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Los Pevensie una historia moderna III, la graduación — capítulo 37
Llego a su casa, lanzando el abrigo al mueble donde siempre Peter descansaba. "Dios, ¿por qué tiene que ser tan difícil, porque todo me los recuerda?" pensó, mientras una lagrima recorría su mejilla. Subió las escaleras, una casa tan grande, producto de la herencia que les había quedado, solo a ella, porque no tenía con quien compartirla.
Entro al cuarto de baño, encendiendo la luz. Su rostro estaba mugriento, repleto de lodo y rastros de lágrimas. Debajo de sus ojos, dos pequeñas y bien marcadas ojeras, producto de las noches en vela, llorando, sin conciliar el sueño. Su cabello estaba enmarañado, en otro tiempo le hubiera dado vergüenza el salir así, como ya lo había hecho, pero en esta ocasión no le importaba. Se bañó y se colocó un camisón, había perdido varios kilos desde ese día donde recibió la peor noticia de su vida
Se encamino a su cama, mientras que un gran dolor empezaba a surgir, el dolor de estar sola en aquella casa, para siempre. No habrían buenas noches por parte de Peter y Edmund, tampoco platicas hasta media noche con Lu, tampoco los regaños de sus padres para que se durmieran. No habría otra forma de cómo describirlo, se sentía morir.
era tan difícil para ella leer el diario de su hermana, lloraba cada vez que lo leía, era el recuerdo más viviente que tenia de ella y posiblemente más de sus hermanos, relataba todas las experiencias vividas por los cuatro, Susan Pevensie había terminado de leer el diario de su hermana Lucy una vez más
Susan recordaba todo eso, tomo el álbum de fotos y cada vez que daba vuelta a una hoja miles de recuerdos y palabras venían a su cabeza, miro una foto en la que Edmund le estaba poniendo un reloj, jamás la olvidaría eran su cumpleaños dieciocho, su hermanito era de solo dieciséis, estaban celebrando en un bote y ella había perdido su reloj, Edmund se lo había encontrado
—toma aquí lo tienes ¿te lo pongo? —Le había dicho su hermano
—claro —respondió sonriente ofreciéndole la muñeca
Edmund se lo puso con cuidado noto que le tomaron una foto, esta quedaría para siempre en su corazón Una enorme lagrima cayó sobre la foto, paso la hoja y se encontró con una foto de ella y Lucy, no lo olvidaba había sido su cumpleaños dieciséis
— que lindas se ven las dos —comento un fotógrafo — ¿hermanas? ¿No?
—Así es —contestó Lucy con una sonrisa
— ¿foto? —Preguntó
—claro contestaron Susan y Lucy a la vez
Ambas sonrieron y posaron, el flash de la cámara ilumino y luego había quedado ese momento grabado —mi pequeña Lucy —murmuro pasando los dedos delicadamente sobre la foto
Recordó el novio de Lucy, Jesse, apenas Susan salió del hospital fue al cementerio a visitar sus tumbas, en la tumba de Lucy encontró a Jesse lo saludo y este le dio su sentido pésame
—la ame —comentó el muchacho —ojala estuviera a su lado
— ¿crees en la magia? —le preguntó Susan
—no existe, jamás lo creeré —respondió casi en tono burlón Jesse
—eso lo explica —dijo Susan —si creyeras en la magia estarías probablemente con ella
—no entiendo —dijo Jesse extrañado
—yo tampoco lo entendí hasta que fue demasiado tarde —respondió ella vagamente, luego de esto miro con nostalgia las tumbas y se marchó
Después de la muerte de sus hermanos Susan entendió que creer en Narnia y tener fe en lo que no se ve es el medio para poder entrar a Narnia, sabía que sus hermanos estaban ahí , y que la única luz de esperanza que tenía para llegar allá era, nunca pero nunca perder la fe
Seguí pasando páginas de fotografías, encontró una de ella y Peter, tenían uniforme, eso fue antes de mudarse a San Diego, eran unos niños, habían llegado de la escuela
— ¿Cómo les fue? —preguntó su madre
—genial —contesto Susan que aun recordaba su viaje a Narnia, se colgó del cuello de Peter
—me asfixias Susan —dijo Peter no faltando a la verdad
—que lindos se ven los dos...les tomare una foto —dijo su madre
Así su madre saco la cámara familiar y les tomo una foto a los dos, Susan había soltado del cuello a su hermano sin embargo aún lo abrazaba por detrás, otro flash que había dejado un momento marcado
Cerró el álbum tomo el diario de su hermana y se dirigió a la habitación de sus hermanos Abrió la habitación, todo estaba como lo habían dejado, por el miedo de corromperse, no la había abierto, pero necesitaba verla. Las dos camas estaban arregladas, sobre la de Ed, estaba un libro de geometría, y en el de Peter, uno de historia.
Camino hasta la cama de Peter, y se sentó en ella, dejo el diario sobre la cama y tomo el libro entre sus manos y comenzó a ojearlo, una página sobre salida le llamo su atención, era un sobre, que leía: "Para Peter, De Lucy". Dudo un instante en si debía leerlo, lo dudo, realmente lo dudo. ¿Podría soportarlo? Si había soportado su perdida, también podría hacerlo con la carta o fuera lo que fuese aquello. Saco el sobre del libro, dejando caer este último al suelo, cayendo en sus pies.
—Maldición —grito por el dolor. Un libro de más de setecientas páginas, estaba segura que le había roto el pie, dolía una barbaridad. Se pinchó la lengua para no seguir maldiciendo. Tomo el sobre, y lo abrió con calma, a pesar de que sus manos temblaban como gelatinas y su corazón estaba acelerado. Solo un dibujo, un dibujo que hizo que su dolor en el alma aumentara más. Aslan, el gran león, al que había negado miles de veces, diciéndose a sí misma que nunca existió, que era un juego de niños. Con él, surgió el pensamiento del joven rey que le había robado el corazón, pero que era imposible, porque él se iba a casar con una estrella. Pero ella no tenía la culpa, Aslan le había dicho que viviera en su mundo, y ella lo había cumplido, ¡ella le cumplió! Hizo lo que él le pidió, aunque era injusto, porque ella lo amaba, amaba su tierra, amaba al gran león, amaba al joven rey. ¡Una injusticia! Y ella era la mala, la frívola para sus hermanos, la malagradecida que había olvidado todo, ¡pero si se lo pidieron! Tal vez eso era una prueba, pero ahora qué más da, sus hermanos están muertos, ella está sola, jamás regresaría a Narnia, jamás, porque lo había negado, había negado al león que tenía enfrente de ella, el dibujo que Lucy le hizo a Peter. Pero un momento, ella también le había entregado un sobre a ella, pero ella nunca lo abrió.
Se puso de pie, y comenzó a correr, casi cojeando por el dolor en su pierna, y a oscuras, abrió la puerta de su habitación.
Flashback
—Su, quiero darte algo —la "pequeña" Pevensie, lucía un hermoso vestido de flores, irían a una fiesta. Susan se miraba en el espejo, estaba hermosa, radiante, como una reina, como la reina que había sido. Negó la cabeza, eso solo habían sido juegos de niños.
—Sí, Lu —dijo sin interés, pintaba sus labios con el rojo carmín que le había regalado su madre. Paso seguido, tomo unas perlas y se las coloco. Sería la envidia de la fiesta, la más hermosa. Ninguna de sus amigas tenía ese vestido tan fabuloso. ¿Y el peinado? Ninguna de las amigas podría conseguirlo. Sencillamente hermosa, hermosa.
—Eh, te parecerá tonto, pero, pero quiero que tengas esto —la joven le alargo su mano a su hermana, que terminaba de colocarse sus pantallas de perlas. Sin mucha importancia, Susan lo tomo y lo miro por encima, estaba sellado, y olía a lavanda. Lucy se sonrojo. —Es que estaba sobre el tocador de mamá y le cayó algo de colonia de lavanda. —se lamentó, profundamente avergonzada. Susan sonrió, amaba el perfume de su madre, era tan delicioso, le hacía recordar… negó la cabeza.
—No es nada, me agrada la colonia de mamá —se veía mayor, no parecía una chica de 20, sino una mujer de unos veinticinco, pero aun así, Lucy la encontraba como la mujer más hermosa, como lo había sido en Narnia.
—Chicas de sen prisa —llamo Peter, vestido con etiqueta. No siempre se iba a fiestas pero había que aprovechar las pocas oportunidades. Lucy fue la primera en salir, bromeaba con Edmund. Susan escucho los pasos de sus hermanos por las escaleras. Se tentó en abrir el sobre, pero el llamado de su padre la hizo colocarse de pie. Lo guardo entre su ropa y cerro su habitación.
No lo llego a abrir, lo había olvidado, estaba molesta, su hermano la había celado de un chico que le pidió que bailara. Con un "Y dices que lo extrañas" refiriéndose a Caspian, Susan dejo de bailar, para irse molesta, rabiosa. ¿Qué sabia el de lo que ella sentía? Si Caspian la había olvidado, se había casado. Ella tenía el mismo derecho que él en olvidarlo.
Fin del Flashback
Abrió las gavetas donde estaba su ropa, buscando entre sus blusas y faldas, hasta dar con el sobre, aun sellado, como si estuviera esperando por ella. Lo saco, dejando caer la ropa al suelo. Dando tumbos se dirigió de nuevo a la habitación de Peter y Edmund, y volvió a sentarse. Tomo el sobre entre sus manos, mirándolo fijamente, ¿Y si tenía escrito algo que ella no deseaba ver? Busco la valentía en su corazón, y rompió suevamente el sello, pudiendo percibir nuevamente el aroma a Lavanda, unas lágrimas cayeron en el sobre. El aroma de su madre, aún estaba impreso en él.
Dejo el sobre a un lado, y con manos temblorosas, abrió el papel. Otro dibujo, el más hermoso que había visto, un prado, un prado narniano, a las afueras de Cair Paravel, donde cazaba con sus hermanos. Las lágrimas, de felicidad mezclada con dolor, caían agresivamente en el dibujo, despintándolo. Enjuago sus lágrimas, para que no destruyeran su dibujo, el dibujo que Lucy le había realizado. Abajo leía: "No lo olvides nunca, siempre fue verdad, siempre estuvimos ahí, nuestro verdadero hogar" comenzó a llorar en voz alta. ¿Cómo había podido ser tan estúpida? ¿Cómo? Se había podido olvidar de eso, si eran los momentos más felices que había tenido en su vida.
Hola como están espero que bien
Bueno aquí está el penúltimo capítulo, lo iba a publicar el sábado pero no tuve tiempo y el domingo tampoco por eso lo público hasta ahora, ya solo queda el ultimo capitulo donde se definirá todo
¿Lograra entrar Susan a narnia? ¿Aslan la perdonara? ¿Se reencontrará con sus hermanos? O ¿Sé que dará en nuestro mundo?, ¿Por qué hago tantas preguntas?
La respuesta a estas incógnitas descúbranlas en el final de;
Los pevensie una historia moderna III, la graduación
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