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A ti te amo mas que a nada Ginny — capítulo 1

Ginny caminaba de un rincón a otro de la sala. Esta nerviosa, casi histérica.

Harry se había ido en una misión hace cuatro días. Debería haber vuelto hace horas. Sumándole al hecho de que estaba demasiado preocupada, lo extrañaba mucho.

 Quería verlo, besarlo y acurrucarse contra él. Quería hacer el amor con él.

Después de la guerra, no pasaban más de unos días antes de que empezaran a extrañarse, cosa incomoda cuando tu marido es auror.

Marido. No hacia relativamente mucho que se habían casado. Adoraba no tener que cuidarse de nadie, estaban en su casa, podían ser todo lo románticos o sensuales que quisieran.

Romántico y sensual, era una buena descripción para Harry como amante.  

Estaba a punto de halarse el cabello, cuando la chimenea lanzo una llamarada y dos aurores entraron, seguidos de Harry.

Ginny casi se abalanza a besarlo, cuando noto la mancha roja en el costado de su camisa.

-¿Te hirieron?- pregunto preocupada.

-Nada que no se solucione con alguna poción- la tranquilizo y la miro con dulzura- ¿Así saludas a tu esposo? Pensaran que me maltratas- Ginny rió y lo abrazo por el otro costado.

-¿ustedes crees que soy capaz de maltratarlo?- los aurores se removieron algo incómodos, Harry era (hace un año) el jefe de la academia de Aurors; era un jefe estricto. Por lo cual era raro verlo con esa mirada dulce y cariñosa. Además del hecho que Ginny solo traía puesto su pijama de short y remera de tirantes, que resaltaba su preciosa figura.

Harry sintió los celos despertar al ver la mirada de los hombres en su chica. Y la pelirroja, conociendo como conocía a la bestia en el interior de Harry, decidió que era momento de estar a solas.

-Creo que deben estar cansados y es hora de que vayan a sus casas- dijo de manera amable. Los hombres miraron a Harry buscando una orden.

-Tiene razón, han hecho un gran trabajo- se mostraron orgullosos de sí mismos, antes de hacer una leve reverencia y marcharse por la chimenea.

-Quítate la camisa- ordeno Ginny, el ojiverde alzo una ceja y sonrió de lado.

-Creí que primero tendríamos un poco de cariño, pero si quieres ir al grano- ella rió.

-Quiero curarte, estaba preocupada- busco el botiquín de primeros auxilios, una útil idea de Hermione. Claro que poco tenía que ver con el botiquín que tendrían los muggles, esta versión estaba repleto de pociones y ungüentos curativos.

Harry se quito la camisa y las precarias vendas que cubrían la herida de su costado.

-Oh dios, es bastante grande- su cara de tristeza y preocupación estrujo el pecho del elegido.

-No te pongas triste, solo eran unos carroñeros, no sabían mucho de hechizos- le acaricio el brazo cuando ella se acerco a limpiarle la herida- de verdad, ni siquiera me lo han hecho con magia oscura- respiro un poco más tranquila.

-Entonces será sencillo, pero cuídate…sabes que nuestro nosotros no existiría sin ti y yo no sabría existir sin nuestro nosotros- el sonrió ante el desastre de palabras de su mujer.

-Linda forma de decir que no puedes vivir sin mi- lo miró a los ojos, mezclando el esmeralda con el avellana. Había algo en la mirada de Ginny, algo especial.

-listo- anunció, guardando las cosas en el botiquín.

-No que haría sin ti- la sentó en su regazo- te extrañe.

-yo también, no te das una idea cuanto- lo beso con ternura, la miro desconcertado cuando sintió las lagrimas mojar el beso.

-Estoy aquí- ella se escondió en el hueco de su cuello.

-es que tú no sabes cuánto te extrañe- la rodeo con sus brazos, siempre se extrañaban pero eso era otro nivel, nunca la había visto tan afectada por una misión.

-¿Ginny, paso algo malo?- la separo, para mirarla seriamente.

-Si. Quiero decir no. Quiero decir…- le acaricio las mejillas.

-Respira y dime que paso- ella suspiro.

-¿Qué opinas de los niños?- pregunto moviendo las manos nerviosamente.

-¿Niños? ¿Qué niños?- pregunto confuso.

-Niños…niñas…bebes… ¿te gustan?- se encogió de hombros.

-Son bonitos, me encantan los niños ¿pero qué tiene que ver con lo que estábamos hablando?-ella sonrió.

-Pues, si te gustan tanto, estas de suerte- la miro sin comprender- estoy embarazada.

-¿embarazada de un bebé?- pregunto balbuceando.

-No se me ocurre de que otra cosa podría estarlo, pero si. Embarazada de un bebé- llevo las manos del ojiverde a su vientre- de nuestro bebé- agrego con dulzura.

-¿tendremos un hijo?- la pelirroja dejo caer algunas lagrimas al notar la emoción en la voz de Harry.

-O una hija, felicidades- froto su nariz con la de Harry- serás padre.

El ojiverde la miro como si hubiese dicho que un elfo domestico había dominado el mundo. Recapitulo la información  lentamente en su mente. Ginevra estaba embarazada. Un bebé crecía en el pequeño vientre de su mujer. Seria padre.

La beso en la frente con ternura.

-¿estás feliz?- pregunto enredando sus dedos en el pelo azabache.

-Nunca en mi vida he estado más feliz- la beso con intensidad, recorriendo la calidez de su boca.- ¿Cuándo lo has sabido?- la realidad había entrado en su cerebro y la euforia lo recorría.

-Hoy. No he tenido mi periodo… he ido a San Mungo y me lo han dicho. Comencé a llorar y luego grite que sería mamá, creo la sanadora pensó que tendrían que enviarme a la sala de enfermedades mentales- razono haciéndolo reír, la felicidad le brotaba por los poros. La tomo por las mejillas y deposito cientos de besos en los rosados labios de su pelirroja.

-Es perfecto- los besos de ternura y alegría fueron dejando paso a unos descoordinados y apasionados.  Comenzó a recorrer con sus finos dedos el fuerte pecho del elegido.

-¿Harry?- susurro con voz aterciopelada- ¿crees que el bebito se entere si su mama  y su papa tienen ganas de practicar para hacerle un hermanito?- Harry sonrió.

-No, el bebe dormirá mientras su papa y su muy sexy mama juegan- la pelirroja le mordió el labio.

-te amo- la beso en el cuello y susurro en su oído un te amo mas.

Se abrazo a su cuello, divertida cuando él la levanto como si fueran recién casados. La recostó en la cama con suavidad.

-Eres preciosa- sonrío mientras él se posicionaba sobre ella para besarla. Harry sabía como hacerla sentir la mujer más hermosa del mundo, la miraba como si fuera su tesoro más valioso.

Le quito el pantalón del pijama aprovechando para acariciarla. Subió por sus piernas, pálidas y delgadas, repartiendo besos.  Cuando se topo con la remera, la levanto para poder observar minuciosamente el plano vientre de Ginny.

Le era imposible no sentirse admirado, ¿cómo era posible que en ese pequeño pedacito de suave piel estuviese la vida de su hijo? Rozo con su nariz la pequeña marca de nacimiento y beso con una ternura infinita el vientre de su mujer. Sentía adoración por ese bebé, y por la mujer que se lo estaba obsequiando.

Ginny dejo que el ojiverde mirara, besara y acariciara su vientre, mientras ella acariciaba su rebelde cabello. El estaba, de alguna manera, interactuando por primera vez con su hijo.

Cuando decidió que debía, por ahora, dejar tranquilo a su bebé; siguió subiendo mientras terminaba de quitar el pijama de la pelirroja. Se dedico a desnudarla y explorarla como si fuera la primera vez.

La vio desnuda, solamente cubierta por sus pecas y algunos cabellos pelirrojos. Harry supo desde la primera vez que la abrazo y sintió el tibio cuerpo entre sus brazos, que nunca podría dejarla ir. Ella era su debilidad, su única tentación.

La hizo suya, gozando cada gemido.  Mirando embelesado como arqueaba su espalda y suspiraba su nombre.

-Eres mía.

No era una pregunta, Ginny le pertenecía, tanto como él a ella.

Llegaron al extremo del placer, a penas era consciente de las uñas de su chica arañándole la espalda.

Se acurruco en el pecho del azabache y se sintió protegida entre sus brazos.

-¿crees que será niña?- pregunto Harry cuando su respiración se normalizo.

-Creo que será niño…he pensado dos nombres, que irían perfectos juntos- ambos casi murmuraban, por miedo a romper esa paz que los rodeaba.

-¿Cuáles?- pregunto perdiendo su nariz en el aroma floral que desprendía el cabello pelirrojo.

-James Sirius- sintió que el abrazo se apretaba a su alrededor y vio los ojos esmeraldas aguarse.  Escondió su rostro en el hueco de su cuello para darle privacidad. Se sorprendió cuando sintió el pequeño estremecimiento de un sollozo contenido.- ¿Por qué lloras?- pregunto con suavidad.

-Porque amo al bebé y amo la familia que formamos - se acomodo para poder besarlo.

-No me has dicho qué opinas del nombre- el sonrió.

-Amo el nombre- se mordió el labio.

-Creo que amas muchas cosas esta noche- lo hizo reír.

-A ti te amo más que a nada Ginny.

Nota de autora: Al principio tenia la idea de hacer un lemmon, pero después me incline hacia la situación de James Sirius y realmente me fascino explorar esa situación. Abrazos gigantes.

Mero.