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Después de vencer a Gaia: ¿Una nueva profecía? — capítulo 1
Percy, Annabeth, Jason, Piper, Hazel, Frank y Leo habían llegado al campamento mestizo gracias al Argo II, Reyna, el entrenador Hedge y Nico habían podido llegar a tiempo para detener el enfrentamiento de los dos campamentos, la Atenea Pantheos brillaba en la colina del campamento con gloria. Tanto griegos como romanos estaban sentados al rededor de la fogata mientras el entrenador Hedge narraba la aventura que había pasado junto con los siete mestizos de la profecía, claro, exagerando algunas partes como en dónde daba una patada voladora y desmayaba a dos gigantes. Su esposa Mellie, la cual estaba embarazada, lo miraba con una sonrisa llena de brillo en la cara. Hazel y Frank estaban sentados junto la fuego muy cerca de Leo, el cual anotaba algo en una libreta muy emocionado y no dejaba de susurrar: "isla...Festo...claro, la balsa mágica" la pareja decidió no interrumpir la concentración del joven hijo de Hefesto. En cambio, estaban tomados de la mano sonrientes. Piper y Jason charlaban tranquilamente en la enfermería del campamento. Piper había sido lastimada por un dios menor, así que estaba débil. Jason sonreía sentando frente a la camilla, pensando en la suerte que tenía de que ella estuviera a su lado. Desde allí podían escuchar los gritos del entrenador Hedge, y cada vez que pasaba eso reían divertidos. Percy y Annabeth estaban sentados cerca del lago recordando viejos tiempos, Annabeth miraba el horizonte mientras contaba cuando se habían dado ese beso debajo del lago, Percy se sonrojaba y la besaba, ambos reían felices de estar vivos, aunque habían pasado ese tiempo en el tártaro, aún podían reír sinceramente. Reyna estaba sentada cerca de Octavio, el cual se había rendido a tratar de matar a los griegos, que charlaba con Reachel, el oráculo del campamento mestizo. Reyna miraba la fogata melancólica y añorando su amado campamento. Nico permanecía en las penumbras, miraba a todos con una sonrisa que se podía considerar maliciosa pero en realidad era de cariño. Pensando en todo lo que había ocurrido y como sus sentimientos por Percy habían florecido y luego desaparecido. Extrañando a Bianca y sonriendo por que fue su hermana. -¡Y entonces el señor Zhang dijo! "por favor fuerte, valiente y guapo entrenador Hedge, acompañe a los pequeños e indefensos Nico y Reyna a llevar la gran estatua al campamento y salvar el mundo"- Dijo Hedge imitando la voz de Frank con un toque femenino- y claro no pude negarme, acompañe al Sombrío y a la mandona por el laberinto, claro que yo los guíe... Todos estallaron en carcajadas. -Después de llegar al campamento no se qué ocurrió con los siete jóvenes pastelillos- Dijo Hedge- Quizá el señor Jackson y la señorita Chase puedan relatar... -¡Están en el lago!- Dijo un chico. -¿Qué estarán haciendo...?- Dijo entre dientes el entrenador- Entonces el señor Grace y la señorita McLean puedan... -¡En la enfermería! -De acuerdo, quizá Valdez... -¡Estoy ocupado!- Dijo Leo sin apartar la vista del anotador. -Bueno, esta bien, Zhang y Levesque... -Sinceramente entrenador- Dijo Hazel con voz calma- No me siento con fuerzas para hablar de eso, y no quiero recordar momentos tan...dolorosos. Todo quedo en silencio. Quiroz se levantó. -Bueno, creo que ya se hizo tarde, además nuestros héroes necesitan desapcansar ¿No lo creen?en las Cabañas hay espacios suficientes para todos, dividanse por padres divinos. Todos se levantaron y empezaron a caminar hacia las Cabañas, sólo quedaron Leo, Hazel, Frank, Reyna y Nico. Percy y Annabeth llegaron tomados de la mano. Jason camino hacia ellos con una sonrisa y se sentaron frente al fuego. Se quedaron en silencio. -¿Cómo esta Piper?- Pregunto Hazel, rompiendo el hielo. -Bien, se ha dormido.- Sonrió- Por suerte Morfeo no la ha herido mucho, pero debo admitir que me asusto cuando se quedo dormida en el medio del campo de batalla, un gigante casi la pisa. -Si, eso ha sido peligroso- Dijo Annabeth- Por suerte no ha pasado nada malo. -¡Imagínate Jason!-Dijo Leo- ¡Tendrías un puré de belleza como novia! Todos rieron por la broma, aunque Jason fue algo forzado. -Por suerte todos estamos bien- Dijo Frank. -Eso es genial, por un momento pensé que los monstruos nos iban a hacer papilla- Dijo Leo. -Y eso casi sucede Valdez- Dijo Reyna, si no hubiera sido yo la que te ha salvado ese trasero tuyo, tu serias puré. -¡Deja las formalidades, Reyna!- Dijo Leo herido- Llámame por mi nombre. -¡Antes muerta! Todos rieron. Percy sonrió. -¿Saben algo?- Todos lo miraron- Los quiero a todos chicos. -¡Pensé que me querías a mi solo, traidor! - Se quejó leo- ¡Has traicionado nuestro amor! -Muérete Valdez. Todos volvieron a reír.
Un hombre pálido como la nieve y con ojos negros como la noche, caminaba por los confines del tártaro, acompañado de una joven de quince años que lo miraba con cautela. El hombre paro en seco y se volteó hacia ella. -Es hora, pequeño fallo- Le dijo- Es hora que el error de Hera salga a la luz, eh esperado por mucho tiempo ¿Sabes? Te eh criado diesiseis años por petición de esa bruja, pero me eh cansado, ella se ha olvidado de tu existencia ¿Sabes? -Si, señor- Dijo la chica agachando la cabeza. -Esa maldita esposa de Zeus no pudo controlar sus celos y te creo, pero luego ¿Sabes qué paso? -No, señor. -¡Te abandono! ¡Te abandono como se abandona a un juguete inservible! ¡Te tiro al tártaro y yo te recoji y te crié como sí fueras mi hija! ¿Lo sabes, no? -Si, señor. -Ella al enterarse de que estabas viva me pidió que guardara el secreto diciendo que un tres años te buscaría de nuevo ¿Pero sabes que paso? ¡No vino, no vino por ti! ¡Te olvido! ¿Cierto? -Si, señor. -¡Por eso debes vengarte de ella, de tu estúpida madre biológica! Y para eso tengo un plan ¿Sabes cuál? -No, señor. La chica no tenía ninguna expresión en su cara, su cabello castaño le llegaba a la cintura, sus ojos eran grandes y marrones, su piel dorada y suave, vestía con sólo un vestido negro, estaba descansa y caminaba por las espinas del tártaro. -Me traerás a los hijos de los tres grandes y cuando Zeus se entere que su esposa lo traiciono, los dioses la mataran, y sus hermanos pelearan por obtener de nuevo a sus hijos. -Si, señor. -A hora es momento de que olvides todo- Dijo el hombre. -¿A qué se refiere señor?- Dijo ella alejándose unos pasos, aunque quedo demasiado cerca de aquel hombre. -No pensaras que no se qué tu no piensas hacer lo que te digo, puedo leer tu mente ¿Sabes? Y se que piensas avisar a los hijos de los tres grandes de esto. -No entiendo de que habla, señor- Su voz tembló, grave error. -Lo siento, pequeña hija no deseada, fallo, bastarda. Lo único que recordarás es este plan, nada más. -Espera... -Sólo cierra los ojos, Elena, no sentirás nada... -¡No! Espera...yo, no diré nada...¡lo juro! -Por lástima no te creo, fallo de la vida. Elena caminó hacia tras, pero había un vidrio roto y se lo clavo en la planta del pie, la sangre empezó a chorrear y Elena se cayó, en un abrir y cerrar de ojos, el hombre se abalanzó hacia ella y ella cerró los ojos.