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Legolas y Tauriel — capítulo 23
-Pero no puede ser…..haber….Si lo hemos hecho muchas veces y no me he quedado embarazada, ¿por qué ahora si?-Preguntó la elfa asombrada y sorprendida.
-Eru decide cuándo se debe criar a un hijo. Sabe cuándo es el momento adecuado. Y creo que no se ha equivocado-Respondió el viejo y sabio elfo.
-No puede ser….-Respondió Tauriel tocándose la tripa suavemente.
-¿No quieres tenerlo?-Preguntó Legolas con un rostro de enfado.
-¡Tú no sabes lo que es tener esto, maldita sea!
Esa fue la primera vez que los elfos se chillaron.
El viejo elfo que estaba observando la escena con silencio, se dirigió a la puerta de la casa de la pareja. Y antes de irse, dijo:
-Cuando llegue el momento, estaré para ayudarles…..
Cuando el elfo de cabello negro se fue, Legolas y Tauriel se quedaron mirando, permaneciendo callados durante unos largos segundos.
-No lo entiendo…..es lo mejor que hay en esta vida….-Dijo Legolas mientras seguía clavando sus bellos ojos azules en ella.
-Tengo miedo…..-Respondió Tauriel agachando la cabeza, triste y resignada. Esta era una de las cosas a las que nunca había tenido en cuenta. Era algo nuevo para ella, y que requeriría no sólo su atención, sino todo su cariño y amor.
Legolas se acercó a ella, sentándose juntos en el suelo.
-Tauriel, estoy contigo. Siempre te he protegido y siempre lo haré. No dudes en contar conmigo. Esto no sólo es cosa tuya, sino también mía. Te amo-Tras decir esto, Legolas dio un beso corto a la mejilla de la elfa.
-¿Ahora supongo que me crecerá la panza no?-Respondió Tauriel ya más relajada y soltando una leve sonrisa.
-Sí, hasta dentro de un año….Es decir que nos quedan once largos meses por delante.
-A tu padre le hubiera gustado conocer a su nieto….
-Lo sé….pero se ha ido y no regresará. Le volveremos a ver. Es curioso…..
-¿El qué?
-Cuando era joven, siempre pensé que me casaría con una princesa….Pero entonces apareciste tú. Una noche, mientras practicaba con el arco en el salón, apareció mi padre con una niña de trece años. Toda sucia y con rasguños en su pálida y joven piel. Con lágrimas en los ojos y con dos coletas mal hechas, ahí estabas tú. No parabas de repetir: "Yo, Tauriel". Eras tan inocente, tan rica….
Legolas siguió continuando con una sonrisa en sus labios ante la atenta mirada de Tauriel.
-Con el paso de las décadas fuiste creciendo a un ritmo bastante acelerado. Tras unos quinientos años como mi mejor amiga y compañera, y con mi padre intentando casarme con alguna doncella elfa…..sentí por ti cosas que no había sentido por otra. Me pasé un largo siglo añorándote, admirándote, observándote…..Cada día que pasaba contigo me enamoraba más locamente de ti…..
-Oh, Legolas……
-Por fin, una tarde estaba convencido de declararme ante ti, pero apareció ese enano…..pero bueno, no pasa nada, eso ya es pasado. Lo que importa ahora es que vamos a tener un hijo-Finalizó Legolas tocando la barriga de Tauriel.
-Estoy bastante nerviosa.
-Yo también. Ahora se supone que comerás por dos.
-Tengo miedo al parto. ¿Cómo lo vamos a hacer? ¿Quién nos va a ayudar?
-Por lo que he visto, ese elfo sabe bastante sobre el tema y se ha ofrecido a ayudarnos. Pero si tú quieres, y te sientes más tranquila acudiré a Aragorn y que venga un médico.
-Sí, prefiero eso, la verdad.
-Como tú desees mi vida.
Pasaron y pasaron diez largos meses. Meses llenos de preocupación, agobio y mucha impaciencia. La barriga de Tauriel ya era como una gran bola rosada llena de carne que impresionaba la vista. Pero fue una tripa normal y corriente, como la de cualquier humana, enana o hobbit. Aunque a diferencia de estas, el embarazo de un elfo no duraba nueve meses, sino doce.
Tauriel se encontraba tumbada en la cama, por la noche antes de acostarse. Una semana antes de que se cumpliera el año. Permanecía callada mientras tomaba una taza de té.
Legolas entró por la puerta de la habitación de los dos. Tumbándose mientras se ponía su túnica blanca para dormir.
-¿Qué tal estas?-Preguntó el príncipe tocando la gran panza de Tauriel.
-Bien. Todavía no le hemos puesto nombre. ¿Se te ha ocurrido alguno ya?
-Varios. Como varón: Oropher II, Athael, Nathelion, Arus, Lenwe, y Mèldon. Como mujer: Celebrían, Galadriel, Minwe, Nimedhel y Luthien II.
-Como chico me gusta Athael y como chica Luthien II.
-He pensado en los mismos yo también. Buenas noches mi estrella-Respondió Legolas mientras daba a Tauriel un beso corto en los labios.
-¿Ya a dormir?
-Estoy bastante cansado y ajetreado últimamente. Necesito descansar. Tu deberías hacer lo mismo.
-Pero si no hago nada. Lo único que hago es….ah-De repente Tauriel sintió un dolor muy intenso en el fondo de sus entrañas.
-¿Qué pasa?
-Me duele mucho…
-Bah, no pasa nada. Será otra patadita del bebé.
-No esto es diferente….Ah….-Al instante, Tauriel empezó a soltar un líquido mojando las sábanas blancas de la cama.
Legolas asustado apartó todas las sabanas y las tiro al suelo.
-¿Tauriel qué te pasa?
-Creo que estoy rompiendo aguas….
-¿Te puedes mover?
-No, no puedo, me duele mucho.
-Espera aquí. Llamaré al anciano.
Tras tres minutos de espera, Legolas volvió apresuradamente con el abuelo y canoso elfo de cabello oscuro.
-Ayúdela por favor. ¿Va a parir ya?
-Hombre, ya ya no. Pero de esta noche no pasa.
-Legolas tengo miedo….
-Yo estoy contigo, tranquila-Respondió el príncipe tomando la mano de la elfa.
-Tengo que avisar a Aragorn….
-No, ya es demasiado tarde. Si la sometes a esfuerzos, será más doloroso para ella. Yo me encargaré de todo. Señorita, ábrete de piernas.
-¿Estás seguro?-Preguntó Legolas impaciente y nervioso.
-Sí. Todavía tiene que dilatar más. Faltan unas pocas horas para que yo pueda hacer algo. Tienes que empujar y no te olvides de respirar por la nariz y soltarlo por la boca-Respondió el anciano secando con un paño frío y húmedo la frente de Tauriel.
Pasaron un par de horas en los que sólo se oía en Ithilien los chillidos de dolor de la joven elfa pelirroja.
-Ya es la hora. Dame unas toallas largas y secas -Dijo el anciano cogiendo unos guantes blancos y echando un vistazo a Tauriel.
-Vale-Respondió Legolas en dirección al baño.
-Toma.
-Perfecto. Ahora dame unas tijeras.
-¿Para qué?
-Ahora lo verás. Tú tráemelas.
Legolas abandonó la habitación en busca de las tijeras mientras retumbaba en su cabeza los chillidos de Tauriel. Estaba bastante nervioso y la verdad, en ese momento tenía más miedo que cuando vio al mismísimo Balrog de Morgoth.
-Toma.
-Bien allá vamos.
-Legolas, por favor. No te vayas....
- No lo haré. Estoy contigo.
Legolas cogió de la mano derecha a Tauriel mientras el anciano le ordenaba que empujara y que respirara. Tras unos minutos de estrés y agobio, Legolas vio aparecer de entre las piernas de su elfa una cabeza redondita y sin pelos a su alrededor, cogida y sostenida por las manos del sabio elfo. Cada vez salía más y más……Entre tanto chillido y tantos gritos en la habitación pudieron oír y distinguir una vocecita que maullaba y lloraba. El anciano sacó de la hermosa criatura del interior de Tauriel, cortándole un extraño cordón y secándole con las mantas que el mismo le había dado antes.
Nunca vio nada tan hermoso y puro desde su nacimiento. Ni la belleza de Erebor, ni el estandarte de Gondor, ni las murallas del Abismo de Helm se podían equiparar a la hermosura que salía del interior de su amada. Legolas empezó a llorar de alegría besando a Tauriel en la frente. Pero esta ya estaba dormida.
-Ya esta…..-Dijo el doctor con una gran sonrisa ofreciéndole a Legolas esa pequeña criatura.
-Yo…no….-Legolas no tenía palabras para expresar tal majestuosidad y hermosura en ese momento. Sin duda ese momento fue el más bonita de su longeva vida.
-Es un niño….
El príncipe se sentó en una silla que había a su lado mientras observaba al bebé. Tenía los ojos verdes pardos de su madre y la porte de su abuelo. Ya se podía apreciar unos pocos cabellos rubios de su padre. Legolas acarició con su dedo pulgar el rostro del bebé. Este se lo cogió con sus cálidas y diminutas manos. Legolas no pudo evitar llorar a lágrima viva y darle un beso plácido en sus mofletes colorados.
Sólo pudo decir:
-Hola…..Athael….
Este capítulo va dedicado a Tauriel y Legolas, a jackson_chase_07 y por supuesto a mi estrella blanca: a456d.