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Reencontrándome con un viejo amor (Draco y Hermione) — capítulo 10
Te amo
Hermione seguía en la cama cuando sonó el teléfono. Al principio lo ignoró, pero la insistencia del que llamaba ganó finalmente y asió el auricular en un arranque de irritación. Hermione reconoció al instante la voz femenina que habló en italiano en tono de reprobación.
—¿Cassiopeia?—la interrumpió Hermione directamente—. Soy Hermione, no alguien del personal. Draco ha salido. ¿Quieres que le diga que te llame?
—En realidad es contigo con quien quería hablar —la informó Cassiopeia reemplazando su irritación con una falsa dulzura—. Sé perfectamente que Draco no está en casa. ¿Te digo por qué lo sé? Porque está con Astoria…
—¿No te rindes, Cassiopeia? —le espetó Hermione poniéndose rígida—. Ya han pasado trece años y sigues jugando al mismo juego viejo y estúpido.
—Compruébalo por ti misma si no me crees. Astoria se aloja en un complejo veraniego que sólo está a unos minutos en coche de la casa —dijo Cassiopeia leyéndole la dirección con abierta satisfacción—. El Ferrari de Draco está aparcado en la puerta…
—Pierdes el tiempo —replicó Hermione con furia—. Ya no soy una crédula adolescente y confío en Draco… ¿me oyes? ¡Confío en tu hermano!
—Pero lo has puesto en una situación imposible. Draco quería a su hija. ¡Ha tenido que casarse contigo! La intrusa eres tú, no Astoria. Es Astoria con la que quiere estar y con la que está en estos momentos.
Sin vacilación, Hermione colgó con fuerza el teléfono. Estaba temblando. Con un brusco movimiento, saltó de la cama, se puso de rodillas, siguió el hilo del teléfono hasta el enganche con la pared y lo desconectó a toda prisa. Pero no pudo desconectar sus pensamientos inquietantes de la misma manera.
¿Por qué Draco se había comportado como si no tuviera la conciencia tranquila? ¿Por qué había dicho dos veces lo culpable que se sentía? Hermione dio vueltas por la habitación. Draco… horrorizado por el reducido riesgo de haber dejado embarazada a su esposa. ¿Por qué? ¿Por qué era eso un desastre? Estaban casados y ya eran adultos. Adoraba a Lyra y había reconocido lo mucho que le hubiera gustado compartir los primeros años de vida de su hija… Y era ridículo pensar que pudiera estar con Astoria. No habían dado ninguna prueba de su intimidad. ¿Pero por qué iban a hacerlo si pensaban continuar su relación en secreto?
Hermione se puso una falda negra de algodón y una camiseta rosa de seda. Pero estaba decidida a no salir. Se quedaría abajo, esperando a Draco. ¡Por todos los santos! Sólo llevaban casados dos días. Aunque, por otro lado, si encontraba a Draco en aquella dirección, tendría la prueba de que su hermana la había llamado para decirle dónde estaba… Dándose cuenta de que tenía la excusa perfecta para comprobar si Cassiopeia decía la verdad, Hermione no vaciló. Había un Mercedes en el garaje. Llovía a cántaros, pero no se molestó en volver a entrar para ponerse una gabardina.
El Ferrari estaba aparcado en una zona del aparcamiento bien iluminada. Hermione se detuvo al otro lado de la carretera. Tan pronto como viese aparecer a Draco, saldría del coche.
No tuvo que esperar mucho. Se abrió la puerta de uno de los apartamentos y un rectángulo de luz perfiló la silueta del cuerpo delgado y atlético de Draco. Llevaba abierta la chaqueta de su traje gris perla y le faltaba la corbata. Hermione salió del Mercedes.
Sólo entonces se dio cuenta de que no estaba solo. La puerta del apartamento se cerró de golpe y Astoria corrió por el sendero detrás de él llamándolo a voz en grito. Los dos caminaron conversando agitadamente hasta donde estaba el Ferrari. Hermione permaneció de pie viendo cómo subían al coche y se alejaban. Se quedó inmóvil. La lluvia empapó sus cabellos, se deslizó por su cara y caló su camiseta hasta que se quedó pegada a su cuerpo como una segunda piel. No era de extrañar que no tuviera la conciencia tranquila…
A la incredulidad siguió una oleada de dolor que persistió durante el trayecto de regreso a la casa de campo. Debía de estar enamorado de Astoria. No podía creer que Draco pudiera traicionarla por nada menos que por amor. Estaba todo tan claro. Tenía intención de romper con ella una vez que Lyra se hubiera asentado en Italia y se desharía de ella en cuanto su presencia fuese superflua.
El día que fue a su oficina, Draco había jurado que la castigaría aunque fuera lo último que hiciera en la vida. ¿Cómo podía haber olvidado una cosa así? Entró tambaleándose en la casa inundada en lágrimas, aunque tratando de recuperar el control de sus emociones.
—¿Hermione? —murmuró una voz odiosamente familiar.
Aquello fue como una sacudida y Hermione giró sobre sus talones. Cassiopeia, comportándose con el aplomo de ser la señora de la casa, salió del salón y la contempló con una sonrisa de abierta satisfacción.
—Pareces un pato mojado —comentó con soma—. Supongo que, después de enterarte de la noticia, no querrás estar aquí cuando Draco regrese.
Haciendo un esfuerzo sobrehumano, Hermione se cuadró de hombros y pasó al lado de la despreciativa rubia en dirección al salón. Pero le costó más no ponerle las manos encima a Cassiopeia y echarla físicamente de la casa.
—Quiero que te vayas —dijo Hermione sin ni siquiera mirarla.
—No seas niña —la urgió Cassiopeia con impaciencia siguiéndola al interior de la estancia.
—Y antes de irte quiero que devuelvas las llaves de esta casa. Ahora que tu hermano está casado no creo que sea adecuado que entres sin avisar siempre que te plazca.
Cassiopeia se quedó mirando fijamente a Hermione frunciendo el ceño con leve desconcierto.
—Me ofrezco a llevarte al aeropuerto —anunció ignorando su invitación de salir de allí—. No estás en estado de ir tú sola.
Sería tan fácil aprovechar aquella invitación para salir corriendo. Una rápida retirada de aquella dolorosa crisis obedeciendo a la fuerza de la costumbre. Sin embargo, por extraño que pareciese, necesitaba enfrentarse a Draco en aquella ocasión.
—No necesito que me lleves al aeropuerto, Cassiopeia.
—Sólo hay otro vuelo a Londres esta noche —le advirtió la rubia ásperamente—. No dispones de mucho tiempo.
—Tengo todo el tiempo del mundo —replicó Hermione con voz tensa—, porque no me voy a ir a ninguna parte.
—¡No hablas en serio! —exclamó Cassiopeia mirándola con desdeñosa incredulidad—. No puedes querer estar aquí cuando Draco regrese. Si yo sorprendiese a mi marido en una cita amorosa con otra mujer, no me quedaría humillantemente sentada esperando a que volviese…
—Tu lengua viperina me pone enferma —la interrumpió Hermione con fiereza.
—Lo que te pasa es que no tienes valor para enfrentarte a la verdad. Draco no te quiere, nunca te ha querido —declaró Cassiopeia con irritada frustración—. Sólo ha querido tener a su hija. ¿Cómo puedes seguir aferrándote a él después de haberte probado que sigue manteniendo una relación con Astoria?
Sin previo aviso, la puerta se cerró ruidosamente a sus espaldas. Tanto Cassiopeia como Hermione se sobresaltaron y volvieron las cabezas al unísono. Draco estaba de pie a la entrada del salón con una mirada tan dura como el diamante.
—Astoria está esperándote en su apartamento, Cassiopeia —susurró Draco con furia—. Se siente muy desgraciada por el papel dramático que le has asignado. No le gusta sentirse utilizada como un arma…
—¡No sé de qué estás hablando! —lo interrumpió Cassiopeia ruborizándose.
—Está avergonzada de las mentiras que le has hecho decir y piensa que tus maliciosos juegos están empezando a ser muy peligrosos… y créeme, no es la única que lo piensa.
Cassiopeia se quedó pálida como un cadáver. Se quedó mirando a su hermano entre atónita y avergonzada.
—Draco, no lo entiendes. Sólo estaba pensando en tu felicidad.
Draco cruzó la estancia, asió a su hermana con fuerza del codo y prácticamente la arrastró fuera de la habitación con él.
Hermione ya no podía sostenerse de pie. Se dejó caer como una muñeca rota en el asiento más próximo. Desde el vestíbulo llegaba la voz furiosa de Draco hablando en italiano a su hermana que se defendía con voz suplicante y finalmente llorosa. Hermione no podía pensar con claridad, pero oyó perfectamente el portazo con el que Draco despidió a su hermana.
—Estás empapada, piccola mia… —musitó poniéndose de cuclillas junto a ella y mirándola con curiosa ternura pese a que en su rostro todavía había huellas de su enfado—. Tienes que quitarte la ropa antes de agarrar una neumonía.
La levantó en sus brazos y Hermione se puso rígida como un soldado de juguete.
—Astoria quiere disculparse, pero le dije que no era el momento apropiado.
—¿Disculparse? —dijo Hermione agitándose sin poderlo creer—. ¡Draco, bájame!
En vez de hacerlo, la sujetó con más fuerza mientras subía las escaleras en dirección a su habitación.
—Hermione, mi relación con Astoria sólo ha sido algo casual. Un hombre prudente se lo piensa dos veces antes de intimar con la hija de unos amigos de la familia.
—No sé qué historia te has inventado, pero no he nacido ayer. Te he visto con ella esta noche —replicó Hermione apartándose de él en cuanto la dejó caer de pie en el cuarto de baño.
—¿Me seguiste? Por eso estás empapada —dijo entendiéndolo todo—. Hermione, fui al apartamento de Astoria a ver a Cassiopeia. Llamé antes de salir pero, cuando llegué, Cassiopeia se había ido —explicó Draco observando la expresión de furia acalorada de su esposa—. Cuando encontré a Astoria, estaba muy disgustada.
—¿Por eso te la llevaste contigo en el Ferrari? —interrumpió Hermione en un tono de fiera acusación. Draco maldijo en voz baja.
—Estaba decidido a encontrar a Cassiopeia y Astoria pensó que sabía dónde estaba. Pero fue en balde y luego la llevé de regreso a su apartamento. Si nos viste juntos, ¿no te fijaste que estaba llorando?
—Lo siento, no llevaba los prismáticos —replicó Hermione.
—Porca miseria… ¡cuánto daño ha causado Cassiopeia! Nunca pensé que pudiera ser así.
—Contigo no se comporta así —suspiró Hermione.
—Ella llamó a Barry Stevens… —dijo Draco contrayendo los músculos de la cara—. Siento que hayas tenido que soportar sus ataques maliciosos y siento aún más no haberte escuchado cuando trataste de explicarme lo que pasaba —añadió Draco, todavía horrorizado y mortificado por el comportamiento de su hermana.
—No es culpa tuya. Y además, ya está todo aclarado. Olvídalo —lo urgió Hermione.
—Eres muy comprensiva —murmuró Draco con voz tensa.
Se hizo un palpitante silencio.
—Ahora vete. Quiero darme un baño —declaró Hermione.
Tiritando de frío, se desnudó e introdujo el pie en un baño de agua templada. De modo que por fin Draco era consciente de lo mucho que su hermana la odiaba. Hermione se sintió aliviada, aunque por poco tiempo. Nada había cambiado realmente entre Draco y ella. Tal vez Draco no estuviera enamorado de Astoria, pero tampoco lo estaba de ella. Y había reaccionado a la posibilidad de otro bebé igual que a una amenaza de muerte.
La puerta del baño se abrió. Hermione se puso tensa, sintiéndose acorralada.
—¿Qué?
—Tienes tres segundos para salir de la bañera —murmuró Draco con peligrosa suavidad—. Uno…
—¡No voy a moverme!
—Dos…
—Te estás volviendo un tirano —chilló Hermione, y estuvo a punto de caerse con las prisas por taparse con una toalla.
Cuando salió del cuarto de baño Draco estaba sentado en el borde de la cama. Posó sus ojos brillantes como diamantes en el rostro acalorado de Hermione.
—He estado comportándome como un celoso irracional desde que vi aquellas fotos en tus álbumes —reconoció Draco—. Cuando descubrí hoy que… bueno, que nunca había habido nadie más, me avergoncé mucho de mi comportamiento. No tenía ningún derecho a cuestionar tu pasado.
Hermione frotó la alfombra distraídamente con los dedos de los pies.
—Yo también he sido muy posesiva contigo —murmuró.
—Nunca habría actuado así si no hubiera tenido tanto miedo a perderte otra vez —repuso Draco echando hacia atrás su hermosa cabeza.
—Pensé que de lo que tenías miedo era de perder a Lyra —susurró Hermione con suavidad.
—Pese a lo mucho que amo a mi hija, piccola mia, tengo que confesar que la utilicé como una excusa para volverme a casar contigo. La semana pasada, yo era un hombre con una misión —masculló Draco con voz irregular—. Y mi misión era ganar, con cualquier medio que tuviera en mi poder, una segunda oportunidad con la joven que amé y perdí en la adolescencia. Si sólo hubiese querido a Lyra, no te habría obligado a casarte conmigo.
Los ojos mieles de Hermione se abrieron de par en par y se quedó sin saber qué decir. Draco salvó la distancia entre ellos con decisión y la asió mirándola con ardientes ojos grises.
—Este matrimonio puede funcionar. Te amo lo bastante por los dos.
Hermione le rodeó los hombros con manos trémulas y lo estrechó.
—Draco —dijo con voz ronca—. Yo también te amo. Nunca he dejado de amarte, pero pensé que sólo querías a Lyra y tenía miedo de que me volvieses a herir.
Draco se quedó mirándola fijamente y la apretó contra su cuerpo. Luego la levantó del suelo para besarla con desesperada avidez al tiempo que la depositaba sobre la cama. Una intensa excitación y felicidad invadieron a Hermione dejándola sin aliento. Draco se inclinó sobre ella y acarició suavemente sus cabellos mientras la contemplaba con adoración. Luego, de repente, su rostro se ensombreció.
—Dio… me volví loco por la necesidad de hacerte el amor, pero no tengo excusa por mi falta de precaución. Si te he vuelto a dejar embarazada, me vas a odiar.
—¿Odiarte? —inquirió Hermione mirándolo perpleja.
—Eras tan desgraciada cuando estabas esperando a Lyra… Sé que es imposible que tengamos otro hijo y nunca te pediría que volvieras a pasar por eso sólo por mí, pero…
—Por aquel entonces, nuestra relación estaba naufragando —lo interrumpió Hermione con una sonrisa lenta, pero radiante—. Ahora que todo está arreglado… la verdad es que… me gustaría tener otro bebé.
Draco pareció atónito. Permaneció diez segundos sin hacer otra cosa que mirarla. Hermione sonrió, regocijándose en la idea de que por una vez, se había adelantado a él.
—Quiero decir que esta vez podría disfrutar de verdad con la experiencia —señaló animadamente…
Envuelta en un diáfano salto de cama, Hermione dejó el balcón y entró en el dormitorio, donde observó cómo Draco se ponía unos vaqueros. Era uno de sus pasatiempos favoritos, aparte del de verlo cómo se los quitaba. Cada uno de los movimientos de aquellos miembros largos, pálidos y surcados de vello la extasiaban. ¿Realmente había pasado un año desde que se habían casado?
Contempló el elegante dormitorio de su casa de Roma. Después del almuerzo irían en coche a la casa de campo para pasar el fin de semana. La noche anterior habían asistido a una fiesta sorpresa organizada por los padres de Draco para celebrar su primer aniversario de boda. Los Malfoy habían invitado a Janet a ir en avión desde Londres e iba a pasar con ellos unos días. Incluso Cassiopeia había hecho una pequeña aparición y Hermione había acabado compadeciéndose de su cuñada.
—Estás preciosa, piccola mia…
Sacada de su ensueño por aquella voz sexy por naturaleza, Hermione se encontró con la mirada de profunda apreciación de Draco y se ruborizó como una adolescente. Habían hecho el amor hasta el amanecer, pero todavía tenía las sensaciones a flor de piel.
—Es una mañana tan hermosa.
Había salido al balcón a revivir los momentos mágicos de la noche anterior cuando Draco se había presentado con una alianza de diamantes afirmando que aquél había sido el año más feliz de toda su vida.
Draco la rodeó con brazos posesivos y besó suavemente la piel de su nuca.
—Todavía es pronto. ¿Te apetecería desayunar en la cama? —murmuró con voz traviesa.
Sintiendo una deliciosa tensión, Hermione se recostó sobre su férreo cuerpo y luego se oyeron tres golpes en la puerta capaces de resucitar a un muerto. Lyra asomó la cabeza con un cuidado exagerado.
—De verdad, lo vuestro es demasiado… ¡Son sólo las diez de la mañana! —exclamó adentrándose en la habitación y llevando de la mano a una niña extrañamente vestida—. La niñera está haciendo las maletas, así que yo he vestido a Jen.
Dejándose caer sobre la cama con una sonrisa, Hermione abrió los brazos para acoger a su hija de dos meses, Jenny. Unos expresivos ojos de color gris oscuro miraron a su madre por debajo de una gorra de béisbol de color verde lima virulento.
—¿Qué lleva puesto? —inquirió Draco, aparentemente transfigurado al ver el color lima chillón y el diminuto mono de color púrpura y naranja.
—Papá, créeme, así es como visten los niños que están a la última esta temporada… no con esos horribles vestidos de encaje y esos extraños calcetines de volantes que le encantan a mamá. Sentí pena de Jen cuando salí de compras ayer con mis amigos.
—Es muy considerado por tu parte —dijo Hermione tratando de no reír. Draco se había sentado a su lado sobre la cama y le había robado hábilmente a la niña para levantarle suavemente la gorra de béisbol con la esperanza de encontrar el rostro diminuto de su hija.
—Está bien —dijo Lyra con firmeza inclinándose para levantar en brazos a su hermanita—. Jen necesita dormir un poco. No queremos que se ponga irritable durante el viaje, ¿verdad? No hace falta que os deis prisa para bajar…
—¿No? —inquirió Hermione con sorpresa.
—Claro que no. Falta mucho para el almuerzo, e incluso Janet está acostada todavía —dijo Lyra despreocupadamente mientras se dirigía hacia la puerta—. Sabéis, tres es un número perfecto…
—¿Cómo dices?
Lyra volvió a asomar la cabeza por la puerta con una sonrisa de diablilla.
—Quiero decir que podéis retomar lo que estabais haciendo cuando entré. Solicito un hermano pequeño. Jen es un encanto, pero necesita compañía de su misma edad.
—¡Jenny sólo tiene diez semanas! —jadeó Hermione cuando la puerta se cerró.
Con una sonrisa vibrante en sus labios sensuales, Draco inclinó la cabeza sobre la suya con expresión divertida. Rodeó a Hermione por los hombros para que volviera a tenderse sobre la colcha.
—Como excusa para pasar mucho tiempo en la cama, parece una idea muy seductora —confesó con ronca satisfacción.
—Lo pensaré… dentro de unos seis meses —murmuró sin aliento, ahogándose en su mirada de un color gris.
—Dio, piccola mia, te amo tanto. ¿Cómo pude sobrevivir trece años sin ti?
Hermione deslizó una mano insinuante a lo largo de su muslo enfundado en tela vaquera.
—Yo también te amo —suspiró—. Te pusiste los vaqueros sólo para que pudiera volvértelos a quitar, ¿verdad?
Fin
Hola =)Muchas gracias por sus comentarios, en verdad me motivaron a subir los siguientes últimos capítulos. Espero que el fin sea de su agrado.Nos vemos, hasta la próxima historiaBesos