Los Juegos Literarios — capítulo 2
Mientras estamos en el tren, Peeta me dedica unas palabras alentadoras. Permanezco en silencio, sin responderle. No importa cuánto intente, nada podrá subirme el ánimo en este momento.
Al frente de mí, se halla una gran mesa repleta de comida de todo tipo. Aunque debería, evito comer, porque sé que, si lo hago, voy a vomitarlo más tarde. Peeta mastica un trozo de carne a mi lado. Aparto la vista para no mirarlo, no puedo soportar su mirada de preocupación.
No logro comprender bien mi estado en este momento. Es una mezcla de emociones indescriptibles. Supongo que es similar al de mi madre luego de que mi padre muriera. Sé que debo ser fuerte y aguantar, que todavía no es el fin, pero no puedo sacarme de la cabeza la idea de que, no importa cuántas veces gane, los Juegos regresarán por mí.
Reflexionando, me doy cuenta de que no llegaré muy lejos con esta actitud. Desde que fui elegida, mis pensamientos no paran de decirme que voy a morir, que no podré soportar el mismo proceso una vez más. Pero si me convenzo de que perderé, no lograré ganar jamás.
Inspiro profundamente y me obligo a tomar un trago de agua para ahuyentar la sequedad de mi garganta. Puedes ganar, Katniss me digo, aunque no logro convencerme.
***
Más tarde, Suzanne ingresa en el vagón. Lleva puesto un vestido negro y brillante.
- Nos han llegado las cintas de las cosechas de las demás sagas - anuncia -. Creo que les interesaría echarles un vistazo.
La idea de conocer a mi futura competencia me provoca un escalofrío y miro a Peeta para ahuyentarlo. Sus ojos me suplican que lo hagamos y, aunque desprecio la idea, acepto para complacerlo. No lograremos ganar sin conocer a los demás tributos.
Nos ponemos de pie y caminamos hasta la gran sala de proyección, atravesando los extensos pasillos del tren. Al llegar, nos sentamos en un largo sillón rojo aterciopelado. Nerviosa, entrelazo mis manos con las de Peeta. El proyector se enciende y aparece la primera imagen.
En ella aparece una pareja de dos jóvenes. El muchacho tiene el pelo negro y sus ojos están ocultos detrás de unas gruesas gafas redondas. A su lado, hay una muchacha de pelo castaño que levanta la barbilla, orgullosa. Su aspecto no era para nada aterrador.
- Harry Potter y Hermione Granger - comenta Suzanne -. Son una leyenda en el mundo de la literatura. Ambos son magos y estudiaron en una escuela de hechicería llamada Hogwarts.
¿Magos? ¿Cómo vamos a derrotar a dos magos? ¿A qué clase de tributos nos enfrentamos este año?
Una nueva fotografía ocupa la pantalla. Esta vez, hay dos adolescentes con el rostro muy pálido y los ojos color miel, centellantes. Tienen una sonrisa triste dibujada en el rostro.
- Edward Cullen y Bella Swan. Vampiros. Son más rápidos que cualquier animal y poseen una fuerza sobrehumana. Unos candidatos fuertes este año.
Miro a Peeta disimuladamente. Su mirada se halla clavada en la pantalla, analizando a cada uno de los tributos. Detecto una pizca de miedo en ella. Está tan nervioso como yo, pero se esfuerza en ocultarlo.
La próxima imagen muestra a una nueva pareja, esta vez integrada por un muchacho de pelo oscuro y ojos verdes junto a una joven rubia y esbelta.
- Ellos son Percy Jackson y Annabeth Chase - prosigue Suzanne -. Semidioses, hijos de dioses y humanos. Él es hijo de Poseidón, dios del mar; ella es hija de Atenea, diosa de la sabiduría.
En la siguiente proyección, veo a un joven rubio y alto, bastante fornido, con un rostro angelical, próximo a una muchacha de pelo naranja intenso.
- Jace Herondale y Clary Morgenstern. Cazadores de sombras. Seres mitad humano, mitad ángel. Son extremadamente veloces y ágiles. Entrenados en el uso de las armas. Muy letales.
La fotografía que sigue enseña a una pareja de jóvenes con el pelo negro. La muchacha tiene unos ojos celestes similares a los de Peeta.
- Thomas y Teresa - informa Suzanne -. No poseen ninguna habilidad sobrenatural pero tienen un carácter fuerte y violento. No son una gran amenaza, aunque yo no los subestimaría demasiado.
Por fin una pareja de personas normales como nosotros. Comenzaba a asustarme más de lo que ya estaba. Estos Juegos son distintos. Aunque parecía imposible, se han vuelto más difíciles.
A continuación, la siguiente imagen muestra a un joven alto y fornido de brazos cruzados junto a una muchacha rubia y bajita.
- Tobias Eaton y Tris Prior. Ambos muy diestros en el combate cuerpo a cuerpo. También se especializan en el lanzamiento de cuchillos y el manejo de las armas de fuego.
En la próxima fotografía, aparece una pareja conformada por un chico rubio y bastante guapo y una chica de pelo castaño.
- Peter y Susan Pevensie - vuelve a comentar Suzanne -. Son hermanos. Reyes de Narnia, una tierra fantástica y maravillosa. Él se especializa en la espada y ella es muy buena arquera.
Esa última declaración no me agrada en absoluto. ¿Y si ella es mejor que yo disparando? ¿Y si opaca mi única habilidad? Aunque todavía no la conozco, presiento que no me voy a llevar muy bien con ella.
El proyector se apaga, dejando la pantalla completamente en blanco. No los conté, pero estoy segura de que no fueron veinticuatro los tributos que vimos. Quizás el número disminuyó. Se produce un silencio incómodo hasta que Suzanne se pone de pie, nerviosa.
- Los dejaré solos para que… discutan lo que vieron - dice alisándose el vestido -. Buena suerte - se despide y desaparece por la puerta corrediza.
Permanezco en silencio, levanto la vista y mis ojos se encuentran una vez más con los de Peeta. Le sostengo la mirada por unos segundos.
- ¿Cómo vamos a matar a toda esta gente? - digo por fin.
Él se muerde el labio, pensativo y se acerca a mí, despacio.
- No lo sé - responde -. Pero lo que sí sé es que vamos a salir de esa Arena con vida. Ya lo hemos hecho dos veces. Sobreviviremos mientras nos tengamos el uno al otro. Debemos permanecer juntos. Como la primera vez…
Me esfuerzo por sonreírle, con los ojos vidriosos.
- Juntos - consigo articular.
Me devuelve la sonrisa y se acerca a mi boca lentamente.
- Juntos - repite.
Nos besamos y, mientras lo beso, consigo olvidarme de todos los problemas que tanto me atormentan.