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Historia 173215 — capítulo 55
Fred, George, El señor Weasley Rems y un hombre del ministerio subimos a la torre de astronomía, para defender el castillo desde ahí.
La barrera de protección se resquebrajaba con los hechizos de los mortifagos poco a poco.
Los tres nos fuimos donde siempre nos poníamos, Fred a mi lado izquierdo y George a mi derecho.
-¿Estas bien Fredie?-pregunto George cogiéndome la mano y mirando el cielo.
-Si-dijo Fred también mirando el cielo.
-Yo también-dijo codeándolo mientras yo sonreía.
-Recordad, que pase lo que pase, os quiero mucho chicos-dije mirando como empezaba a resquebrajarse.
-Y nosotros a ti-dijeron a la vez.
-Pero yo más-dije George haciendo me reir.
-Prometedme, que saldremos vivos de esta-dije mirándoles.
-Lo prometemos pero tú prometerás lo mismo-dijeron.
Reí.
-Lo prometo-dije antes de poner mi cabeza apoyada en el pecho de George.
Un grito retumbo y la carrera empezó a caer a trozos, más rápido que antes.
Los mortifagos empezaron a llegar, unos corriendo y otros volando.
Alzamos nuestras varitas.
Preparados.
El señor Weasley se nos unió con Percy y Bill.
Entre hechizos nos separamos en dos grupos sin darnos cuenta, Percy, Fred y el señor Weasley estaban conmigo.
Estábamos lanzando hechizos cuando una mortifago le quito la varita a Fred y yo pare de lanzar hechizos para mirarle y apretar los labios para empezar a correr hacia el mientras ella le lanzaba la maldición letal.
Lo empuje mientras el hechizo me daba en el lateral y mi cuerpo caía al suelo, inerte.
Desperté en una sala blanca, luminosa, tanto que tuve que pestañear varias veces.
Me levante lentamente e hice visera sobre mis ojos.
A unos metros había una figura que me resultaba muy conocida.
Empece a avanzar rápido hacia ella.
Cabello largo, fino y blanco.
La túnica morada, igual que cuando le conocí.
Su larga barba blanca y su nariz aguileña.
Si alegre mirada que decía muchas cosas sin tener que pronunciarlas y que tapaban parcialmente sus habituales gafas de medialuna.
Me sonrió con nostalgia.
-Veo, señorita Black, que es toda una Gryffindor, proteger a tus amigos, dando tu vida sin pensarlo dos veces, no es nada fácil-dijo Dumbledore.
-Profesor Dumbledore-dije para sonreírle-que alegría verle, bueno, dentro de lo que cabe claro…
-Creo que usted sabe, que la magia tan fuerte y pura como es sacrificar tu vida para proteger otra, siempre tiene su recompensa, señorita Black-dijo Dumbledore.
-¿Se refiere al sacrificio de la madre de Harry?-pregunte.
-Sí, exactamente-dijo sonriente-y por eso, aún no ha llegado su hora-dijo sonriéndome.
-Pero señor, yo morí, quiero decir-dije antes de tragar saliva-protegiendo a Fred.
-¿Y crees que a él le ha gustado la idea, señorita Black? ¿Qué a George le gusta la idea? ¿Qué a Harry le gustara perder a su única familia?-pregunto Dumbledore-Debes ver muchas cosas antes de volver-Dijo antes de que a mi alrededor empezaran a oírse voces y ver gente llorando a amigos y familiares muertos en la entrada de Hogwarts.
Ver Hermanos, Hijos, Padres, Primos y tíos, Alumnos y profesores, muertos y pálidos o vivos y lamentando la muerte de sus seres queridos.
Un grupo de pelirrojos estaba rodeando algo.
El señor Weasley abrazaba a la señora Weasley mientras los gemelos estaban sentados en el suelo sobre algo.
Gire y pude verme a mí.
Con el rostro sereno y más pálido de los normal.
Si no me conocías mucho, podías pensar que solo estaba durmiendo.
Si me conocías como ellos, mi esposo, el amor de mi vida y su gemelo que era como mi propio hermano gemelo, sabias que no estaba llorando y que mis ojos no iban a volver a abrirse, ni que volverías a hablar conmigo, ni a asustarme hasta hacer que me desmaye.
Sabrías que, no volverías a verme.
George soltó un sollozo y abrazo mi cuerpo mientras Fred lloraba en silencio mirándose las manos.
-Es mi culpa-dijo Fred-por mi culpa está muerta.
George lo miro mal, por primera vez desde que los conozco.
-No digas eso, ella te salvo la vida, fue su decisión, no hagas que su sacrificio no valga la pena-dijo George entre lágrimas para volver a mirar mi cuerpo y acariciar mi mejilla.
Dumbledore apareció en la sala, detrás de los Weasleys, mirándome fijamente, como muchas veces había hecho cuando había ido a su despacho.
-¿Ahora sabes porque tienes que volver?-dijo para que yo asintiera-señorita Black, te queda una larga vida, y a él también-dijo sonriéndome.
-¿A quién se refiere señor?-pregunte sorbiendo la nariz y frotándome los ojos para quitar el rastro de lágrimas que habían empezado a caer de mis ojos.
-Él bebe que esperas, no piensa rendirse tan fácilmente, tiene tu carácter, aunque ya lo sabrás cuando sea un poco más mayor-dijo riendo antes de desaparecer y que mi cuerpo empezara a absorberme.
Parecía como la primera vez que me desaparecí.
Como si algo tirara de ti, absorbiéndote, deshaciéndote para volverte a formas en otro lado mientras tu vista se hacía difusa y borrosa, hecha girones, hasta que solo había oscuridad.
Un dolor me recorrió el lateral donde la maldición me había golpeado y empecé a sentir mi cuerpo agarrotado.
Sentí como me depositaban del todo en el suelo he hice un gesto de dolor.
-¿Se acaba de mover?-dijo alguien sin saber quién era y sin poder reconocerle.
Se escuchaba como un susurro, lejano y casi inalcanzable.
-No juegues con eso-dijo una voz ronca cada vez más cercana.
-Te digo que se ha movido, ha hecho un gesto-dijo de nuevo la primera voz más cerca que la anterior.
-¡Ella está muerta!-grito George a la vez que yo abría los ojos y me sentaba de golpe cogiendo aire y respirando agitadamente.
Oí como todos contenían el aire a mí alrededor y me miraban sorprendidos.
-Tu…estabas muerta….deberías estarlo…la maldición te dio al protegerme-dijo Fred medio mudo.
-Y así es, había muerto, y aun no sé cómo he vuelto a la vida…bueno…en realidad si se cómo y porque-dije sonriente-se me olvida algo-dije girando mi rostro y abalanzándome sobre George, cayendo sobre él, besándole con pasión.
Me incorpore sonriente mientras George me sonreía de vuelta y me estrechaba entre sus brazos con fuerza, sentándome en su regazo, como había hecho cuando volví de la prisión bajo la casa Malfoy.
-Y como si se puede saber-dijo Fred.
-Dumbledore-dije sonriente.
-¿Dumbledore?-preguntaron todos.
Asentí.
-Cuando morí, aparecí en una especie de estación muy luminosa, y al final estaba el, mirando a la nada, mirándoos a vosotros-dije sonriente-el me explico que no era mi hora y tampoco la de el-dije acariciando mi vientre sonriente mientras volvían a contener el aliento-vamos a ser papas de nuevo, y va a ser niño-dije para sonreír-el caso es… que la magia tan pura como es sacrificar tu vida para salvar otra, tiene su marca, su recompensa-dije sonriente- ¡y aquí estoy! Bueno…estamos-dije para reir mientras George me abrazaba llorando.
-No sé qué aria sin ti-dijo ocultando su rostro en mi cuello mientras yo le acariciaba la espalda y el cabello.
-Cuidar de los niños-dije-pero no volverás a verme morir, bueno, quizá dentro de un siglo-dije para reírme con los demás y que George me mirara mal-¿Qué? No soy inmortal-dije riendo para besarle y levantarme del suelo con él.
Fred me abrazo y después la señora Weasley mientras el señor Weasley me palmeaba la espalda feliz.
George se puso delante de mí, poniendo sus manos en mis hombros.
-¿Qué pasa? ¿Quién hay ahí?-pregunte curiosa mientras George miraba con terror a su hermano.
Lo aparte y mire al suelo.
En dos camillas improvisadas y juntas estaban los cuerpos de Remus y mi prima Dora.
Me lleve las manos a la boca y me deje caer de rodillas al suelo.
-Dora…Remus…-dije antes de gatear hasta el cuerpo de mi prima y acariciarle el pelo.
Rompí a llorar sobre ella.
-Mierda…-susurre mientras George me acariciaba la espalda.
-Tranquila-me susurro George abrazándome mientras lloraba en su pecho.
-¿Que va a pasarle a mi primo?-dije sollozando.
-Lo adoptaremos nosotros, es de la edad de los nuestros, se llevaran bien, como tú y Dora-dijo George intentando animarme mientras yo asentía.
-Ella y Tía Andrómeda me criaron cuando solo tenía tres años y no tenía a mis padres, es lo mínimo que puedo hacer, ¿Pero cómo le hablare de ellos sin llorar al recordarlos?-dije entre sollozos.
-Pues llora, que sepa lo buenos que fueron para que sigas llorando por ellos, haz que se sienta orgulloso de sus padres-dijo George para besar mi cabeza.
-Lo are, no dudes que lo are-dije separándome y cogiendo las manos de Dora y Remus que estaban casi cogiéndose pero sin llegar a tocarse por falta de tiempo antes de que la muerte les separara.
-Lo are, os lo prometo que lo criare como si fuera uno más de mis hijos y que are que este orgulloso de vosotros, que sabrá lo que hicisteis y lo que fuisteis, lo juro por mi vida-dije sorbiéndome la nariz mientras unía sus manos y me levantaba para que George me envolviera en sus brazos y nos alejáramos de sus cuerpos para seguir luchando por la libertad del mundo mágico.