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Historia 160417 — capítulo 8
Bueno, este capítulo tan esperado por todo el mundo lo he querido hacer un poco especial, así que lo he convertido en un song-fic de esos, o un song-capítulo, como lo quieran llamar. La canción se llama *Siempre,*y aquí les dejo el enlace por si quieren escucharla mientras leen. http://www.youtube.com/watch?v=c_B6W1DKrmE ¡Espero que os guste! Y sobretodo... ¡COMENTEN!
Como ayer, te busqué en el doble techo de mi corazón. Y hallé nostalgia de ti.
Levanto la mirada hacia Tobias, con una mueca. El brazo me arde, pero no es nada comparado con ese nudo en el estómago al sentir sus ojos asustados. Ver a Tobias asustado era un fenómeno extraño. Pero lo está. Mirándome con terror, como si pensara que no soy real.
Soledad. Comencé a llorar. Estos versos bañados en canción.
Ya no soporto más y dejo que todas las lágrimas que han amenazado con salir salgan. Y lloro por Tobias, que no me cree, lloro por Uriah. Lloro por todos aquellos que han muerto a lo largo de este tiempo. Lloro por Tori, por mis padres.
Quiero volver a dormir con tu olor.
Dejo que Caleb me limpie la herida, sin dejar de mirar a Tobias, llorando silenciosamente. En mis ojos no hay pena. Hay frustración. Y en los suyos hay odio. O algo peor, desengaño.
-Tris-murmura.
Desahucié tus besos de mi memoria y digo adiós. Te dejaré marchar.
Ya no hay duda. Porque es ella, porque en esos ojos que me miran acusadores hay vida. Vida y dolor. Su dolor. ¿Por qué ahora, que me había comprometido a intentar seguir adelante sin ella?
Todos esos recuerdos que intentaba olvidar, todos esos besos que me hacían despertar en medio de la noche, todas esas sonrisas que me atormentaban cada segundo. No quería vivir con ello. No quiero vivir en un mundo sin Tris Prior . Pero hasta en la hora de intentar cumplir mi lema, la filosofía de mi vida, ella aparecía para llamarme cobarde. Su voz me decía que esa no es la solución.
Duele tanto vivir. Duele siempre sin ti.
Y es entonces cuando comencé a darme al alcohol. Borracho y con una desconocida en la cama parece ser que ella desaparece. Por unas horas. Aunque siempre volvía. Porque no la tenía, no la tenía a mi lado y eso me dolía más que nada.
Necesito tu olor. Necesito tu calor.
Pero ella me está mirando. Es tan real, tan… tan ella. Observo cómo se incorpora despacio, sin dejar de mirarme, como reprochándome ser tan idiota. El tatuaje en su clavícula, negro como el tizón, su piel pálida.
-Imbécil-suelta Caleb. Gruño y Tris le da un codazo. Se miran a los ojos y puedo sentir esa estrecha relación que hay entre los hermanos. Es fascinante. Se entienden con únicamente mirarse, y Caleb retrocede hasta desaparecer por el pasillo.
Y archivar mi dolor en el doble fondo que hay en mi colchón.
Nos quedamos solos y es entonces cuando me doy cuenta de esos leves cambios en sí mismo. Los puños los tiene llenos de magulladuras y cicatrices. Las uñas siguen mordidas. Está más alto, más musculoso, más hombre. Sigue siendo Tobias, no obstante. Y le quiero.
-Quise salir antes-suelto. Me estoy intentando disculpar. Él se mantiene rígido, tenso.
Como ayer me perdí en el laberinto de caminar sin ti.
Sacude la cabeza, y alzo una ceja sin poder evitarlo. Le queda horriblemente bien el pelo tan largo, desgreñado. La pregunta sería "¿Qué no le queda bien a Tobias Eaton?". Me empiezan a sudar las manos. Quiero abrazarle, quiero esconderme en sus brazos y desaparecer para siempre. Pero tengo que entenderle. No todos los días la chica a la que creías muerta aparece en medio de tu entrenamiento.
-Tris-repite, mirándome de arriba abajo. Como si no supiera decir otra cosa. Me siento tímida, pequeña. Ni siquiera he tenido tiempo de arreglarme un poco el pelo, y no debería estar pensando en esto, me recuerda una vocecita en mi mente.
Grité, "¿Mi amor, dónde estás?" y lloré.
Alzo la mano, con lentitud, y toco con suavidad su mejilla. No quiero que vuelva a desaparecer. Me tiembla el brazo. Siento su piel suave y mojada por las lágrimas en la punta de mis dedos. Y un torrente de energía me llena el cuerpo entero. Me muerdo el interior de la mejilla. No soy capaz de decir nada más.
Tú me preguntabas cuánto te quería yo.
Únicamente soy capaz de sujetar su cuello y atraerla hacia mí, porque otro segundo más sin tocarla, después de estos meses sufriendo, es impensable.
Te quiero siempre, amor.
Y la beso como nunca antes había besado a nadie. Dejo que ella coloque sus manos sobre mi cuello mientras abrazo su cintura y la levanto sin dificultad del suelo. Beso sus labios, beso sus lágrimas, la mandíbula, su cuello. Beso todo de ella. Solamente cuando el maldito oxígeno nos pide un segundo de tranquilidad para llenar nuestros pulmones me doy cuenta de que yo también estoy llorando.
Duele tanto vivir, duele siempre sin ti.
Necesito tu olor, necesito tu calor. Quiero perfumar mi alma con gotas de ti.
Dejo que me bese porque es lo que he estado deseando desde que desperté. Rodeo su cintura con mis piernas y apoyo las manos en sus hombros. Me separo con dificultad y observo sus ojos azules, que no pierden esa chispa de asombro. Sonrío en su boca y aparto el pelo de su frente.
-Te quiero-murmura. Bueno, ya ha ampliado su vocabulario.
-Tobias, tienes que escucharme-intento separarme, pero sus manos me abrazan casi con fuerza. Suspiro. -Tobias. Tienes que creerme. Caleb tiene razón, fue Johanna quien…-. No puedo continuar porque otra vez sus labios están sobre los míos. Y a quién quiero engañar. Es lo único que quiero hacer en este momento.
Pinto amaneceres sin saber cuál es el dolor que ahora tiene tu piel.
Me apoyo en la mesa y con una mano aparto todos los cuchillos, tirándolos al suelo. La siento con delicadeza, con miedo, y la miro de nuevo. Ha cambiado, sí. Ha cambiado mucho. Pero sigue siendo mi Tris. Sigue siendo una estirada que hace lo que le da la gana y no se rinde nunca.
-Tobias-repite, separándose. Apoya las palmas de sus manos en mi pecho y hago una mueca, luchando contra todo mi cuerpo, que me ordena no soltarla nunca.
-Qué.
**-Johanna quería tenerme encerrada por siempre, Tobias. Fue ella. Ella y tu madre-murmura,**mirándome seria. Sacudo la cabeza y acerco mi frente a la suya.
Pinto despedidas en papel. Desechos de tu querer
.-Tris.
-Tobias.
-No me importa lo que haya pasado.
-Debería-me replica, enarcando una ceja. Le cojo una mano. ¿No lo entiende? No me importa nada, solamente ella. La acabo de recuperar, Dios mío.
-¿Puedes darme un par de minutos de descanso para concienciarme de que estás viva, conmigo, y besarte como no te he besado en estos malditos diez meses?-murmuro en su mejilla.
La siento sonreír contra mi cuello y siento sus manos bajando por mi espalda, hasta sujetar el borde de mi camiseta y pasarla por mis brazos. Me mira ladeando la cabeza, con una sonrisa radiante. Dios, cómo la quiero. Acerca sus labios a los míos, sin llegar a rozarlos.
-Puedo. Podemos.
Te quiero siempre, mi amor.