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La hija de la luna — capítulo 3

Mis problemas no comenzaron hasta una semana después.

Los últimos dos días habían sido rarísimos. El tiempo había sido una locura, vientos, lluvias y tormentas. Lo mas raro fue el comportamiento de papá.

Estaba nervioso y lo asustaba todo. No quería contarme que le pasaba, y mira que lo atosigue a preguntas. Lo peor fue que hasta yo empezaba a asustarme.

Fue horrible y yo no entendía nada. Lo que me ponía de los nervios. Quiero decir, vale que el tiempo se hubiese vuelto loco, pero porque eso afectaba tanto a mi padre. No tenia sentido.

La noche que papá volvió a casa prácticamente histérico fue la gota que colmo el baso.  Porque mi padre y yo teníamos una norma: Nada de mentiras. Y, desde luego, el se la estaba saltando.

-Tenemos que irnos.

Ala, así, sin explicaciones ni nada. Y yo no lo sabia en ese momento, pero eso seria lo que desencadenaría todos los embrollos en los que acabaría metiéndome.

  • Espera ¿Que?

-Selene Cora Williams nos vamos, ahora.

Y prácticamente me empujo por las escaleras hacia el coche.

Como buena ciudadana veo en la obligación de informarte de que moverse por Nueva York en coche durante la hora punta no es nada fácil y es aun mas complicado si la persona que va conduciendo esta prácticamente en estado de histeria.

Y, si que mi padre se estuviese fugando conmigo y no tuviese la decencia de decirme a donde íbamos ya me parecia raro, no podía imaginarme como iba ha acabar el día.

Como las cosas se estaban volviendo un pelín aterradoras, y, no se si te as dado cuenta pero soy un poco idiota, me puse a asfixiar a preguntas a papá.

  • Vale a donde se supone que vamos.

  • Mira, Seli, se que esto puede parecer raro pero tiene una explicación. Solo te pido que confíes en mi.- y luego se callo, como si esa frasecita de película le fuese ha servir de excusa. Con otro puede que si , pero yo no suelo parar hasta que descubro lo que esta pasando.

Yo lo mire, esperando esa explicación. Al fina supongo que se canso de que le taladrase con la mirada y comenzó a hablar.

  • Lo siento mucho, cielo, todo esto es por mi culpa.- ¡ Oh no! Apodos cariñosos. Esto si que era gordo.

  • Tengo muchas cosas que explicarte y muy poco tiempo para hacelo. Se que debería haber hecho esto hace mucho, pero no podía soportar la idea de no volver ha verte.

  • Espera ¿Que? ¿Por que no vas a verme mas y que es eso tienes que hacer?.-Y empece a temerme que mi padre fuese un asesino en serie y fuese a matarme. Lo que tampoco me apetecía mucho.

  • Cielo, quiero que sepas que te quiero y esto es por tu bien. Es el único sitio en el que estarás a salvo.

  • ¿En donde? ¿De que tengo que estar a salvo?- Vale, se acabaron las bromas, estaba empezando ha asustarme de verdad.

-Es una especie de campamento para chicos como tu, especiales.

-Estas insinuando que me llevas a un loquero, porque no estoy loca y tendrías que verte a ti ahora.

Si, le solté eso. Y probablemente debería haberme quedado callada porque me lanzo una de esas miradas que dicen clara mente "No estoy bromeando". Mi profesora de tercero tenia razón, calladita estoy mas guapa.

-No voy a llevarte a un psiquiátrico y la conversación se acaba aquí. Cuanto menos sepas mejor.

Y la conversación se acabo allí. No tuve valor para abrir la bocaza.

Condujo durante barias horas y apostaría mi paga de un año a que no bajo de los ciento veinte kilómetros por hora. Y luego va y habla de la gente que no espeta las normas de trafico. Sera hipócrita.

Al final el cansancio pudo conmigo y me quede dormida contra la ventanilla.

Cuando me desperté estaba sola. El motor estaba apagado y las llaves en el contacto. Era plena noche y estaba en medio de la nada. Justo en frente de mi había una colina con un gran pino encima, por lo que no podía ver lo que había detrás.

Espere diez minutos, quince, veinte . Intentando convencerme de que papá volvería, era imposible que me hubiese dejado allí. Imposible. Tal vez le había pasado algo.

Media hora después empece a revolverme, cada vez mas preocupada, debatiéndome entre salir del coche o no. Ademas, la hiperactividad no me estaba ayudando; me aburría como una sardina en escabeche y no hacia mas que imaginarme las cosas horribles que podrían haberle pasado a papá.

Cuando por fin me había decidido a salir y buscar ayuda vi algo moverse junto a coche, como una sombra.