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El Renacer de mí esperanza. — capítulo 43
Al ver por la ventanilla veo una isla con creo que es una cabaña, eso antes de que las nubes tapen mi visión de nuevo. Vamos aterrizando, y cuando ya pisamos tierra firme corroboro la isla y la cabaña. Pero solo veo eso.-¿Es todo lo que hay aquí?. -pregunto a la misma señorita de ayer, abarcando la vista con mis manos. -Oh, no. Hay mas como esta cabaña, alrededor de la isla. También hay un hospital. Ésta es la suya. Asentimos ambos con la cabeza. -¿Podría decirnos que horas son?. -pregunta Peeta.-Claro. -dice, mirando su reloj- Las cinco veinticinco de la tarde. -Gracias.Miro mi alrededor. Estamos rodeados de mar y más mar. A lo lejos no se distingue ni un pedazo de tierra firme. Como me encantaría estar a kilómetros de aquí y tener a mi hija en brazos. -Bien -dice la chica- Me llamo Marina, si necesitan algo, llamenme. Aquí están sus llaves -y nos entrega un papelito con su número y las llaves. -Gracias. -repite Peeta.Ella se va algún otro punto de este lugar y nos quedamos solos, pisando la arena y aún vestidos de novios. Decido sacarme los tacones y mojarme un poco con el agua de las leves olas que llegan a la orilla. No hago caso a que mi vestido se esté mojando, solo me concentro en la textura de la arena complementada con el agua ligeramente fría. La brisa me llega de frente, lo que hace que mi vestido se ondee una pizca, y desacomoda mi cabello. Me inclino y hundo algunos de mis dedos en la arena, la cual les da paso libremente. La vista es increíble, azul y mas azul, aunque se que pronto llegará el atardecer. Lo que me recuerda a Peeta. Giro mi cabeza en dirección a donde estaba la última vez y ahí seguía él, mirándome atentamente. Me sonríe, se deshace de los zapatos y camina hacia mi. Al sentir el agua, hace un rostro de relajación. Le tomo la mano y el da un apretón. Miro al horizonte, sintiendo el calor de su contacto, y veo que ha empezado el atardecer. Me fijo mucho en como va avanzando, como se van profundizando los colores. Hasta que veo el color que reconozco: El naranjo del atardecer. Veo los ojos de Peeta, intensos, iluminados, fácilmente de perder en el tono del agua y cuando obtengo su atención, le señalo el color que reconocí, su color favorito. El ve la dirección de mi dedo y sonríe cuando lo reconoce. Momentos después los colores son reemplazados por el oscuro de la noche, pero seguimos aquí. A él también se le mueve su peinado con la brisa, lo que le hace parecer mas irresistible. Sin pensarlo, le ataco los labios con los míos. El sigue el ritmo y me da sus zapatos a cargar, al principio no sé para que se desocupa las manos, pero lo entiendo cuando me carga en sus fuertes brazos, levantando el agua que había en mis pies, pero ahora, es lo que menos nos importa. Avanza por la arena directo hacia la cabaña, cuando llegamos a la entrada, nos pausamos y abre la puerta. Me deja suavemente en la cama, sin cesar nuestro ritmo. Ahora mi vestido y su traje eran los peores enemigos. Pero el mayor de los dos es mi vestido, ya que atrás es un enredijo de listones, no un simple cierre. Cuanto daría en estos instantes porque fuera de cierre. Al final, dejamos la desesperación a un lado y Peeta va quitando el listón con cuidado. Cada que sus dedos rozan mi piel al estar haciendo esto es como si mi piel se quemara, como si ardiera a su contacto. Terminado esto, ya no es gran problema. Retomo su cara entre mis manos y empiezo con un dulce beso. Voy bajando mis manos hasta los botones de su saco, y uno a uno los separo. Repito con su camisa de fondo, dejando al descubierto su abdomen bien formado. La corbata es lo que me saca de mis casillas, después de varios intentos Peeta mete sus manos y él mismo se quita ese pedazo de tela molesto. De nuevo, nos dejamos hundir en caricias. Despierto por mi cuenta, me levanto envuelta en la sabana y empiezo a buscar ropa, ya que no pienso volver a meterme en ese vestido. En uno de los muebles, en los cajones, encuentro ropa, pero está revuelta entre hombre y mujer. Elijo cualquiera y al final resulta que he tomado una camisa que imagino era para Peeta, lo bien, es que tomé unos shorts de mi tamaño. Me paro frente al espejo y comienzo a cepillar mi cabello, quitando cualquier nudo existente. Lo trenzo, y descalza me dirijo a la mini cocina que hay en la cabaña. Reviso los ingredientes a ver que puedo usar para hacer de desayunar y me decido por hacer unos omelet. Termino de hacerlo, apago el fuego y los sirvo en dos platos de vidrios, adorno con salsa y hojitas. Exprimo unas naranjas, y el jugo lo pongo en vasos. Para cuando Peeta ya despertó, he hecho el desayuno completo. Se levanta, viste y acerca a la barra de la cocina. Me siento junto a él y desayunamos en silencio.-¿De donde haz aprendido a hacer esto?. -pregunta Peeta.-Se lo he visto hacer a mi madre unas veces. -respondo.-Está delicioso, gracias. -sonríe y deja un beso en mi mejilla. Hay una nota en el tocador que dice en la parte del frente nuestros nombres. Desdoblo la hoja y me encuentro con la letra de Annie. "Chicos, tienen una cita en la noche en el hospital de la isla. Llamen a Marina, ella los llevará. Es una cita especial.**-Annie." Le muestro la carta a Peeta y el está de acuerdo. Busca el papel que tiene el número de Marina y lo encuentra en su saco (que quedó muy lejos después de esta noche) lo cual solo me hace sonrojar al recordarlo. Marina no tardó mucho en llegar, y ahora nos conduce hasta el dichoso hospital. Ya que llegamos decimos a la recepcionista que tenemos una cita, y ella misma nos guía hasta un consultorio en el que leo en la puerta el nombre "Dra. Sel Smith", entramos y nos encontramos con una chica de menos treinta años, pelirroja y con una gran sonrisa.-Katniss. Peeta. -nos saluda amablemente. Sonreímos en respuesta. -Soy amiga de Annie, esa chica hiperactiva linda -reímos ante su comentario- , me dijo Annie que era una consulta maternal. Hoy les diré qué es su bebé, revisaré su salud y crecimiento ¿Bien?.-Bien. -responde Peeta.-Bien. Entonces, Katniss por favor acomodate en la camilla y descubre tu vientre.Lo hago y, como la última vez, me pone una especie de gel y empieza a mover un aparatito encima de este, expandiéndolo. En la pantalla que tengo al frente empiezan a verse imágenes distorsionadas.-También me contó Annie este es tu segunda criatura, por lo que ya sabrás este es tu interior -asiento-, bueno, mira ahí, es su pequeño. -dice, apuntando una manchita que se mueve. De pronto no lo veo, las lágrimas tapan mi vista. Aprieto la mano de Peeta, y el me devuelve el apretón. -Ok. Su bebecito es un saludable niño. Felicidades, chicos.Dejo escapar las lágrimas, que ahora corren por mis mejillas. Miro a Peeta, y él está en la misma situación.-Por fin tendré a mi pequeño Peeta. -le susurro, tomando su rostro entre mis manos y acariciando la piel del padre de mis hijos.
- * * * * ***Últimamente me he dado cuenta de que soy demasiado cursi, pero meehhh, mi Peeta interior siempre se empeña en atacar :3 <3.****Comentarios!:bmellark: Oh, pues creo que ya sabes todo lo que querías saber :3 Te quiero más, hermosa! :) Un beso enorme <3samantha136: Sí lo sé, solo de imaginar a Jo y a Fa me reía xd Un beso, preciosura :)****mari02: Yo también pensé lo de Jena, pero que mas da xd <3 Si, Dandelion y sus suegro eh :3 Buena noticia: Ya tengo el primer cap del fic de Dandelion y Finn <3 Lo sabes, eres perfecta :)! Un beso, bonitita :).**Nos leemos! :).