El sol de un nuevo dia — capítulo 1
El sol entro por las ventanas e ilumino la habitación en la que una niña dormía profundamente. Las mantas estaban tiradas por el suelo y su abundante pelo negro tapaba gran parte de su cara.
Un hombre abrió la puerta y viendo a la chiquilla dormir de esa manera puso una mueca de desagrado.
-¡Levántate muchacha, antes de que te saque a rastras!- grito con voz severa.
Rossete se rasco los ojos y bostezo aun dormida. Pero al ver la dura mirada de aquel viejo olvido su sueño y se levantó de un salto.
-Lo siento Hann- dijo con la voz más dulce que pudo-. Estaré lista en un segundo.
-Más te vale- dijo aun serio, pero al ver la expresión de la niña se ablando un poco-.La señora Hooch me ha mandado buscarte y ya sabes lo poco que le gusta esperar.
Dejo sola a Rossete, que se puso manos a la obra. Una vez vestida y peinada, salió corriendo hacia la habitación de la señora de la casa.
Toco la puerta con los nudillos ,y por fin, a la tercera llamada alguien la abrió.
La habitación de la señora Hooch era la más grande de la casa. No tenia muchas ventanas, pero si un montón de velas, esparcidas por cada rincón que conferían a la estancia un aspecto lúgubre. En una esquina había un gran baúl donde guardaba todas las reliquias de su familia y en el medio estaba su colchón de pumas. Al verlo Rossete sintió un pinchazo en la espalda, y recordó el frio suelo de piedra donde ella tenia que dormir cada noche.
-Querida- exclamo la señora Hooch. Rossete siempre había pensado que era una mujer de lo mas extraña. Una vez fue guapa sin duda, una autentica belleza, pero ahora sus rasgos estaban demacrados y ella intentaba ocultarlo, sin éxito, poniéndose grandes joyas y vistiéndose con las mejores sedas. Demasiadas joyas- pensó la niña al ver la cadena de oro que tapabasu cuello y parecía no dejarla respirar-.Oh, estas radiante con este vestido, sin duda fue una gran elección. Una brillante elección.
Rossy la miro sorprendida, pues era la primera vez que la alagaba en toda su vida, pero aun así, como era una niña la mar de educada decidido no preguntarla directamente que es lo que quería.
-Gracias, mi señora- y se inclino haciendo una pequeña reverencia.
-He estado pensado y dado que ya te has convertido en toda una mujer, es hora de que aprendas a volar tu solita, pajarito mío. Es hora de que abandones el nido.
La niña se quedo paralizada. Es hora de que vueles...- pensó. ¿A donde?. No tenia ningún sitio a donde ir. Ella era lo mas parecido a una familia que tenia, por mucho que la detestara. Sus padres la habían vendido al nacer y la señora Hooch, que era viuda, la acogió en su casa, más bien palacio, donde contaba con muchísimos sirvientes más.
-Querida, tranquila. No tienes por que preocuparte. No voy a dejarte en la calle para que te mueras de hambre.¿ Acaso me crees capaz? (Rossy se guardo su respuesta) .Para mi eres como una hija, pero tanto es mi amor por ti que quiero que brilles por ti misma. Y no podrás hacerlo si sigues encerrada en este castillo. Como ya te he dicho es hora de que vueles sola, pajarito mío.
Rossy suspiro aliviada, al menos no iba a dejarla en la calle. Aunque seguía sin creerse el resto de sus palabras. Para ella solo era una cría, nada más...
-¿Y a donde iré señora?- consiguió preguntar Rossy.
-A otra casa- contesto-. Estará lejos de aquí. Pero conocerás nuevas tierras y escucharas otras lenguas ¿No te parece eso excitante?- pregunto y hizo algo parecido a una sonrisa, que a la niña le parecía una mueca de terror.
Rossy movió la cabeza en señal de afirmación.
-Ahora tienes que prepararlo todo. Recoge todas tus cosas y pronto iras a esas nuevas tierras. Sera una gran aventura, como la de esos maravillosos libros que tanto te gusta leer...
La niña sonrió al escuchar la palabra "maravillosos" y recordo como hacia una semana tiro uno de sus libros favoritos afirmando que solo contaban idioteces. No sabia a donde la llevaba, pero sin duda, con su idala señora Hooch había conseguido una gran recompensa . De que si no iba a tratarla tan bien.
Cerró la puerta y veloz como un rayo entro en las cocinas de la casa.
Allí el viejo Hann, con el pelo canoso tapando sus ojos grises, removía un buen guiso de ternera. A su lado estaban los hermanos Amys y Elric , paliduchos y llenos de pecas.
-¿Que haces aquí niña?- pregunto Hann quitándose con la manga el sudor de la frente.
-He venido a despedirme- dijo Rossy.
-¿A despedirte? ¿Es que piensas largarte?, venga deja de decir tonterías y ayuda en algo.
-Pero si te estoy diciendo la verdad- siguió la niña-. Me lo acaba de decir la señora Hooch. Dice que es hora de que vuele sola, como un pájaro.
Al ver los tristes ojos de la niña, Hann supo que no mentía y dejando a un lado la comida pregunto:
-¿Y a donde iras?
-No lo se. No quiso decírmelo. Pero según ella veré nuevas tierras y escuchare otras lenguas-. Por un momento sus ojos brillaron con un brillo casi perdido, al imaginarse lo que se escondía tras las montañas y los lagos de agua helada. Un nuevo mundo la estaba esperando, escondido entre los arboles.
Un lugar lejos de la casa en la que vivía, de las paredes de piedra negra y frías que tanto detestaba.
-Te echare de menos, niña - dijo el viejo y decía la verdad. Pues a pesar de su rudo aspecto, quería a esa niña de pelo azabache y ojos danzarines.
-Yo también- y sin poder evitarlo Rossy se echo a los brazos de aquel viejo de pelo canoso y ojos oscuros. Las lagrimas salieron de sus ojos, y entonces March se dio cuenta de lo pequeña que era y siempre había sido.
Después se acerco a los dos hermanos y los abrazo también.
-No te preocupes Rossy, todo ira bien- dijo Elric cariñosamente.
Amys removió el pelo negro de la niña y dijo :
-A nosotros siempre nos tendrás aquí.
-Gracias chicos- dijo la niña enjuagándose las lagrimas. Y dio media vuelta echando un ultimo vistazo a sus únicos amigos.