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Baile de mentiras — capítulo 1

Ella dio su corazón al hombre que con una falsa sonrisa sostenía su mano. !Como podía ser tan ingenua y no darse cuenta de que bailaba en una sala repleta de mentirosos¡ Pero ella solo veía sus ojos azules y sus labios pronunciando la palabra :-Te quiero  Cuando la música ceso, la magia también y la mascara de aquel valeroso príncipe se desvaneció junto con el corazón de ella. Ya nada podía hacer, salvo derramar lagrimas de impotencia cuando la hacia daño . Cerraba los ojos, y se imaginaba de nuevo a aquel príncipe que un día fue.  Una noche de invierno cuando la joven se encaminaba hacia su habitación, vio de lejos a su príncipe con otra mujer. El sonreía y la acariciaba con dulzura el rostro . Se metió en su habitación con el corazón roto, y una vez dentro se prometió que jamas volvería a sentir amor por un hombre. Cada noche lo esperaba tumbada en la cama, pero el nunca llegaba, y cuando lo hacia estaba completamente borracho. Ella se sentía aliviada de alguna manera, pero también sentía un gran vació en su corazón. Veía su vida como una gran mentira, protagonizada por grandes actores, desde su marido hasta toda la gente que la rodeaba. Se acerco a la ventana y noto  el frió en su cuerpo. Por un momento se sintió viva de nuevo y recordó que cuando era una niña le encantaba correr por la hierba con su hermana, incluso cuando llovía. Daba igual, eran tan solo unas niñas y tenían toda la vida por delante. Era triste, que ahora que tenia todo lo que siempre había deseado se sintiera mas vacía que nunca. Una noche, su marido entro en la habitación tambaleándose. Nunca le había visto tan borracho y decía cosas sin sentido. Ella se acerco intentando calmarle y le quito la copa que sostenía en sus manos. Enfadado comenzó a pegarla hasta dejarla inconsciente y siguió pegándola... pero ella ya no estaba allí. Habia dejado de sentir dolor. Tan solo el calor de toda su familia, sus padres y hermanas, que la besaban y abrazaban al verla de vuelta después de tanto tiempo. Lloro por ultima vez rodeada de la gente a la que quería en aquel maravilloso lugar, pero ya no era de dolor sino de alegría porque por fin era libre.