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Historia 171741 — capítulo 3
Capítulo 2
El secreto mejor guardado… desde el principio
Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore nació en la madrugada de un caluroso cuatro de agosto de 1881 en el pueblo mágico del oeste de Inglaterra Mould-on-the-Wold. Hijo de padres primerizos, era el primero en llegar de los tres retoños del matrimonio Dumbledore. Con él, Percival y Kendra por fin lograban su ansiado sueño de tener un hijo, después de innumerables intentos frustrados; entonces Kendra contaba ya con treinta años, y Percival, con treinta y uno.
«Recuerdo que mi padre siempre decía que fue un verano muy largo y muy caluroso, especialmente sofocante en el mes de agosto -me comenta Mary Airmouth, una adorable anciana vecina de Mould-on-the-Wold que vive en el pueblo desde hace hasta más tiempo que el mismo Dumbledore-. Cada vez que la temperatura ascendía más de lo normal, gritaba «¡Hace más calor que en agosto del 81!» antes de meterse en agua fría.»
Mould-on-the-Wold es el famoso pueblo natal de Dumbledore, cuyo suceso más trascendental -y lo único por lo que ha pasado a la historia- ha sido el hecho de que en él nació uno de los magos más famosos de los últimos siglos, circunstancia, debo decir, debida sólo a los caprichos del azar.
¿Y qué mejor lugar para comenzar mi biografía sobre Albus Dumbledore que el entorno donde nació y se crió por unos cuantos años? «Siempre es la mejor elección empezar por el principio», ya lo decía mi padre, del cual nuestro famoso sanador de la mente anónimo seguro que dictaminaría que tenía la cabeza muy bien amueblada.
El pueblo de Mould-on-the-Wold se definiría justamente así: un pueblo. No es extenso, no es moderno, no está demasiado poblado, no hay nada interesante. Yo nunca había estado allí -no encuentro ningún motivo por el cual antes debiera sentir el menor interés-, y a falta de imágenes para usar la Aparición, decidí armarme de valor y adentrarme en la hedionda atmósfera del Autobús Noctámbulo.
Cuando llegué, me propuse conocer el escenario. En un breve paseo por el pueblo descubrí que de una gran plaza central salían diferentes calles que llegaban cada una a distintos extremos de la localidad. Apenas había una taberna, una oficina de correos, el ayuntamiento muggle y un par de tiendas entre las pequeñas casas. Todo el mundo sabe que Mould-on-the-Wold, al igual que Godric's Hollow, es un pueblo predominantemente mágico. Sin embargo, aún en la actualidad quedan algunos muggles -pocos, sin duda- que conviven con la comunidad mágica asentada aquí desde hace siglos -al contrario de lo que ocurre, por ejemplo, con Hogsmeade, un pueblo íntegramente mágico.
Me señalaron la taberna La Leña Blanca como principal punto de encuentro en el pueblo y entré en ella con una pluma normal y corriente -para no llamar la atención de posibles muggles- y con la determinación de eliminar las tinieblas que ocultan la etapa que Dumbledore pasó en su pueblo natal.
Siempre se han tenido muy pocos datos acerca del nacimiento e infancia temprana de Dumbledore. La información apenas se limitaba a la fecha de nacimiento y los nombres de sus familiares. Pero utilizando las técnicas periodísticas correctas, no hay nada que se me resista.
Sólo dos personas actualmente con vida conocieron al joven Dumbledore: Mary Airmouth y Clywd Llywelyn. Es uno de los inconvenientes de escribir la biografía de un hombre que murió con casi ciento dieciséis años. Sin embargo, pese al reducido número de testigos presenciales, muchos habitantes del pueblo quisieron contarme todo lo que recordaban de palabras y frases sobre los Dumbledore salidas de la boca de sus padres, pues aunque Albus Dumbledore apenas pasó diez años de su vida en Mould-on-the-Wold, sus padres eran vecinos del pueblo desde bastante antes. Quizá por eso todos los recuerden y sigan siendo, hoy aún, un tema de conversación frecuente -por eso y por el mal lugar en el que dejó Percival al pueblo con sus ataques antimuggles gratuitos.
La tabernera, una agradable mujer llamada Thecla Whitewood, accedió cortésmente a enseñarme la antigua casa de la familia Dumbledore, mientras su marido se quedaba atendiendo a los clientes.
La casa está en las afueras, una de las últimas filas. Es pequeña y tiene la fachada de piedra; sin embargo, tiene un jardín amplio vallado con alambres y que acaba en un gran cobertizo para animales, sin duda el hogar de las famosas cabras que tanto le gustaban a Aberforth.
Después, haciendo uso de mi talento natural para la entrevista, obtuve la información por la que nadie nunca se ha interesado o ha podido descubrir. Por fin los secretos de la infancia de Dumbledore salen a la luz.
«Bueno, más o menos yo era de la misma edad que Dumbledore -me revela Mary Airmouth-. Para ser exactos, el próximo mes de septiembre cumpliré los ciento veinte, por lo que era muy joven cuando los Dumbledore aún estaban instalados aquí. Sin embargo, sí que recuerdo a mis padres hablar en casa sobre ellos con regularidad, y sobre su pasado. Kendra siempre había querido tener hijos, y se rumoreaba que lo habían intentado mucho, tanto que incluso se llegó a pensar que era, bueno, estéril. Más de diez años tuvieron que pasar para que por fin alumbrara a su primer hijo varón, Albus. Pero una vez oí a mis padres decir que, antes de eso, Kendra tuvo ocho abortos naturales.»
Sin ninguna duda, para una mujer tan altanera y orgullosa no era favorable que se descubriera su debilidad. Una supuesta infertilidad podría haberla perjudicado notoriamente, haciéndola inservible a los ojos de los hombres de aquella época. ¿Era para limpiar su imagen de tales rumores por lo que quería un hijo por todos los medios? ¿Quería demostrar que no era menos mujer que nadie, que su orgullo estaba intacto? ¿Realmente Albus fue un hijo deseado por algo más que para restregar por la cara a los cotillas un éxito absurdo?
«Mis padres me contaron que cuando nació su primer hijo, los Dumbledore invitaron a todo el pueblo a una serie de celebraciones en su jardín -explica Thecla Whitewood-. Todo el pueblo estaba en la fiesta; lo sé porque, según mi padre, fue la única vez en su vida que cerró la taberna durante todo el día.»
¿A tal extremo llegaba la conducta vengativa de Kendra Dumbledore? ¿Tan tensas eran las relaciones entre los Dumbledore y el resto de personas de Mould-on-the-Wold?
«¡La verdad es que los Dumbledore llevaban en el pueblo toda su vida! -me informa Clywd Llywelyn, un anciano que vive en una de las casas más céntricas del pueblo y que no para de chillarme-. ¡Antes de que su primer hijo naciera, la pareja ya llevaba varios años en esa casa de las afueras! ¡Pero no eran muy sociables que digamos! ¡Rara vez salían de casa si no era para comprar ropa y comida o para enviar una carta! ¡Por eso, no sé nada sobre los orígenes de Kendra, pero Percival nació aquí, al igual que su hermana Honoria, y sus padres también eran habitantes de Mould-on-the-Wold! ¡Provenía de una larga dinastía de residentes de este pueblo! ¡De hecho, se comentaba que era descendiente del mismísimo druida Gwion, nuestro fundador!»
Tras la agradable charla entre gritos, me di cuenta de que Kendra ocultaba más de lo que imaginaba, y según lo escuchado, lo ocultó muy bien. Los orígenes de Kendra, que el señor Llywelyn ignora, estaban en la comunidad no-mágica. Sí, Kendra era hija de muggles. ¿Cómo se lo tomó su marido Percival? ¿Cómo evitó Kendra que éste la torturara o la matara, al igual que hizo con tantos otros muggles? ¿Se lo ocultó a su propia familia, del mismo modo en que se lo había ocultado al resto del pueblo? Si hay algo que se le daba de fábula a Kendra era ocultar secretos.
«Mis padres nunca comentaron que fuera hija de muggles -confirma Thecla Whitewood-. Quizá tengas razón y sí que lo ocultara.»
¿Qué otras cosas escondía la Macabra Familia Dumbledore? ¿Qué más ignoraba la comunidad mágica de Mould-on-the-Wold? ¿Ocultaron con éxito sus más terribles secretos?
«Al principio todo era tranquilo y normal -recuerda Mary Airmouth-, por eso nos sorprendió tanto lo que ocurrió con Percival. Nunca antes había mostrado conductas antimuggles.»
«Te seré sincero -afirma otro vecino del pueblo que no quiso proporcionarme su nombre-: en mi casa siempre se oían cosas sobre que la familia Dumbledore no era de fiar. Se rumoreaba que eran aficionados a la magia negra.»
«Algo de eso he oído -coincide la señora Airmouth-, pero nunca nadie pudo demostrar nada. No son más que bulos. Siempre se toma por peligroso lo desconocido.»
En ocasiones como ésta, y tratando con gente de más de ciento veinte años, una se apena de cómo llega un momento en la vida en que la mente deja de distinguir entre lo real y lo ficticio, mezcla sucesos diferentes o inventa una propia historia surrealista. En definitiva, empieza a chochear. Recemos por que no se agrave más, Mary.
¿Estaría en lo cierto la gente de Mould-on-the-Wold al sospechar de esa desconocida familia? ¿Simplemente no les gustaba salir mucho de casa o es cierto que tenían secretos relacionados con las artes oscuras que no les convenía que se supieran? Evidentemente, al practicar magia negra, debían estar confinados en un lugar aislado y apartado, quizá en una casa a las afueras de un pueblo tan pequeño como Mould-on-the-Wold. Con razón, no querían ser descubiertos, y si fueron capaces de ocultar el secreto mejor guardado de la Historia reciente de la Magia, también fueron capaces de esconder su afición a jugar con magia prohibida.
Uniendo cabos, me propuse investigar diversos ritos oscuros que podrían guardar relación con las circunstancias de la Ahora Más Macabra Familia Dumbledore, y busqué la iluminación entre diversos notables expertos en la Defensa Contra las Artes Oscuras del mundo mágico. Primero entrevisté al famoso Gilderoy Lockhart, autor de la repetidamente galardonada obra El encantador:
«La verdad, no tengo ni la menor idea de lo que me está usted hablando.»
Salí de San Mungo desilusionada y deseando que el que fuera uno de los principales defensores contra la magia oscura de los últimos años -y un muy atractivo galán- logre recuperarse de su pérdida de memoria. Te echamos de menos, Gilderoy. Sin embargo, como no dejo que nada me detenga, fui en busca de la verdad.
«La magia oscura se puede hacer casi con cualquier cosa -nos ilumina Dolores Umbridge, que aunque actualmente trabaja en el Ministerio como subsecretaria del ministro y jefa de la Comisión de Registro de Hijos de Muggles, ejerció durante un curso en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería como profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras, hasta hace poco más de un año-. Sin embargo, me parece poco apropiado publicar tal información, Rita. Sería una fuerte atracción para magos curiosos. Debemos salvaguardar la integridad de los magos honrados y proteger los cimientos sobre los que se asienta nuestra sociedad, libre de magia negra, preservando la labor que el Ministerio ha llevado a cabo desde su creación.»
Por fin, y tras muchas horas de búsqueda -y de aportaciones inútiles-, di con la persona perfecta para proporcionarme la información que estaba buscando:
«En efecto, existen unos pocos ritos de magia oscura que se realizan con la presencia de niños, o interviniendo éstos en los mismos -me confirma Amycus Carrow, un encantador mago especializado en defensa mágica-. Sin embargo, son ritos muy antiguos que casi han caído en el olvido. Se trata de magia negra muy avanzada, al nivel de los más expertos.»
¿Eran Percival y Kendra Dumbledore expertos en magia negra? ¿Por qué deseaba tanto Kendra un hijo, para demostrar que no era estéril o para realizar ciertos ritos de artes oscuras en los que se requería un bebé? ¿A qué espantosas maldiciones se exponía el bebé Albus Dumbledore y cómo le afectó todo aquello? ¿Habrían encontrado la ansiada oscuridad los Dumbledore gracias al libro Encantamientos y embrujos antiguos caídos en el olvido, que obviamente poseerían? Sólo podemos estar seguros de una cosa: no hay nada que no nos podamos esperar de la Macabra Familia Dumbledore.