Crónicas de Poniente I — capítulo 1
Jon
Era un día muy frío en Invernalia. La noche anterior había llovido y el cielo seguía gris. Los campos del Norte estaban sumidos bajo una densa niebla, al igual que Invernalia. Jon se había levantado temprano ese día. Esperaba la llegada de Lord Hornwood para poder hablar sobre las defensas del Muro. Dos días atrás, el Gran Señor había enviado un cuervo al Rey de los Siete Reinos, pero aún no le había contestado. Cuando salió de su habitación, correspondiente a la de un Señor, su lobo huargo, Primavera, le siguió a la sala del trono. Su hermano Brandon y su hermana Ashara esperaban junto al maestre, el mejor maestre de todos los Siete Reinos según él; el más sabio y mejor curandero de todos. Se sentó en enorme y helado asiento de piedra, y pronto el maestre se le acercó.
—Mi señor —dijo con su característica voz de anciano—, ¿vuestra esposa no ha despertado aún?
Jon negó con la cabeza. El maestre volvió a hablar.
—¿Cómo está vuestro hijo? ayer tuvo toses —sonrió solemnemente. Todos en el Norte decían que Jon se parecía a Brandon Stark, el hermano del antiguo Lord Eddard Stark, ahorcado en Desembarco del Rey por Aerys el Loco.
—Mi señora esposa estuvo cuidando de él hasta tarde —contestó—. Rickard está mejor. ¿Ha llegado ya Lord Hornwood?
El anciano maestre negó con la cabeza y agregó.
—Lord Hornwood aún no ha llegado, mi señor —Al Señor de Invernalia no le gustaba que los visitantes sean impuntuales—. Pero Eddard Nieve nos informó por la mañana que sus estandartes hondeaban a menos de una milla. Así que deben de estar en...
Se abrieron las puertas de repente y un hombre achaparrado y de boca gruesa apareció. Vestía una cota de malla negra y una capa naranja con ribetes negros. En su pecho estaba el alce de los Hornwood.
—Disculpe la tardanza, mi señor —dijo Lord Hornwood, con una sonrisa molesta—, pero la verdad es que salí tarde de Hornwood y traje cincuenta hombres. Si os molestan tantos hombres en vuestro castillo, pueden hospedarse en el pueblo. ¿A qué viene vuestra llamada de urgencia, Lord Jon?
Lo miró con sus fríos ojos grises. Jon lo había paralizado con su mirada de lobo.
—Buenos días, Lord Hornwood —dijo. Tal vez, en el viaje se le habían olvidado los modales—. ¿Cómo le ha ido en el viaje a Invernalia? ¿Bonito clima?
El hombre no contestó. Así que proseguió.
—Bien. —Se aclaró la garganta—. Os llamo por los recientes informes llegados del Muro. Según los hermanos negros, un grupo de caminantes blancos se aproximan al Castillo Negro.
Echó un bufido el irrespetuoso señor.
—Los Otros desaparecieron cuando vuestro lejano pariente Brandon el Verdevidente los hizo desaparecer con un dragón y un ejército de niños del bosque —dijo. Jon levantó la voz para que no lo cuestionase.
—Informes que mi señor padre me envió —entonces hizo silencio—. He decidido enviar una carta de ayuda al rey Edwyle, y a un grupo de mis vasallos. Usted está entre ellos, y el motivo es por su gran cantidad de hombres. Enviaré 1000 hombres de Invernalia y he decido que 500 soldados de entre los vasallos que recibieron mi carta. Usted está entre ellos...así que necesitaremos 500 de vuestros hombres en el Muro. Es por el bien del Norte, mi señor de Hornwood.
Refunfuñó otra vez.
—Lord Stark, no creo que usted crea esos cuentos.
Asintió, clavándole la mirada.
—Creo plenamente a lo que llamáis "cuentos" —dijo el Stark con seriedad. A la sala entró Eddard, con la capa negra hondeándole al abrir la puerta—. Eddard —dijo—, Lord Hornwood no cree en nuestros "cuentos" de los caminantes blancos.—hizo un tono sarcástico en "cuentos"
Su hijo rió ante el comentario, pero disimuladamente, para que Hornwood no se diese cuenta. Eddard Nieve era el hijo bastardo de Jon, sin embargo nadie conocía a su madre. Se decía que su nacimiento aconteció dos años después del casamiento de Lord Jon, y del nacimiento de su primogénito legítimo.
—Vuestro señor padre, mi señor —a pesar de tener catorce años, Eddard conocía bien cómo dirigirse a él, aunque fuese su bastardo—, afirma que vio Otros bordeando el bosque Encantado. Como primer explorador, Lord Uther sabrá qué hay más Allá del Muro.
—Bien —dijo Hornwood, quien notoriamente estaba enojado—. Mi señor, tiene razón. Enviaré mis 500 tropas al Muro...bajo el mando de mi hijo, Larence.
Jon sonrió. Pareció entender de qué se trataba. Pronto, su esposa, Lady Val Flint, hija del Jefe de los Clanes del Norte, bajó a la estancia, de la mano de Rickard, su hijo menor
—Hijo —dijo el señor de la Casa Stark. El maestre echó una sonrisa ante la presencia de Rick—. Ven, sentaros conmigo —miró a Lord Hornwood—. Muy bien, mi señor de Hornwood, enviad dentro de dos días a vuestro hijo con sus 500 hombres al Muro. Lord Manderly, Lord Glover y Lord Umber, tres de las grandes Casas del Norte harán lo mismo. Mientras tanto os ofrezco el pan y la sal, y os doy la protección mientras estéis bajo mi techo.
Jon miró a todos y cuando se acabó la reunión se dirigió al patio de armas donde entrenaba Arthur, su hijo mayor y heredero, con los demás hombres de la guardia de la Casa. Una ligera nieve comenzó a caer en el patio.
«¿Las últimas nieves del verano, o las primeras del otoño?». Sólo el maestre lo sabía.