Tituladas 15.2% · 30,268 de 199,415 descubiertas
Rescatado 25.2% · 23,803 de 94,296 páginas identificadas · 23,797/24,457 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 171744 · de

Historia 171744 — capítulo 5

El profesor Longbottom se adelantaba con un gran rollo de pergamino.

-Cuando yo os llame, deberéis poneros el sombrero y sentaros en el taburete para que os seleccionen-dijo-. ¡Aldrich, Aeryn!

Una niña de rostro rosado y trenzas negras salió de la fila, se puso el sombrero, que la tapó hasta los ojos, y se sentó. Un momento de pausa.

-¡HUFFLEPUFF!-gritó el sombrero.

La mesa de la derecha aplaudió mientras Aeryn iba a sentarse con los de Hufflepuff. Scorpius vio al fantasma del Fraile Gordo saludando con alegría a la niña.

-¡Boot ll, Terry!

-¡RAVENCLAW!

La segunda mesa a la izquierda aplaudió esta vez. Varios Ravenclaws se levantaron para estrechar la mano de Terry, mientras se reunía con ellos.

Fueron pasando muchos compañeros yendo a diferentes casas, incluida la casa Slytherin. Cuando al fin una niña quedó en Gryffindor vio como el hermano de Albus y sus primos aplaudían  y silbaban.

-Finnigan, Roland.-El muchacho de cabello arenoso, que estaba al lado de Rose en la fila, estuvo sentado un minuto entero, antes de que el sombrero lo declarara un Gryffindor.

Scorpius notó que, algunas veces, el sombrero gritaba el nombre de la casa de inmediato, pero otras tardaba un poco en decidirse.

-¡Malfoy, Scorpius!

Scorpius al escuchar su nombre juró que el corazón se le paró durante unos segundos. Un horrible pensamiento atacó a Scorpius, uno de aquellos horribles pensamientos que aparecen cuando uno está muy intranquilo. ¿Y si a él no lo elegían para ninguna casa? ¿Y si se quedaba sentado con el sombrero sobre los ojos, durante horas, hasta que el profesor Longbottom se lo quitara de la cabeza para decirle que era evidente que se habían equivocado y que era mejor que volviera en el tren?

Mientras Scorpius se adelantaba, los murmullos se extendieron súbitamente como fuegos artificiales.

-¿Ha dicho Malfoy?

-¿Ese Scorpius Malfoy?

Lo último que Scorpius vio, antes de que el sombrero le tapara los ojos, fue el comedor lleno de gente que trataba de verlo bien. Al momento siguiente, miraba el oscuro interior del sombrero. Esperó.

Scorpius se aferró a los bordes del taburete nevioso mientras escuchaba los susurros del sombrero, entre los cuales se encontraban cualidades que él mismo no se conocía, finalmente, tras varios minutos de deliberación el sombrero llegó a una conclusión, la cual después le pareció una maldición.

-¡Slytherin!-gritó el sombrero. Su decisión fue una prueba para Scorpius, ya que quería que demostrara que era diferente al resto de su familia a pesar de pertenecer a la misma casa.

Tras unos segundos de silencio se escuchó un pequeño aplauso por parte de la mesa de las serpientes, Scorpius se levantó del taburete encogido y se sentó en la mesa con la cabeza gacha para no ver cómo lo miraban.

Unos cuantos niños más fueron mencionados, y a continuación otro de los nombres clave de la noche fue mencionado: -Potter, Albus.

Albus se dirigió al taburete y se sentó. También tardó en obtener la respuesta que tanto ansiaba el pequeño de los Potter.

-Mm-dijo una vocecita en su oreja-. Difícil. Muy difícil. Lleno de valor, lo veo. Tampoco la mente es mala. Hay talento, oh vaya, sí, ganas de un cambio y una buena disposición para probarse a sí mismo, esto es muy interesante... Entonces, ¿dónde te pondré? -demoró unos segundos más-creo que deberías pertenecer a ¡Slytherin!

El gran comedor se quedó en silencio más tiempo que en la selección de Scorpius, pero Albus siguió el mismo camino que su amigo y se sentó a su lado donde ambos se miraron sin mediar palabra. Finalmente algunos alumnos aplaudieron después del shock.

Y ya quedaban solamente tres alumnos para seleccionar. A Terrence, Stevie le tocó Ravenclaw, y después le llegó el turno a Rose. Tenía una palidez verdosa. Un segundo más tarde, el sombrero gritó: ¡GRYFFINDOR!

Albus aplaudió con fuerza contento por su prima, junto con los demás, recibiendo algunas miradas de sus nuevos compañeros de casa mientras ella se desplomaba en la silla más próxima a sus primos. Zabini, Chaise fue el último seleccionado para su misma casa y en toda la noche.

El profesor Longbottom enrolló el pergamino y se llevó el Sombrero Seleccionador. 

Scorpius miró su plato de oro vacío. Acababa de darse cuenta de lo hambriento que estaba. Los pasteles le parecían algo del pasado. 

Minerva McGonagall se había puesto de pie. Miraba con expresión radiante  los alumnos, como si nada pudiera gustarle más que verlos allí.

-¡Bienvenidos!-dijo-. ¡Bienvenidos a un año nuevo en Hogwarts!-tras estas palabras los platos aparecieron llenos de comida. McGonagall nunca daba un discurso, simplemente les daba la bienvenida a los alumnos, en cambio, el antiguo director habría dicho un discurso repleto de palabras sin sentido como ¡Papanatas! ¡Llorones! ¡Baratijas! ¡Pellizco!... y se habría ganado a los alumnos como todos los años, pero por desgracia ya no se encontraba con ellos…

Mientras transcurría la cena, Scorpius y Albus estaban hablando de las clases.

-Espero que empiecen en seguida, hay mucho que aprender; yo estoy particularmente interesado en Pociones, ya sabes, crear una poción y encontrar su cura, por supuesto parece ser que es muy difícil. Hay que empezar con cosas básicas...-dijo Scorpius.

-¡Por Merlín Scorpius!-exclamó Albus-¡cómo me recuerdas a Rose!

La cena no estaba teniendo ningún imprevisto más que dejara a todo el gran comedor completamente callado. Cuando aparecieron los postres McGonagall se levantó de su asiento y llamó la atención del alumnado.

-Ejem... sólo unas pocas palabras más, ahora que todos hemos comido y bebido. Tengo unos pocos anuncios que haceros para el comienzo del año. Los de primer año debéis tener en cuenta que los bosques del área del castillo están prohibidos para todos los alumnos. Y unos pocos de nuestros antiguos alumnos también deberán recordarlo.

Los ojos relucientes de McGonagall apuntaron en dirección a los primos Weasley, los hijos del profesor Longbottom, que por lo visto no había heredado su respeto por las normas, y al mayor de los Potter.

-El señor Filch, el celador, me ha pedido que os recuerde que no debéis hacer magia en los recreos ni en los pasillos. Las pruebas de quidditchtendrán lugar en la segunda semana del curso.Los que estén interesados en jugar para los equipos de sus casas, deben ponerse en contacto con la señora Hooch.

-¡Y ahora, antes de que vayamos a acostarnos, cantemos la canción del colegio!-exclamó McGonagall. La profesora había guardado esta costumbre de uno de sus antecesores, Dumbledore, Scorpius notó que las sonrisas de los otros profesores se habían vuelto algo tristes y de aire melancólico.

McGonagall agitó su varita, como si tratara de atrapar una mosca, y una larga tira dorada apareció, se elevó sobre las mesas, se agitó como una serpiente y se transformó en palabras.

-¡Que cada un elija su melodía favorita!-dijo McGonagall-. 

Y todo el colegio vociferó:

Hogwarts, Hogwarts, Hogwarts,

enséñanos algo, por favor.

Aun que seamos viejos y calvos

o jóvenes con rodillas sucias,

nuestras mentes pueden ser llenadas

con algunas materias interesantes.

Porque ahora están vacías y llenas de aire,

pulgas muertas y un poco de pelusa.

Así que enséñanos cosas que valga la pena saber

haz que recordemos lo que olvidamos,

hazlo lo mejor que puedas, nosotros haremos el resto,

y aprenderemos hasta que nuestros cerebros se consuman.

Cada uno terminó la canción en tiempos diferentes. Al final, sólo los primos Weasley seguían cantando, con la melodía de una lenta marcha fúnebre. McGonagall los dirigió hasta las últimas palabras, con su varita y, cuando terminaron, fue una de los que aplaudió con más entusiasmo al recordar al viejo director.

Después de unas palabras, los de primer año de Slytherin siguieron a su respectivo prefecto a través de grupos bulliciosos, salieron del Gran Comedor y subieron por la escalera de mármol.

Las piernas de Scorpius otra vez parecían de plomo, pero sólo por el exceso de cansancio y comida. Estaba tan dormido que ni se sorprendió al ver que la gente de los retratos, a lo largo de los pasillos, susurraba y los señalaba al pasar; o cuando el prefecto en dos oportunidades los hizo pasar por puertas ocultas detrás de paneles corredizos y tapices que colgaban de las paredes. Bajaron más escaleras, bostezando y arrastrando los pies y, cuando Scorpius comenzaba a preguntarse cuánto tiempo más deberían seguir, se detuvieron súbitamente.

Llegaron a un retrato en las mazmorras, el prefecto dirigió una palabras hacia éste y se abrió como una puerta por la que todos pasaron detrás de su prefecto. El prefecto condujo a las niñas a través de una puerta, hacia sus dormitorios, ya los niños por otra puerta. Al final de un pasillo, encontraron por fin, sus camas, cinco camas con cuatro postes cada una y cortinas de terciopelo verde oscuro. Sus baúles ya estaban allí. Demasiado cansados para conversar, se pusieron sus pijamas y se metieron en la cama.


Lamento haber tardado tanto en actualizar, pero no pude hacerlo antes, para compensaros hice un capitulo más largo que espero que os guste. He recurrido en las canciones a los libros para mayor compatibilidad con la historia de J. K. Rowling.

Espero que les haya merecido la pena la espera. Gracias.