Querido Desconocido. — capítulo 1
Querido desconocido:
Bien, supongo que no se requiere de demasiada inteligencia para saber que ninguno de los dos nos conocemos: Yo no sé quién eres tú. Tú no sabes quién soy yo. Y esto del anonimato me gusta, porque creo que puedo explayarme más para con mis sentimientos explicándoselos a alguien que desconoce de mi existencia.
Tal vez pensarás que soy extraño, tal vez romperás a reír apenas tus ojos entren en contacto con ésta misteriosa carta, enviada por un estúpido que lo único que necesitaba era descargarse con alguien. Pero prefiero arriesgarme a que me tomen por loco a que seguir cargando con este peso durante más tiempo.
Estoy enamorado, querido desconocido. Estoy enamorado de sus enmarañados cabellos castaños, estoy enamorado de sus vivaces ojos almendra, estoy enamorado de sus rosados labios, estoy enamorado de su forma de ser y estoy enamorado de sus imperfecciones. Sí, estoy enamorado de toda ella .
Seguramente te preguntarás por qué no se lo digo, por qué no me animo y finalmente le confieso lo que siento por ella, ¿verdad? Sí, señor, porque soy un cobarde. Un estúpido cobarde que prefiere mantener su orgullo a admitir que se enamoró de su mejor enemiga.
Sí, mejor enemiga. Porque ella es eso para mí, y no puedo explicar mis extraños sentimientos hacia la peloarbusto con otra palabra: ella me odia, y yo… bueno, yo creo que soy un caso bastante especial: Quiero odiarla, realmente lo hago. Pero no me sale, porque todo lo que debería molestarme me encanta. Me encanta su sonrisa, me encantan esas pequeñas pecas que le rodean su respingada nariz. Y odio el hecho de que sea tan jodidamente perfecta sin tan siquiera proponérselo.
Me destruye que nunca pueda llegar a ser capaz de ver más allá de la mesa de Gryffindor, donde los estúpidos de sus amigos se dedican a hacerla sonreír cuando quiero ser yo, y nada más que yo, el motivo de aquél gesto. Pero no, por supuesto que no. Mi función es únicamente joderle la vida, intentando componer una mueca de desagrado cada vez que la miro desde la mesa de Slytherin. Y ella nunca me devuelve la mirada.
Y cada vez que mis ojos grises se encuentran con los suyos, de un hermoso color miel, siento un cosquilleo en mi estómago e inmediatamente mi día se alegra. Sí, así de penoso como suena: Mi día se alegra por el simple hecho de que ella sepa de mi existencia.
Por otra parte, otra cosa que me molesta enormemente es mi familia, y el jodido tema de la pureza de la sangre. Así me criaron, y supuestamente así me tengo que desempeñar yo en el día a día. Mi padre es un temido Mortífago, un simple peón en el juego que representa la guerra que en cualquier momento recaerá sobre nosotros. Pero él no lo entiende, no lo entiende en absoluto, y si hay algo que lo caracteriza es el hecho de que nadie lo puede hacer entrar en razón. Menos todavía mi sumisa madre, cuya única función aparente en la vida es cumplir todo lo que mi padre le ordena al pie de la letra. No tiene opinión propia, no tiene libertad de expresarse como quiera, no tiene nada.
Y allí me encuentro yo, un Mortífago que no sabe qué hacer con su vida, que odia en secreto al Señor Oscuro pero no quiere fallecer a tan temprana edad por rebelarme en contra de mi destino. Siempre el malo de la historia. Siempre el antagonista. Siempre el estúpido albino que no tiene otra cosa que hacer con su vida que joder a San Potter y su séquito de pseudohéroes. Y odio eso, aunque no lo demuestre. Odio que para 'ella' no sea otra cosa que el energúmeno que constantemente la destruye con sus insultos.
Luego está ella: la peloarbusto, la sabelotodo, la sangre sucia. De enmarañados mechones castaños y ojos del mismo color, cuya única afición es levantar la mano en clase como una posesa o encerrarse en la biblioteca a devorarse enormes tomos en tiempo récord. Mejor amiga del cara rajada y del pobretón, que suele deambular con la comadreja júnior y la Lunática por los pasillos y no es capaz de lastimar a una mosca, pero que, cuando se enoja, puede incluso lanzarte un Avada. Y yo lo sé, porque todavía recuerdo ese puñetazo que me dio en Tercer Año, y el dolor que me había quedado en la cara y también -no quiero sonar como uno de esos estúpidos con complejos de poetas que tanto odio, pero qué más da-, allí adentro: en mi frío y aparentemente inexistente corazón, ese que, aunque intente ocultarlo, sigue estando ahí; por más horror que me produzca el decirlo.
Y es por ello que te escribo, querido desconocido: porque no puedo hablar ni con Blaise y Theo de esto, porque tengo miedo de que ellos me den la espalda por ser un maldito traidor a la sangre, aquellos a los que supuestamente he repudiado durante tanto tiempo. Porque siento que éste sentimiento me está carcomiendo de a poco, haciendo de mí esa clase de personas a los que desde siempre he odiado. Cuando la veo con el imbécil de Weasley, que no se la merece en lo más mínimo, siento que algo se retuerce en mi interior, para luego caerse con la fuerza de un jodido terremoto. Sí, exactamente, querido desconocido. Celos . Celos de la comadreja, celos del pelirrojo que nunca destacó y que debió de juntarse con el niño que vivió y la bruja más inteligente de nuestra generación, porque nunca fue capaz de brillar con luz propia. Seguramente te preguntarás cómo mierda caí tan bajo, ¿o acaso me estoy equivocando?
La respuesta está aquí:
Porque, sin ir más lejos, yo, Draco Malfoy, estoy perdidamente enamorado de Hermione Granger.
Cordiales saludos, querido desconocido.
Draco Lucius Malfoy.
¡Hola, chicas! Bueno, hoy estaba bastante inspirada así que decidí hacer un pequeño one-shot -cortísimo, como verán-, en el cual Draco se exprese mediante las cartas hacia una persona cuya identidad desconoce para descargarse y poder contarle a alguien que no se ría de él sus sentimientos para con Hermione Granger.
No es lo mejor que he escrito -es malísimo-, pero quería subir algo ya que últimamente estuve muy inactiva en todo lo relacionado a mis fics.
¡No se olviden que comentar es gratis!
Saludos :)
-Martu.