis padres en  Barcelona, y no he salido del agua en un mes. Vaya playas tiene, que paisajes.

Dirigió su mirada a la lejanía, estirando y cruzando sus piernas.

-La verdad es que no han sido del todo buenas. Ya sabes mis padres y su manía a los Muggles.

Aunque no lo pareciera Scorpius había tenido bien informada a Rose de todo lo que le pasaba por la mente, y de todos sus problemas. Los dos sentían mucha estima a la biblioteca, y algunas tardes libres pasaban horas y horas hablando uno del otro. Y solo los libros eran testigos de todo lo que sabían de ellos.

-¿Paso algo?-, pregunto Rose.

-Bueno hicieron el viaje porque yo se lo pedí. Y aunque yo estuve más en la zona muggle, ellos no salieron del hotel para magos.

-¿Hay un hotel para magos en Barcelona?

-Sí, está bajo un encantamiento. Solo los magos lo pueden ver, está en las afueras.

-Tiene que ser bonito, ¿no?

-Realmente lo es-, la miro. - ¿No has ido nunca?

-No viajamos mucho, la verdad es que casi nada.

La tenue luz poco a poco se apagaba y el sol se ocultaba tras la lejana colina, que se extendía hacia más allá de un profundo lago de aguas cristalinas. Pronto anochecería.

-Creo que deberíamos entrar, estarán poniéndose nerviosos los nuevos.

-Sí-, respondió con suficiencia. -Aunque me voy a tener que quedar en tu vagón, si James aún no ha limpiado eso.

-Puedes quedarte en el de prefectos, Eden aún estará hablando con sus amigas.

-¿No te ayuda mucho no?

-Solo cuando subo a la cuarta plana, al baño de prefectos.

Rose rodo los ojos, y se puso en pie.

-¿Vamos?

Él se levantó y le abrió la puerta para que salieran por donde habían entrado.

Y cuando estuvieron en esa pequeña habitación donde solo cabían apenas cuatro personas, el tren paro en seco, y Rose cayo hacia tras, viéndose envuelta por los fuertes brazos de Scorpius, se giró para ver sus ojos. Y él la beso.

Primero fue un beso duro y frio, parecía que Scorpius se arrepentía de haberla besado. Pero luego su boca se fue volviendo más suave y blanda. Sus bocas se abrían y seguían un ritmo acelerado.

Él la sujetaba por la cintura. Sus bocas jugaban, mientras ella entrelazaba las manos en su rubio pelo, masajeando la nuca con la yema de los dedos.

Tantos años habían deseado hacer eso, y ahora por fin, lo habían conseguido.

Un fuerte rugido soltó la locomotora, y los dos amantes se soltaron desfavorecidos.

Mantuvieron la vista fija, y sin poder evitarlo sus rostros dibujaron la mayor de las sonrisas.

¿Rose que has hecho? Se dijo a sí misma.

Al salir, se separaron y Scorpius cerró la puerta de la pequeña habitación.

-Voy a mi compartimento a por mí bolsa, ¿Nos vemos, luego, en el gran comedor?

-Sí-, dijo Rose en un suspiro. -¿Qué demonios he hecho? ¡Nos hemos besado! ¿Eso significa acaso que estamos juntos? ¡No! ¡Es Malfoy! Qué más da, es mi amigo ¿no? ¿Todos estos años no valen nada? -.

En esos momentos su cabeza era un absoluto escándalo, y estaba empezando a encontrarse mareada.

Volvió donde estaba la gelatinosa pasta, y para su sorpresa había desaparecido. -*James la habrá limpiado-.*Pensó

Cruzo hasta el vagón de Ravenclow, y luego llego al de Gryffindor. Allí sintió alivio, y se sereno.

Busco a sus amigas, pero el compartimento estaba vació, ya casi no quedaba nadie en el tren. Solo allí ella como una tonta, con los zapatos de Scorpius tres tallas más grandes, y dando vueltas buscando algún desorientado alumno a quien ayudar.

Sus amigas habían cogido su bolsa, así que bajo del tren.

Hacia frio en Hogsmeade.

Era tarde, y por un instante la horrible idea de haber perdido el carruaje le asalto. Pero por suerte aún quedaba uno.

Fue rápida hasta el último carruaje. Sobre el una chica rubia leía una revista extraña.

-Por fin en casa-, pensó Rose, y subió al carruaje saludando a la peculiar muchacha.

Todo parece demasiado perfecto. Demasiado cuento de hadas. Bueno pues esperen que mal se pueden poner las cosas.

Solo esperen, porque el cuento de hadas y lo facil se acaba.

**¿Les gusto el capítulo? Este fue largo.**Pronto habra mas.

Besos, Lúthien.