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Los Juegos Literarios — capítulo 19

  • ¿No dolió? - pregunta Peeta, que observa el tatuaje con atención.

Nos hallamos en las habitaciones de la sede de Osadía, sentados en una de las decenas de camas perfectamente alineadas. Según Tris, ella había dormido en este mismo cuarto cuando se había transferido a Osadía. A pesar del tiempo, el lugar se encuentra en un estado bastante considerable.

  • Para nada - respondo -. De hecho, casi ni lo noté.

El proceso había sido de lo más simple. Tris me había ayudado a tatuarme. Primero me pidió que eligiera el dibujo y yo escogí un sinsajo. Luego, lo colocó en un pedazo de tela cuadriculado y lo presionó contra mi brazo. A continuación, apretó el botón de un dispositivo que se hallaba conectado por un cable a la plancha sobre mi piel y voilà, cuando la retiró la imagen estaba allí.

  • Nunca imaginé que podrías llegar a hacerte un tatuaje - comenta Peeta -. Y menos de un sinsajo. Después de todo los malos recuerdos que te trae…

En cierto sentido tiene razón. Pero ese símbolo me ha marcado. Ha logrado la revolución y alianza entre los distritos para derrocar al Capitolio. Un solo símbolo unificó a una nación. Sí, no puedo negar que los recuerdos de la guerra son oscuros y deprimentes; sin embargo, el sinsajo me transmite fortaleza y me impulsa a seguir adelante, a pesar de los obstáculos que se van presentando.

  • Honestamente, yo tampoco lo creía - le digo -. Pero ahora que veo el resultado final, estoy bastante satisfecha. No sé muy bien por qué pero sentí la necesidad de hacérmelo en mi interior.

Peeta asiente con la cabeza, intentando parecer comprensivo.

Una sombra asoma por la puerta de la habitación y, unos segundos después, Tobias ingresa con la frente en alto y actitud seria, como de costumbre.

  • Nos estamos reuniendo en el centro de entrenamiento - anuncia, con un tono demasiado militar para mi gusto.

Me bajo la manga de la remera para cubrir mi tatuaje, nos ponemos de pie y seguimos a Tobias por los pasillos. Mientras caminamos, un incómodo silencio se instala, invadido por el sonido de nuestras pisadas que retumban por las paredes de piedra. Bajamos por las escaleras hasta arribar a un pequeño gimnasio con unos cuantos sacos de boxeo colgando y algunas colchonetas desparramadas por el piso. El resto de los tributos se hallan reunidos allí.

  • Bien, les tenemos noticias a todos - anuncia Tobias cuando nos incorporamos al grupo -. Hemos encontrado gran cantidad de armas y equipamiento para seguir adelante. Logramos recuperar suficientes pistolas y munición para todos, además de cuchillos y navajas. Por supuesto que también hemos reunido los alimentos necesarios para el trayecto.

Esto suena excelente. Si Tobias no está exagerando, realmente deberíamos agradecerle por el trabajo que ha hecho. Gracias a Dios que conoce el lugar y puede conseguirnos todo lo que necesitamos. A pesar de la estresante situación, me siento un poco más tranquila por dentro.

  • Hemos trazado un mapa para llegar a la sede de Erudición - sigue diciendo -. Creemos que viajar por la superficie no será demasiado seguro, por lo que trasladarse bajo tierra sería la mejor opción. Hay una red de túneles construida por debajo de la sede de Osadía que se ramifica  a lo largo de toda la ciudad y desemboca en el edificio de Erudición.

No sé si desplazarse bajo tierra nos mantendrá demasiado seguros, ya que la idea de introducirme en un túnel oscuro, desconocido y tenebroso me produce escalofríos de solo pensarlo. No obstante, tampoco sabemos qué podemos llegar a encontrar afuera, en las calles de la ciudad. El lugar parece abandonado pero ¿y si aún quedan habitantes que se han vuelto salvajes? ¿Y si hay más criaturas como las del laberinto escondidas en los demás edificios?

  • Les daremos una mochila a cada uno que cuenta con el alimento y armamento necesario para todo el trayecto - informa Tris -. Asegúrense de cuidarlo bien. No regresaremos a por más si se les agotan.

Uno a uno, nos van entregando las mochilas. Cuando sujeto la mía y me la cuelgo al hombro, noto que está un tanto pesada. No será fácil cargar con esto durante el viaje.

Acto seguido, nos transfieren las pistolas y Tobias realiza una breve demostración para aquellos que no son demasiado expertos en el manejo de ellas. Yo aún conservo mi arco para usarlo en caso de emergencia, pero en una situación de combate critica, es más probable que una bala sea más efectiva que una flecha. Después de lo que nos enfrentamos en el laberinto, prefiero no correr demasiados riesgos.

Una vez que nos hallamos todos cargados a más no poder, Tobias prepara su pistola y nos dedica una sonrisa alentadora.

  • Acompáñenme hasta la entrada a los túneles.

La entrada se encuentra al final del Abismo, un barranco lleno de agua corriente rápida y afiladas rocas. Bajamos lenta y cuidadosamente, siempre mirando a donde pisamos y manteniéndonos alejados de los pinches que nos rodean. En el fondo, oculto detrás de una cascada de agua, se halla el ingreso a las catacumbas subterráneas.

Avanzamos iluminados por la tenue luz de nuestras linternas. El caudal del pequeño río se extingue a medida que nos introducimos en las penumbras. Las paredes de roca gris son húmedas y me transmiten una sensación de frío intenso. Me agarro al brazo de Peeta para que me transfiera un poco de calor. El ambiente que nos rodea me produce escalofrío.

  • Por estos túneles podemos acceder a casi cualquier parte de la ciudad - comenta Tobias, mientras apunta su linterna en todas las direcciones -. Al principio funcionaban como alcantarillas. Ahora, con la ciudad vacía, son simples cavidades subterráneas.

  • ¿Por qué la ciudad está abandonada? - pregunta Jace.

  • Los habitantes se fueron después de la guerra - explica Tobias -. Esta ciudad surgió como un experimento para solucionar un problema que afectaba a la sociedad. Cuando los ciudadanos de Chicago se enteraron, se escaparon a explorar el resto del mundo. Tantos años dentro del perímetro generaban cierta sensación de encierro.

  • Igualmente Tobias, recuerda que estos son los Juegos - le dice Tris -. Por más que este lugar sea muy parecido a nuestra ciudad, no me siento como en casa. No podemos confiar en nadie.

Su novio no le responde y el grupo vuelve a silenciarse. Continuamos caminando, con nuestras pisadas chapoteando en los charcos de agua que se acumulan en el suelo.

A medida que nos internamos en las profundidades, descubro unas cuantas manchas blancas en la pared. Apunto la luz de mi linterna hacia éstas y me encuentro con varias telarañas esparcidas por la roca. Me detengo, quedándome atrás, para observarlas mejor. Hermione me imita y se acerca a analizarlas conmigo.

  • Esto no me gusta nada - me dice en un tono de voz apenas audible, mientras sacude la cabeza.

Volvemos a reincorporarnos al resto de los tributos y unos metros más adelante, nos topamos con más telarañas. Ahora los demás también las notan.

  • Estén alerta - anuncia Hermione -. Intuyo que alguien anda cerca…

  • ¿Qué clase de "alguien"? - pregunta Percy.

La muchacha abre la boca para contestarle pero un agudo siseo la interrumpe. Automáticamente, todas las linternas apuntan hacia el lugar de origen del sonido. Lo único que distinguimos es un par de rocas desprendiéndose de la pared. Ese "alguien" ha pasado por ahí. Intento contener un estremecimiento.

  • Acromántulas - dice Hermione y su voz tiembla -. Una especie mágica de monstruosas y gigantes arañas que tienen ocho patas y la capacidad de hablar.

Ahogo un grito inconscientemente.  ¿Está hablando en serio? A juzgar por el tono de su voz, esto no se trata de una broma.

Más adelante, regresan los siseos y el escalofriante sonido se intensifica. Dudo antes de dar cada paso, a medida que el miedo y el pánico se van apoderando de mi cuerpo. Todos cargan sus pistolas y las mantienen bien en alto, buscando señales o indicios por doquier.

De repente, una figura oscura y espeluznante cae del techo y los gritos invaden el lugar. Thomas es el primero en disparar y asesinar a la criatura. Cuando las linternas iluminan el cuerpo inerte, contemplo el horroroso cadáver de la araña. Posee un grueso pelaje negro, ocho ojos y largas patas que se extienden por el suelo. También tiene un par de colmillos y unas pinzas.

  • Tenías razón - dice Clary, que observa al bicho muerto horrorizada.

  • No sé ustedes pero yo ya no estoy tan seguro de que estos túneles son el medio más seguro de llegar al edificio… - comenta Percy, mientras analiza el lugar con la mirada.

  • Seguiremos avanzando - sentencia Tobias -. Quizás ésta era la única acromántula que habitaba los túneles.

Otro siseo se escucha. Ésta vez más fuerte, claro y nítido.

  • No lo creo…

  • ¿Quién anda ahí? - ruge Tris, apuntando con la linterna.

Una gran figura emerge de la oscuridad. Es igual a la araña con la que nos topamos hace unos minutos, con la diferencia de que el tamaño de ésta es tres veces mayor.

  • Ingenuos. No tienen escapatoria - dice el arácnido con voz gruesa y autoritaria.

Un coro de chasquidos se acopla a sus siseos. Más figuras se hacen visibles, algunas mucho más pequeñas, otras no tanto, mientras se van acercando hacia nosotros.

  • Acaben con ellos - sentencia la más grande.

Las criaturas comienzan a precipitarse hacia nosotros, con las patas extendidas y las pinzas chasqueando. Aprieto el gatillo y comienzo a disparar a las bestias sin control. El sonido de los disparos invade el lugar. Las balas las alcanzan y las alimañas profieren chillidos agudos.

  • ¡Retrocedan! - ordena Hermione y los tributos corremos hacia la entrada a los túneles, mirando por encima de nuestros hombros de vez en cuando para seguir disparando.

La bruja se queda atrás para combatirlas. Pronuncia un hechizo que suena como "Arania Exumai" que mantiene a los enemigos alejados momentáneamente. No obstante, las acromántulas no ceden y comienzan a arrojar telarañas. Una de ellas alcanza los pies de Peeta, que cae al suelo inmovilizado.

Me detengo en seco y me agacho para ayudarlo, junto a Tobias que se me une. Juntos logramos liberarlo de la pegajosa sustancia y seguimos corriendo en nuestro desesperado intento de escapar del ejército de monstruos que nos persigue.

Finalmente, el aumento del caudal de agua nos indica que la salida está cerca y no tardamos en toparnos con la cascada por la que ingresamos. Atravieso la cortina de agua sin miedo a mojarme. Una vez que todos nos hallamos fuera, Hermione apunta con su varita a la entrada e inspira profundamente antes de exclamar:

  • ¡Bombarda máxima!

Grandes rocas se desprenden del techo para cubrir el hueco que conduce a los túneles subterráneos. Una capa de polvo se eleva y se mantiene suspendida en el aire. Toso para apartarlo de mis pulmones.

Cuando se disipa, nadie habla. Finalmente, Tris rompe el silencio.

  • Bien. Tendrá que ser por la superficie.