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Historia 171238 — capítulo 11
Ya se que dije que iba a tardar un montón en subir, pero hoy me he encontrado un rato libre y aquí está el capítulo once!! Espero que lo disfrutéis!!
Capítulo 11
Paño frío que se calentaba al entrar en contacto con su frente, Hermanos Silenciosos entrando y saliendo de la habitación, aplicando runas en su prístina piel... Jem ya se hallaba sumido en una monotonía de horas imposible de romper. Habían llegado al instituto y había llevado a Meredith a la habitación vacía mas cercana a la suya. Desde allí había mandado un mensaje a la Ciudad Silenciosa, llamando a la presencia del Hermano Enhoc.
En cuanto había llegado, acompañado de otros tres hermanos silenciosos, se había encerrado con la chica y no dejó entrar a Jem hasta una hora después. Cuando abrió la puerta, la chica yacía pálida en la cama, completamente inmóvil, pero viva.
Tiene que descansar, - Le dijo la voz del hermano silencioso, susurrada en su cabeza.- Ya no corre peligro de convertirse en vampiresa, pero ha perdido mucha sangre. Cuida de ella, James Carstairs.
Dicho esto dejó al cazador solo, mirando la cama, tan grande y majestuosa, en comparación con la chica que parecía una figura de porcelana fina entre algodones. Tras debatirse entre marcharse o hacerle compañía, terminó sentado en un cómodo sillón al lado de la cama de madera.
Meredith se movía en sueños, delirando por la fiebre que los Iratzeshabían provocado. Empezó a gritar incoherencias, sus alaridos de dolor y desesperación llenaron la habitación. Pronto los gritos de Jem, atacado por el pánico cuando tocó su mano y la tuvo que retirar, de lo caliente que estaba, colapsaron con los de ella, llamando a alguien.
-¡Por favor! ¡Meredith, despierta! ¡Ayuda, alguien, quien sea, que traiga ayuda!
La puerta se abrió, mostrando a unos Thomas y Sophie horrorizados. Cuando la puerta rebotó en la pared, ninguno de los dos se movió.
-Señorito Jem, -preguntó la criada en cuanto pudo reaccionar.- ¿que puedo hacer por la señorita?
-Thomas, llama a los Hermanos, que vengan cuanto antes, por favor. Sophie, Meredith no va a aguantar más, trae compresas de agua fría. Rápido, por favor.
Los tres se dieron cuenta de que se le quebró la voz al final, pero ninguno hizo caso. La preocupación se notaba en su expresión desesperada, no sabía lo que estaba pasando, nunca había estado despierto cuando las fiebres lo hacían delirar a el a causa del Yin Fen, solo Tessa sabía lo que pasaba, porque solía ser la que se quedaba a su lado todas esas noches.
Por la puerta abierta entró Sophie, cargando con un cubo lleno de líquido.
Se sacó de su desgastado delantal un par de trozos de tela, que mojó rápidamente en el cubo y los colocó sobre la frente de Meredith.
-No se apure, señorito Jem. - Dijo al ver como Jem presionaba las manos de la cazadora de sombras hasta que sus dedos se pusieron rojos.- Ella va a estar bien.
El levantó sus ojos, llenos de lágrimas. Sophie nunca lo había visto llorar, bueno, técnicamente no estaba llorando, solo que las lágrimas le llenaban los ojos y no podían ser derramadas.
-¿Cómo lo sabes, Sophie?- El en verdad parecía necesitar una respuesta, y conociendo a Jem se aferraría a ella, por lo menos hasta que la chica despertara.
-Porque ella es fuerte.- Contestó Sophie.- Y porque usted la necesita.
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"Porque usted la necesita", "Porque la necesitas", "la necesitas..." "LA NECESITO"
Darse cuenta de eso le dio un baño de realidad a Jem. No se había desesperado tanto ni en los peores momentos de Tessa, y eso que había tenido muchos. El creía estar enamorado de su Parabatai, aún con lo que eso significaba, pero al ver a Meredith sangrando... Tessa era su Parabatai, algo más que su hermana. Habían pasado toda su infancia juntos, habían crecido, aprendido, hecho trastadas juntos. La única constante en su vida había sido Tessa. Los demás niños que vivían con ellos en el Instituto se llevaban bien con el, se preocupaban por el, pero nunca como Tessa. Cuando vio a Meredith, a las puertas de la biblioteca, algo cambió en lo que sentía. Esa chica había entrado de golpe en su vida, pero no quería que se marchara.
Paño frío que se calentaba al entrar en contacto con su frente, Hermanos Silenciosos entrando y saliendo de la habitación, aplicando runas en su prístina piel... Jem ya se hallaba sumido en una monotonía de horas imposible de romper.
Cuando los Hermanos Silenciosos se hubieron ido por segunda vez Jem enlazó su mano con la de Meredith, ahora se sentía más normal que antes. Templada.
Pensó en ir a su habitación, buscar su violín y volver, tocar un poco mientras velaba el sueño de la chica, pero entonces tendría que dejarla y no quería.
Según los Hermanos Silenciosos, los cazadores de sombras ya habían vuelto de la casa de Belcourt, pero nadie había ido a verlos. Creyó que nadie les había dicho donde estaban. Si Tessa había vuelto ya, lo estaría buscando, pero pensó que querría dejarlo tranquilo, se imaginaría donde estaba.
Apoyó la cabeza en sus manos entrelazadas y poco a poco, se le fueron cerrando los ojos...
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-Sophie, pasa, por favor.- Llamó Charlotte.
La criada se adentró en la habitación, sin hacer ruido para no molestar en exceso a su señora.
-Sophie, ¿sabes donde está Jem? Tessa me ha dado esto para el y quería saber donde está.
-Si, señora. El señorito está en la habitación de la señorita Whitelaw. No ha querido separarse de ella en ningún momento. ¿Quiere que yo le entregue el papel, señora?
Charlotte negó con la cabeza y Sophie se retiró. Cuando la directora del Instituto dejó su despacho, la invadió una sensación de cansancio que no pudo haber sobrellevado sin la ayuda de la pared del pasillo. Se sobrepuso rápidamente y se encaminó hacia la habitación que Sophie le había indicado.
Cuando llegó allí no escuchó nada, lo normal si la chica estaba inconsciente y Jem solo. Abrió la puerta sin hacer ruido y asomó la cabeza en la habitación.
Lo que vio la enterneció hasta tal punto que se olvidó del cansancio y de la incertidumbre. En realidad Meredith no estaba inconsciente, tenía los ojos abiertos y acariciaba el plateado cabello de Jem, que aún con las ropas manchadas de sangre, se había quedado dormido sosteniendo la mano de la chica.
Charlotte decidió dejarlos solos, ya tendrían tiempo de preocuparse del Magíster y sus problemas más adelante. Ahora los dejaría descansar y les daría una oportunidad de ser ellos mismos.
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Bueno que? Lo prometido es deuda, espero que este capitulo os haya gustado tanto como el anterior y que os tomeis unos segunditos para decirme que os ha parecido. Muchisimas gracias por comentar y añadir a favoritos!!
Muchisimos besos!